Filosofía del absurdo

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La filosofía del absurdo, llamada en ocasiones absurdismo, establece que los esfuerzos realizados por el ser humano para encontrar el significado absoluto y predeterminado dentro del universo fracasarán finalmente debido a que no existe tal significado (al menos en relación al hombre), caracterizándose así por su escepticismo en torno a los principios universales de la existencia. Por ende, propugna que el significado de la existencia es la creación de un sentido particular puesto que la vida es insignificante por sí misma, y que la inexistencia de un significado supremo de la vida humana es una situación de regocijo y no de desolación, pues significa que cada individuo del género humano es libre para moldear su vida, edificándose su propio porvenir.

Origen[editar]

Nace cuando el filósofo y escritor francés Albert Camus, partiendo del movimiento existencialista se aparta de esa línea filosófica al publicar su manuscrito El mito de Sísifo. También se relaciona con "El extranjero", obra del mismo autor. La filosofía del absurdo está vinculada al existencialismo, aunque no debe ser confundido con éste (hay quienes la consideran un hipónimo de nihilista).

De acuerdo a la filosofía de Camus, los esfuerzos realizados por el ser humano para encontrar el significado dentro del universo acabarán fracasando finalmente debido a que no existe tal significado (al menos en relación al hombre), caracterizándose así por su escepticismo en torno a los principios de la existencia. Esta filosofía también postula que la vida es algo insignificante, que no tiene más valor que el que nosotros le creamos. De esta forma, puede entenderse la vida como un conjunto de repeticiones inútiles, vacías y carentes de sentido y significado, que se llevan a cabo más por costumbre, tradición e inercia que por coherencia y lógica...

Las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial suministraron un ambiente social propicio para las visiones absurdistas, especialmente en la devastada Francia.

El filósofo dominicano Ricardo Duarte ha puesto de relieve en su tesis, que todo el pensamiento filosófico de Albert Camus, fue una constante búsqueda del sentido de la existencia, ya que para él juzgar si la vida tiene sentido o no, equivale a dar una respuesta al problema fundamental de la filosofía, porque nadie muere por una doctrina científica ni ontológica, pero sí, por una idea que colma de sentido su vida. En una de sus conversaciones con Howard, Camus lo expresa de la siguiente manera:

  • “Me encuentro en algo que es casi un peregrinaje; buscando algo que llene el vacío, que siento, y que nadie más conoce. Ciertamente, el público y los lectores de mis novelas, aunque ven ese vacío, no encuentran las respuestas en lo que están leyendo. En el fondo tiene usted razón: estoy buscando algo que el mundo no me está dando” (Mumma, 2005, pág. 166).


En el primer período de su reflexión filosófica, Camus ve el sentido de la existencia en lo que él llama “religión de la dicha” que es el goce de vivir, el contacto con la naturaleza; la felicidad está en vivir el momento presente, en la sana inocencia animal, es un disfrutar la vida. En esta etapa de su pensamiento, para Camus el sentido de la vida, está en vivir sin preocupaciones, disfrutando de lo que nos ofrece la naturaleza (Núñez, 1997).

En un segundo momento de su reflexión, Camus se va a dar cuenta que esa religión de la dicha no permanece para siempre, que ese goce del instante y de la vida, choca brutalmente contra el muro de la muerte, y es ahí, donde Camus descubre el carácter absurdo de la existencia. Aquí se da cuenta Camus de que todo es absurdo, ya que el hombre constantemente anhela la felicidad y goce de vivir, sin embargo, encuentra el sufrimiento y la muerte, que rompen con su deseo, y eso es absurdo. “El mundo, tal como esta hecho, no es soportable. Por eso necesito la luna o la felicidad, o la inmortalidad, algo descabellado quizás, pero que no sea de este mundo” (Camus, 1945, pág. 359).

El absurdo para Camus se da, porque el hombre busca la verdad, la unidad, la felicidad y el sentido, pero en el mundo encuentra solamente diversidad, contradicciones y sinsentido. Esta confrontación entre el deseo del hombre y la realidad irracional del mundo, es el absurdo.

Para Camus, después de la muerte no hay nada más, por esto, esta vida no tiene ningún sentido, y el pecado que se comete contra esta vida, es precisamente esperar otra. Aquí notamos que Camus se queda en este mundo absurdo y no tiene la pretensión de dar ningún salto hacia la trascendencia, sino que asume vivir en el sinsentido, y luchar contra él sin esperanzas.

En su última fase de reflexión, Camus quiere superar el absurdo, y pone como repuesta la rebeldía, es decir, que plantea la rebelión como alternativa, a ese absurdo que se concretiza en la enfermedad. La lucidez se consigue solamente en la rebelión o confrontación del hombre con su propia oscuridad. El hombre rebelde es el que asume su condición personal y combate contra el absurdo para despertar y ayudar a despertar a los otros hombres (Fernández, 1989). Camus opta por la justicia y la solidaridad, aunque nunca se supere el absurdo, puesto que siempre va a ver injusticias y nunca acabará el sufrimiento y la muerte de los inocentes, pero hay que asumir el sinsentido, y tratar de disminuir el mal en el mundo.

El eje de la obra de Camus se halla allí, en la relación entre el tema de la dicha, el mal, y la rebelión frente al mal, rebelión que tiene su sentido precisamente en la reivindicación de esa posibilidad de dicha plenamente humana, sin Dios, por la que Camus luchó sin cesar, y que al final de su carrera, en la novela La caída (1956), percibió como insatisfactoria para sustentar una existencia éticamente auténtica (Romero, 1994).

Fundamentos[editar]

Pareciera inevitable encontrar en la tendencia humana a fundamentar, el origen de la concepción de lo absurdo. El hombre persigue constantemente el principio de razón . Nada es porque sí. Todo debe tener una causa o motivo que lo justifique. En el pensamiento religioso, tal causa "eficiente" es Dios, que obra, en tal concepción, como un artesano modelador y ordenador del cosmos. En la cosmovisión atea, tal expediente está vedado. Y de esta manera, el universo y todos los entes, sea en su existencia o en su esencia, son sin un motivo, causa o porqué. Cuando la carencia de esta justificación, que necesita la razón humana, se verifica, aparece la sensación del "sin sentido", o, en otros términos, del absurdo.

Hombre y absurdo[editar]

Podríamos decir, partiendo de lo que acabamos de señalar, que la categoría del absurdo es una incorporación que la existencia humana y su específica racionalidad introducen en el mundo. Porque hay hombre hay necesidad de racionalización de todo cuanto es. Si tal racionalización no se cumple en cualquier situación verificada, esta queda sin justificación. La no justificación no es aceptada por la razón y, por consiguiente, se habla entonces de absurdo. El encadenamiento de causa-efecto es una creación de la razón, como filósofos de renombre han establecido (véase David Hume). Lo que pareciera imperioso preguntar, ahondando -precisamente de modo filosófico- en esta cuestión, es: "¿por qué es imperioso que todo deba tener una causa?". Cuando esta necesidad a la que el hombre se siente arrastrado de modo natural se pone en tela de juicio, se desvanece la categoría de absurdidad de los seres y de un cosmos eterno o increado y al mismo tiempo, desprovisto de fundamentos.

Véase también[editar]