Escepticismo filosófico

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En la filosofía clásica el escepticismo es una corriente filosófica basada en la duda, representada en la escuela de 'Skeptikoi', de quienes se decía que "no afirmaban nada, sólo opinaban".[1] El escepticismo se diferencia del negacionismo por exigir evidencia objetiva a las afirmaciones, y en caso de haber tal evidencia aceptarla, en tanto que el negacionismo cuestiona o rechaza las evidencias. Esto evidencia directamente la equivocación de Viti de sostener que el escepticismo es aquella posición que "no cree en nada". [2]

Características[editar]

El escéptico es alguien que profesa duda o está en desacuerdo con lo que generalmente está aceptado como verdad. La palabra "Escéptico" viene del griego skeptikoi (de skeptesthai que en griego significa examinar), el nombre dado a los seguidores del filósofo griego Pirrón. La etimología de esta palabra indica en su significado: "quien duda e investiga". Los filósofos escépticos no creen en una verdad objetiva, porque todo es subjetivo, dependiendo del sujeto que estudia y no del objeto estudiado.

Una persona escéptica diría siento frío pero no hace frío, ya que sólo puede saber que ella tiene frío o calor. A esta postura de no emitir juicios sino exclusivamente opiniones, se la llamó epojé (suspensión de juicio).

En filosofía, esta actitud los lleva a la ataraxia (paz mental) porque, al no creer en nada, no entraban en conflictos con nadie y no se veían obligados a defender sus opiniones ya que no existían verdades objetivas.

Orígenes y exponentes[editar]

La diversidad y oposiciones de sistemas, como los de Demócrito, Empédocles, Platón, etc que crean abstracciones y dudas. La influencia en la política exterior de hechos como la muerte de Alejandro Magno y la diversidad en las costumbres, religiones e instituciones de las ciudades.

Pirrón fue el creador del escepticismo. Un gran viajero que conoció muchas culturas con los ejércitos de Alejandro Magno, cosa que le permitió dudar de las verdades evidentes y tradiciones de su cultura. Se dice que Pirrón llevó al extremo la suspensión de juicio, hasta el punto de sacarse las cuerdas vocales.

Otro importante escéptico fue Sexto Empírico, autor de Esbozos Pirrónicos. En esta obra sostiene que en la vida práctica hay que seguir:

  • Las señales que aporta la naturaleza
  • Las necesidades del cuerpo
  • Las tradiciones y las leyes

Timón el Silógrafo continuó la tradición escéptica poniendo en duda las ideas aristotélicas, dudando incluso de los primeros principios de la deducción aristotélica.

Sin embargo, el sistema socrático de hipótesis y deducciones nunca fue puesto en duda por los escépticos, aunque se ganaron fama de desbaratadores y perdieron popularidad al luchar contra los ritos, leyendas y supersticiones arraigadas.

Durante el siglo I a. C. el escepticismo volvió a cobrar importancia paulatinamente hasta Luciano de Samosata y Sexto Empírico, que representan a los últimos escépticos clásicos.

Ya en el Renacimiento, el médico Francisco Sánchez escribió una obra fundamental, Quod nihil scitur (Que nada se sabe). El escepticismo no fue tomado como una hipótesis válida para indagar en la verdad, de forma tal que constituyó el fundamento primero de Descartes y su duda metódica, con la cual el escepticismo vuelve paulatinamente a cobrar importancia hasta el Siglo de las luces donde impregna todo el pensamiento ilustrado.

A mediados del siglo XIX, el Romanticismo ya domina la sociedad y reclama para sí todo un modo de vida menos analítico, más evocativo donde se pueda mezclar realidad y fantasía.

El escéptico[editar]

Pirrón abandona el juicio y cree que no hay nada verdadero o falso, bueno o malo, herético o sagrado. Así, se pronuncia en contra del pensamiento dogmático. Pirrón no dejó nada escrito, pero a él se le atribuyen frases como:

  1. Nunca llegarás a conocer la verdad.
  2. No digas "así es", sino "me parece que es".
  3. La diversidad de opinión existe entre sabios igual que entre ignorantes. Cualquier opinión que yo tenga puede ser repudiada por personas igual de listas y preparadas que yo, y con argumentos tan válidos como los míos.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]