El pájaro de fuego

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Proyecto de Leon Bakst para el vestuario de El pájaro de fuego (1919)

L'Oiseau de feu (El pájaro de fuego, ruso: Жар-птица) es un ballet de 1910 de Ígor Stravinski basado en historias folclóricas rusas sobre el ave mágica de brillo intenso (el Zhar-Ptitsa o Pájaro de fuego) que es tanto una bendición como una maldición para su captor.

La música fue estrenada como un ballet con los Ballets Rusos de Serguéi Diáguilev, la primera de sus producciones con música especialmente compuesta para ellos. Originalmente la música iba a ser escrita por el compositor ruso Anatoli Liádov (1855-1914); pero debido a su demora para comenzar la obra, Diáguilev transfirió la comisión al joven Stravinski de 28 años. El ballet tiene un significado histórico, no sólo como la revelación del compositor ("Fíjate en él", dijo Diáguilev a Tamara Karsávina, quien danzaba el rol principal: "Es un hombre en vísperas de la celebridad..."), sino también por el inicio de la colaboración entre Diáguilev y Stravinski que también producirían Petrushka y La consagración de la primavera.

El papel del pájaro fue ofrecido a Anna Pávlova, pero como ella lo rechazó, fue interpretado en su estreno Karsávina, quien llevaría a escena la coreografía original de Mijaíl Fokín.

Su argumento, propio de un cuento de niños, es el siguiente: El príncipe Iván, que ha salido a cazar por la noche, se adentra sin saberlo en el jardín encantado del malvado Kaschéi el Inmortal. De repente, se le aparece un pájaro de resplandeciente plumaje que revolotea entre los árboles. Iván lo persigue y consigue capturarlo, pero, conmovido por las súplicas que éste le dirige, le concede la libertad, obteniendo a cambio una de sus plumas. Poco después, el príncipe descubre a un grupo de trece princesas que juegan lanzándose manzanas de oro que arrancan de un árbol del jardín. El joven se les acerca y queda enseguida prendado de la princesa más hermosa, quien, a su vez, le corresponde. Al amanecer, los monstruos servidores de Kaschéi hacen prisionero al joven Iván, al que el brujo quiere convertir en piedra. Cuando está a punto de conseguirlo, el príncipe llama en su ayuda al pájaro de fuego, agitando la pluma que éste le ha dado. El pájaro acude y hechiza al séquito del brujo. Sin embargo, pronto los monstruos se recobran y se lanzan a una danza infernal que los deja exhaustos. El pájaro interviene de nuevo y, tras dormir a Kaschéi con un dulce berceuse, revela al príncipe que el malvado brujo tiene escondida su alma dentro de un huevo. Kaschéi despierta, pero Iván se ha apoderado del huevo y lo estrella contra el suelo. El brujo y todo su séquito desaparecen para siempre. Con el despertar de los caballeros petrificados, el príncipe y la princesa celebran su boda.