Economía del don

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La economía del don — a veces traducida literalmente del Inglés gift economy como economía del regalo — es una teoría social[1] en la que los bienes y servicios se otorgan sin un acuerdo explícito de quid pro quo. Se basa en el principio de vivir bajo la premisa de que «a mi vecino no le falte nada». Una segunda premisa sería el trabajar con un nivel de conciencia donde «lo que hagamos hoy no sea recordado mañana», ya que nuestras actuaciones se basan más en el amor al prójimo que en el interés o la vanidad. Generalmente, la economía del don ocurre en culturas o subculturas en las que se esperan recompensas sociales o intangibles, como el karma, el honor, la lealtad o cualquier otra forma de gratitud. A veces la economía del don se llama también cultura del regalo. En algunos casos, regalos simultáneos o recurrentes hacen que la gratitud circule en torno a la comunidad, lo que se puede ver como una forma de altruismo recíproco. En ocasiones se espera conseguir bienes o servicios del mismo valor que aquellos que estamos dando, apoyo político, o un regalo a una tercera persona. Sin embargo, se considera que el verdadero espíritu de la economía del don consiste en dar sin esperar recibir nada a cambio.

En mayo de 2012, un estudio dirigido por la Universidad de California, en Berkley, Estados Unidos, comprobó que las comunidades que desarrollan este tipo de economía, generan un mayor sentimiento de inclusión y generosidad entre sus miembros.[2]

Ejemplos y beneficios[editar]

Algunos ejemplos de la economía del don son:

  • Compartir comida en una sociedad de cazadores-recolectores, en la que actúa como mecanismo de protección ante una mala cosecha de uno de los individuos.
  • El ritual potlatch de los amerindios, en el que los líderes dan gran cantidad de bienes a sus seguidores, fortaleciendo la cohesión del grupo. Al sacrificar parte de las riquezas acumuladas, el líder se garantiza una posición honorífica.
  • Fiestas Theravāda del mérito budistas del sudeste asiático, similares al ritual anterior pero los bienes son dados por cualquier miembro.[3]
  • El desarrollo del software libre y otras formas de trabajo colaborativo.
  • Una "red de favores" en una empresa, aunque en una red tal, se espera la reciprocidad.
  • Una familia en la que cada generación paga la educación de la siguiente. Este es un ejemplo de regalo que crea una obligación implícita de dar un regalo a una tercera persona, en lugar de al que realiza el presente.
  • Diezmo religioso.
  • Filantropía y dar a la caridad.

La economía del don se denomina en ocasiones economía de lo compartido, aunque muchos economistas reservan el término compartir para referirse al uso de un recurso por más de un consumidor, como una biblioteca pública.

Uno de los posibles beneficios de la economía del don, que comparte con las economías planificadas, es que da bienes a un necesitado aunque este no tenga en ese momento manera de dar algo a cambio. Por ejemplo, si algunas personas de una sociedad no tienen ningún bien material ni dinero que dar al mercado, aún pueden recibir caridad si existen los medios suficientes. De la misma manera, en la gran mayoría de las sociedades, los padres dan apoyo financiero a sus hijos en su infancia (en ocasiones también en la adolescencia) sin una negociación explícita de lo que esperan a cambio.

Algunas personas sostienen que variaciones de la economía del don podrían ser la clave para romper el círculo de la pobreza. Los anarcocomunistas promueven una economía del don voluntaria como un objetivo, sin dinero ni mercados lucrativos ni planificación centralizada. Este punto vista proviene al menos de Piotr Kropotkin, quien vio en las tribus de cazadores-recolectores que visitó el paradigma de la ayuda mutua.

Características[editar]

Como se ha resaltado anteriormente, en la típica economía del don se espera que los que reciben el don o regalo den algo a cambio, como apoyo político, servicios militares, lealtad u otros regalos y favores. Esto era común en las sociedades guerreras en las que los monarcas y generales regalaban libremente a sus subordinados esperando a cambio su servicio leal. En estos sistemas existían leyes sociales que castigaban a los que no daban nada a cambio. El castigo solía consistir en dejar de dar regalos al avaricioso, aunque la pena también podía consistir en mala reputación, ser expulsado del territorio, el desafío a un duelo o el escarnio público.

Lewis Hyde describe el espíritu de la economía del don, en contraposición con la economía de mercado, diciendo que aquello que damos ha de ser regalado a su vez o algo que valga lo mismo ha de seguir el camino. El regalo puede ser devuelto al dador original, pero esto no es lo más importante. Lo único esencial es que el regalo ha de moverse siempre.[4] El hace especial hincapié en que la economía del don tradicional se basa en la obligación de dar, la obligación de aceptar y la obligación de ser recíproco y esto es al mismo tiempo económico, jurídico, moral, estético, religioso y mitológico.[5]

Hyde discute, en cierta manera contra Mauss, que hay diferencia entre el regalo "verdadero", dado únicamente como muestra de gratitud, y el regalo "falso", dado por obligación. Desde el punto de vista de Hyde, el regalo verdadero nos une más allá de la transacción comercial, pero no nos podemos sentir unidos a aquellos que nos dan falsos regalos.[6] Haciendo referencia a Alcohólicos Anónimos, que funciona internamente como una economía del don, Hyde describe a un personaje característico: algunos pasan directamente de dejar de beber alcohol al último paso: tratar de ayudar al resto. Aquellos que han recibido el regalo de la sobriedad sienten la obligación de devolver el favor sin pasar por los diez pasos intermedios.[7]

Es fácil fantasear con la idea de la economía del don, a la gente no siempre le gusta enmarañarse en una red de obligaciones. Marcel Mauss escribió: "El regalo no devuelto rebaja a aquel que lo acepta",[8] como suele ocurrir con los jóvenes que buscan la independencia y deciden no aceptar más dinero de sus padres.[9] El regalo hace que nos sintamos a gusto, el intercambio material no.

Otro problema de las economías del don es el origen del mismo. En economías del don históricas, el que regala obtiene los bienes del saqueo y del pillaje. La necesidad de dar regalos puede hacer a la sociedad belicosa y dejar pocas oportunidades para aquellos líderes más pacíficos. El sistema capitalista y otros tipos de economía también se construyen mediante unas estructuras aisladas que abusan del resto. Estos síntomas parecen fruto de la avaricia humana, más que surgir de una forma concreta de organización.

Economías del don tradicionales[editar]

Hyde cree que el origen de la economía del don se encuentra en el compartir de la comida. Usa como ejemplo el ritual de las islas Trobriand en el que el intercambio kula dicen "comida que no pudimos comer" cuando no es en absoluto comida lo que dan, sino un brazalete o un collar de conchas hecho únicamente para ser dado como regalo.[10] El potlatch también apareció como una gran comida.[11] Esto llevó a la noción existente en muchas sociedades de que el regalo es algo perecedero.

En muchas culturas está mal visto convertir los regalos en bienes o en capital. La antropóloga Wendy James cuenta que entre los Uduk, un pueblo en el noroeste de África, existe la costumbre de que cualquier regalo que cruza la frontera del clan ha de ser consumido, no se puede sacar beneficio de él.[12] Por ejemplo, un animal regalado ha de ser comido, no criado.

Sin embargo, como en el ejemplo de los brazaletes y collares de los Trobriand, este "consumismo" se convierte en que el regalo ha de moverse. En otras sociedades, consiste en dar otro regalo, directamente al que hizo el regalo o a una tercera persona. Quedarse el regalo y no dar nada a cambio es una actitud reprendida. En los cuentos folk, dice Hyde, la persona que trata de quedarse con un regalo suele morir.[13]

En una economía del don verdadera suele ocurrir que el intercambio de regalos sucede entre más de dos individuos. Un cuento de los Kashmir dice que dos mujeres brahmán intentaron cumplir sus obligaciones de caridad dándose los regalos entre ellas. Cuando murieron, se transformaron en dos fuentes envenenadas de las que nadie pudo beber, reflejando la inutilidad de este simulacro de regalo.[14]

Esta idea de expandir el círculo se ve en sociedades en las que los cazadores dan animales a los sacerdotes, que los sacrifican a los dioses, los cuales se supone que devolverán abundante caza. Los cazadores no realizan el sacrificio ellos directamente.[14]

Entre los principales estudiosos de las economías primitivas y economías del don encontramos a Karl Polanyi (El sustento del hombre), Marcel Mauss (Ensayo sobre el don), Bronislaw Malinowski (Los argonautas del Pacífico Occidental), Raymond Firth (We, the Tikopia)y Maurice Godelier, entre otros.

Ejemplos en la cultura moderna[editar]

Existen ejemplos de economías del don en la economía global actual. Los bancos de sangre existentes en mucho países no dan una recompensa explícita por las donaciones. Las familias de los donantes de órganos tampoco reciben ninguna compensación por la donación. De hecho, que alguien cobre por los órganos es considerado sospechoso, incluso puede ser un delito.

La información está bien provista para una economía del don, dado que puede ser copiada y transmitida con coste prácticamente cero. Cuando compartes información, no te quedas sin ella, aunque puede que pierdas los beneficios que se pueden ganar en una economía de mercado con los derechos de propiedad intelectual. La investigación científica es un ejemplo de economía del don de la información. Los científicos escriben artículos de investigación que se apresuran a publicar en periódicos y conferencias. Otros científicos pueden citarlos gratuitamente. De hecho, cuantas más veces sea citado un científico, más prestigioso es, lo que se puede convertir en fondos económicos. Todos los científicos se benefician del conocimiento global de la comunidad científica. Wikipedia también ha sido estudiada desde esta perspectiva antropológica de la economía de la circulación de capital simbólico.[15]

Las comunidades de software libre son otro ejemplo de economía del don de la información. Los programadores ponen el código fuente de sus programas en internet, de manera que cualquiera puede copiarlo o, lo que es más importante, modificarlo y mejorarlo. Así, los programadores consiguen prestigio y respeto, mientras que el conjunto de la comunidad se beneficia de un mejor programa.

Ronald Coase defiende que las corporaciones son una forma de producción más eficientes que el mercado. Yochai Benkler escribió un artículo titulado "Coase's Penguin, or Linux and the Nature of the Firm" en el que dice que existe un tercer modo de producción denominado trabajo colaborativo. Charles Leadbeater habla de la "revolución de los amateurs profesionales" y la "economía de los profesionales amateur" en la que aficionados motivados por razones no económicas crecen en poder y apoyan una economía de lo compartido. Esfuerzos como la Creative Commons liderada por Lawrence Lessig anima a compartir y defiende que tanto la sociedad como las corporaciones se benefician de este intercambio.

Jordan Hubbard en un artículo de la revista "Queue" dice que el código abierto es una economía basada en el trueque, aunque la descripción coincide con la de una economía del don: "Los ingenieros del software voluntarios en la comunidad del software de código abierto están mucho más dispuestos a ayudar a aquellos que han mostrado su determinación al éxito del desarrollo del código abierto".[16] Dicho de otra manera, la reciprocidad es una cuestión que atañe a toda la comunidad, no un simple quid pro quo.

Un ejemplo de economía de don ampliamente usado es "Beyond Barter" (más allá del trueque), también conocido como "The Los Angeles Skills Pool" (el almacén de habilidades de Los Ángeles).[17] Los miembros de esta comunidad llevan desde 1975 compartiendo servicios de todo tipo entre ellos. Aunque no existe un "quid pro quo" al recibir un servicio, los miembros han de ofrecer servicios útiles a los demás, y han de estar disponibles a realizarlos cuando se necesite.

En la mayoría de las familias existen economías del don en miniatura, siendo regalos el tiempo, dinero, comida, alojamiento o servicios que se dan sin negociación ni reciprocidad instantánea. También se da en la guía que un mentor da a su discípulo: el objetivo es que el discípulo se convierta en mentor.

En las sociedades de las islas del pacífico anteriores al siglo XIX existían economías del don de las cuales algunas llegan hasta la actualidad. Por ejemplo, en algunas de las islas Cook.[18] En Tokelau, aunque ha surgido una economía de mercado, sigue existiendo una manera de economía del don en la práctica llamada inati: compartir igualitariamente toda la comida en cada atoll.[19] Hoy hay comunidades diásporas en Nueva Zelanda, Australia y Estados Unidos. Aunque participan en la economía de mercado de sus respectivos países, algunos aún intentan mantener costumbres similares a la economía del don, como dinero y regalos recíprocos. La idea de regalo recíproco es una parte esencial de la cultura de Samoa (fa'aSamoa), Tonga (anga fakatonga) y otras comunidades diásporas del Pacífico.[20]

Críticas[editar]

La palabra "don" se queda demasiado corta en comparación con la amplia variedad de palabras que usan aquellas culturas en las que la economía del don forma parte esencial de su sociedad. También es una vaga metáfora para describir la gran variedad de "dones" existentes. El término tiene su origen en los misionarios y antropólogos que sobresimplificaron las sofisticadas transacciones de las así llamadas "culturas primitivas". Es una denominación paternalista, que compara las elaboradas formas de intercambio con tradiciones de los niños occidentales como las navidades. Este legado colonial está ahora superpuesto por un aura romántico de las inocentes transacciones de nuestra infancia, perpetuando el mito de una "economía del don" en la antropología post-colonial.[21]

Obstáculos teóricos a una economía del don pura[editar]

Existen bastantes obstáculos que se oponen a la implementación de la economía del don tal y como la proponía Piotr Kropotkin para una sociedad anarcocomunista. Existen formas limitadas de economía del don en las familias, entre los amigos o en una comuna, como la economía iroquesa, en sus pequeñas tribus. Sin embargo, con tamaños de economía mayores, como el de las ciudades modernas, la economía del don puede no funcionar correctamente dado que las personas tienen un número limitado de personas a las que conocen y podrían no ser capaces de castigar debidamente a aquellos que se negaran a trabajar cuando tuvieran esta habilidad[cita requerida].

Para que el sistema de regalos se mantenga de forma duradera y estable, se necesita suficiente confianza entre los participantes. Si falta ese ingrediente, el sistema es inviable, y la confianza (relativa) entre desconocidos, sólo puede apoyarse en instituciones organizadas u "oficiales", que garanticen y amparen el intercambio o comercio. Dicho de otra forma, el sistema sólo puede funcionar donde hay trato directo entre los participantes, es decir, en grupos necesariamente pequeños. Fuera de ese escenario, en grupos grandes de desconocidos, nadie estará dispuesto a regalar voluntariamente por mucho tiempo, sin saber si será correspondido o no.

Estos puntos de vista no atacan directamente a la economía del don, critican todas las alternativas al libre mercado en general. Por ello, los que abogan por una economía del don pura creen que otros mecanismos sociales reemplazarán la necesidad de que haya precios. Aquellos que ofrezcan los mejores productos ganarán prestigio en la comunidad. Así, otras personas juzgan qué necesidades han de ser cumplidas antes, en contraste con la economía de mercado en la que los bienes se otorgan al consumidor que ofrezca el mejor precio.

Kropotkin defiende que el beneficio mutuo es un incentivo mayor que la lucha mutua y es más efectivo a la hora de hacer que los individuos trabajen. Alega que la economía del don hace hincapié en la idea de aumentar las habilidades de los demás y sus medios de producción, lo que en conjunto incrementaría la habilidad de la comunidad de ser recíproco con el individuo que regala. Otra solución para evitar la ineficiencia en una economía del don pura debido al desperdicio de recursos que no se den a aquellos que más lo necesiten consiste en grupos de personas que conozcan la productividad de otros individuos, en lugar de dejar esta tarea a cada persona individualmente.

Economía del don en la ficción[editar]

Referencias[editar]

  • David Cheal: The Gift Economy (1998), Routledge
  • Marcel Mauss: Essai sur le don. Forme et raison de l'échange dans les sociétés archaïques, 1925. Lewis Hyde lo llama "trabajo clásico sobre intercambio de regalos".[5]
  • Lewis Hyde: The Gift: Imagination and the Erotic Life of Property, 1983 (ISBN 0-394-71519-5), en especial el primer capítulo, "A Theory of Gifts", parte del cual fue publicado originalmente como "The Gift Must Always Move" en Co-Evolution Quarterly No. 35, Otoño 1982.
  • Theodor Waitz: Anthropologie der Naturvölker Von Theodor Waitz, Georg Karl Cornelius Gerland, Georg Gerland. Veröffentlicht 1862. [1] (zum Thema Geschenke), [2] (PDF)

Notas al pie[editar]

  1. Cheal, David J. The Gift Economy. New York: Routledge, 1988. ISBN 0-415-00641-4. pp 105.
  2. «Las comunidades no consumistas crean circulo virtuoso de generosidad» (en español).
  3. Kammerer and Nicola Tannenbaum, Cornelia Ann (1996). MERIT AND BLESSING: In Mainland Southeast Asian Comparative Perspective. New Haven (Conneticut): Yale University.: Southeast Asia Studies (Monograph 45). ISBN 0-938692-61-5. 
  4. Hyde, The Gift, 4.
  5. a b Hyde, op. cit., xv.
  6. Hyde, op. cit., 70.
  7. Hyde, op. cit., 46.
  8. Marcel Mauss citado por Hyde, op. cit., 69.
  9. Hyde, op. cit., 67.
  10. Hyde, op. cit., 8-9.
  11. Hyde, op. cit., 9.
  12. Wendy James cited at Hyde, op. cit., 4.
  13. Hyde, op. cit., 5.
  14. a b Hyde, op. cit., 18.
  15. Ortega Felipe y Joaquín Rodríguez López. El potlacht digital: Wikipedia y el triunfo del conocimiento compartido. Madrid: Cátedra, 2011
  16. Jordan Hubbard, "Open Source to the Core", Queue magazine p.24–31, May 2004. La cita está en la página 29.
  17. Página web de Los Angeles Skills Pool
  18. Crocombe & Crocombe, ed., Akono'anga Maori: Cook Islands Culture, 2003, ISBN 982-02-0348-1
  19. Huntsman & Hooper, Tokelau: A Historical Ethnography, 1996, ISBN 0-8248-1912-8
  20. MACPHERSON & al., Tangata O Te Moana Nui: The Evolving Identities of Pacific Peoples in Aotearoa/New Zealand, 2001, ISBN 0-86469-369-9
  21. Island Money Michael F Bryan

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]