Credo

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El credo es una declaración de fe cristiana que describe las creencias de una comunidad religiosa. La afirmación del credo en el cristianismo afirma la creencia de la naturaleza trinitaria de Dios, y puede llegar a ser tomado como una prueba fundamental de la ortodoxia en diversas denominaciones cristianas.

Esta confesión de fe es usada por diversas Iglesias de tradición occidental y vertientes del cristianismo, entre las cuales se incluyen el catolicismo, el ortodoxismo, el luteranismo, el anglicanismo, el presbiterianismo, el metodismo y el congregacionalismo.

Una de las creencias más ampliamente utilizadas en el cristianismo es el Credo de Nicea, formulado por primera vez en el año 325 en el Primer Concilio de Nicea. Éste se basa en la interpretación de los evangelios canónicos, las cartas del Nuevo Testamento.

El credo de Nicea es usado en la Iglesia Católica, donde funge como símbolo de la fe y tiene mucha importancia, tan es así que se exige su aprendizaje como requerimiento para realizar ciertos sacramentos, e implica una sanción de la autoridad eclesiástica.[1]

Historia[editar]

Precedentes[editar]

El llamado «símbolo apostólico» se compone de una parte trinitaria —tres artículos en los que se profesa la fe en las 3 personas divinas— y de otra parte cristológica, que fue añadida al segundo artículo.

Pero quedan algunas fórmulas, compuestas a modo de símbolo, que carecen de la parte cristológica: estas fórmulas parecen más antiguas que el «símbolo de los apóstoles». Una fórmula de esta especie, casi acristológica —que es tal vez la más antigua de todas— se conserva en la obra, impregnada de gnosticismo, escrita entre los años 150 y 180: Testamentum in Galilaea D. N. I. Christi, ed. I. Guerrier 1913, en "Patrología orientalis IX", o en la obra casi idéntica: Gespräche Jesu mit seinen Jüngern nach der Auferstehung, ed. C. Schmidt 1919, donde (p. 192 y 32, respectivamente) se halla este Símbolo breve: «[Creo] en el Padre omnipotente, —y en Jesucristo, Salvador nuestro—, y en el Espíritu Santo Paráclito, en la Santa Iglesia, y en el perdón de los pecados.»

Denzinger[2]

Origen del credo católico[editar]

Durante los concilios ecuménicos de Nicea I (celebrado en el año 325) y Constantinopla I (celebrado en 381) se enunció el llamado «credo niceno-constantinopolitano». Este credo resumió las respuestas definitivas que solucionaron la crisis provocada por Arrio, que negaba la divinidad de Jesucristo, sosteniendo que su esencia era diferente de la del Padre. Se afirmó así la fe en la Trinidad, es decir, la fe en Dios Padre, en Jesucristo como Dios Hijo, y en el Espíritu Santo.[3]

Hay un segundo credo ampliamente conocido en la Iglesia y que lleva el nombre de «credo de los apóstoles». Es a estos dos credos a los cuales se adhieren las principales vertientes del cristianismo: los católicos romanos, los ortodoxos y otras ramas menores. Los distintos movimientos, denominaciones y grupos autodenominados cristianos que no observen, enseñen, guarden o crean alguna de las proposiciones contenidas en estos credos, son considerados como sectas.[cita requerida]

El credo en la Iglesia católica[editar]

Las principales verdades en las cuales cree la Iglesia católica están contenidas en este credo.[cita requerida] El «credo de los apóstoles», conocido también como «símbolo de los apóstoles», es considerado el resumen fiel de la fe de los apóstoles. Es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia Católica Romana. Su gran autoridad proviene del hecho de que es el símbolo que guarda la Iglesia católica romana, la que fue sede del apóstol Pedro, uno de los apóstoles, y a la cual él llevó a la doctrina común.[4]

Credo actual del catolicismo[editar]

El actual Catecismo de la Iglesia católica afirma:[5]

§192. A lo largo de los siglos, en respuesta a las necesidades de diferentes épocas, han sido numerosas las profesiones o símbolos de la fe: los símbolos de las diferentes Iglesias apostólicas y antiguas (cf. DS 1-64), el símbolo "Quicumque", llamado de S. Atanasio (cf. DS 75-76), las profesiones de fe de ciertos Concilios (Toledo: DS 525-541; Letrán: DS 800-802; Lyon: DS 851-861; Trento: DS 1862-1870) o de ciertos Papas, como la "fides Damasi" (cf. DS 71-72) o el "Credo del Pueblo de Dios" (SPF) de Pablo VI (1968).
§193. Ninguno de los símbolos de las diferentes etapas de la vida de la Iglesia puede ser considerado como superado e inútil. Nos ayudan a captar y profundizar hoy la fe de siempre a través de los diversos resúmenes que de ella se han hecho.
Entre todos los símbolos de la fe, dos ocupan un lugar muy particular en la vida de la Iglesia:
§194. El Símbolo de los apóstoles, llamado así porque es considerado con justicia como el resumen fiel de la fe de los apóstoles. Es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma. Su gran autoridad le viene de este hecho: "Es el símbolo que guarda la Iglesia romana, la que fue sede de Pedro, el primero de los apóstoles, y a la cual él llevó la doctrina común" (S. Ambrosio, symb. 7).
§195. El Símbolo llamado de Nicea-Constantinopla debe su gran autoridad al hecho de que es fruto de los dos primeros concilios ecuménicos (325 y 381). Sigue siendo todavía hoy el símbolo común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente.

Significado del credo para otras Iglesias cristianas[editar]

El credo no se puede encontrar escrito de manera literal en la Biblia, ya que se trata de un compendio de los principios fundamentales de la fe cristiana, basados en el Antiguo Testamento, las crónicas de la vida y hechos de Jesús contenida en los cuatro evangelios, así como en los escritos y cartas escritas por los apóstoles, la mayoría de estos de la segunda mitad del siglo I. Es por esto que el credo es común a la Iglesia Católica, la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Protestante, las tres principales vertientes del cristianismo.[cita requerida]

Textos de los credos[editar]

Símbolo de los apóstoles[editar]

Latín
Credo in Deum Patrem omnipotentem, Creatorem caeli et terrae, et in Iesum Christum, Filium Eius unicum, Dominum nostrum, qui conceptus est de Spiritu Sancto, natus ex Maria Virgine, passus sub Pontio Pilato, crucifixus, mortuus, et sepultus, descendit ad ínferos, tertia die resurrexit a mortuis, ascendit ad caelos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis, inde venturus est iudicare vivos et mortuos. Credo in Spiritum Sanctum, sanctam Ecclesiam catholicam, sanctorum communionem, remissionem peccatorum, carnis resurrectionem, vitam aeternam. Amen.
Español
Creo en Dios Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo; nació de santa María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato; fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; y subió a los cielos; está sentado a la derecha del Padre, y desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia católica, la Comunión de los Santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

Su contenido dogmático es el siguiente:

  • Creo en Dios: «Nuestro Dios es el único Señor».[6]
  • Padre Todopoderoso: «Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios».[7]
  • Creador del Cielo y la Tierra: «En el comienzo de todo, Dios creó el cielo y la tierra».[8]
  • Creo en Jesucristo: «Él es el resplandor glorioso de Dios, la imagen misma de lo que Dios es».[9]
  • Su único Hijo: «Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo Único, para que todo aquel que crea en él no muera, sino que tenga vida eterna».[10]
  • Nuestro Señor: «Dios lo ha hecho Señor y Mesías».[11]
  • Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Dios altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el niño que va a nacer será llamado Santo e Hijo de Dios».[12]
  • Nació de santa María Virgen: «Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: ‘la virgen quedará encinta y tendrá un hijo, al que pondrá por nombre Emmanuel’, que significa "Dios con nosotros"».[13]
  • Padeció bajo el poder de Poncio Pilato: «Pilato tomó entonces a Jesús y mandó azotarlo. Los soldados trenzaron una corona de espinas, la pusieron en la cabeza de Jesús, y lo vistieron con una capa de color rojo oscuro».[14]
  • Fue crucificado: «Jesús salió llevando su cruz, para ir al llamado ‘lugar de la Calavera’, que en hebreo se llama Gólgota. Allí lo crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado. Pilato mandó poner sobre la cruz un letrero, que decía: ‘Jesús de Nazaret, Rey de los judíos’».[15]
  • Muerto y sepultado: «Jesús gritó con fuerza y dijo: -¡Padre en tus manos encomiendo mi espíritu! Y al decir esto, murió».[16] «Después de bajarlo de la cruz, lo envolvieron en una sábana de lino y lo pusieron en un sepulcro abierto en una peña, donde todavía no habían sepultado a nadie».[17]
  • Descendió a los infiernos: «Como hombre, murió; pero como ser espiritual que es, volvió a la vida. Y como ser espiritual, fue y predicó a los espíritus que estaban presos».[18] [n 1]
  • Al tercer día resucitó de entre los muertos: «Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras, que lo sepultaron y que resucitó al tercer día».[19]
  • Subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso: «El Señor Jesús fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios».[20]
  • Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos: «El nos envió a anunciarle al pueblo que Dios lo ha puesto como juez de los vivos y de los muertos».[21]
  • Creo en el Espíritu Santo: «Porque Dios ha llenado con su amor nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha dado».[22]
  • Creo en la Iglesia, que es Una: «Para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado».[23]
  • Santa: «La fe confiesa que la Iglesia [...] no puede dejar de ser santa».[24] «En efecto, Cristo, el Hijo de Dios, a quien con el Padre y con el Espíritu se proclama 'el solo santo', amó a su Iglesia como a su esposa».[25] «Él se entregó por ella para santificarla, la unió a sí mismo como su propio cuerpo y la llenó del don del Espíritu Santo para gloria de Dios».[26] La Iglesia es, pues, «el Pueblo santo de Dios»,[27] y sus miembros son llamados «santos».[28]
  • Católica: En griego, καθολικῆ (katholikḗ) significa universal. Por fe, el hombre es salvo al confesar que Jesús es su Señor y Salvador, sin importar el país de procedencia: «[...] Vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos».[29]
  • Y Apostólica: Jesús dotó a su comunidad de una estructura que permanecerá hasta la plena consumación del Reino. Ante todo está la elección de los Doce con Jesucristo como su Cabeza;[30] puesto que representan a las doce tribus de Israel,[31] ellos son los cimientos de la nueva Jerusalén.[32] Los Doce[33] y los otros discípulos[34] participan en la misión de Cristo, en su poder, y también en su suerte.[35] Con todos estos actos, Cristo prepara y edifica su Iglesia.[36]
  • Creo en la comunión de los Santos: «Después de esto, miré y vi una gran multitud de todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. Estaban en pie delante del trono y delante del Cordero, y eran tantos que nadie podía contarlos».[37]
  • El perdón de los pecados: «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad».[38]
  • La resurrección de la carne: «Cristo dará nueva vida a sus cuerpos mortales».[39]
  • Y la vida eterna: «Allí no habrá noche, y los que allí vivan no necesitarán luz de lámpara ni luz del sol, porque Dios el Señor les dará su luz, y ellos reinarán por todos los siglos».[40]
  • Amén: «Así sea. ¡Ven, Señor Jesús!».[41]

Credo niceno-constantinopolitano[editar]

El credo niceno-constantinopolitano se escribió formalmente durante el Primer Concilio Ecuménico en Nicea (en el año 325) y durante el Segundo Concilio Ecuménico en la Ciudad de Constantinopla (año 381). Es más explícito y más detallado que el apostólico.

Texto clásico en griego y latín
Griego
Πιστεύω εἰς ἕνα Θεόν, Πατέρα, Παντοκράτορα, ποιητὴν οὐρανοῦ καὶ γῆς, ὁρατῶν τε πάντων καὶ ἀοράτων.
Καὶ εἰς ἕνα Κύριον Ἰησοῦν Χριστόν, τὸν Υἱὸν τοῦ Θεοῦ τὸν μονογενῆ, τὸν ἐκ τοῦ Πατρὸς γεννηθέντα πρὸ πάντων τῶν αἰώνων. Φῶς ἐκ φωτός, Θεὸν ἀληθινὸν ἐκ Θεοῦ ἀληθινοῦ, γεννηθέντα οὐ ποιηθέντα, ὁμοούσιον τῷ Πατρί, δι' οὗ τὰ πάντα ἐγένετο. Τὸν δι' ἡμᾶς τοὺς ἀνθρώπους καὶ διὰ τὴν ἡμετέραν σωτηρίαν κατελθόντα ἐκ τῶν οὐρανῶν καὶ σαρκωθέντα ἐκ Πνεύματος Ἁγίου καὶ Μαρίας τῆς Παρθένου καὶ ἐνανθρωπήσαντα. Σταυρωθέντα τε ὑπὲρ ἡμῶν ἐπὶ Ποντίου Πιλάτου, καὶ παθόντα καὶ ταφέντα. Καὶ ἀναστάντα τῇ τρίτῃ ἡμέρᾳ κατὰ τὰς Γραφάς. Καὶ ἀνελθόντα εἰς τοὺς οὐρανοὺς καὶ καθεζόμενον ἐκ δεξιῶν τοῦ Πατρός. Καὶ πάλιν ἐρχόμενον μετὰ δόξης κρῖναι ζῶντας καὶ νεκρούς, οὗ τῆς βασιλείας οὐκ ἔσται τέλος.
Καὶ εἰς τὸ Πνεῦμα τὸ Ἅγιον, τὸ κύριον, τὸ ζωοποιόν, τὸ ἐκ τοῦ Πατρὸς ἐκπορευόμενον, τὸ σὺν Πατρὶ καὶ Υἱῷ συμπροσκυνούμενον καὶ συνδοξαζόμενον τὸ λαλῆσαν διὰ τῶν προφητῶν.
Εἰς μίαν, Ἁγίαν, Καθολικὴν καὶ Ἀποστολικὴν Ἐκκλησίαν. Ὁμολογῶ ἓν βάπτισμα εἰς ἄφεσιν ἁμαρτιῶν. Προσδοκῶ ἀνάστασιν νεκρῶν. Καὶ ζωὴν τοῦ μέλλοντος αἰῶνος.
Ἀμήν.
Latín
Credo in unum Deum, patrem omnipotentem, factorem cæli et terræ, visibilium omnium et invisibilium.
Et in unum Dominum Iesum Christum, filium Dei Unigenitum, et ex Patre natum ante omnia sæcula. Deum de Deo, lumen de lumine, Deum verum de Deo vero, genitum, non factum, consubstantialem Patri: per quem ómnia facta sunt. Qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de cælis. Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo factus est. Crucifixus etiam pro nobis sub Pontio Pilato; passus, et sepultus est, et resurrexit tertia die, secundum Scripturas, et ascendit in cælum, sedet ad dexteram Patris. Et iterum venturus est cum gloria, iudicare vivos et mortuos, cuius regni non erit finis.
Et in Spíritum Sanctum, Dominum et vivificantem: qui ex Patre (Filioque) procedit. Qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorificatur: qui locutus est per prophetas.
Et unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam. Confiteor unum baptisma in remissionem peccatorum. Et expecto resurrectionem mortuorum, et vitam venturi sæculi.
Amen.
Texto en latín de la versión hispana (también llamada visigótica o mozárabe)

Credimus in unum Deum Patrem omnipotentem, visibilium omnium et invisibilium Conditorem.
Et in unum Dominum nostrum Iesum Christum, Filium Dei Unigénitum, et ex Patre natum ante omnia sæcula. Deum ex Deo, Lumen ex Lumine. Deum verum ex Deo vero, natum non factum, Omousion Patri, hoc est, eiusdem cum Patre substantiæ, Per quem omnia facta sunt, quæ in cælo, et quæ in terra.
Qui propter nos homines, et propter nostram salutem, descendit de cælis, et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo factus est.
Passus sub Pontio Pilato, sepultus, tertia die resurrexit, ascendit ad cælos, sedet ad dexteram Dei Patris omnipotentis. Inde venturus est iudicare vivos et mortuos, cuius regni non erit finis.
Et in Spiritum Sanctum, Dominum vivificatorem, et ex Patre et Filio procedentem. Cum Patre et Filio adorandum et conglorificandum. Qui locutus est per prophetas.
Et unam, sanctam, Catholicam et Apostolicam Ecclesiam. Confitemur unum baptisma in remissionem peccatorum. Expectamus resurrectionem mortuorum et vitam venturi sæculi.
Amen.

Texto en español

Creo en un sólo Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre por quien todo fue hecho, que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre. Y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo, recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia, que es Una, Santa, Católica y Apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.
Amén.

Puesto en música por Victor Manuel Gómez Uralde en su Oratorio de los últimos tiempos.

Referencias[editar]

Notas[editar]

  1. En la expresión «descendió a los infiernos», infiernos no designa el lugar de los condenados, sino el de los muertos. Por tanto, significa dos cosas: que Jesús realmente murió (de lo contrario, no tendría sentido el término «resurrección»), y que la salvación de Jesús es universal, es decir, afecta tanto a vivos como a los que habían muerto antes de su venida. Así lo afirma el Catecismo:

    §632. Las frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento según las cuales Jesús "resucitó de entre los muertos" (Hechos 3:15; Romanos 8:11; 1Corintios 15:20) presuponen que, antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos (cf. Hebreos 13:20). Es el primer sentido que dio la predicación apostólica al descenso de Jesús a los infiernos; Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos (cf. 1Pedro 3:18-19).
    §633. La Escritura llama infiernos, sheol, o hades (cf. Filipenses 2:10; Hechos 2:24; Apocalipsis 1:18; Efesios 4:9) a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios (cf. Salmos 6:6; Salmos 88:11-13). Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos (cf. Salmos 89:49; 1Samuel 28:19; Ezequiel 32:17:32), lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el «seno de Abraham» (cf. Lucas 16:22-26). «Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos» (Catech. R. 1:6:3). Jesús no bajó a los infiernos para liberar allí a los condenados (cf. Concilio de Roma del año 745; DS 587) ni para destruir el infierno de la condenación (cf. DS 1011; 1077) sino para liberar a los justos que le habían precedido (cf. Concilio de Toledo IV en el año 625; DS 485; Mateo 27:52-53).
    §634 «Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva [...]» (1Pedro 4:6). El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación. Es la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase condensada en el tiempo pero inmensamente amplia en su significado real de extensión de la obra redentora a todos los hombres de todos los tiempos y de todos los lugares porque todos los que se salvan se hacen partícipes de la Redención.
    §635 Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte (cf. Mateo 12:40; Romanos 10:7; Efesios 4:9) para «que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan» (Juan 5:25). Jesús, «el Príncipe de la vida» (Hechos 3:15) aniquiló «mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al Diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud» (Hebreos 2:14-15). En adelante, Cristo resucitado «tiene las llaves de la muerte y del Hades» (Apocalipsis 1:18) y «al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos» (Filipenses 2:10).

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]