Poncio Pilato

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Ecce Homo, por Antonio Ciseri. 1871.

Poncio Pilato (en latín: Pontius Pilatus), también conocido como Pilatos, miembro del orden ecuestre, fue el quinto prefecto de la provincia romana de Judea, entre los años 26 y 36 d.C., por lo que tuvo un papel relevante en los acontecimientos de la provincia en esos años, siendo el más célebre de ellos el suplicio y condena a muerte de Jesús de Nazaret, sucesos relatados por los Evangelios.

Fragmentos biográficos[editar]

Copia de una inscripción, cuyo original en piedra se atesora en el Museo de Israel.[1] Se trata de una evidencia epigráfica de relevancia hallada en 1961, entre los restos del teatro de Caesarea maritima. En ella consta el registro del nombre incompleto de Poncio Pilato, junto al término Tiberieum, todo lo cual acredita el papel histórico de Poncio Pilato en esa región.
Moneda de bronce acuñada entre 26 y 36 d.C. en Jerusalén, cuando Poncio Pilato era praefectus. Se conserva en el Museo Británico.

Los detalles de la biografía de Poncio Pilato antes y después de su nombramiento como prefecto de Judea y tras su participación en el proceso contra Jesús de Nazaret son desconocidos. Aunque varias fuentes textuales posteriores lo mencionan como procurator (procurador) o como praeses (gobernador), su denominación oficial fue la de praefectus que, según había ya sospechado O. Hirschfeld en 1905, era la que correspondía a tal cargo hasta la época de Claudio. Este dato quedó documentado sin duda tras el hallazgo en 1961, entre los restos del teatro de Cesarea (importante puerto antiguo, entre Tel-Aviv y Haifa), de una inscripción fragmentaria oficial, en la que Pilato dedicaba (o rehacía) un Tiberieum o templo de culto al emperador Tiberio. Su texto se suele restituir de la siguiente forma:

[- c. 3 -]s Tiberieum /
[ -c.3- Po]ntius Pilatus /
[praef]ectus Iudae[a]e /
[ref]e[cit].[2]

La inscripción de Poncio Pilato se puede ver comentada en español, con imágenes del original, en un reciente artículo que reúne fuentes textuales romanas y judías no cristianas sobre Jesús de Nazaret.[3]

Muchos detalles que carecen de cualquier confirmación por otras vías (especialmente relativos a sus supuestos arrepentimiento, suicidio o condena y decapitación) han sido añadidos a la tradición biográfica a partir de las "Actas de Pilato", un relato contenido en los evangelios apócrifos, que circularon con más profusión por Oriente; entre aquellos se cuentan también un nombre para su esposa, Claudia Procula (que, junto a él, fue canonizada como santa por la Iglesia ortodoxa etíope, y sola por la bizantina), o un (improbable) nacimiento de Pilato en Tarraco (Tarragona). Lo cierto, sin embargo, es que científicamente no se sabe nada seguro sobre las ciudades de nacimiento y fallecimiento de Pilato, y que su rastro histórico se pierde en los años 36-37 d.C., cuando se sabe que, destituido de su cargo, regresa a Roma.[4]

Fue designado prefecto de Judea por Tiberio, a instancias de su prefecto para el pretorio, Lucio Elio Sejano, adversario de Agripina y destacado antisemita.

Intentó romanizar Judea sin éxito, introduciendo imágenes de culto al César, y trató de construir un acueducto con los fondos del Templo. Las desavenencias con el pueblo judío lo llevaron a trasladar su centro de mando de Cesarea a Jerusalén para controlar mejor las revueltas. Pilato se enfrentaba además a grupos extremistas antiimperialistas entre los que se contaba Barrabás, quien había asesinado a un soldado romano. Estos grupos subversivos daban mucho quehacer a Pilato.

Poncio Pilato fue relevado del mando de Judea en el año 36 d.C., después de reprimir fuertemente una revuelta de los samaritanos, durante la cual crucificó a varios alborotadores.

Poncio Pilato, personaje histórico[editar]

Existen varias referencias de la existencia de Poncio Pilato que pueden considerarse. Por ejemplo, Justino Mártir, quien escribió a mediados del siglo II, dijo lo siguiente respecto a la muerte de Jesús: “Por las Actas de Poncio Pilato puedes determinar que estas cosas sucedieron”. Además, según Justino Mártir estos mismos registros mencionaban los milagros de Jesús, de los cuales dice: “De las Actas de Poncio Pilato puedes aprender que Él hizo esas cosas”. Es verdad que estas “Actas” o registros oficiales ya no existen, pero es patente que existían en el siglo II, y Justino instó con confianza a sus lectores a comprobar con ellas la veracidad de lo que decía.

El testimonio que el historiador romano Tácito, nacido alrededor del año 55 d.C., que no era amigo del cristianismo, escribió poco después del año 100, mencionando la persecución de los cristianos por Nerón, cuando añade: “Cristo, el fundador del nombre, había sufrido la pena de muerte en el reinado de Tiberio, sentenciado por el procurador Poncio Pilato, y la perniciosa superstición (cristianismo) se detuvo momentáneamente, pero surgió de nuevo, no solamente en Judea, donde comenzó aquella peste, sino en la capital misma (Roma)”.[5]

Filón de Alejandría.

Filón, escritor judío de Alejandría (Egipto) que vivió en el siglo I, narra un acto similar de Pilato que provocó una protesta. En esa ocasión tuvo que ver con unos escudos de oro que llevaban los nombres de Pilato y Tiberio, y que Pilato había colocado en su residencia de Jerusalén. Los judíos apelaron al emperador de Roma, y Pilato recibió la orden de llevar los escudos a Cesarea. (Sobre la embajada ante Cayo, XXXVIII, 299-305). Filón se refiere a Poncio Pilato como un hombre «de carácter inflexible y duro, sin ninguna consideración». Más aún, según este escritor de Alejandría, el gobierno de Poncio se caracterizaba por su «corruptibilidad, robos, violencias, ofensas, brutalidades, condenas continuas sin proceso previo, y una crueldad sin límites».

Según el historiador judío Josefo, Pilato tuvo un mal comienzo en lo que respecta a las relaciones con sus súbditos judíos: de noche envió a Jerusalén soldados romanos que llevaban estandartes militares con imágenes del emperador. Y la situación se complicó porque las insignias fueron colocadas en la Torre Antonia, cuartel general de las cohortes romanas, es decir, justo frente a uno de los ángulos del complejo del Templo, con el añadido de que los judíos creyeron que los auxiliares romanos quemaban incienso frente a las imágenes de Tiberio y Augusto. Este suceso provocó un gran resentimiento debido a que vulneraba la prohibición de la Torah al uso de ídolos, y una delegación de principales entre los judíos (representantes del Sanedrín) viajó a Cesárea para protestar por la presencia de las insignias y exigir que las quitasen.

Imagen de Flavio Josefo presentada en el libro The Jewish War de 1888.

Después de cinco días de discusión, Pilato intentó atemorizar a los que hicieron la petición, amenazándolos con que sus soldados los ejecutarían, pero la enconada negativa de aquellos a doblegarse (pues incluso se inclinaron en tierra y mostraron sus cuellos para ser degollados, aunque Pilato sólo había pretendido engañarlos para que cedieran) y dado el alto coste político (ya que Pilato llevaba apenas seis semanas en el puesto y habría tenido que ejecutar en esa sola ocasión hasta a seis mil judíos) le hizo acceder a su demanda. (Antigüedades Judías, libro XVIII, capítulo III, sección 1.)

Josefo aún menciona otro alboroto: a expensas de la tesorería del templo de Jerusalén, Pilato construyó un acueducto para llevar agua a Jerusalén desde una distancia de casi 40 km. Pilato solicitó del Gran Sanedrín fondos del Tesoro del Templo para financiar la obra, bajo la advertencia de que si eran negados tendría que aumentar los impuestos. Los sacerdotes se negaron en principio alegando que era dinero sagrado, pero cedieron bajo la condición de que se ocultara el origen de los fondos y de que el principal flujo del líquido llegara a los depósitos del propio Templo, pero el acuerdo fue descubierto. Grandes multitudes vociferaron contra este acto cuando Pilato visitó la ciudad. Pilato envió soldados disfrazados para que se mezclasen entre la multitud y la atacasen al recibir una señal, lo que resultó en que muchos judíos muriesen o quedasen heridos. (Antigüedades Judías, libro XVIII, capítulo III, sección 2; La Guerra de los Judíos, libro II, capítulo IX, sección 4.)

Josefo informa que la posterior destitución de Pilato fue el resultado de las quejas que los samaritanos presentaron a Vitelio, por entonces gobernador de Siria y superior inmediato de Pilato. La queja tenía que ver con la matanza ordenada por Pilato de varios samaritanos a los que engañó un impostor, reuniéndolos en el monte Guerizim con la esperanza de descubrir los tesoros sagrados que supuestamente había escondido allí Moisés. Vitelio mandó a Pilato a Roma para comparecer ante Tiberio, y puso a Marcelo en su lugar. Tiberio murió en el año 37 d.C., mientras Pilato todavía estaba en camino a Roma (Antigüedades Judías, libro XVIII, capítulo IV, secciones 1 y 2.) temeroso de ser juzgado y ejecutado por su antigua relación con Sejano, ya que tras la caída de éste, todos los que se relacionaron con él fueron tratados como enemigos por el emperador Tiberio y en su mayoría ejecutados. Incluso, se ha llegado a relacionar su decisión de ceder ante la presión del Sanedrín judío en el juicio de Jesús (cuando los sacerdotes le recordaron que si soltaba a un supuesto subversivo como Jesús, que se proclamaba rey, entonces no era amigo de César, es decir, del emperador de ese momento, Tiberio), para salvar su carrera e incluso su vida y así evitar que Tiberio sospechara de su lealtad y lo mandara llamar a Roma para investigarlo y juzgarlo como asociado a Sejano. Además, y ya que Sejano había hostilizado en vida a la colonia judía de Roma, después de su muerte, Tiberio ordenó a Pilato cambiar hacia una política favorable a las costumbres judías.

Poncio Pilato en los evangelios[editar]

Pilato (Duccio).

Según los Evangelios sinópticos Jesús fue apresado por un grupo de hombres armados pertenecientes a la guardia del Templo, por orden de Caifás y los sumos sacerdotes. En cambio, el evangelio de Juan afirma que fue apresado por una compañía romana al mando de un tribuno (Juan 18:12), lo que daría a entender que fue por orden del prefecto. Los evangelios dicen que, luego de un interrogatorio nocturno, los líderes saduceos llevaron a Jesús ante el procurador romano por la mañana temprano (los romanos solo hacían juicios antes del mediodía), solicitando a Pilato que lo ejecutara, ya que le habían hallado culpable de blasfemia, pero la pena capital sólo podía ser aplicada por los romanos. Pilato envía a Jesús a Herodes Antipas debido a un conflicto con la jurisdicción correspondiente a un reo de Galilea. Al ser devuelto a sus manos, Pilatos se declara incompetente para resolver asuntos religiosos y declara no hallarle culpable. Los líderes judíos entonces cambian la acusación sobre Jesús a sedición. A pesar de no hallarlo culpable, Pilato -sabiendo que era víspera de Pascuas- deja que el pueblo decida entre liberar a un preso de nombre Barrabás o liberar a Jesús.

El pueblo, dirigido por los sumos sacerdotes, escoge la liberación de Barrabás y la crucifixión de Jesús. Ante esa decisión Pilato simbólicamente se lavó las manos para indicar que no quería ser parte de la decisión tomada por la muchedumbre. Pilato dice «No soy responsable por la sangre de este hombre». A lo que la multitud responde: «Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros descendientes». Se narra también que Pilato ordena la flagelación de Jesús antes de su ejecución, pero los evangelios discrepan en cuanto a si esta medida fue tomada como un intento de sustitución de la ejecución, o si era simplemente parte del proceso de la ejecución.

Poncio Pilato como símbolo[editar]

Según Pérez-Rioja, «Pilato se ha convertido en un símbolo tradicional de la vileza y de la sumisión a los bajos intereses de la política».[6]

Representación de la primera estación del Via crucis: Pilato se lava las manos y con ese gesto sella la condena a muerte de Jesús. De Gebhard Fugel, ubicado en Santa Isabel, Stuttgart.

El acto de «lavarse las manos» protagonizado por Pilato en el evangelio de Mateo, junto con otros temas simbólicos emblemáticos de la pasión de Cristo (las treinta monedas de plata, el beso de Judas, el canto del gallo), dejó su marca en el lenguaje cotidiano y en las imágenes.

Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: «Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.»

Evangelio de Mateo 27: 24

Según J.L. McKenzie, el acto de «lavarse las manos» no formaba parte del proceso legal: ya no había audiencia ni interrogatorio de testigos. La sentencia estaba implícita.[7] El factor importante no era ya el proceso, sino las presiones que provocaron el resultado del proceso. Los evangelios implican claramente que Pilato se dio cuenta de que no había ningún cargo auténtico contra Jesús,[Nota 1] y el lavatorio simbólico de las manos añadido por Mateo, viene a subrayarlo. Este acto quedó en la cultura como símbolo de aquél que, por conveniencia personal, cede ante la presión de otros al tiempo que pretende desentenderse de un veredicto injusto. El lavatorio de manos implica un acto de purificación vacío de contenido que no consigue en conciencia eludir la responsabilidad, puesto que quien condena a un hombre inocente por presiones no está moralmente muy por encima de los que las ejercen.[7]

Poncio Pilato en el arte[editar]

Estéticamente, Poncio Pilato ha llamado la atención e imaginación de escritores (su persona se convirtió en personaje casi obligado en cualquier representación de la pasión de Jesucristo), de artistas plásticos, y de productores y directores cinematográficos.

Poncio Pilato en la literatura[editar]

Anatole France (1844–1924), Premio Nobel de Literatura en 1921.

Poncio Pilato es el personaje principal de «El procurador de Judea», de Anatole France, publicado en Le Temps de 25 de diciembre de 1891, y recogido luego en la colección de relatos El estuche de nácar (1892). Posteriormente, el cuento se editó por separado en ediciones de bibliófilo, la primera de ellas en 1902 con ilustraciones de Eugène Grasset. En dicho relato, Poncio Pilato, retirado ya en Sicilia, se encuentra con Aelio Lamia, un conocido de su período como procurador de Judea. En dos conversaciones sucesivas hacen repaso a los acontecimientos que vivieron juntos. Ambos exponen una visión radicalmente contrapuesta sobre la historia y los judíos.

El cuento se anticipa en más una década a la denuncia del antisemitismo que se manifestará en la sociedad francesa a raíz del caso Dreyfus.

En 1980, Leonardo Sciascia tradujo «El procurador de Judea» al italiano, quien lo consideraba uno de los más perfectos de su género. Sirvió de inspiración a Joyce para Dublineses, en especial para el relato más conocido, «Los muertos». Cabe destacar la referencia que a él se hace mediante «Poncia», personaje del drama «La Casa de Bernarda Alba», de Federico García Lorca.

Fuentes: Anatole France, El procurador de Judea, ed. Contraseña, Zaragoza, 2010; carta de Joyce a Stanislaus.

En 2012 vio la luz en la Red el libro "La Santa Palangana" (La Pasión según Pilato), escrito por el finado catedrático Jân Gröb y editado por Juan Antonio de Lucas. Basado en documentos apócrifos del gobernador romano de Judea que habían permanecido ocultos hasta ahora, narra el proceso judicial contra Jesucristo y el verdadero final de la tragedia más conocida en la Historia de la Humanidad, con un desenlace muy diferente del que es admitido hasta la fecha.

Poncio Pilato se retrata en «El Maestro y Margarita» de Mikhail Bulgakov como despiadado, y sin embargo, complejo y humano. La novela describe su encuentro con Jesús el Nazareno, mostrando el reconocimiento de una afinidad y la necesidad espiritual de él, y su renuente entrega, aunque resignada y pasiva, a los que querían matarlo. Aquí Pilato ejemplifica la afirmación "La cobardía es el peor de los vicios", y, por lo tanto, sirve como modelo, en una interpretación alegórica de la obra, para todas las personas que se han "lavado las manos" en silencio o tomado parte activa en los crímenes cometidos por José Stalin.

Poncio Pilato en el Séptimo Arte[editar]

Telly Savalas como Poncio Pilato en La historia más grande jamás contada.
Frank Thring interpreta a Poncio Pilato en Ben Hur (1959)
Rod Steiger

Poncio Pilato ha sido representado por diferentes actores.

Filmografía[editar]

Año Película Director Actor
2007 En busca de la tumba de Cristo Giulio Base Hristo Shopov
2004 La Pasión de Cristo Mel Gibson Hristo Shopov
1988 La última tentación de Cristo Martin Scorsese David Bowie
1987 Según Poncio Pilato Luigi Magni Nino Manfredi
1984 A.D. Anno Domini Stuart Cooper Anthony Zerbe
1979 La vida de Brian Terry Jones Michael Palin
1977 Jesús de Nazaret (mini-serie) Franco Zeffirelli Rod Steiger
1973 Jesucristo Superstar Norman Jewison Barry Dennen
1971 Jesus Nuestro Señor Miguel Zacarías Tito Novaro
1965 La historia más grande jamás contada George Stevens Telly Savalas
1962 Poncio Pilatos Irving Rapper, Gian Paolo Callegari Jean Marais
1961 Rey de Reyes Nicholas Ray Hurd Hatfield
1959 Ben Hur William Wyler Frank Thring
1952 El mártir del calvario Miguel Morayta Martínez José Baviera

Notas[editar]

  1. En el evangelio de Lucas, Pilato reconoce como evidente que ese hombre «no había hecho nada que mereciera la muerte» (Lucas 23: 15).

Referencias[editar]

  1. The Israel Museum, Jerusalem. «Pontius Pilate, Prefect of Judah - Latin dedicatory inscription» (en inglés). Consultado el 27 de agosto de 2011.
  2. Vardaman, H. (1962). «A New Inscription which mentions Pilate as «Prefect»» (Année Épigraphique 1963, nº 104 - nº 10, texto y fotografías). Journal of Biblical Literature 81 (1):  pp. 70-71. 
  3. Canto, Alicia M. (5 de enero de 2006). «"Textos históricos sobre Jesús de Nazareth": La inscripción de Poncio Pilato.» (en español). Terrae antiqvae. Consultado el 25 de agosto de 2011.
  4. L.Petersen, K. Wachtel, Prosopographia Imperii Romani saec. I. II. III, 2ª ed., vol. 6, Berlín, 1998, nº 815, págs. 348-350 (consultable en Google Books), con el detalle de todas las fuentes literarias y epigráficas fiables que se conocen realmente sobre él.
  5. Obras completas de Tácito, Nueva York, 1942, Anales, Libro 15, párrafo 44.
  6. Pérez-Rioja, José Antonio (1971). Diccionario de Símbolos y Mitos. Madrid (España): Editorial Tecnos. p. 353. ISBN 84-309-4535-0. 
  7. a b McKenzie, J.L. (1972). «Evangelio según San Mateo». En Brown, Raymond E.; Fitzmyer, Joseph A.; Murphy, Roland E. Comentario Bíblico "San Jerónimo" III. Madrid (España): Ediciones Cristiandad. p. 287. ISBN 978-84-705-7117-6. 

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]