Arminianismo

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Jacobo Arminio, fundador de la doctrina arminianista.

El arminianismo es una doctrina teológica cristiana fundada por Jacobo Arminio en la Holanda de comienzos del siglo XVII, a partir de la impugnación del dogma calvinista de la doble predestinación.

Sustenta la salvación en la cooperación del hombre con la gracia divina a través de la fe. Frente al concepto calvinista de predestinación (o “elección”) incondicional, el arminianismo enseña que la predestinación se ha basado en la presciencia de Dios, quien tiene el conocimiento previo de quién creerá y quién no creerá en Cristo; la voluntad del hombre, por asistencia divina, es hecha libre para creer o rechazar a Cristo.

Después de la muerte de Arminio (en 1609), sus principios se formularon en el manifiesto de cinco puntos Remosntrans, publicado en 1610 (por lo que sus seguidores también pasaron a denominarse “remonstrantes”).

Detalles históricos[editar]

En 1618 el arminianismo fue condenado por el sínodo de Dort o de Dordrecht,[1] convocado a instancias del estatúder de Holanda Mauricio de Nassau, que apoyaba a los calvinistas intransigentes y monárquicos (Franciscus Gomarus y los denominados “gomaristas” o “contra-remonstrantes”). Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron entonces ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse.

La teología arminiana contribuyó a la aparición del metodismo en Inglaterra. No todos los predicadores metodistas del siglo XVIII fueron arminianos, pero sí la mayor parte, como el propio John Wesley.

Controversias entre arminianos y gomaristas[editar]

Arminio afirmaba firmemente la necesidad de la gracia de Dios para la redención de todo ser humano, pero consideraba que la gracia puede ser rechazada por el hombre en su libre albedrío. El arminianismo se opone a la postura calvinista, donde esta última enseña que algunos están predestinados para salvación y otros para perdición. Arminio consideraba que la expiación de Cristo es para todos y no sólo para algunos elegidos, aunque no todos la aceptan y por lo tanto no reciben sus beneficios. Por lo tanto según los arminianos es posible “caer de la gracia” y no es correcto pensar que los que ya recibieron la gracia nunca se perderán.[2] El calvinismo sostiene que: “Ya siendo salvo el individuo, siempre salvo”.

El arminianismo enseña que la destitución de Dios por causa de la rebelión es posible a pesar de haber sido parte de Su institución.

La posición arminianista empieza desde la perdición y separación de Dios, del mismísimo Luzbel (el diablo). Habiendo sido él un querubín, ocupando el más alto rango angelical, puesto sobre los ángeles creados, conociendo a Dios íntimamente, habiendo sido parte de Su reino por milenios, no obstante, decide por su libre albedrío rebelarse contra el Creador. Él junto con los ángeles que le siguieron, fueron destituidos de la gloria de Dios. Adán, habiendo sido creado y criado por Dios mismo hasta cierta edad, cuando él ya pudo valerse por sí solo, junto con Eva su mujer, deciden por esa libertad otorgada comer del fruto prohibido, trayendo sobre sí y sobre la humanidad el pecado y la destitución. El pueblo judío fue liberado de la esclavitud de Egipto, lo cual tipifica ser liberado del pecado. Sin embargo, por sus tendencias pecaminosas no heredaron la tierra prometida. Solo Caleb y Josué con los suyos y la segunda y tercera generación de judíos entró en ella. El argumento más poderoso del arminianismo, sin duda alguna, es el siguiente: “Si ya estaban predeterminados para salvación un número predeterminado de seres humanos, la venida de Jesús, el Hijo de Dios, no hubiese sido requerida”. El pasado, presente y futuro son simultáneos para Dios. Él en su presciencia ya sabe quiénes lograron entrar en Su presencia, pero nosotros los hombres no. Por lo tanto, no podemos determinar quiénes califican y quiénes no.

Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno, es hecho esclavo del que lo venció. Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.

2 Pedro 2:18-22.

Todos fuimos predestinados para salvación,[3] es decir, con el objetivo de ser salvos. Pero eso no quiere decir que necesariamente todos seremos salvos, porque aunque Dios nos predestinó para salvación, también nos dio libertad para salvarnos o perdernos: el libre albedrío.

¿Existen personas que nacen condenadas al tormento eterno, incluso si se arrepienten y aceptan lo que hizo Jesús en la cruz? Eso no armonizaría con el carácter de Dios; pues Él dice: A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.

Denominaciones arminianas son las diferentes Iglesias metodistas (Iglesia Metodista Episcopal, Iglesia Metodista Unida, Iglesia Metodista Libre), la Iglesia del Nazareno, la Iglesia Adventista del Séptimo Día, la Iglesia Wesleyana, la Iglesia de Dios, la mayoría de las Iglesias pentecostales, la Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular, las Iglesias de Cristo, las Asambleas de Dios, y otras del movimiento restauracionista (menonitas en su mayoría).[4] Muchos anglocatólicos (como C.S. Lewis[5] ), así como también la Iglesia copta, la Iglesia católica [6] y la Iglesia ortodoxa creen en la libertad de la voluntad humana y que toda persona tiene la posibilidad de recibir salvación y que una vez que recibe la salvación, también la puede perder.

Cabe anotar igualmente que cuando se habla de perder la salvación, no es porque Dios la arrebata nuevamente después de haberla otorgado en Jesús, sino que es el mismo hombre quien la desecha una vez que rompe su comunión con Dios a través del pecado.

Véase también[editar]

Colegiantes

Referencias[editar]

  1. Fuentes citadas en en:Synod of Dort.
  2. Bender, Harold S. (1953) Arminianism; Global Anabaptist Mennonite Encyclopedia Online. Consultada el 3 de mayo de 2013.
  3. Efesios 1:5
  4. Olson, Roger (1999) Don't Hate Me Because I'm Arminian; Christianity Today.
  5. Véase el vídeo: Vida de C.S. Lewis.
  6. Veasé el vídeo: (DVD) “Sublime Gracia” - La Historia & Teología del Calvinismo.