Al-Kindi

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Al-Kindi

Abū Yūsuf Ya´qūb ibn Isḥāq al-Kindī (en árabe: أبو يوسف يعقوب بن إسحاق الكندي) (Kufa, actual Irak, 801 - Bagdad, 873). Al-Kindi trabajó en filosofía, astrología, astronomía, cosmología, química, lógica, matemática, música, medicina, física, psicología y meteorología.

Hombre profundamente religioso, fue de los primeros que hicieron traducir al árabe la obra de Aristóteles, de quien recibió una profunda influencia al formular su propia obra filosófica. Sus trabajos tuvieron posteriormente gran impacto en Averroes. Elaboró una teoría de las categorías.

A su influencia aristotélica se unía un profundo conocimiento de las matemáticas, la medicina, la geometría y otras disciplinas científicas. Ello, unido a su defensa del libre albedrío entre sus coetáneos, le llevó a considerar la necesidad de crear una doctrina filosófica capaz de agrupar los distintos conocimientos humanos.

La Edad Media europea solo conoció muy pequeña parte de esta inmensa obra. Pero en cambio uno de sus escritos ha llegado a tener una importancia especial por tratar un tema que tuvo mucha repercusión en Europa: el problema del entendimiento.

La filosofía clásica y el Islam[editar]

Es un hecho importante de la historia del pensamiento en occidente que su renacer cultural en la Baja Edad Media viniera precedido de la reintroducción del pensamiento filosófico de los clásicos, sobre todo de Aristóteles, de la mano de los árabes.

La expansión del cristianismo hacia oriente suscitó la necesidad de aprender el griego para poder leer los textos del Nuevo Testamento y de los Santos Padres transmitidos en griego. Esto supuso al mismo tiempo el conocimiento de la filosofía y el pensamiento clásico, sobre todo, de Aristóteles.

En Mesopotamia, la escuela de Edesa fundada en 363 por San Efrén, enseñaba la doctrina de Aristóteles, Hipócrates y Galeno junto con los escritos de los Santos Padres. Cerrada en 489 sus filósofos se establecieron en Nisibis y Gandisapora en Persia y en Risaina e Hinnesrin en Siria.[1]

En estas escuelas se mantuvo viva la enseñanza clásica y se tradujeron las obras clásicas al sirio. De esta forma cuando Justiniano cierra definitivamente la Academia y las escuelas clásicas imponiendo la enseñanza del cristianismo, en Persia y sobre todo en Siria se mantuvo la tradición clásica incluso después de la conquista de los árabes.

Los califas de la dinastía Abásida fundada en el 750 llamaron a estos sirios a su servicio y fueron los copistas y transmisores de la cultura clásica que de esta forma se incorpora a la cultura árabe y a la judía. Los escritos clásicos, traducidos del griego al siríaco y al árabe, llegarán nuevamente a occidente a partir del siglo XI a través de los árabes.

Toda esta mediación como es natural deja sus huellas. Sobre todo en el conocimiento del pensamiento de Aristóteles frente al platonismo dominante en la cultura cristiana. De especial importancia es la influencia de ciertos libros que pasaron a occidente como si fueran auténticos de Aristóteles: “Teología de Aristóteles” y el “Liber de causis” de influjo neoplatónico, que ejercieron amplia influencia en el pensamiento árabe religioso que va a ser el que llegue a Europa para ser reinterpretado en el siglo XIII.[1]

Los árabes introdujeron dos temas específicos en el pensamiento cristiano:

  • La problemática relación entre la “verdad y la Fe” en el sentido de que no puede haber contradicción entre ambas. Especial relevancia en este problema tuvieron los mutazilitas como secta árabe que surgió en el siglo IX a los que se cita como “loquentes” en el siglo XIII.[1] Problemática que tomó forma relevante en lo que se ha dado en llamar la “doctrina de la doble verdad” de Averroes y la relación entre “Fe y Razón” en Santo Tomás.
  • La interpretación del “entendimiento agente” y “entendimiento posible” a partir de los comentarios de Alejandro de Afrodisias al "De anima" de Aristóteles. Respecto a este último problema el pensamiento de Al-kindi adquiere gran importancia al suscitarse el problema de los "universales" en el siglo XI.

El «Liber de intellectu»[editar]

En este librito Alkindi pretende tratar el tema del entendimiento "secundum sententiam Platonis et Aristotelis".[1]

El texto de Aristóteles[editar]

El problema surge desde el momento en que el propio Aristóteles no siempre tiene claro si el entendimiento es una facultad separada o no. Claramente afirma la no inmortalidad del alma, pero no siempre esta afirmación se mantiene claramente, pues Aristóteles no siempre pudo dejar de lado sus raíces platónicas.

Puesto que, lo mismo que en toda la naturaleza, hay en cada género de seres algo que es la materia (y esto es en potencia todos los seres), y algo también que es causa y principio activo, porque lo actúa todo, y con ello tiene la relación que el arte con la materia; así también en el alma debe haber necesariamente tales diferencias. Existe, pues, un intelecto tal que se hace todas las cosas; y otro tal que se le debe el que el primero se haga todas las cosas, el cual es una especie de hábito, como la luz lo es; porque la luz hace en cierta manera que los colores en potencia sean colores en acto. Siempre es superior lo que opera a lo que padece; el principio que la materia. La ciencia en acto es idéntica a su objeto. En un individuo determinado, la ciencia en potencia es anterior a la actual, pero considerada en absoluto la ciencia en potencia no la precede. Pero el intelecto (al cual se debe que el intelecto pasivo se haga todas las cosas) no es tal que ahora entienda, luego no. Solo cuando está separado es lo que es, inmortal y eterno. Pero no nos acordamos, porque es impasible; en cambio el intelecto pasivo está sujeto a la corrupción y sin él nada puede entender

Aristóteles. De anima, III, 5, 430 y ss

La interpretación del texto[editar]

Ya desde Teofrasto ha habido las más variadas interpretaciones acerca de este texto. Fue comentado por Alejandro de Afrodisias distinguiendo un entendimiento agente (nous poietikós) y un entendimiento pasivo o posible (nous pazetikós);[2]

Alkindi siguiendo la teoría de Alejandro de Afrodisias ofrece la interpretación siguiente: el entendimiento está siempre en acto como sustancia espiritual distinta del alma, superior a ella y actúa sobre el alma actualizando su potencia de inteligir. Siguiendo la interpretación de Alejandro de Afrodisia entiende que hay un solo y único entendimiento agente para todos los hombres puesto que los individuos solo tienen un entendimiento en potencia.[1]

De esta manera se garantiza que todos los seres humanos que conocen lo sensible de forma individual y concreta en la experiencia de cada uno y, por tanto subjetiva, refieran dichas percepciones sensibles a un único referente universal, la idea platónica, convertida de este modo en concepto universal.[3]

Cuando en el siglo XI se suscite la polémica entre los «dialécticos», Anselmo de Besate y Berengario de Tours y los «antidialécticos» Pedro Damián y sobre todo la disputa entre Abelardo y Guillermo de Champeaux sobre los “conceptos universales” y toda su problemática en la Universidad de París, la interpretación de Alkindi va a cobrar toda su importancia en el pensamiento occidental.[4]

Referencias[editar]

  1. a b c d e La filosofía en la Edad Media, E. Gilson, pp. 321 y ss.
  2. Ferrater Mora, J. op. cit. "Intelecto"
  3. Obsérvese la relación de esta cuestión con la problemática suscitada en la Edad Moderna por el Racionalismo de Descartes y sus ideas innatas. En la actualidad con la Gramática Generativa de Chomsky
  4. Hirschberger, J. op. cit. Tomo I,p.331 y ss.

Enlaces externos[editar]

Bibliografía[editar]

  • Ferrater Mora, J. (1984). Diccionario de Filosofía (4 tomos). Barcelona. Alianza Diccionarios.. ISBN 84-206-5299-7. 
  • Guerrero, Ramón. (1985). El pensamiento filosófico árabe. Madrid. Cincel, D.L.. ISBN 84-7046-403-5. 
  • Gilson, E. (1965). La filosofía en la Edad Media. Madrid. Gredos.. 
  • Hirschberger, J. (1968). Historia de la Filosofía (2 tomos). Barcelona. Herder.. 
  • Honderich, T. (Editor) (2001). Enciclopedia Oxford de Filosofía. Madrid. Tecnos.. ISBN 84-309-3699-8.