Árboles del Paraíso

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El Árbol del Conocimiento, pintado por Lucas Cranach el Viejo

Los árboles del paraíso son dos árboles que aparecen en el Antiguo Testamento en la historia del Jardín del Edén. Uno de ellos es conocido como el "Árbol del conocimiento del bien y del mal" (simplificado como Árbol del Conocimiento; en hebreo עֵץ הַדַּעַת טוֹב וָרָע "Etz haDaat tov V'ra"),[1] y el otro es el "Árbol de la Vida". Según el Génesis, estaba prohibido para Adán y Eva comer del primero, y luego de la desobediencia del mandato divino, éstos son expulsados para evitar que también comieran del segundo, igualando a Dios.

El mito bíblico[editar]

La Historia del Edén, que toma los capítulos 1 a 3 del Génesis, cuenta cómo Dios creó al primer hombre y lo colocó en un jardín paradisíaco en Edén. Antes de crear a la primera mujer, Dios le dice al hombre que él puede comer la fruta de cualquier árbol en el jardín exceptuando el del conocimiento del bien y el mal. Dios luego forma a la primera mujer y Génesis 2 termina con la nota de que "estaban desnudos sin sentir vergüenza". Una serpiente subsecuentemente tienta a la mujer a comer de la fruta con la promesa del conocimiento. Tanto el hombre como la mujer comen, volviéndose conscientes de su desnudez y sintiendo vergüenza. Dios, consciente de que los primeros humanos también tienen conocimiento, los expulsa del jardín del edén para evitar que coman también del Árbol de la Vida.

Dios, luego de esto, puso querubines al oriente en el huerto del Edén y una espada ardiente que se revolvía para impedir que el hombre volviera al Jardín.

Adán y Eva ya no tuvieron más acceso al árbol de la vida (ya no podrían vivir para siempre). Según el texto bíblico, murieron finalmente y su descendencia moriría también.

El Árbol del Conocimiento[editar]

Un mármol bajorrelieve por Lorenzo Maitani en la Catedral de Orvieto, en Italia, retratando a Eva y el Árbol

El árbol del conocimiento del bien y del mal, también llamado árbol de la ciencia del bien y del mal, es presentado como el instrumento de la caída de Adán.[2] A diferencia del árbol de la vida (ver más adelante) que se presenta como unidad, el árbol del conocimiento del bien y del mal presenta una dualidad.[2]

El conocimiento del Árbol[editar]

El mayor conocimiento adquirido fue la capacidad moral:[3] los seres humanos comenzaron a juzgar si los hechos eran buenos o malos (como la desnudez natural) y se dieron cuenta de las consecuencias de sus actos (se sintieron avergonzados). El acto de desobediencia abrió los ojos de Adán y Eva al mal.[4]

El origen del nombre[editar]

Gordon y Rendsburg[5] han sugerido que la frase "טוֹב וָרָע", traducida como bien y mal, es un merismo, una figura retórica en la cual un par de opuestos son usados juntos para crear una idea de totalidad (como en la frase "soy Alfa y Omega", que significa que lo es todo). Ellos conjeturan a partir de esto que árbol del conocimiento del Bien y el Mal significa Árbol del Conocimiento Total. Este significado puede también verse en traducciones alternativas como Árbol del conocimiento, tanto del bien como del mal.

El Árbol de la Vida[editar]

EL Árbol de la vida representado en la Cábala, conteniendo al Sephiroth.

La historia de este árbol también está relatada en el Génesis, entre los capítulos 2 y 4. El segundo de los árboles ofrecía la vida eterna a quien lo comiese. Luego del "pecado original", Dios expulsa a Adán y Eva del Paraíso para evitar que comiesen de él. Los Árboles de la vida son símbolos presentes en muchas mitologías.

El árbol de la vida en el Apocalipsis[editar]

Se hace una descripción explícita sobre el árbol de la Vida en el libro del Apocalipsis, en el Nuevo Testamento, donde se dice que al vencedor se le dará de comer del árbol de la vida que "está en medio del paraíso de Dios" (Apocalipsis 2:7). Igualmente se menciona que está ubicado en medio de la calle de la ciudad, en la cual a uno y otro lado del río estaba el árbol de la vida, que produce doce frutos, dando cada mes su fruto; y las hojas del árbol eran para la sanidad de las naciones (Apocalipsis 22:2).

Análisis[editar]

Serpientes, árboles y frutos son símbolos importantes en las religiones de origen hebreo, como el Judaismo, Cristianismo, e Islamismo. Estos símbolos también pueden encontrarse en las sagas nórdicas, con el ejemplo del Yggdrasil, en el que el árbol ofrece la fuente del conocimiento. En oposición a la inmortalidad de la serpiente, se encuentran el águila y el halcón. Hay una mitología similar en China, donde en un relieve de un árbol de la vida se ve a un ave y a un dragón - en la mitología china, el dragón a menudo representa la inmortalidad. James Frazer en su libro The Golden Bough (1890) intenta dar una perspectiva coherente y unificada a un gran número de símbolos religiosos, mientras que Ioan P. Couliano provee de un análisis del simbolismo en The Tree of Gnosis (1991), además de las múltiples interpretaciones concernientes al Árbol de la Vida (Sephiroth).

Ambos árboles en el libro de Enoc[editar]

En el libro de Enoc, Enoc hace una descripción del paraíso, con numerosos árboles, entre ellos menciona al "árbol del conocimiento del bien y el mal" con el nombre del "árbol de la sabiduría". El árbol estaba ubicado al lado del Paraíso de Justicia, en un lugar con árboles numerosos en exceso y grandes, diferentes unos de otros, en donde destaca un árbol distinto de todos los demás, muy grande, bello y magnífico, el árbol de la sabiduría. El árbol es descrito tan alto como un abeto, sus hojas se parecen a las del algarrobo y su fruto es como un racimo de uvas, muy bonito; y con una fragancia que penetra hasta muy lejos, Igualmente se menciona que los que comen de su fruto aprenden gran sabiduría. En esta descripción, Remiel le menciona igualmente a Enoc que:

Es el árbol de la sabiduría, del cual comieron tu primer padre y tu primera madre y aprendieron la sabiduría y sus ojos se abrieron y comprendieron que estaban desnudos y fueron expulsados del jardín del Edén.

Igualmente se menciona detalladamente en el paraíso un árbol que proporciona vida, siendo lo más posible la descripción del "árbol de la Vida". Enoc lo describe como un árbol rodeado por árboles aromáticos, el cual supera a los demás árboles en altura a la manera de un trono. Ese árbol presentaría un perfume que exhala una fragancia superior a cualquiera y sus hojas, flores y madera no se secan nunca, y presenta un fruto hermoso que se parece a los dátiles de las palmas. En esta descripción, Miguel, que estaba encargado de esos árboles, le menciona igualmente a Enoc que:

Esta montaña alta que has visto y cuya cima es como el trono de Dios, es su trono, donde se sentará el Gran Santo, el Señor de Gloria, el Rey Eterno, cuando descienda a visitar la tierra con bondad. No se permite que ningún ser de carne toque este árbol aromático, hasta el gran juicio cuando Él se vengará de todo y llevará todas las cosas a su consumación para siempre, pero entonces será dado a los justos y a los humildes. Su fruto servirá como alimento a los elegidos y será trasplantado al lugar santo, al templo del Señor, el Rey Eterno. Entonces ellos se regocijarán y estarán alegres; entrarán en el lugar santo y la fragancia penetrará sus huesos; y ellos vivirán una larga vida, tal y como la que sus antepasados vivieron. En sus días no los tocará ningún sufrimiento ni plaga ni tormento ni calamidad.

Enoc 25:2-6

En la tradición popular[editar]

Popularmente, en las artes visuales estos árboles son representados como manzanos, probablemente debido a un juego de palabras latino: en la expresión de la Vulgata "lignus scientiae boni et mali" ("árbol de la ciencia del bien y del mal") existe un parecido evidente entre la palabra latina que significa "mal" y el sustantivo latino malum: "manzana". Pero en realidad en el Génesis no se especifica qué tipo de árbol o de fruto es.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Knight, 1990, p.930
  2. a b Chevalier, Jean; Gheerbrant, Alain (1986). Diccionario de los símbolos. Barcelona: Herder. pp. 118–119. ISBN 978-84-254-2642-1. 
  3. Buswell, J. Oliver (1979-1980). Teología sistemática. Miami, Fla.: Logoi. ISBN 080060704X. 
  4. Génesis 3:7
  5. Gordon, Cyrus H.; Rendsburg, Gary A. (1997). W.W. Norton & Co., ed. The Bible and the Ancient Near East (4ta ed. edición). New York. ISBN 0-393-03942-0. OCLC 35785632. 

Enlaces externos[editar]