Vanguardismo latinoamericano

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El vanguardismo latinoamericano corresponde al período de vanguardismo literario vivido en América Latina entre fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, como respuesta artística a un período de importantes cambios sociales, enmarcados por eventos como la Primera Guerra Mundial (1914–1918), la Guerra Civil Española (1936–1939) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Se desarrolló fuertemente sobre todo a comienzos del siglo XX.

Este período también es considerado como el posmodernismo hispanoamericano, debido a que surgió como respuesta al modernismo hasta entonces imperante.[1]​ A este período artístico pertenecen diversas corrientes poéticas, entre las que destacan el simplismo del peruano Alberto Hidalgo, el creacionismo del chileno Vicente Huidobro, el estridentismo del mexicano Manuel Maples Arce, el ultraísmo del argentino Jorge Luis Borges, y el nadaísmo del colombiano Gonzalo Arango.

Características[editar]

Los poetas latinos Girondo, Oswald y Mário de Andrade, Vallejo y Huidobro fueron referentes de la llamada vanguardia.

Ortega y Gasset identifica varios recursos de las vanguardias para romper con el sentimentalismo y antropocentrismo del artista del siglo XIX, como son la abstracción, autorreferencialidad, puerilidad, ludismo, ironía, e incluso las tendencias suicidas.[1]

Kahler sostiene que la vanguardia es el clímax de una tendencia destructiva de la modernidad, que tiende a quebrar con los principios de coherencia y organicidad que regían el arte occidental hasta el siglo XVIII. Se trata entonces de una desintegración de la forma artística, como consecuencia de dos factores: un interés romántico en las «fuerzas obscuras de la psique» (que culmina en el absurdismo y el automatismo vanguardista) y la «creciente inseguridad del artista ante el lenguaje y la comunicación» (que se manifesta en un aumento obsesivo del ejercicio metalingüísico).[1]

Para Poggioli, por su parte, el término avant-garde se comenzó a consolidar, durante la segunda mitad del siglo XIX, en el momento que al artista se le comenzó a demandar una postura política activa, frecuentemente izquierdista y siempre radical, de negación o renovación del statu quo. Las vanguardistas, para el estudioso, se pueden caracterizar así por su «activismo» o entusiasmo agitador, típicamente juvenil; su «antagonismo» o agresividad sistémica; su «nihilismo» o inclinación destructiva, y su «agonismo» o predisposición para el autosacrificio, en nombre de futuros valores.[1]

Referentes literarios[editar]

Algunos referentes literarios de esta época son los poetas César Vallejo, Vicente Huidobro, Oliverio Girondo, Oswald de Andrade, Mário de Andrade, y las primeras etapas de Jorge Luis Borges y de Pablo Neruda.[1]

Además de los referentes más importantes, existen muchos otros autores que pueden considerarse vanguardistas. Un caso ejemplar es el de Omar Cáceres, cuyo único poemario, Defensa del ídolo (1934), es considerada un caso de vanguardismo paradigmático.[1]

De acuerdo con el crítico Miguel Gomes, posiblemente los estudiosos más importantes de la vanguardia sean Erich Kahler (autor de The Desintegration of Form in the Arts, 1968), Renato Poggioli (The Theory of the Avant-Garde, 1962) y José Ortega y Gasset (La deshumanización del arte y otros ensayos de estética, 1924-5).[1]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g Gomes, Miguel (1997). «El viaje interior de la vanguardia: Defensa del ídolo de Omar Cáceres». Mapocho (41). Consultado el 19 de octubre de 2016.