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Romano IV Diógenes
Romanos IV Diogenes (Mutinensis).png
Retrato de Romano IV (de un códice siglo XV que contiene una copia del Epitomé historion de Juan Zonaras).

Emperador bizantino
1068-1071
Predecesor Constantino X
Sucesor Miguel VII

Información personal
Nacimiento c. 1030
Capadocia
Fallecimiento 29 de junio de 1072
Isla de Proti

[1]

Romano IV Diógenes (en griego, Ρωμανός Δ΄ Διογένης, romanizadoRōmanos IV Diogenēs; c. 1030-4 de agosto de 1072), fue un militar bizantino que accedió al trono imperial entre 1068 y 1071 cuando se casó con la emperatriz Eudoxia Macrembolita.

Reconocido por sus cualidades militares, su nombramiento se produjo en un momento de gran dificultad para el Imperio. La extinción de la dinastía macedónica trajo una grave inestabilidad al pico más alto del estado, ya que las fronteras comenzaron a ser asaltadas por todos lados, especialmente por los normandos en Italia y los turcos selyúcidas en el este. La misión principal de Romano IV era restaurar el poder militar del Estado bizantino y trató de dedicarse a ello lo mejor que pudo.

Movilizó la mayor parte de su atención en Oriente y dejó lo que quedaba de la Italia bizantina para que lo conquistaran los normandos en 1071. Dirigió varias campañas contra las incursiones de los turcos, sin llegar realmente a derrotarlos. Decidido a lograr una victoria que pudiera legitimar su todavía frágil poder y poner fin a la amenaza selyúcida, reunió un gran ejército en 1071 y marchó hasta Manzikert. Ahí se enfrentó a las tropas del sultán Alp Arslan pero fue derrotado en la batalla de Manzikert, que se encuentra entre los eventos más importantes de la larga historia bizantina. Devenido en prisionero, sin embargo, fue rápidamente liberado a cambio de un tratado de paz bastante ventajoso en vista de la magnitud de la derrota. Sin embargo, su legitimidad definitivamente se vio socavada por esta humillación. La familia Ducas, una las más influyentes del Imperio y la más hostil a Romano IV, fomentó una rebelión y se apoderó de Constantinopla en beneficio de Miguel VII Ducas, el hijo mayor de Eudoxia. Romano IV intentó recuperar el control de la situación pero fue derrotado nuevamente. Fue exiliado después de que le arrancaran los ojos y murió a causa de sus heridas. Reconocido por su deseo de fortalecer el poder imperial en un momento de gran peligro, su memoria permanece marcada por el peso de la derrota de Manzikert, con graves consecuencias en los años posteriores a su muerte.

Fuentes[editar]

Miniatura que representa a Miguel Psellos instruyendo a Miguel VII Ducas. Codex 234, f. 245a, Monte Athos, monasterio de Pantocrátor.

Las fuentes sobre el período del reinado de Romano IV son relativamente abundantes ya que intervino en una época de florecimiento intelectual en el Imperio. Los dos principales autores contemporáneos de esta época son Miguel Ataliates y Miguel Psellos, quienes defienden posiciones divergentes. El primero era un firme partidario del emperador y que elogió sus esfuerzos por restaurar el poder militar imperial. Durante su reinado, fue uno de sus consejeros más cercanos e hizo de Romano IV un héroe trágico. Sin embargo, a veces muestra cierto retroceso y no tiene el mismo tono de admiración por este que por Nicéforo III Botaniates, reservándose a veces las críticas.[2]​ Miguel Psellos, cercano a Juan Ducas y a su familia en general, era la gran figura intelectual de su tiempo, aunque intervino con frecuencia en los asuntos políticos del Imperio. A diferencia de Miguel Ataliates, su historia es hostil a Romano IV a quien culpa de la derrota de Manzikert y critica la falta de talento militar y la vanidad que lo condujo a lanzarse a campañas para su propia gloria personal. Finalmente, parece haber tenido un papel importante en el golpe de Estado que lo derrocó.[3]​ Estos dos autores son, por tanto, complementarios pero sus textos deben tomarse con precaución por prejuicios. Otros escritos, a veces tardíos, se movilizan regularmente, como los de Nicéforo Brienio, historiador del siglo XII o Teodoro Escutariota, escritor del siglo XIII; estos están particularmente interesados en la batalla de Manzikert y sus consecuencias. Siguen en gran medida la historia de Psellos ya que enaltecen la imagen de Juan Ducas, el principal enemigo político de Romano IV.[4]​ La crónica del continuador de Juan Escilitzes reprodujo en gran medida la historia de Ataliates, pero a veces se distingue de ella.[5]​ Otra fuente secundaria es la del continuador de Jorge el Monje. Las fuentes orientales, ya sean árabes o persas, a menudo posteriores se centran en la batalla de Manzikert, ofreciendo poca información confiable sobre los eventos.[6][7]​ Finalmente, los cronistas armenios y siríacos como Mateo de Edesa o Miguel el Sirio son generalmente hostiles a Romano IV, debido a su desconfianza hacia los bizantinos, de quienes a veces sospechaban que querían obligarlos a adherirse al dogma calcedonio. De manera más general, la cuestión de la relación entre Romano IV y los armenios permanece abierto. A través de su política, trató de defender las provincias más orientales de su Imperio, por lo tanto, más bien regiones armenias y se apoyó en gran medida en los soldados armenios, pero también, al parecer, mostró desconfianza hacia estos.[8][9]

Contexto general[editar]

El Imperio bizantino a mediados del siglo XI.

El mundo bizantino de la segunda mitad del siglo XII está profundamente en estado de confusión. Tras su muerte en 1025, Basilio II dejó un poderoso Imperio, casi en la cima de su expansión desde Heraclio y beneficiario de la prosperidad económica y de un importante resurgimiento intelectual. La dinastía macedonia supo instalar una legitimidad dinástica sin precedentes en el orden político romano-bizantino pero su extinción con la muerte de Basilio II y luego de Constantino VIII en 1028 puso en peligro esta dinastía. Las disputas por el poder se aceleraron tan pronto como al no haber un legítimo pretendiente al trono. Esto se materializó en primer lugar por el fenómeno de los príncipes-cónyuges, durante el cual varios pretendientes se desposaron con los últimos supervivientes de la dinastía macedonia, quienes eran Zoe y Teodora Porfirogéneta. Esta competencia, a veces descrita como una oposición entre familias aristocráticas con funciones militares y otras con funciones civiles,[nota 1]​ era en realidad bastante compleja. Se trataba de clanes, formados por alianzas matrimoniales, proximidad geográfica o preocupaciones comunes, que se enfrentaban entre sí. Estas grandes familias eran los Ducas, los Comneno, los Diógenes e incluso los Meliseno.[10]​ Así, en 1057, Isaac Comneno tomó el trono cuando derrocó a Miguel VI pero se enfrentó a una fuerte oposición, encarnado por los Ducas, que resultó en la toma de poder por Constantino X Ducas. Cuando murió en 1067, dejó a su viuda Eudoxia Macrembolita como regente de su joven hijo Miguel VII, lo que abrió el camino a nuevas ambiciones. Estas rivalidades debilitaron al Imperio a medida que nuevos pueblos se reunían en sus fronteras, incluidos los turcos selyúcidas en el este, los normandos que invadían la Italia bizantina o los pechenegos al norte del Danubio. Es en este contexto cada vez más turbulento donde interviene la ascensión y luego el reinado de Romano IV Diógenes.[11]

Llegada al poder[editar]

Marfil llamado de Romano, preservado en el Cabinet des Médailles de París. Durante mucho tiempo, se pensó que representaba a Romano IV y Eudoxia Macrembolita, pero en realidad podría ser Romano II y su primera esposa, también llamada Eudoxia.

Ascenso y rebelión de un general[editar]

Romano provenía de una antigua familia de la aristocracia militar de Capadocia aliada a la mayoría de las otras grandes familias de Asia Menor, y era hijo de Constantino Diógenes (fallecido en 1032), general al mando de los tagmas del Occidente, quien se casó con una sobrina de Romano III Argiro, y fue acusado de conspiración contra el emperador y muerto bajo arresto.[12]​ Su madre era hija de Basilio Argiro, hermano de Romano III.[13]​ Gracias al relato de la campaña de Manzikert, se sabe que no solo tenía importantes propiedades en Capadocia, sino también en el thema Anatólico y Carsiano.[12][14]

La primera mención conocida de Romano es a través de un sello fechado alrededor de 1060, que lo menciona como estratego y patricio.[15]​ Se desconocen las primeras etapas de su carrera y no se sabe si participó en la guerra civil de 1057 que llevó al trono a Isaac Comneno. El militar Romano Diógenes comenzó su carrera en la frontera del Danubio, donde rápidamente ascendió en las filas de la jerarquía militar.[16]​ Se convirtió en gobernador (dux) de Serdica (actual Sofía, Bulgaria) y recibió la dignidad de vestarca por sus éxitos contra los pechenegos, antes de ser acusado y convencido de querer usurpar el trono de los hijos de Constantino X en 1067.[17][18]​ Según Miguel Psellos, también corroborado en parte por Ataliates, planeó tomar el poder durante algún tiempo, probablemente como reacción a las dificultades militares de Constantino X. Su plan habría sido desvelado por uno de sus parientes, un armenio según Ataliates. Otras fuentes, más tardías, como la crónica del sucesor de Jorge le Monje, mencionan que fue hecho prisionero por sus propios hombres poco después de haber lanzado sus tropas hacia Constantinopla. Según Jean-Claude Cheynet, es concebible que fuera su acuerdo con el Reino de Hungría lo que le desacredito con los soldados búlgaros, enemigos tradicionales de los húngaros.[19]​ De todos modos, logró dar buena impresión durante su juicio y no se le ejecuto, lo que podría sugerir que tenía un gran apoyo en la capital.[20][21]

Ascenso al trono[editar]

Desterrado a su tierra en Capadocia, fue convocado por Eudoxia Macrembolita para saber que la emperatriz quería casarse con él y convertirlo en el protector de sus tres hijos, Miguel (el futuro Miguel VII Ducas), Andrónico Ducas y Constancio Ducas.[22]​ Es posible que la emperatriz se enamorara del elegante militar, pero también es probable que estuviera convencida de que la única forma de asegurar el trono de un golpe era casarse con un militar con gran autoridad y capaz de imponerlo.[17]​También pensó por un tiempo en Nicéforo III Botaniates, otro soldado influyente de su tiempo y las fuentes apenas dicen las razones exactas que la llevaron a elegir a Romano sobre otros oficiales de prestigio.[21]​ Sea cual sea, su decisión no se discutió, ya que los turcos selyúcidas se apoderaron de la importante ciudad de Cesarea de Capadocia y gran parte de Anatolia, una clara señal de que el ejército imperial que sufrió un fracaso tras otro en los últimos años iba a ser puesto bajo el liderazgo de un general capaz y enérgico.[23][24]​ El 25 de diciembre, Romano ascendió al rango de magistro y designado estratelata. En la noche del 31 de diciembre, se presentó ante Miguel VII para aprobar su nombramiento como coemperador y, al día siguiente, Juan Ducas, hermano del fallecido emperador y cabeza de la familia Ducas, se enfrentó a un hecho consumado.[25]

Sin embargo, Constantino X, antes de morir, hizo que su esposa jurara no volver a casarse.[26][27]​ Eudoxia se dirigió al patriarca Juan VIII Xifilinos y no tuvo ninguna dificultad en convencer a este último de entregar el documento que ella misma firmó para tal efecto y le hizo proclamar públicamente que estaba a favor del matrimonio por el bien del Estado. El Senado había dado su aprobación, el 1 de enero de 1068, Romano se desposo con la emperatriz y fue coronado emperador con el nombre de Romano IV Diógenes.[23][17]​ Se trató de una demostración de la concepción bizantina del poder que daba primacía al bien común del Imperio sobre la preservación de los derechos hereditarios mediante el juramento solicitado por Constantino X, a quien también se le acusó de haber actuado por celos.[28][25]​ Jean-Claude Cheynet opina que este apoyo decisivo del Senado y del patriarca ilustra el acuerdo dado por un componente notable de la aristocracia civil a la ascensión al trono de un militar. También añade que esto era una prueba del matiz necesario para llevar a la idea de un conflicto entre una aristocracia civil y otra militar. Solo la guardia varega era algo hostil a Romano porque consideraba necesario salvaguardar los derechos al trono del joven Miguel Ducas.[24]​ En general, la familia Ducas se mostró reservada frente a Romano Diógenes, quien quizás los privaría de su influencia al más alto nivel del Estado. Si Romano IV preservaba los derechos de Miguel VII, quien seguía siendo coemperador, e incluso se llegó a nombrar a Andrónico, segundo hijo de Constantino X, como otro coemperador, los dos hijos que tenía con Eudoxia, León y Nicéforo, amenazarían la posición de Miguel Ducas.[29][30]​ Desde sus posesiones en Bitinia, Juan Ducas devino en su principal oponente.[31]

Política militar[editar]

Follis de Romano IV Diógenes: a la izquierda el Cristo Pantocrátor, ya la derecha una cruz rodeada de las letras CΒΡΔ por el lema «Σταυρὲ σου βοήθει Ρωμανόν δεσπότην» («Que tu cruz ayude al Señor Romano»).[32]

Romano IV, quien era consciente de la fragilidad de su legitimidad, llegó a la conclusión de que la mejor manera de establecer su autoridad era conducir en persona a los ejércitos al combate; centró así la atención de la alta jerarquía civil y de los militares en la guerra contra los turcos.[33]​ Por primera vez desde Basilio II, un emperador prestaba su atención al ejército.[34]

En 1067, los selyúcidas hicieron incursiones impunemente en Mesopotamia, Siria, Cilicia y Capadocia donde habían saqueado Cesarea de Capadocia.[35]​ En el invierno de ese mismo año, establecieron su campamento en las fronteras del Imperio y esperaron la llegada de la primavera para reanudar sus incursiones. Para Romano, la tarea era difícil. El sistema militar bizantino había sufrido cierto declive desde la muerte de Basilio II, en parte debido a las políticas de los emperadores bizantinos, incluido Constantino X.[36]​ El ejército central seguía siendo poderoso, pero dependía en gran medida de las tropas extranjeras, formadas por mercenarios cuya fiabilidad y lealtad no siempre se conseguía. Romano IV intentó restablecer un reclutamiento más local o nacional para el ejército bizantino. Quizás esperaba restablecer las antiguas tropas regionales. De hecho, el sistema militar bizantino se construyó sobre los temas, provincias que eran defendidas por tropas locales, a menudo reclutadas de vez en cuando entre los habitantes para defenderlos de las incursiones enemigas.[37]​ Solo, con la reanudación de una guerra ofensiva bajo los emperadores macedonios, estas unidades decayeron poco a poco a favor de las unidades permanentes y cuando Romanos lo convocó, se encontraban en un estado de miseria que les privaba de cualquier operatividad.[38]​ A pesar de todo, se debe tener cuidado de no pintar un cuadro demasiado oscuro del ejército bizantino. Miguel Ataliates sin duda exageró la idea de un gran declive militar al culpar mejor a los predecesores de Romano y este último logra reunir fuerzas importantes, incluso si eso significaba someterlos a un duro entrenamiento.[39]​ Las unidades permanentes todavía eran de alta calidad y la reserva de tropas seguía siendo enorme, hasta tal punto que era concebible que los reclutamientos llevados a cabo por Romano permitieran a las fuerzas armadas bizantinas superar los 100 000 hombres.[40]​ Sin embargo, su deseo de depender menos de las tropas extranjeras obviamente condujo a su desconfianza, en particular a los nemitzos de origen alemán o las fuerzas normandas de Roussel de Bailleul.[nota 2]​ En todos los casos, la política militar de Romano fue voluntarista aunque se basó en una visión relativamente conservadora, incluso reaccionaria según Jean-Claude Cheynet, por su afán de revivir las viejas fuerzas de los temas.[37]

Dos estrategias se oponían dentro del séquito de Romano. Algunos generales consideraban necesario abandonar las recién conquistadas provincias armenias y más expuestas, para concentrarse en la defensa del corazón de Asia Menor. Otros, por el contrario, afirmaban que la frontera más oriental del Imperio debía defenderse de los recién llegados. El primero, más cauteloso, advertía de los riesgos de una expedición demasiado ambiciosa contra los turcos. Romano hizo caso omiso de esto.[41]​ Cuando tomó una política militar ofensiva, se distinguió de manera notable de Isaac I, un general también, pero que optó por una estrategia mucho más defensiva. Así, se compara a Romano IV con Focas en su deseo de consolidar la posición bizantina en Oriente.[41]

Enfrentamiento contra los selyúcidas[editar]

Campaña de 1068[editar]

Miniature conservée au musée du palais de Topkapı représentant Alp Arslan.

La primera campaña de Romano tuvo como objetivo la frontera sureste del Imperio, donde los sarracenos del sultán de Alepo emprendieron la conquista de la provincia bizantina de Siria y se dirigieron a Antioquía. Fue entonces cuando se enteró de que un ejército selyúcida había hecho una incursión en la región de Ponto (sureste del Mar Negro) y saqueado Neocesarea. Inmediatamente seleccionó una pequeña fuerza móvil y, apresurándose por el Tema de Sebastea, interrumpió su retirada a Tefrique, los obligó a detener sus saqueos y liberar a sus prisioneros; sin embargo, un buen número de selyúcidas logró escapar.[42][43][44]

Reanudando la ruta sur, se reincorporó a su ejército con el que continuó su avance por los pasos de los montes Tauro hasta el norte de Germanicea para iniciar la invasión del emirato de Alepo.[42]​ Se apoderó de Hierápolis que fortificó para ofrecer protección contra nuevas incursiones en las provincias del sureste del Imperio.[45]​ Luego reanudó la lucha contra los sarracenos de Alepo, pero sin que ninguno de los bandos obtuviera una victoria decisiva. Al llegar a su fin la temporada de las campañas militares, Romano IV tomó el camino del norte, pasando por Alejandreta y las Puertas Cilicias para dirigirse hacia Podandos. Allí, se enteró de que los selyúcidas habían llevado a cabo nuevas incursiones en Galacia, saqueando Amorio, pero habían regresado a su base tan rápido que era imposible perseguirlos. Romano regresó a Constantinopla en enero de 1069.[42][46][47]​ En general, los resultados de esta primera campaña podrían considerarse positivos. Si Romano no obtenía una gran victoria, lograría oponerse a una resistencia a las incursiones de los turcos y demostraría a las poblaciones locales que el Imperio todavía podía protegerlas.[48][49]

Campaña de 1069[editar]

Régions du Pont, de Cappadoce et d'Arménie Mineure au Xe siècle.

En 1069, Romano IV quiso despejar la Capadocia invadida, pero sus planes se vieron interrumpidos cuando el líder de los mercenarios normandos, Roberto Crispín, se rebeló, probablemente debido a retrasos en el pago. Los normandos comenzaron a saquear los alrededores de Edesa donde estaban apostados, atacando en particular a los funcionarios que recaudaban impuestos y golpeaban al ejército enviado contra ellos por Romano.[50]​ Eventualmente, el emperador debía moverse en persona, y cuando comenzó a reunir un gran ejército, Crispino accedió a rendirse. Estuvo exiliado en Abido, pero sus fuerzas continuaron devastando el Tema Armeníaco. Tras ordenar la ejecución de todos los prisioneros y establecer una cierta paz en la provincia, Romano se dirigió al Éufrates.[51]​ En el camino, aniquiló a una tropa turca, luego llegó a Melitene y cruzó el río en Romanópolis, con la esperanza de tomar Ahlat en el lago de Van y así proteger la frontera con Armenia.[52][50]

Romano tomó la cabeza de una fuerza expedicionaria y comenzó su marcha hacia Ahlat, dejando el cuerpo principal de las tropas al mando de Filareto Brajamio, encargado de defender la frontera de Mesopotamia.[52]​ Filareto fue rápidamente derrotado por los turcos que saquearon Iconio; entonces Romano IV debío regresar a Sebaste. Ordenó al duque de Antioquía que protegiera los pasos de Mopsuestia mientras intentaba derrotar a los selyúcidas en Heraclea. Estos pronto se encontraron atrapados en las montañas de Cilicia, pero lograron llegar a Alepo después de abandonar su botín bajo la presión de los armenios. Romano debió, pues, regresar a Constantinopla sin haber logrado detener a los selyúcidas, ya sea en Armenia o en Anatolia. Comprometido en una incesante guerra de movimiento, el emperador no logró una victoria decisiva contra un adversario extremadamente móvil cuyas incursiones comenzaron a conducir a la desertificación de las provincias fronterizas.[52][46][53][54][39]

Caída de Italia[editar]

Robert Guiscard déclaré duc par le pape Nicolas.

En 1070, Romano se vio retenido en Constantinopla por una serie de cuestiones urgentes, incluida la caída de Bari en manos de los normandos.[45]​ En unos años, la situación se volvió dramática para los bizantinos que cedieron una fortaleza tras otra. Sin ayuda real de Constantinopla, algunas figuras locales intentaron resistir como Nicéforo Carantino que rechazó un asalto a Brindisi en 1070 y envió las cabezas decapitadas de los soldados enemigos a la corte de Romano para animarlo a enviar refuerzos.[55]​ En 1071, después de haber tomado finalmente Brindisi, los normandos sitiaron Bari, el último bastión bizantino en Italia, durante dos años, pero Romano estaba demasiado ocupado con la amenaza turca para reaccionar de inmediato y solo pudo enviar una flota de rescate para abastecer la ciudad en el transcurso del año 1070. Sin embargo, fue interceptado y derrotado por un escuadrón normando comandado por Roger de Altavilla, hermano menor de Roberto Guiscardo, obligando así a las últimas tropas bizantinas en Italia a capitular el 15 de abril de 1071. Sin capacidad real para intervenir, Romano IV tampoco logró concluir una alianza matrimonial mediante el matrimonio de uno de sus hijos con una hija del príncipe normando.[56]​ La caída de Bari marcó el fin de cualquier presencia imperial en la península italiana, que luego experimentó un profundo desarrollo económico y demográfico.[57][58]

Politique intérieure[editar]

A Constantinople, Romain entreprend bon nombre de réformes qui lui aliènent différents secteurs de la population.[45]​ Pour financer ses expéditions militaires, il réduit les dépenses somptuaires de la cour et remet en cause l'embellissement de la capitale. Les nobles de la cour voient leurs émoluments réduits et les marchands leurs profits ramenés à de justes proportions. Des dispositions sont prises pour que les gouverneurs de provinces et la hiérarchie militaire ne puissent profiter de leurs fonctions pour s'enrichir. Les mercenaires pour leur part prennent ombrage de ses efforts pour imposer la discipline au sein de leurs troupes. Enfin, il se rend impopulaire auprès du peuple de la capitale en négligeant d'organiser des courses à l'hippodrome, et auprès de celui des campagnes en imposant durement les paysans,[59]​ créant une ressentiment contre lui.[43]​ A plus grande échelle, son règne s'insère dans une période de difficultés économiques grandissantes pour l'Empire, incarnées par les dévaluations successives que connaît la monnaie byzantine, jusque-là remarquablement stable. Après la mort de Basile II, les différentes pièces perdent de leur valeur pour différentes raisons. Longtemps, l'idée d'une dilapidation des richesses accumulées par Basile II de la part de ses successeurs a prévalu. Néanmoins, d'autres causes ont depuis été mises en avant, comme l'accélération du volume de pièces de monnaie en circulation qui entraîne une baisse de leur valeur. Dans tous les cas, sous Romain, le nomisma a une valeur inférieure de trois carats à celle sous Constantin IX et la dévaluation concerne aussi le miliarésion, la monnaie d'argent.[60]

Romain était aussi confronté à la méfiance durable des Doukas à son égard qui contribua sûrement à ce qu'il resta à Constantinople pour consolider son pouvoir. Au départ, il s'est effectivement posé en protecteur des fils de Constantin X, puisqu'il va jusqu'à faire couronner coempereur Andronic Doukas aux côtés de ses frères Michel VII et Constance Doukas. De même, les pièces de monnaie affichent Michel et ses frères sur l'avers, tandis que Romain apparaît seulement sur le revers, avec Eudocie, attestant de son infériorité constitutionnelle.[61]​. Pourtant, ces symboles ne font guère illusion très longtemps.[nota 3]​ Rapidement, Eudocie Makrembolitissa lui donne deux fils qui deviennent d'inévitables prétendants potentiels à la succession de Romain. En outre, Michel Psellos l'accuse à plusieurs reprises de gouverneur en autocrate et de se méfier exagérément de ses conseillers, un trait confirmé par Constantin Manassès qui, néanmoins, n'est pas un contemporain de Romain. Il est difficile de connaître en détails la manière de gouverner de Romain mais il faut se garder de suivre à la lettre l'avis de Michel Psellos dont le parti pris est marqué. Des éléments issus de la chronique de Michel Attaleiatès, qui assiste aux conseils militaires, donnent plutôt l'image d'un empereur ouvert au débat.[18]

Les thèmes byzantins en Asie mineure vers 950.

Toutefois, Romain IV n'oublie pas ses principaux ennemis, les Seldjoukides. Il fait renforcer plusieurs forteresses en Anatolie comme celle de Soublaion en Phrygie, près de Choma.[62]​ Certains généraux proposent déjà d'abandonner les thèmes d'Arménie (extrémité est de l'Empire autour du lac de Van) pour se concentrer sur ceux d'Anatolie. Incapable de conduire lui-même la campagne cette année-là, il confie l'armée impériale à l'un de ses généraux, Manuel Comnène, neveu de l'ancien empereur Isaac Ier Comnène et frère aîné du futur empereur Alexis Ier Comnène. Cette décision témoigne du rapprochement entre l'empereur et l'influente famille des Comnènes, probablement pour contrebalancer les Doukas, puisque Romain marie son fils Constantin à Théodora, une sœur de Manuel.[54][63]Anne Dalassène, l'ambitieuse belle-sœur d'Isaac, n'est sûrement pas étrangère à cette alliance.[21]​ Manuel, nommé à la très haute fonction de protostrator, livre bataille aux Seldjoukides, mais est défait et capturé près de Sébaste par leur général, nommé Khroudj, révolté contre le sultan.[64]​ Il convainc celui-ci de revenir avec lui à Constantinople pour rencontrer Romain IV en personne où il reçoit la dignité de proèdre et conclut une alliance.[65]​ Pendant ce temps le sultan Alp Arslan assiège Édesse sans pouvoir s'en emparer, mais capturant les importantes forteresses de Manzikert et d'Archesh,[66]​ tandis qu'un raid pénètre aussi loin que la forteresse de Chônai en Phrygie.[67]​ Romain offre par la suite d'échanger les deux villes perdues contre Hiérapolis en Syrie qu'il a capturée trois ans auparavant. Le sultan accepte et continue avec son armée en direction d'Alep pour combattre les Fatimides. C'est là le signe que le sultan ne souhaite pas une guerre à grande échelle contre les Byzantins pour se concentrer contre ses rivaux égyptiens, qui lui dénient le titre de principale autorité politique du monde musulman.[68][43][69]

Bataille de Manzikert et capture de Romain IV Diogène[editar]

La campagne et la bataille[editar]

La bataille de Mantzikert représentée dans le manuscrit français du XVe siècle De casibus virorum illustrium.

L'accord donné par Alp Arslan ne change rien au plan de Romain IV, qui souhaite sans doute éloigner le sultan de l'Arménie pour y reconquérir plus aisément les positions perdues.[39]​ Dans tous les cas, au terme de plusieurs campagnes, il n'est pas parvenu à stopper les attaques des Turcs et cherche désormais à prendre le dessus par une expédition de grande ampleur. Tôt au printemps 1071, l'empereur se met en route avec Khroudj et Manuel Comnène à la tête d'une imposante armée, estimée le plus souvent à 40 000 hommes, vers Manzikert.[70][6]​ Cette importante forteresse, au nord du lac de Van, est la porte d'entrée des Seldjoukides sur le territoire byzantin.[29]​ Là, il envoie une partie de ses forces mercenaires, dont les Francs de Roussel de Bailleul, piller les alentours de Khliat et estime qu'il peut reprendre Mantzikert avec une fraction réduite de son armée. Il confie à Joseph Tarchaniotès la mission de prendre Khliat avec le gros des troupes[nota 4]​ et s'assure en personne de s'emparer de la forteresse arménienne. Néanmoins, il a divisé ses forces, ce qui le rend plus vulnérable alors même que Alp Arslan se rapproche, après avoir précipitamment avorté sa campagne syrienne contre les Fatimides.[6][71]

C'est dans ces conditions que la bataille s'engage. Son déroulé exact demeure mal déterminé mais les Byzantins font face à l'armée principale, dirigée par Alp Arslan et non à une troupe réduite. Rapidement, une partie des troupes de Romain fait défection, notamment les Oghouzes qui rejoignent les Seldjoukides.[72][43]​ Malgré cela, l'empereur refuse une offre de paix du sultan et se lance à l'assaut.[72]​ Selon Attaleiatès,[73]​ il est d'abord victorieux mais, craignant de s'être trop avancé, tente de rassembler ses troupes qui interprètent l'ordre comme une retraite et commencent à fuir. Plusieurs sources mentionnent qu'Andronic Doukas, le fils du défunt Constantin X, profite de l'événement pour trahir la cause de Romain IV, ce qui attesterait d'un complot latent des Doukas à son encontre. Cette version d'Attaleiatès laisse apparaître qu'il n'y a pas eu de véritable engagement à grande échelle et que l'empereur se retrouve isolé devant l'ennemi, tentant bravement de combattre avant d'être capturé. Selon Nicéphore Bryenne, il y a bien une bataille rangée qui vit les Turcs enfoncer l'aile droite des Byzantins, tandis qu'Andronic Doukas[nota 5]​ se replie avec l'armée de réserve, laissant l'empereur isolé et livré à la capture.[74][75][29]​ Il semble que l'empereur tente de défier l'ennemi et continue à combattre, même lorsque son cheval fut tué sous lui. Cependant, ayant reçu un coup d'épée à la main, il ne peut continuer à manier son épée et est bientôt fait prisonnier.[76][77]

La capture[editar]

Romain IV vaincu, aux pieds d'Alp Arslan, illustration d'une traduction française du XVe siècle du De casibus virorum illustrium de Boccace.

Selon plusieurs historiens byzantins, y compris Jean Skylitzès, Arslan n'en crut pas ses yeux lorsque l'empereur, poussiéreux et aux vêtements en lambeaux, fut amené devant lui.[76]​ L'événement a un retentissement certain, notamment dans le monde musulman où de nombreux écrits, souvent postérieurs, y font référence. Selon la tradition, le sultan quitte son siège, met le pied sur le cou de l'empereur byzantin ; puis, ce rite d'humiliation accompli, il relève Romain IV Diogène et le traite avec dignité, utilisant toute la politesse possible pour ne pas froisser son prisonnier les huit jours que celui-ci passe dans son camp.[78]​ Il est difficile d'avoir une idée exacte des échanges qu'ont pu avoir les deux dirigeants mais les sources musulmanes mentionnent parfois que le sultan interroge l'empereur pour savoir quel sort il lui aurait fait si la situation était inversée. Et Romain de répondre qu'il l'aurait probablement exécuté.[79]​ Véridique ou non, cet échange n'empêche pas un compromis. Le sultan relâche rapidement l'empereur car il comprend qu'il y a là une occasion d'obtenir un accord à son avantage, alors qu'en le conservant captif, il court le risque de favoriser un changement de pouvoir au sein de l'Empire qui lui serait défavorable. Le traité signé entérine des cessions territoriales probablement le Vaspourakan comprenant Mantzikert mais aussi d'importantes cités frontalières comme Edesse et Antioche, en plus de la promesse d'une imposante rançon. D'abord fixée à 10 000 000 nomismata, cette rançon est bientôt réduite à 1 500 000 payables immédiatement et à un tribut de 360 000 nomismata payables annuellement. Un échange de prisonniers est conclu ainsi qu'une paix de 50 ans.[80][81][82]

Quelle est la part de responsabilité Romain IV dans la défaite ? Un point commun aux différents récits est la retrait d'Andronic Doukas, qu'il ait ou non eu pour but de trahir l'empereur. Au-delà, l'erreur souvent portée au passif de Romain est d'avoir divisé son armée avant la bataille, affaiblissant de fait son avantage numérique. Peut-être a-il trop confiance en ses forces, un constat parfois corroboré par des témoignages de son outrecuidance, mais il semble aussi qu'il néglige de se renseigner suffisamment sur son adversaire et sur l'importance de l'armée seldjoukide en approche, commandée par le sultan en personne.[79]​ Dans un article, Antonios Vratimos s'attarde sur plusieurs passages des sources byzantines qui affirment que son attitude sévère envers les soldats a affaibli le moral des troupes. Il aurait notamment excessivement sanctionné certains faits d'indiscipline et aurait préféré dormir sur ses propriétés que dans les camps militaires avec ses hommes.[83]​ La bataille de Mantzikert a fait l'objet de vastes débats au sein des historiens. Elle a souvent été décrite comme l'affrontement qui ouvrit la voie à l'invasion de l'Anatolie par les Seldjoukides, constituant en cela une bataille majeure de l'histoire médiévale. Néanmoins, si la défaite fut notable et aggravée par la capture de l'empereur, elle ne fut pas synonyme d'effondrement militaire du côté des Byzantins comme en témoignait le traité entre le sultan et Romain IV qui ne prévoyait pas de cession territoriale majeure. Ce fut donc moins une catastrophe militaire et diplomatique qu'une grave étincelle dans un contexte politique et social byzantin particulièrement tendu.[84]

Éviction[editar]

Si la défaite de Mantzikert n'emporte pas de conséquences trop graves dans la relation avec les Turcs, elle fournit en revanche les conditions parfaites pour les opposants à Romain, désireux de le renverser. Romain IV a beau avoir été libéré par Alp Arslan et avoir obtenu un traité de paix plutôt clément, l'humiliation combinée de la défaite et de la captivité a gravement affaibli sa légitimité.

Le césar Jean Doukas revient en hâte de Bithynie où Romain IV l'a exilé avant son départ. La soudaineté de sa réaction est-elle la preuve qu'un complot a été préparé avant le départ en campagne de Romain IV ? La question reste en suspens mais il profite rapidement du vide du pouvoir pour s'imposer avec l'aide, entre autres, de Michel Psellos. Le rôle joué par Eudocie Makrembolitissa est incertain. Michel Attaleiatès affirme qu'elle a contribué au renversement de son mari avec qui elle s'était brouillée mais d'autres sources, plus tardives, nuancent cette position.[85]​ Selon Attaleiatès, elle a signé l'acte de déposition de Romain[nota 6]​ mais elle l'a peut-être fait sous la pression des Doukas et il est aussi possible que, ne sachant pas que son mari est encore en vie et a été libéré par Alp Arslan, elle a avant tout cherché à préserver les droits au trône de ses fils. En favorisant le retour de Jean Doukas dans la capitale, elle pouvait espérer se concilier ses bonnes grâces.[86]​ C'est en tout cas la conclusion d'Antonios Vratimos qui, dans un article sur le sujet, estime qu'Eudocie a bien signé l'acte de déposition mais l'a fait pour rester sur le devant de la scène alors qu'elle ignore tout du sort véritable de son mari.[87]​ De son côté, dès qu'il est libéré, Romain IV écrit une lettre à sa femme pour l'informer qu'il est sur le chemin du retour mais ne parvient pas à renverser la situation car Eudocie est contrainte par Jean Doukas de se retirer dans un couvent[57]​ et refusèrent de ratifier l'accord intervenu entre Romain et Arslan.[88][21]​ Romain est sur le chemin du retour lorsque la famille Doukas envoie Constantin et Andronic Doukas lui barrer la route. La composition des deux armées est imparfaitement connue, elle révèle néanmoins des clivages importants dans la société byzantine. Romain IV peut s'appuyer sur les forces les plus orientales de l'Empire, venant d'Arménie et de Cappadoce, tandis que les Doukas mobilisent les mercenaires francs et normands ainsi que des troupes d'autres régions de l'Anatolie, vraisemblablement de la partie ouest et les soldats de la capitale. Au sein même de la capitale, il n'existe pas d'unité.[89]

Les deux camps se livrent bataille à Dokeia où l'armée de Romain IV, commandée par Théodore Alyatès, est vaincue. Il est contraint de se retirer dans la forteresse de Tyropoion, en Cappadoce, et de là à Adana en Cilicie pour l'hiver, accompagné de Chatatourios, le dux d'Antioche.[30][nota 7]​ Des négociations interviennent, sans résultats car Romain refuse de céder son trône. L'année suivante, une nouvelle armée, commandée par Andronic aidé du mercenaire normand Crispin, le force à se rendre après avoir reçu du nouvel empereur des assurances pour sa sécurité personnelle.[90]​ Avant de quitter la forteresse, il ramasse tout l'argent qu'il put trouver et envoya la somme au sultan comme preuve de sa bonne foi, accompagnée d’un message disant : « Lorsque j'étais empereur, je vous ai promis une somme d'un million et demi. Maintenant que je suis déposé et bientôt devenant dépendant des autres, je vous envoie tout ce que je possède en témoignage de ma gratitude».[80][91]

Michel Attaleiatès décrit en détail la fin de Romain qui est contraint de revêtir l'habit monastique dès sa reddition avant de traverser l'Asie Mineure sur le dos d'un âne, au vu de tous, exagérant peut-être les faits pour donner plus de poids à la figure tragique qu'il bâtit autour de Romain IV et de sa disgrâce. D'autres sources, dont Michel Psellos ou les auteurs arabes, rapportent qu'il a de son propre chef embrassé la vocation monastique, y trouvant peut-être un réconfort après le désastre de Mantzikert. Sur le chemin, il est accompagné de trois évêques qui doivent assurer sa sécurité. Les chroniqueurs de l'époque sont alors attentifs à promouvoir la figure de l'empereur prompt à rejoindre la condition de moine, plus estimable que la vanité de l'exercice du pouvoir. En l'occurrence, Romain IV s'y soumettrait par humilité, après un règne à la fin brutale et demandant qu'on le laisse vivre «afin de satisfaire son créateur et de poursuivre avec peine le chemin de l'ascèse».[92]​ Dans tous les cas, alors que la troupe escortant l'empereur déchu approche de Constantinople, Jean Doukas envoie des hommes aveugler Romain IV[nota 8]​, puis l'exile sur l’île de Proti dans la mer de Marmara, confiné dans le monastère qu'il aurait lui-même fondé. Privé de soins médicaux, Romain devait mourir quelques semaines plus tard des suites de cette blessure.[30]​ La dernière insulte devait être livrée quelques jours avant sa mort, lorsque Romain IV Diogène reçoit une lettre de Michel Psellos dans laquelle celui-ci le félicite d'avoir perdu la vue, un signe certain que le Très Haut l'a jugé digne d'une plus éclatante lumière.[93][94]​ L'empereur déposé s'éteint le 4 août 1072, priant pour le pardon de ses péchés ; son épouse, l'impératrice Eudocie, reçoit la permission de lui faire de splendides funérailles dans l'île où il s'éteint.[95][96][97]

Union et postérité[editar]

Romain IV a deux épouses :

  1. Anne Alousiane, décédée avant 1065, fille d'Alousianos, gouverneur du thème de Théodosioupolis et prétendant au trône de Bulgarie en 1041, et petite-fille d'Ivan Vladislav et Marie, dont trois enfants :[98]
  2. le 1 janvier 1068 Eudocie Makrembolitissa, veuve de Constantin X et fille de Jean Makrembolitès, dont :
    • Léon Diogène (né vers 1069) ; selon Anne Comnène, il fut fait co-empereur pendant le règne de son père ;[100]​ général d'armée sous Alexis Ier, il mourut lors de la campagne contre les Petchénègues en 1087 ;[30]
    • Nicéphore Diogène (né vers 1068 et mort après 1094), gouverneur de Chypre sous Alexis Ier, qui se rebella contre lui et fut aveuglé et exilé en 1094.[12]

Historiographie[editar]

Romain IV Diogène a laissé une image ambivalente. Dans le monde byzantin s'oppose la vision d'Attaleiatès qui en fait un empereur compétent, déterminé à lutter contre les menaces qui assaillent l'Empire mais échoue tragiquement et celle de Psellos, bien plus critique. Dans le Timarion, récit satirique probablement écrit le siècle suivant, c'est un Romain dépeint sous les traits d'un fantôme aux yeux arrachés qui narre ses échecs successifs au héros, qui s'est alors aventuré dans les Enfers.[94]​ Au XVIIIe siècle, Edward Gibbon souligne le volontarisme de l'empereur, son «courage invincible» et le fait que «sa valeur et ses succès inspirèrent l'activité à ses soldats, l'espérance à ses sujets, la crainte à ses ennemis», tout en s'arrêtant plus loin sur sa trop grande témérité à Mantzikert et la captivité qui s'ensuit.[101]Georg Ostrogorsky voit en Romain un représentant du parti militaire de l'Empire, dans sa vision désormais dépassée d'une opposition entre aristocratie civile et noblesse militaire. Général habile et vaillant, il tente tout ce qu'il peut pour sauver l'Empire mais souffre de l'opposition larvée d'un parti civil rendu responsable du déclin de l'Empire.[96]Warren Treadgold écrit de lui qu'il a su prendre la juste mesure de la situation et qu'il a compris que «sans une armée forte, même le cœur du territoire byzantin serait menacé». S'il a manqué de temps pour accomplir son souhait de renforcer l'Empire et fait preuve de témérité à Mantzikert, il a saisi, à la différence d'autres empereurs, «combien l'extension de l'Empire byzantin le laissait fragile».[102]Anthony Kaldellis reprend l'idée d'une figure tragique, qui a fait de réels efforts pour renforcer l'Empire et ne s'est jamais abaissé à une féroce répression contre ses opposants mais a souffert, en retour, de complots et de trahisons.[94]

Notas[editar]

  1. Véase sobre este tema los análisis de Georg Ostrogorsky.
  2. En términos más generales, la situación del ejército bizantino en el siglo XI, lo que dio lugar a muchas discusiones sobre su capacidad para oponerse a las nuevas amenazas, véase John Haldon (2017). «L'armée au XIè siècle, quelques questions». Travaux et mémoires 21/2 (en francés) (Collège de France - CNRS, centre de recherche d'histoire et civilisation de Byzance). 
  3. Si Andronic Doukas participe à la campagne de Romain en 1068, c'est peut-être en tant qu'otage, pour réfréner les tentations de sa famille de renverser le nouveau venu.
  4. Dans son récit de la bataille, Nicéphore Bryenne ne mentionne pas cet événement et l'on ignore si, effectivement, le gros de l'armée byzantine fut effectivement absente lors de la bataille de Mantzikert. Voir à ce sujet Antonios Vratimos (2020). «Joseph Tarchaneiotes and the Battle of Mantzikert (AD 1071)». Al-Masāq (en inglés) (Routledge): 156-168. 
  5. Il s'agit du fils du césar Jean Doukas et non de son homonyme, frère de Michel VII et co-empereur aux côtés de Romain IV
  6. Une incertitude demeure sur les signataires de cet acte puisque Michel VII Doukas est parfois cité, tandis que Michel Psellos s'en fait l'initiateur
  7. Selon des historiens comme Georges Dédéyan, la place de généraux arméniens comme Chatatourios aux côtés de Romain IV est la preuve de la bonne entente entre l'empereur et les Arméniens. Voir Georges Dédéyan (1993). «Les Arméniens sur la frontière sud-orientale de Byzance, fin IXe - fin XIe siècles». Séminaire de recherche sous la direction d'Yves Roman (MOM éditions): 84-85. 
  8. Michel Attaleiatès, probablement pour critiquer le nouveau régime, affirme que c'est un Juif inexpérimenté qui procède à l'aveuglement

Referencias[editar]

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Bibliografía[editar]

Fuentes primarias[editar]

Fuentes secundarias[editar]

Enlaces externos[editar]