Altruismo

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
“Die Kinderkrippe” (La guardería), 1890, de Albert Anker.

El altruismo (del francés antiguo altrui, «de los otros») se puede entender como:

  • Servir constructivamente a los otros, para vivir una experiencia de empatía.
  • Sacrificio personal en beneficio de otros.[1]

De acuerdo a la Real Academia Española, el altruismo proviene del francés altruisme y designa la «diligencia en procurar el bien ajeno aún a costa del propio».

El término altruismo se refiere a la conducta humana y es definido como la preocupación o atención desinteresada por el otro o los otros, al contrario del egoísmo. Suelen existir diferentes puntos de vista sobre el significado y alcance del altruismo.

Altruismo en Filosofía[editar]

Auguste Comte acuñó la palabra "altruisme" en 1851 y ésta fue adoptada luego por el castellano. Muchos consideran su sistema ético algo extremo, en el que los únicos actos moralmente correctos son aquellos que intentan promover la felicidad de otros. Esto llevó al desarrollo de la acepción de las personas.

Es aquella conducta que beneficia a otros, que es voluntaria y cuyo autor no anticipa beneficios externos. Aunque la finalidad propia del altruismo puede presentar varias dificultades. El motivo de esto se debe a que los agentes morales presentamos toda una serie de prejuicios cognitivos que hacen las labores altruistas y activistas más dificultosas. Algunos de estos prejuicios se reflejan en una parcialidad que lleva a dar prioridad a algunos individuos sobre otros. Esto provoca que asignemos menos importancia a ciertas causas que en realidad son más significativas que otras consideradas como menos relevantes. Algunos de estos prejuicios pueden ser las actitudes sexistas, racistas, xenofobia, chovinistas entre otras. Además las tendencias egoístas llevan a que nos desentendamos de causas que podrían conseguir un impacto mayor en el mundo.

Por otra parte, otros prejuicios provocan que adoptemos patrones irracionales en nuestra toma de decisiones. Esto se debe a que muchas de nuestras inclinaciones e intenciones a la hora de actuar han sido seleccionadas a lo largo de la historia natural por razones de carácter evolutivo. Esto se debe a que éstas presentaron ventajas en la transmisión de nuestro material genético. Pero, en realidad, éstas no presentan ninguna ventaja a la hora de deliberar sobre la forma en la que debemos actuar. Más bien todo lo contrario. Pero es necesario recalcar que estas intenciones no determina necesariamente lo que buscamos y como lo debemos buscar. Pero es cierto que si pueden modifican nuestras inclinaciones y condicionan nuestra forma de actuar en muchos casos. A lo largo de la historia evolutiva, las capacidades y disposiciones que se acabaron estableciendo no son las que estimulan la realización de ciertas funciones de la mejor manera, sino las que hicieron que el material genético se transmitiera de forma eficiente. Esto provoca que cuando intentemos formar parte de una causa de forma activa no utilicemos nuestros recursos de la forma mejor forma por culpa de los distintos prejuicios o sesgos cognitivos que tenemos por causas evolutivas. Algunos ejemplos de estos sesgos cognitivos:

-Una incompetencia a la hora de comparar correctamente distintas magnitudes cuando estas son muy grandes.

-Confundimos aquello que deseamos que suceda con aquello que es previsible que suceda.

-Creemos que nuestras propias experiencias representan adecuadamente el conjunto de lo que ocurre.

-Nos cuesta cambiar nuestra forma de ver las cosas incluso cuando se nos presentan evidencias nuevas que deberían cambiar nuestras posiciones o inclinaciones.

-Tendemos a no incluir en nuestras consideraciones aquellas opciones en las que hay incertidumbre.

Esta solo es una lista reducida. Los prejuicios cognitivos son muy numerosos. Los sesgos cognitivos inducen resultados nefastos cuando se intenta analizar la importancia relativa que puedan tener las distintas causas. Por esta razón presentan dificultades graves a la hora de llevar a cabo nuestra participación en causas de carácter altruista.

Altruismo en etología y biología evolutiva[editar]

El altruismo en etología y, por consiguiente, en la biología evolutiva, es el patrón de comportamiento animal en el cual un individuo pone en riesgo su vida para proteger y beneficiar a otros miembros del grupo. Casi todas estas teorías explican cómo un individuo puede sacrificar incluso su propia supervivencia por proteger la de los demás, aunque siempre añaden el hecho de que entre los miembros de ese grupo ha de hallarse algún miembro que comparta parte de sus mismos genes. Esta sería una manera de asegurar la continuidad de su información genética. Pese a ello, esta teoría resulta insuficiente para explicar las conductas altruistas que se desarrollan hacia individuos no emparentados, es decir, con los que no se comparte información genética.

Para explicar el altruismo no emparentado, se ha postulado que, en estos casos, la conducta altruista se lleva a cabo cuando el individuo espera de alguna forma ser recompensado por el otro o por algún otro miembro del grupo; o que por último algunas de las conductas altruistas pueden ser el resultado de la necesidad del individuo de sentirse aceptado por el grupo o una persona, por sentirse partícipe dentro de él, con lo cual indirectamente también obtiene un beneficio. Esta acepción fue propuesta por científicos que exploraban las razones por las que podría haber evolucionado el comportamiento no egoísta. Se aplica no sólo a las personas (altruismo psicológico), sino también a animales e incluso a plantas.

Existe, sin embargo, una interpretación de la noción de altruismo contraria a la anteriormente expuesta. En su obra El gen egoísta (1976), Richard Dawkins acusa a estas tesis de desviarse del darwinismo ortodoxo y propone, a cambio, una concepción que entiende la evolución considerando el bien del individuo (gen), y no el de la especie, como factor capital. Dawkins sostiene que lo que habitualmente se entiende por altruismo, esto es: la conducta de un organismo cuando se comporta de tal manera que contribuya a aumentar el bienestar de otro ser semejante a expensas de su propio bienestar[2]​ se trataría de un altruismo individual aparente y, por lo mismo, la conducta contraria sería un egoísmo individual aparente. Así, su tesis fuerte consiste en que existe una ley fundamental denominada egoísmo de los genes que explica tanto el altruismo como el egoísmo individual desde el punto de vista genético. En definitiva, Dawkins sostiene que la interpretación ortodoxa de la selección natural darwiniana es aquella que la concibe como selección de genes (egoísmo del gen), y no como selección de grupos (altruismo entre individuos).

Aparición del altruismo en humanos[editar]

En el siglo XIX, algunos filósofos como John Stuart Mill defendían que el ser humano no es naturalmente altruista, sino que necesita ser educado para llegar a serlo. Pitirim A. Sorokin reconocía limitaciones en el mismo. Recientemente se han hecho investigaciones que muestran que el altruismo aparece en el ser humano al cumplir los 18 meses, al igual que en el chimpancé; lo que sugiere que los seres humanos tienen una tendencia natural a ayudar a los demás.

Hay una serie de situaciones que nos incitan a los humanos a ayudarnos los unos a los otros y son las siguientes: cuando nos recompensan, cuando estamos de buen humor cuando alguien más ayuda al hacer una atribución de altruismo y cuando las normas dictan ayuda.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Altruism (en inglés).
  2. Dawkins (1976/2000) El gen egoísta, Salvat Editores, S.A., 2ª edición, Barcelona, p.19

Enlaces externos[editar]