Sombras chinescas

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El conejo (sombras chinescas), óleo de Ferdinand du Puigaudeau (1864-1930).

Las sombras chinas, precedente del teatro de sombras, parten de un juego popular basado en un efecto óptico teatralizado. Efecto que se consigue al interponer las manos u otros objetos entre una fuente de luz y una superficie clara (pantalla o pared), de manera que la posición y el movimiento de las manos proyecta sobre el improvisado escenario sombras que representan figuras estáticas o en movimiento. Constituyen una de las más antiguas artes del teatro de títeres y marionetas.[1]

Origen y desarrollo[editar]

Descubiertas quizá por el hombre primitivo frente al fuego de su caverna como un símbolo religioso, el juego infantil de las sombras chinescas, como recurso dramático y espectáculo de origen mágico, desarrollaron en Oriente diferentes ejemplos de teatro de sombras, a partir de varios tipos de títeres de varillas, principalmente, y otras dramatizaciones con títeres de sombras y títeres de cuerda o marionetas, como el Wayang javanés, en Indonesia, y más tarde, en Europa, el Karagöz turco y su hermano griego, Karaguiosis.

Existe documentación de la larga tradición de las sombras chinescas en el sudeste de Asia, Indonesia, Malasia, Tailandia y Camboya, aunque su posible origen pudo ser indostánico.[2] En China no aparecen antes del siglo VII; hay noticia de compañías de teatro de sombras durante la dinastía Tang (618 - 907), comenzando su expansión con la dinastía Song (960 - 1279). La universalización del título sombras chinescas quizá se deba a la "delicada belleza de las sombras pequinesas o del norte, y las cantonesas, o del sur".[2]

En Europa, donde Marco Polo,[3] y más tarde los misioneros jesuitas, ya habían traído noticia de las sombras chinescas, se hicieron muy populares a partir del siglo XVIII, arraigando especialmente en Francia gracias al éxito del teatro de sombras de Dominique Séraphin en la corte de Versalles.[4]

Sombras indias[editar]

Partiendo de una descripción de Baird,[5] es posible argumentar que las enormes figuras (de hasta metro y medio de altura) de algunos espectáculos de sombras en la India sean las madres del teatro de sombras en Oriente.[6]

Las sombras indias, al igual que las figuras del Wayang kulit, están fabricadas con cuero fino, coloreado (tonos brillantes y traslúcidos) y perforado con minuciosidad para definir cada personaje. El titiritero se sirve de tres varillas ancladas en la parte de atrás de las figuras: una varilla vertical para la cabeza, que fijará su silueta sobre la pantalla, y dos varillas para las manos. La pantalla en cuestión está hecha con dos grandes saris blancos, uno sobre otro (creando una superficie de 2 x 6 metros), y ceremonialmente sujetos con espinas de palma datilera. El foco de luz tradicional es una lámpara de aceite.

Un único artista suele manipular las grandes siluetas, además de interpretar la banda sonora: voces e instrumentos (trompetillas, tamboriles, etc). El carácter ceremonial, además de su obvia función de espectáculo, queda manifiesto por la duración del mismo: toda la noche (y en ocasiones, si el equipo de titiriteros lo permite, se alarga varios días). Entretanto, los asistentes van y vienen, comen, dormitan..., no importa que se pierdan parte del espectáculo pues se saben de memoria su argumento.[7]

Sombras chinas[editar]

El «Piying» o teatro de sombras chino lo conforman un conjunto de simbólicas siluetas hechas con pieles curtidas de animales (burro, buey y búfalo, por lo general).[8] Como suele ocurrir con muchas manifestaciones artísticas, en el «Piying», el simbolismo de los colores domina el significado de cada figura. Así, "el rojo significa lealtad e integridad; el negro firmeza y rudeza; el amarillo bravura y temeridad; y el azul y el verde son los colores de los demonios, bandidos y demás forajidos".[8] Su repertorio, milenario y múltiple, se basa en innumerables historias, casi siempre fabulosas o legendarias, como las tomadas del libro «Peregrinación al Oeste» (una historia china con ciertas similitudes a Las mil y una noches):

Otro aspecto importante en la elaboración de los títeres del «Piying» –tan variados y dispares como las regiones chinas– son sus cabezas intercambiables, al parecer provocado por el hecho supersticioso de que, al ser estas figuras sombras, si se guardaban con sus cabezas, al caer la noche podrían cobrar vida. En cuanto al método de trabajo de los titiriteros, lo habitual es que la figura antropomórfica del «Piying» se mueva desde detrás con la ayuda de tres varillas que se sujetan de forma perpendicular; una de las varillas sirve para sujetar el cuerpo y la cabeza y permite además varios movimientos (como que se incline adelante y atrás); las otras dos están reservadas a los gestos de las manos, mientras las piernas cuelgan en libertad.[8]

Precedente del cine[editar]

Las sombras chinescas pueden considerarse como uno de los primeros logros para reproducir el movimiento sobre una pantalla, y ser por tanto un remoto antecedente del cine.[9]

"Queda por escribir la historia del lenguaje empleado por las sombras chinescas o la linterna mágica, primeras narradoras ingenuas de cuentos e imágenes."

Georges Sadoul.[10]
Teatro de sombras en Malasia.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Gómez García (1997), p. 785
  2. a b Artiles (1998), p. 82
  3. En Viajes, de Marco Polo, (pp. 56-57 y 143, de la edición de Espasa Calpe, colección Centenario, Madrid 1998), se describen funerales en los que, junto con el difunto, se entierran figuras recortadas en cartón dorado (caballos, esclavos, hombres, mujeres, camellos), todo un teatro de títeres para acompañarle en el País de la Sombras.
  4. Le théatre des ombres chinoises; nouveau Séraphin des enfants, recueil de jolies pièces amusantes et faciles à monter (1871), Universidad de Ottawa. Consultado en noviembre de 2013
  5. Baird (1965), pp. 55 - 56
  6. Artiles (1998), p. 85
  7. Bil Baird: The Art of the Puppet, New York, Macmillan, 1965, pp. 55-56 (citado por Artiles).
  8. a b c Lloret, Omar y Casado, 2000.
  9. Gubern (1973), pp. 18-25
  10. Sadoul (1972), p. 1

Bibliografía[editar]

  • Artiles, Freddy (1998). Títeres: historia, teoría y tradición. Zaragoza: Teatro Arbolé. ISBN 8492260750. 
  • Gómez García, Manuel (1997). Diccionario del teatro. Madrid: Ediciones Akal. ISBN 8446008270. 
  • Gubern, Román (1973). Historia del cine (vol. 1). Barcelona: Lumen. ISBN 84-264-1179-7. 
  • Sadoul, Georges (1972). Historia del cine mundial. México: Siglo XXI. ISBN 9789682305337. 
  • Lloret, Jaume; García, César Omar; Casado, Ángel (2000). «Documenta títeres 1». Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 29 de enero de 2016. 

Bibliografía adicional (para aplicaciones didácticas)[editar]

  • Angoloti, Carlos (1990). Cómics, títeres y teatro de sombras. Tres formas plásticas de contar historias. Madrid, Ediciones de la Torre. pp. 79 - 129. ISBN 9788486587550. 
  • Martín, Andreu (1991). Sombras chinescas. Madrid, Anaya. ISBN 9788420744087. 
  • Martín Rodríguez, Soledad (1991). El teatro de sombras en la escuela. Sevilla, Wanceulen. p. 13. ISBN 849638294X. 

Enlaces externos[editar]