Machismo

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El machismo, expresión derivada de la palabra "macho", se define en el DRAE como la "actitud de prepotencia de los varones respecto a las mujeres".[1]

El machismo es una ideología que engloba el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a promover la negación de la mujer como sujeto indiferentemente de la cultura, tradición, folclore o contexto. Para referirse a tal negación del sujeto, existen distintas variantes que dependen del ámbito que se refiera, algunos son familiares (estructuras familiares patriarcales, es decir dominación masculina), sexuales (promoción de la inferioridad de la sexualidad femenina como sujeto pasivo o negación del deseo femenino), económicas (infravaloración de la actividad laboral, trabajadoras de segunda fila o inferioridad de sueldos), legislativas (no representación de la mujer en las leyes y por tanto, no legitimación de su condición de ciudadanas, leyes que no promuevan la protección de la mujer ni sus necesidades), intelectuales (inferioridad en inteligencia, en capacidad matemática, en capacidad objetiva, en lógica, en análisis y tratada como astucia, maldad, subjetiva, poco coeficiente intelectual), anatómicas (supremacía de la fuerza física masculina o una exageración de diferencia, poca importancia al parto, poco papel en la reproductividad biológica), lingüísticas (no representación de la mujer en el lenguaje), históricas (ocultación de mujeres importantes dentro de la historia de la humanidad), culturales (representación de la mujer en los medios de comunicación como un cuerpo haciendo de ella misma un objeto en vez de un ser humano, espectaculación, portadora del placer visual para la mirada masculina), académicas (poca importancia a estudios de género, no reconocimiento de la importancia del tocado feminismo), etc.

Algunos críticos consideran también machismo la discriminación contra otros grupos sociales, como en el caso de hombres homosexuales, como no "masculino".[2] . Esto podría considerarse como una actitud misógina ya que implica un rechazo de todo aquello que no sea lo considerado masculino.

Una definición de algunos movimientos feministas lo define como "el conjunto de actitudes y prácticas aprendidas sexistas llevadas a cabo en pro del mantenimiento de órdenes sociales en que las mujeres son sometidas o discriminadas".[3] Se considera el machismo como causante principal de comportamientos heterosexistas u homofóbicos. Aquella conducta permea distintos niveles de la sociedad desde la niñez temprana hasta la adultez con iniciaciones de fraternidades y otras presiones de los llamados grupos.

También existe una rica tradición literaria que prolifera la imagen machista mediante el desdén o maltrato de las mujeres como en las diversas obras del tema de Don Juan Tenorio.

En América Latina hay autores que identifican el machismo con la "otra cara del marianismo".[4]

No obstante todo lo anterior, es de señalar que en la cultura náhuatl la expresión Macho (que no tiene nada que ver este uso con la derivación del latín "mascŭlus" y del significado de la palabra macho en español), quiere decir, traducido al castellano, ejemplar, es decir, digno de ser imitado, de allí que en México se preste a confusión el uso de aquella palabra si no va acompañada de mayores precisiones.[5] . La etimología de la palabra macho en castellano proviene del latín "mascŭlus" y es un diminutivo que se aplicaba a los cachorros de sexo masculino. En latín vulgar, este diminutivo se convirtió en masclu, "mascŭlus", que tenía el sentido de ‘pequeño macho’ o ‘machito’ en el español de hoy. Esta palabra latina "mascŭlus", provenía del griego antiguo ανδρος (andros = varón).

Concepto[editar]

Tradicionalmente el machismo ha estado asociado a la diferenciación de tareas entre hombres y mujeres, y a la subordinación de las mujeres en muchas sociedades. En la mayor parte de todas las sociedades tradicionales, los hombres en general han tenido mayor poder y estatus que las mujeres en el ámbito doméstico limitado a esto, pero también en el de ambos en conjunto. En las sociedades modernas, las actitudes machistas tratan de justificar la mayor comodidad, preponderancia y bienestar de los hombres, aunque en realidad no sea así.

En ese sentido, se considera que es fruto del machismo que el trabajo menos reconocido o menos fatigoso sea asignado a las mujeres. También es parte del machismo el uso de cualquier tipo de violencia de género con el fin de mantener un control jerárquico sobre ellas. De hecho, el machismo es considerado como una forma de coacción no necesariamente física, sino también psicológica, siendo esta forma de expresión protectora una discriminación, ya que se ven subestimadas las capacidades de las mujeres alegando una mayor debilidad. La violencia tanto física como psicológica contra las mujeres se considera un acto histérico o sintomático de represión de la mujer ante su emancipación, es decir es una reacción por continuar manteniendo la dominación masculina cada vez más fragmentada y en crisis. No obstante, la situación es más complicada de lo que pinta a priori, ya que la identidad masculina está íntimamente ligada a la inferioridad de las mujeres es decir, la educación inculca que la única manera de reafirmar una identidad en caso de haber nacido varón, es dominando a las mujeres y nunca siendo igual que ellas, ya que el estatus de ella es considerado inferior. De aquí surge el conflicto de género que lleva latente desde los años 70, debido a que la identidad feminina que se construye actualmente durante su educación o que llega a ser por la edad o maduración de la mujer, tiene que ver con ser un sujeto activo con pleno de derecho como ciudadana de primera y única clase emancipada de los hombres y alejándose de cualquier intrusión de éstos en la formación de su identidad cultural o en su integridad como persona. Esto provoca una contradicción social muy fuerte y es el motivo de ser de los conflictos de género ya que una identidad masculina plena no puede autorealizarse sin una demostración de su potencia o productividad utilizando a las mujeres, algo que actualmente la mujer rechaza y no contribuye de manera conciencite o voluntaria, es decir a no ser que se ejerza sobre ella cualquier tipo de violencia o presión.

El machismo, asimismo, castiga cualquier comportamiento que considere supuestamente femenino (un signo de debilidad o de igualdad ante una mujer) en los varones, lo que constituye la base de la homofobia ya que un comportamiento o preferencia sexual diferente de las que propugna típicamente el machismo, contribuye a diluir la diferenciación estereotipada del machismo. Tampoco fomentar el cambio social, es decir entre los mismos varones existe una represión para autoimponerse patrones de comportamiento y de pensamiento bajo la amenaza de ser excluidos de la comunidad masculina.

El machismo es un conjunto de actitudes presentes no sólo en el comportamiento y pensamiento de los propios varones, sino también entre las mujeres ya que de no ser así, el sistema patriarcal no se sustentaría. La educación por separado de ambos géneros contribuye a que cada uno cumpla un papel dentro de la sociedad e inculca unos patrones de comportamiento a ambos sexos del género humano.

Elementos[editar]

Mural criticando la violencia machista
  • Leyes discriminatorias hacia la mujer.
    • Diferencia de tratamiento en el caso del adulterio: en algunas culturas, el adulterio, o el embarazo previo a la concertación del matrimonio son castigadas con la pena capital.
    • Necesidad del permiso del varón para realizar actividades económicas.[6]
    • Negación del derecho a voto o de otros derechos civiles (véase sufragista).
  • Educación machista desde las escuelas y la propia familia, por el cual el proceso de enculturación trata de justificar y continuar el orden social existente. Eso incluye consideración de valores positivos la sumisión al marido, el matrimonio y la procreación como una forma preferente de autorrealización. Hasta los movimientos de emancipación femenina del siglo XX la universidades y academias de ciencias no admitían mujeres. No fue hasta la segunda mitad del siglo XX que les fue permitido a las mujeres el uso de pantalones en lugares públicos.
  • Discriminación en el ámbito religioso.

Se ha señalado que la Biblia contiene expresiones consideradas machistas, e interpretadas como un indicio de posesión, por ejemplo: No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ...[7] No codiciarás la casa de tu prójimo, no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su criada, ni su buey, ni su asno,...[8] Otras como "la esposa de Noé", "las hijas de Lot", "la suegra de Pedro", acentuado no mencionar el nombre propio de ellas. Otro ejemplo en el Nuevo Testamento es la primera epístola de Pablo a los Corintios 14:34: "vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice."[9]

  • División sexista del trabajo, por el cual se prefieren a otros hombres en puestos decisorios. Originalmente la división sexista se fundamentó en la diferente capacidad física y muscular, en la que los hombres tenían ventaja comparativa. En cambio, en la sociedad actual la fuerza física perdió importancia, mientras que las capacidades intelectivas y las habilidades sociales fueron ganándola, lo que ha contribuido a la incorporación de muchas mujeres al trabajo asalariado. También se refiere a un pago de salario menor a las mujeres que a los hombres a cambio del mismo trabajo. El comportamiento sexista se debe a los prejuicios cognitivos de efecto Halo respecto a la fuerza, efecto de carro ganador, y a otros efectos como falsa vivencia por parte de los que quieren mantenerlo, que más tarde se convierten en falacias de apelar a la tradición, falacia por asociación y generalizaciones apresuradas.
  • Los medios de comunicación y la publicidad sexista, al realizar ciertas conductas o modelos como siendo los más adecuados o típicos de las mujeres.

Referencias[editar]

  1. REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (2011). . Consultado el 9 de septiembre de 2010.
  2. Staal, Noam Chomsky Between the Human and Natural Sciences, Janus Head (2001)
  3. SILVA MAGAÑA, Guillermo y otros Patrones culturales de mujeres que desarrollan cáncer cérvico-uterino en un estado mexicano En PARANINFO DIGITAL AÑO V – N. 11 – 2011, Pág 6
  4. Zaira A. (2000). Masculino y femenino en el imaginario católico: De la Acción Católica a la Teología de la Liberación São Paulo: Annablume Editora.
  5. Siméon, Rémi; Traducción de Josefina Oliva de Coll (2004). Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana. primera edición en francés, 1885 (América Nuestra edición). Siglo XXI Editores, S.A. de C.V.. pp. 246 y 258. ISBN 968-23-0573-x. «Macho: sabido, conocido, entendido, juzgado, ejemplar, distinguido, acreditado, ilustre, etc. como voz pasiva de Mati, o sea, Saber, conocer, entender, juzgar, etc.; uel macho ó nouian macho, ser evidente, muy conocido, notorio; qualli ipam macho, él pasa por bueno, es conocido como tal, etc.» 
  6. Un hombre mata a tiros a su esposa en Afganistán por ir al mercado sin su permiso.
  7. Deuteronomio 5:21 RV 60
  8. Éxodo 20:17
  9. 1 Corintios 14:34-35

Bibliografía adicional[editar]

  • Emilio Sopprani Martínez (2013) Experto en el machismo entre adolescentes.
  • Castañeda, M. (2007). 'El machismo invisible regresa'. México: Taurus.
  • Gallego Martín, C. (2008). 'Por ellas, para ellas... y de ellos'. Lulu.
  • Rodríguez Saavedra, D. (2010). 'Masculinidad(es): modos de manifestar el poder'. Diálogo. Universidad de Puerto Rico.
  • Kipfer y Chapman. Dictionary of American Slang. 4 Ed. 2007. HarperCollins.
  • Stump, Jane Barr. What´s the difference? How men a women compare. (p. 156). 1985. William Morrow and Company, Inc. New York.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]