Revolución de mayo de 1811

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Revolución Paraguaya de 1811 o Revolución de Mayo de 1811
Asunción - Casa de la Independencia.JPG
La casa de la independencia, construida a finales del siglo XVIII, fue sede de las reuniones secretas para formar el país independiente
Contexto del acontecimiento
Fecha 14 y 15 de mayo de 1811
Sitio Virreinato del Río de la Plata
Impulsores José Gaspar Rodríguez de Francia
Pedro Juan Caballero
Vicente Ignacio Iturbe
Fulgencio Yegros
Motivos Revolución de Mayo, Expedición de Belgrano al Paraguay
Influencias ideológicas de los impulsores Autosuficiencia
Gobierno previo
Gobernante Bernardo de Velasco
Forma de gobierno Gobernación del Imperio Español
Gobierno resultante
Forma de gobierno Triunvirato del Paraguay
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La Revolución de Mayo de 1811 en el Paraguay es el movimiento incruento que tuvo lugar en los días 14 y 15 de mayo de 1811 que puso fin al dominio colonial de España en la Intendencia del Paraguay, entonces una de las partes en las que continuaba existiendo el Virreinato del Río de la Plata. El movimiento llevó al poder a los criollos paraguayos, hasta entonces discriminados por los españoles europeos, adhiriendo a los principios de la Revolución de Mayo ocurrida un año antes en Buenos Aires, pero sin someterse a la Junta de Gobierno de esa ciudad, sentando así las bases de la independencia del Paraguay.

Medidas represivas de Velasco contra los simpatizantes de Buenos Aires[editar]

Luego de que se conoció en el Paraguay el establecimiento de Junta de Buenos Aires, el gobernador realista Bernardo de Velasco tomó medidas contra quienes conspiraban a favor de dicha Junta. Velasco confinó a un grupo de personas en el Fuerte Borbón, entre ellos al padre Vaca. El 7 de enero de 1811 hizo procesar y enviar preso a Asunción al administrador del pueblo indígena de Yaguarón, Juan Manuel Granze, acusado de querer entregar el pueblo a Belgrano. El 4 de abril de 1811 fue descubierta una conspiración que debía estallar dos días después, por la cual se pensaba atacar la guardia del cuartel para liberar a los presos allí existentes y apoderarse de las armas y municiones del parque de artillería. Luego los complotados planeaban liberar a los prisioneros porteños que se hallaban en un barco, y con ellos capturar a las autoridades. Uno de ellos, José Antonio Agüero, se arrepintió y delató a los complotados ante el alcalde de 1° voto del cabildo. A la mañana siguiente el cabildo envió a Fornell y al capitán Antonio Zavala a capturar a Manuel Pedro Domecg, Manuel Hidalgo y a Marcelino Rodríguez. El 29 de abril Velasco desarticuló la prédica del cura José Fermín Sarmiento, quien junto a José de María y a José Mariano Báez, conspiraban en Villa Real de la Concepción a favor de la Junta de Buenos Aires.

Intercambio epistolar entre Belgrano y Cabañas[editar]

Mientras su ejército permanecía rodeado por fuerzas paraguayas, Belgrano firmó de conformidad la capitulación propuesta por Cabañas, quien entonces le franqueó el paso para que sus tropas repasaran el río Paraná con todas sus armas y pertrechos. Esta decisión de Cabañas sería criticada después en Asunción pese a su aprobación por parte del gobernador Velasco.

En su nota del 9 de marzo de 1811, Belgrano sostuvo:

Me conformo en todas sus partes con cuanto usted me significa en su oficio de este día [nota de capitulación] y al efecto daré principio a mi marcha mañana, pero si usted gustase que adelantemos más la negociación para que la Provincia se persuada de que mi objeto no ha sido conquistarla, sino facilitarle medios para sus adelantamientos, felicidad y comunicaciones con la capital [Buenos Aires], sírvase decírmelo, y le haré mis proposiciones[...]. Belgrano a Cabañas en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 482, tomo III, vol. 1)

Al día siguiente Belgrano envió ocho proposiciones a Cabañas:

  1. En la primera "ofreció": paz, unión, confianza y, lo más importante, "franco y liberal comercio de todos los frutos de la provincia". Se aclaró puntualmente "incluso el tabaco". Debe recordarse que tanto Cabañas como Yegros eran grandes productores y acopiadores de tabaco.
  2. En la segunda "pidió": Como la provincia del Paraguay, según Belgrano, "ignora" lo que pasa en España e ignora también que las provincias del Río de la Plata están "ya unidas y en obediencia a la capital", la junta de Buenos Aires pide que el Paraguay envíe diputados y "se una y guarde el orden de dependencia determinado por la voluntad soberana" de Fernando VII.
  3. En la tercera señaló lo que el Paraguay "debía hacer": nombrar una Junta en Asunción con el gobernador Velasco [sic] como presidente de la misma. El objetivo sería "conservar la monarquía española en estos dominios de Su Majestad el señor don Fernando VII".
  4. Las demás propuestas tenían que ver con hechos inherentes a la propia campaña militar: destino de los prisioneros, colaboracionistas, pago de caballos y ganado consumidos, etc.[1]

Cuatro días después Belgrano justificó ante la junta de Buenos Aires los motivos que lo llevaron a realizar estas propuestas que contradecían las "Instrucciones" dadas por aquella y sus propias convicciones. Luego de reiterar nuevamente la ignorancia de los paraguayos, tanto de los dirigentes como del pueblo, de caracterizarlos como "interesados" y de que sobre todo aman, en un grado inexplicable, "sus vacas y caballos" escribe:

[...] traté de formar el papel que acompaño con el número uno [se refiere a la nota de las propuestas] [...] [a pesar] de que hay en él cosas que a mi mismo me eran dolorosas apuntarlas [escribirlas], por tal de atraerlos, ya que con mis fuerzas, ni con las que he pedido [...] podía vencerles. Belgrano a la Junta en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 508, tomo III, vol.  1)

Cabañas acusó el recibo del "papel" (sic) enviado por Belgrano y manifiestó:

  1. Que su autoridad era "limitada" y por lo tanto no podía resolver "ninguna" de las proposiciones de Belgrano. Esto significaba que Belgrano debía tratar estos asuntos con Velasco.
  2. No obstante dice "mi patria merece se le dé satisfacción", por acciones pasadas de la provincia que ha auxiliado al Río de las Plata las "veces que lo ha pedido" [se refiere a las invasiones inglesas] y que lejos de reconocer esos méritos y respeto se la "compensa [expresión irónica de Cabañas] con un ejército auxiliador que jamás ha pedido".
  3. Respecto al tratamiento de prisioneros y colaboracionistas se redujo sucintamente a "asegurar" un buen suceso siempre que se "sepulte" toda invasión [misma expresión usada en la nota de capitulación] entre las "dos provincias" lo que "suavizará la justicia que algunos merecen". De acuerdo con la posición del Congreso del 24 de julio de 1810, Cabañas reduce la "capital" de Belgrano a una "provincia" equivalente a la del Paraguay y advierte que solo el cese de futuras hostilidades beneficiará a algunos prisioneros ante la justicia pero solo a "algunos".
  4. La respuesta de Cabañas la dató, significativamente, en "Campo de batalla de Tacuarí, marzo 10 de 1811" explicitando que había quedado como dueño del mismo.[1]

Dos días tardó Belgrano en responder a Cabañas. En ella trató de recuperar posiciones neutralizando "con energía":

  • a) Sobre el pedido directo de satisfacción [reparación] que según Cabañas debía dar el gobierno de Buenos Aires por sus acciones contra la provincia del Paraguay, Belgrano manifestó que este tipo de pretensiones sólo incentivaba la guerra civil y que el "gobierno superior" de todas las provincias no podía dar "satisfacción" a una de sus provincias "dependientes" por errores que la misma provincia había cometido.
  • b) La posición igualitaria que proponía Cabañas al mencionar en su oficio a la "capital" como provincia no pasó desapercibida para Belgrano. Discursivamente elevó a la junta de Buenos Aires a la categoría de "gobierno superior" y disminuyó a la provincia del Paraguay definiéndola como "dependiente" o posible "hijo rebelde".

Negó además las falsedades que le habían atribuido: la de querer sacar 9000 hombres de la provincia, que era un bandido, para lo cual prometió devolver los ganados y caballos "que existan". Desmintió que las provincias no estuvieran unidas, que el actual gobierno de Buenos Aires no duraría o que allí se estarían matando entre facciones.[2]

Dos días después, ya en Candelaria, Belgrano informó a la Junta sobre estos oficios. Respecto de este último dice:

[procuré] atraerlos a que se unan y mezclen [los paraguayos] con el convencimiento, [o] la energía correspondiente pues, si no nos queda el arbitrio de ir a ellos a fuerza de armas, nos queda el de interceptarles la entrada de ganados y caballos; privarle todo comercio con Montevideo, y hacerles sentir la falta de unión con la capital careciendo del aumento de sus intereses [...] [con Rocamora convenimos en que] la conquista del Paraguay, si acaso no entra por los partidos [propuestas] que he hecho a Cabañas, es obra muy larga, y que siendo Montevideo la raíz del árbol, debemos ir a secarla. Belgrano a la Junta en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 508, tomo III, vol.1)

Este no fue el último oficio entre Belgrano y Cabañas pero será el que fijará las posiciones políticas entre las partes. Las notas que envió Belgrano a la Junta motivó que esta contestara el 25 de marzo de 1811 que estaba satisfecha por "la buena disposición de los oficiales paraguayos en favor de nuestra causa".[3] Pero ni los sentimientos de los oficiales ni el objetivo de Velasco podían justificar el optimismo de Belgrano:

"Su ingenuidad que iba unida a su fanatismo, parecía incurable en lo que concernía al Paraguay [...] Cabañas y Yegros y demás, en sus contactos con Belgrano, ponían el acento sólo en la paz y en la amistad entre "las dos provincias" pero en ningún momento [...] que los paraguayos aceptaban obedecer a la junta de Buenos Aires".(Vázquez, 1998, p. 133 y 137)

Belgrano esperó en Candelaria la llegada de Velasco al cuartel de Tacuarí para iniciar negociaciones directas. Los días pasaron y Belgrano, desalentado por la falta de respuesta a sus oficios y el cierre de la frontera, acusó nuevamente a los "tales paraguayos" de no haber nacido ni para vasallos del rey sino para esclavos, de ser desconfiados y de "mantenerse a la capa", es decir, a la espera de lo que iba a suceder en Montevideo para decidir después si se unían a la junta de Buenos Aires.

Nada expresó mejor el estado de ánimo de Belgrano que la frase:

"En fin, voy a olvidar, excelentísimo señor, al Paraguay". Belgrano a la Junta, 25 de marzo de 1811, en (Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 536, tomo III, vol.1)

Medidas de Velasco luego de la Batalla de Paraguarí[editar]

Luego de la victoria realista paraguaya en la Batalla de Paraguarí, ocurrida el 12 de enero de 1811, el gobernador Velasco tomó medidas para impedir que el pueblo paraguayo se armara, ordenando por bando el 7 de febrero que todas las armas de fuego capturadas al ejército de la Junta de Buenos Aires, y las demás que poseyera la población, fueran entregadas al gobierno. El 12 de marzo el Cabildo de Asunción, en quien Velasco había delegado el mando de la provincia para salir de campaña, dispuso por bando que todas las autoridades civiles y militares colaborasen con Agustín María Antúnes, encargado de establecer una fábrica de pólvora. El 13 de marzo se conoció en Asunción la victoria realista paraguaya en la Batalla de Tacuarí, por lo que el gobernador partió hacia las Misiones dejando el mando delegado en los cabildantes Bernardo de Haedo, José Carísimo y Francisco Díaz de Bedoya.

Como el ejército al mando de Manuel Belgrano capituló y cruzó el río Paraná, Velasco licenció a las milicias paraguayas sin efectuarles pagos (muchos de ellos habían servido sin paga durante 8 meses) ni recompensar a los jefes y celebró el triunfo haciéndose tributar honores en el pueblo de Santa María. En conocimiento de las relaciones que los jefes criollos de sus milicias entablaron con Belgrano, Velasco disolvió el ejército miliciano en las Misiones, enviando a la mayoría de los soldados a sus casas evitando que el ejército entrara en triunfo en Asunción. La capital quedó guarnecida por milicias de San Isidro del Curuguaty. Velasco apartó de las posiciones de mando a los principales jefes criollos responsables de la victoria, considerados héroes por la población: al coronel Juan Manuel Gamarra lo nombró como mayor de plaza en Asunción, sin mando de tropas; Blas José Roxas pasó como teniente gobernador de Corrientes, lejos de Asunción; el coronel Manuel Cabañas fue nombrado subinspector general de armas, sin mando de tropas. Al momento de la Revolución de Mayo en Buenos Aires, Velasco ejercía además del cargo de gobernador intendente del Paraguay, el de gobernador político de las Misiones Guaraníes, recayendo el mando militar en Tomás de Rocamora. Como éste secundó a Belgrano, al reconquistar los realistas paraguayos los pueblos misioneros al norte del Paraná, Velasco nombró a Fulgencio Yegros como teniente gobernador de Misiones, dejándolo con 200 soldados en Itapúa, alejándolo así de la capital de la Intendencia paraguaya.

Luego de retornar a Asunción, Velasco publicó un bando el 18 de abril instando a los paraguayos a la tranquilidad general. El 27 de abril hizo que las autoridades juraran nuevamente obediencia al rey Fernando VII, ordenando festejos solemnes en toda la provincia para acompañar el juramento. Estableció también un empréstito patriótico, hipotecando las fincas del Estado.

Desautorizando la promesa que Manuel Cabañas hizo a Belgrano respecto de dejar en libertad a los prisioneros capturados al ejército auxiliar, Velasco los hizo conducir a Asunción, en donde los alojó en un barco y los empleó en trabajos forzados. El 9 de abril despachó hacia Montevideo un barco al mando de Francisco Fornell y del sargento mayor Carlos Genovés, con 5 oficiales y 195 soldados prisioneros. Las comunicaciones fluviales con Montevideo habían sido restauradas por el virrey Francisco Javier de Elío.

Ocupación de Corrientes[editar]

Para impedir un nuevo ataque al Paraguay, el 7 de abril de 1811 el comandante realista de Ñeembucú, Jaime Ferrer, avanzó con una flotilla de barcos realistas y se apoderó de los 8 barcos que se hallaban en el puerto de Corrientes. El 17 de abril llegaron a Corrientes un bergantín y dos faluchos armados enviados por Elío desde Montevideo con armas, municiones y 5 oficiales. Ese día Ferrer envió un ultimátum al teniente gobernador Elías Galván, para que en el término de dos horas se declarase aliado de los realistas y reconociese a Elío como virrey del Río de la Plata. Galván abandonó la ciudad refugiándose en las cercanías, mientras que el Cabildo de Corrientes entregó la ciudad a los realistas. El 19 de abril Ferrer desembarcó y ocupó la ciudad, haciendo jurar al día siguiente fidelidad al Consejo de Regencia de Cádiz, quedando como comandante provisorio designado por Velasco hasta la llegada del comandante designado, Blas José de Roxas Aranda. Éste se hizo cargo del gobierno el 28 de abril lanzando un proclama contra la «turbulenta y fascinerosa Junta de Buenos Aires».[4]

Misión del capitán Abreu[editar]

El 22 de marzo de 1811 el capitán general de Río Grande de San Pedro, Diego de Souza, recibió la noticia de la capitulación de Belgrano en Tacuarí, felicitando ese día a Velasco y enviándole copias de sus dos cartas anteriores en las que le prometía auxilios:

Cuente pues V.S. con los auxilios en ellos prometidos y queriendo que nos entrevistemos para coordinar el plan de las operaciones sucesivas, como juzgo preciso, avíseme en que día y lugar nos podamos encontrar para estar allí sin tardanza. El capitán de Dragones Sebastián Barreto, portador del presente oficio, dirá a V. S. más cosas interesantes y le certificará la mucha estima que tengo a las virtudes de V. S.

El capitán Sebastián Barreto no pudo entregar el oficio a Velasco, por lo que el 10 de abril Souza envió con la misma comisión al capitán José de Abreu Mena Barreto, y una segunda nota:

Pero en las actuales circunstancias en que considero la debilidad de los recursos de Montevideo, creo que es de la mayor importancia que las fuerzas de V.S., auxiliadas por las mias, y conjuntamente con las de Montevideo, sean empleadas a liberar el país del Uruguay de la dominación de Buenos Aires sin lo cual ni su gobierno, ni aquel desejarán de estar siempre amenazados o inquietos.

Velasco le respondió el 29 de marzo:[5]

Me lisongeo que unidas las tropas del Paraguay con las Lusitanas, toda la América del Sud no es capaz de sustraer los territorios de mi mando de la dominación del Sr. Don Fernando Séptimo y unión a la Metrópoli.

Ya sin necesidad de intervenir en el Paraguay, el 27 de abril Souza comunicó a Velasco que iniciaba con sus tropas «la campaña de Montevideo, actualmente en insurrección e invadida por Manuel Belgrano», dejando en Río Grande escasas fuerzas. Abreu fue retenido en Itapúa por 15 días, hasta que el 29 de abril Yegros lo autorizó a continuar hacia Asunción al día siguiente. El 9 de mayo llegó a Asunción, en donde unas 3000 personas lo escoltaron a la casa del gobernador. Velasco le manifestó «que todo su empeño era ponerse a los pies de la Serenísima Señora Doña Carlota, pues que no reconocía otro sucesor a la Corona y Dominios de España», reconocimiento sin el cual las tropas portuguesas no lo auxiliarían, por orden del conde de Linhares a Souza. El 13 de mayo Velasco convocó al Cabildo y al obispo para considerar el ofrecimiento de Abreu, siendo aceptada unánimemente la proposición. El cabildo entregó una carta a Abreu aceptando la ayuda portuguesa, sin embargo, Velasco se opuso terminantemente al ingreso de tropas portuguesas «q.e por ahora no necesita esta Provª», pero escribió a Souza el 13 de mayo solicitándole una ayuda de 25 000 pesos.

Revolución del 14 de mayo[editar]

El resentimiento de los oficiales criollos contra el gobernador Velasco luego de que éste no recompensara a los milicianos por sus victorias, junto con el temor del ingreso de fuerzas portuguesas a la Intendencia del Paraguay, y el accionar propagandístico de Belgrano, llevó a que condensara en torno a Fulgencio Yegros una conspiración para finalizar la dependencia de la Intendencia del Paraguay respecto del virrey Elío y del Consejo de Regencia de España. Como Yegros se hallaba en Itapúa, Gaspar Rodríguez de Francia dirigió la planificación del golpe en la capital. Allí fue decisivo el accionar del capitán Pedro Juan Caballero y del alférez Vicente Ignacio Iturbe, quienes lograron el concurso de los soldados del cuartel de Asunción.

El plan inicial preveía un movimiento sincronizado. En Itapúa se levantaría Fulgencio Yegros; en Corrientes, Blas José de Rojas; quienes destacarían columnas hacia Asunción, a las que se uniría Manuel Atanasio Cabañas en la Cordillera, entrando en la capital el 25 de mayo, primer aniversario de la revolución de Buenos Aires.[6] El 24 de abril de 1811 Iturbe fue llamado a prestar declaración, ya que el abogado Juan de la Cruz Bargas delató la existencia de una conspiración, poniendo en sospechas a las autoridades. Como el viaje de Yegros a Asunción para ponerse al frente de la revolución no podría dejar de ser advertido por Velasco, Caballero decidió no esperarlo y adelantar el golpe ante el peligro de que fueran arrestados. El 13 de mayo el Cabildo aceptó unánimemente el ofrecimiento del ingreso a la Intendencia del Paraguay de tropas portuguesas, pese a la oposición de Velasco. El asesor del gobernador, Pedro Somellera, afirmó que él comunicó a los principales complotados la decisión secreta del Cabildo, alarmado por el peligro portugués. En la mañana del 14 de mayo Iturbe recibió el aviso de su pariente, el síndico procurador del cabildo Juan Antonio Fernández, sobre que Velasco estaba al corriente de sus reuniones subversivas en la caso de Juan Francisco Recalde, transmitiendo la noticia a Caballero.

Antes de que Abreu partiera el día 15 con la comunicación del Cabildo, Caballero hizo replicar inesperadamente las campanas de la catedral a las 10 de la noche del día 14, señal convenida para que los complotados se reunieran en el cuartel general frente a la plaza. Caballero e Iturbe avanzaron hacia el cuartel con 3 compañías de infantería y 3 de artillería, siéndole franqueado el paso por el comandante de la guardia, capitán Mauricio José Troche, lográndose apoderar del parque de artillería y de las armas sin ninguna resistencia. Las fuerzas acantonadas en el cuartel eran: 106 soldados al mando del capitán Juan José Vera, 34 milicianos de San Isidro de Curuguaty al mando de Troche, y una compañía de fusileros al mando de Cuestas. Caballero fue reconocido como comandante del cuartel y comenzó a reunirse parte del pueblo en torno al mismo. Cuando el mayor de plaza Cabrera retornó al cuartel con 8 soldados que realizaban una ronda, fue arrestado por Iturbe. Velasco envió a un sacerdote al cuartel para averiguar qué ocurría, y luego recibió una intimación de Iturbe para que renunciara al gobierno, pero Velasco se negó, además de intimarlo a que no dejara partir a los enviados portugueses. Se le hizo una nueva propuesta para que admitiera a dos personas como adjuntos en los despachos de gobierno hasta la celebración de un congreso provincial que determinara la forma de gobierno, pero el gobernador lo rechazó también.

Como el gobernador no cediera, se dispuso de dos cañones y se enviaron patrullas a recorrer las inmediaciones, mientras se convocaba a más adictos para aumentar las fuerzas, repartiéndose armas. En la mañana del 15 de mayo Velasco desestimó los planes del teniente coronel Gamarra para atacar el cuartel y aceptó que para el despacho de gobierno le fueran asociados dos individuos, el criollo Rodríguez de Francia y el español Juan Valeriano de Zeballos. El nuevo gobierno sería provisoria hasta la celebración de un congreso provincial. El asesor de Velasco, el porteño Pedro Somellera propuso enviar un pliego a Buenos Aires relatando lo ocurrido, misión para la cual fue designado José de María, pero al llegar Francia al cuartel disuadió a Caballero para no darles un alegrón a los porteños. Ese mismo día se integró el gobierno provisional con Velasco al frente, quien emitió un bando prohibiendo la circulación de personal desde las 9 de la noche. El cambio de gobierno se había consumado sin disparar una sola bala.

El 17 de mayo Velasco emitió un bando dando 24 horas para que todo quien tuviera armas de fuego la entregase al gobierno y aclarando que el cambio de gobierno:

(...) no ha tenido por causa y por objeto en la presente determinacion, el entregar, ó dexar esta Provincia al mando, autoridad y disposicion de la de Buenos Ayres, ni de otra alguna ni de mucho menos el sugetarla á ninguna Potencia extraña. (…) reconociendo siempre al desgraciado Soberano bajo cuyos Auspicios vivimos, uniendo y confederandose con la misma Ciudad de Buenos Ayres para la defensa comun y para procurar la felicidad de ambas Provincias y las demas del continente, bajo un sistema de mutua union, amistad y conformidad, cuya base sea la igualdad de Derechos.

En Itapúa Yegros arrestó a 115 españoles y se apoderó de los botes que custodiaban el río Paraná. Marchó inmediatamente con sus soldados hacia Asunción, dejando a Vicente Antonio Matiauda como comandante interino de la frontera. En el camino fue alcanzado por un mensajero de su hermano que le comunicaba los sucesos de Asunción. Yegros, partidario de la Junta de Buenos Aires, hizo seguir al mensajero hacia Itapúa para que Matiauda comunicara los acontecimientos a las autoridades fronterizas dependientes de Buenos Aires. El 21 de mayo Yegros entró en Asunción, saludado por una salva de 21 cañonazos. A Jaime Ferrer se le separó del mando de Ñeembucú y de la flota fluvial.

Liberación de Corrientes[editar]

El comandante realista de Corrientes adhirió al movimiento y el 16 de mayo y de acuerdo con el regidor Ángel Fernández Blanco apresó a unos 100 españoles de la ciudad, apoderándose de 13 barcos. El 30 de mayo el gobierno de Asunción ordenó:

La ocupación de la ciudad de Corrientes por las fuerzas de esta provincia fué solamente consultando la seguridad, necesária en mención á la falta de espresion suficiente en la capitulacion hecha después del ultimo combate en Tacuarí entre el General de las tropas de esta ciudad, y el de las de Buenos Aires, pero el presente Gobierno de acuerdo con el Comandante y Oficiales del cuartel general de esta plaza, ha resuelto el procurar terminar por medios pacíficos las diferencias ocurridas con la citada ciudad de Buenos Aires, y como no hay motivo de esperar de la prudencia y circunspección de la Excelentísima Junta de aquella ciudad el que penetrada de iguales sentimientos de razon y humanidad deje de adoptar un sistema tan benéfico y justo como el mas natural y aun necesario en las presentes circunstancias a fin de conservar la unión y seguridad general de las provincias de este continente: se ha acordado igualmente prevenir a Usted que luego al recibo de esta orden evacué y deje enteramente libre esa ciudad, dando a saber á su Ilustre Ayuntamiento y Comandante, si este se hallase en oportunidad, que en lo sucesivo deben observar el mismo régimen y gobierno que tenian anteriormente subordinado, a la propia Exma. Junta de Buenos Aires como Dependiente de aquella capital.

Derrocamiento de Velasco[editar]

Gaspar Rodríguez de Francia, dibujo de A. Demersay.

El capitán Abreu se disponía a partir de Asunción el 15 de mayo con la respuesta reservada de Velasco, pero Francia y Zevallos le retuvieron el pliego y redactaron otro. Cuando el comandante de Concepción, Pedro Gracia, tuvo conocimiento de lo ocurrido en la capital, huyó hacia el Mato Grosso.

Luego de que se formara la Junta Superior Gubernativa del Paraguay, presidida por Velasco, el 1 de junio se recibió una nota reservada (fechada el 8 de abril de 1811) del embajador español en Río de Janeiro, marqués de Casa Irujo, en la que se le ordenaba que «por ningún motivo consintiese, que tropas portuguesas pisasen en la provincia, ni con pretexto de sujetar a los insurjentes».[7]

Entre el 17 de junio y el 20 de junio de 1811 se reunió un congreso provincial que decidió: «No reconocer otro soberano que Fernando VII y sostener los derechos, libertad, defensa e indemnidad de esta provincia». Cuando el capitán Blas José de Rojas interceptó en La Bajada una carta de Genovés a Velasco instándolo a continuar sus planes de acuerdo con los portugueses, los criollos de Asunción se convencieron de derrocar a Velasco.

El 19 de junio Velasco fue destituido y apresado junto con los miembros del cabildo, acusados de entendimiento con Elío en Montevideo y de negociar con los portugueses para defender la monarquía aún al precio de depender del Imperio portugués. Los detenidos quedaban a disposición del congreso que se estaba celebrando. El Congreso decidió que Velasco cesara completamente en el mando y nombró una Junta Superior Gubernativa presidida por el teniente coronel Fulgencio Yegros, como presidente y comandante general de armas e integrada por los vocales: Rodríguez de Francia, el capitán Pedro Juan Caballero, el sacerdote Francisco Javier Bogarin y Fernando de la Mora, además de un secretario que nombraría la propia junta. Se dispuso que los cargos de la Junta no duraran más de 5 años. Quedaban dentro de las atribuciones de la Junta nombrar y señalar los sueldos de los empleados públicos, mantener el ejército y establecer impuestos, así como nombrar por única vez a los miembros del Cabildo de Asunción. Los españoles fueron cesados en todos sus empleos, excepto Zeballos. Todo reconocimiento de autoridades españolas quedaba suspendido, pero los miembros de la Junta debían reconocer como único soberano a Fernando VII.

Se resolvió que:

(...) esta Provincia no sólo tenga amistad, buena armonía y correspondencia con la Ciudad de Buenos aires y demás provincias confederadas, sino que también se una con ella para el fin de formar una sociedad fundada en principios de justicia, de equidad y de igualdad (...)

Las bases de la relación con Buenos Aires fueron determinadas por el Congreso como: independencia absoluta del Paraguay hasta la reunión de un congreso de las Provincias Unidas; abolición del impuesto de sisa y arbitrio que la yerba mate pagaba en Buenos Aires; extinción del estanco de tabaco; envió de un diputado al Congreso, cuyos reglamentos, formas de gobierno o constitución debían ser ratificados por el Congreso paraguayo, siendo designado Rodríguez de Francia, quien antes lo había sido por el cabildo.

La Junta asumió sus funciones el 20 de junio de 1811, disolviendo el Congreso. El vocal Mora asumió provisoriamente la secretaría de la Junta. El 22 fue emitido un bando con las disposiciones del Congreso, entre ellas nombrando al comandante Blas José de Roxas como subdelegado del Departamento de Santiago, con agregación de los Pueblos de Itapúa, Trinidad y Jesús, y comandante de la frontera. Para la subdelegación de Candelaria la junta debía nombrar un subdelegado.

Tratado confederal entre las juntas de Asunción y Buenos Aires[editar]

Manuel Belgrano, firmó el tratado confederal a nombre de la Junta de Buenos Aires.

El 20 de julio de 1811 la junta paraguaya envió una nota a la Junta de Buenos Aires en la que le comunicaba::[8]

Primera: que mientras no se forme el Congreso general, esta Provincia se gobernará por sí misma, sin que la excelentísima junta de esa ciudad pueda disponer ni ejercer jurisdicción sobre su forma de gobierno, regimen, administración ni otra alguna causa correspondiente á ella.
(...)
Cuarta: que cualquier reglamento ó constitución que se dispusiese en dicho Congreso general, no deberá obligar á esta Provincia hasta tanto se ratifique en junta plena y general de sus habitantes y moradores.

Nota de la Junta del Paraguay a la Junta de Buenos Aires del 20 de julio de 1811

Expresaba también la nota que: La Provincia no podía dar una prueba más positiva de sus sinceros deseos de accesión á la confederación general, y defender la causa común del señor Don Fernando VII.[9]

La Junta Grande de Buenos Aires respondió por otra nota del 28 de agosto de 1811 aceptando el autogobierno paraguayo en los siguientes términos: Si es la voluntad decidida de esa provincia gobernarse por sí y con independencia del gobierno provisional, no nos opondremos a ello.

Se estableció un proyecto de confederación entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Paraguay, pero los intereses contrapuestos de las elites porteñas y asuncenas chocaron. El 12 de octubre de 1811 se firmó con los enviados de Buenos Aires, Manuel Belgrano y Vicente Anastasio de Echevarría, un Tratado de Amistad, Auxilio y Comercio, reconociendo el gobierno de Buenos Aires la autonomía de la Provincia del Paraguay hasta la celebración de un congreso general que decidiera la forma de gobierno, estableciendo de hecho la independencia del Paraguay. Rodríguez de Francia fue elegido como diputado al congreso general de las provincias del Río de la Plata, aunque no viajó. Ningún otro paso se dio hacia la formación de una confederación y el Paraguay se comportó como un estado independiente desde entonces.

El río Paraná quedó como límite provisorio entre las juntas de Asunción y Buenos Aires, pero se dejaba en custodia provisoria del gobierno de Asunción el Departamento de Candelaria.

Referencias[editar]

  1. a b Molas, 1957, p. 113-116.
  2. Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 488-489, tomo III, vol.1.
  3. Instituto Belgraniano Central, 1982, p. 534, tomo III, vol.1.
  4. Paraguay independiente. Volumen 21 de Historia de América y de los pueblos americanos. pp. 11. Autores: Efraím Cardozo, Juan E. Pivel Devoto. Editor: Salvat, 1949
  5. Revista del Archivo de Río Grande, Nº 9, pág. 48. Velasco a Souza, 29 de marzo de 1811.
  6. Chaves, 1960, p. 34 y 35.
  7. Somellera dice que la nota la recibió Velasco antes de su renuncia como gobernador y la ocultó al cabildo, pero un bando de la Junta desmiente eso.
  8. Estudio cronológico sobre los gobernantes del continente americano desde la más remota antigüedad hasta el presente año. Pág. 257-261. Autor: Adolfo Flórez. Editor: Imprenta á cargo de F. Pontón, 1888
  9. La Revista de Buenos Aires, Volumen 11. Pág. 556-559. Publicado en 1866

Bibliografía citada[editar]

  1. Chaves, Julio César (1960). Belgrano y el Paraguay. Buenos Aires (Argentina): Establecimiento Gráfico E.G.L.H. 
  2. Instituto Belgraniano Central (1982). Documentos para la Historia del General don Manuel Belgrano, Tomo III, Volumen 1, 1792-1811. Buenos Aires (Argentina): Instituto Nacional Belgraniano. ISBN 950-9497-03-7. 
  3. Molas, Mariano Antonio (1867). «Descripción Histórica de la Antigua Provincia del Paraguay. Aditamento de documentos justificativos». La Revista de Buenos Aires. XII-XIII: Tomo XII:199– 224, Tomo XIII:370–399. 
  4. Vázquez, José Antonio (1998). Matiauda, capitán y vértice de mayo: La Revolución de los Patricios. Ana Sofía Piñeiro - editor. Asunción (Paraguay): El Gráfico S.R.L. 

Véase también[editar]