Larva

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Larva de Polychaeta, un Anélido.
Larva de "camarón", Malacostraca.
Renacuajos: larvas de anfibios anuros.
Oruga de la mariposa Aglais urticae

Las larvas son las fases juveniles de los animales con desarrollo indirecto (con metamorfosis) y que tienen una anatomía, fisiología y ecología diferente del adulto. El adjetivo que se hace derivar de larva es larvario. En la lengua común las larvas reciben frecuentemente nombres distintos a los adultos; ese es el lugar que ocupan palabras como oruga (mariposas), cresa (moscas), o renacuajo (ranas y sapos).

Las larvas difieren siempre muy significativamente de los adultos, en aspectos como tamaño, forma externa, e incluso anatomía interna y fisiología (desarrollo de sus funciones). Las diferencias guardan relación con las diferencias ecológicas, tanto en cuanto a hábitat como en cuanto a los recursos.

Consideraciones generales[editar]

Es habitual que las larvas ocupen un nicho ecológico y residan en un hábitat diferente al de los adultos. Por ejemplo, las libélulas, los mosquitos o las ranas pasan su vida adulta en el medio aéreo, pero sus larvas son acuáticas. En estos casos es normal que las larvas presenten branquias y los adultos sistemas aéreos de intercambio de gases, como los pulmones en los anfibios o el sistema traqueal en los insectos. La cresa de la moscarda se alimenta de cadáveres,[1] mientras que el adulto busca flores de las que toma el néctar; esto es lo que justifica que plantas como el aro hediondo gigante o la estapelia, sean capaces de conseguir sus servicios como polinizadores. En la hormiga león (un neuróptero, a pesar de su nombre) la larva es depredadora, mientras el adulto busca alimentos vegetales. Muchos invertebrados marinos bentónicos producen larvas planctónicas que son arrastradas por las corrientes y así pueden colonizar substratos nuevos.

En cualquier animal, el desarrollo de las gónadas es la principal diferencia entre un individuo juvenil y un adulto, pero la evolución rompe a veces la sincronización entre los desarrollos de los diversos sistemas orgánicos (heterocronía), adelantándose la madurez sexual. El caso más notable es el que se observa en muchos anfibios caudados, como el conocido ajolote, donde los individuos neoténicos alcanzan la madurez reproductiva sin metamorfosearse.

Insectos[editar]

En los insectos con metamorfosis completa (holometabolismo) existen varios estadios de desarrollo: huevo, larva, pupa e imago (adulto) netamente diferenciados. No continúan creciendo después de la metamorfosis (no mudan), como es el caso de los insectos holometábolos, las larvas alcanzan un tamaño mayor que los adultos, invirtiéndose la diferencia de masa en el esfuerzo fisiológico que acompaña a la transformación.

En otros casos las diferencias son discretas como ocurre en los insectos hemimetábolos, donde sólo faltan las alas y el desarrollo de los genitales en los estadios juveniles, a los que se llama entonces ninfas.

La transformación en adulto, llamada metamorfosis, requiere una reorganización más o menos intensa de la anatomía externa e interna, de manera que para llevar a cabo la misma deben frecuentemente digerirse tejidos, con apoptosis, y formarse órganos nuevos. En particular la metamorfosis suele producirse durante una fase de reposo, que es el caso que representan las pupas de las moscas, polillas, etc. o las crisálidas de las mariposas. Para entrar en esa fase la larva puede buscar refugio o elaborarlo, como hacen las mariposas de la seda.

Larvas[editar]

Larvas de mosquitos del género Culex. Como se puede ver en la foto, las larvas forman grupos compactos en aguas estancadas. Un cambio en el comportamiento alimenticio de estos mosquitos permite explicar el aumento de la prevalencia del virus del Nilo Occidental en América del Norte.
Larva parasítica de Eurytoma gigantea en agalla de (Solidago sp.).
Larva de mosca Syrphidae alimentándose de pulgones.

Lista alfabética de las larvas de los invertebrados:

Larvas de los vertebrados:

Notas[editar]

  1. Antes de la aparición de los antibióticos, era habitual usar larvas de insectos para limpirar heridas y evitar infecciones, debido a esa alimentación de carne muerta. Desde 2004, la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de Estados Unidos aprueba el uso de larvas como dispositivo médico, en el contexto de la creciente resistencia humana a los antibióticos; cf. Carrie Arnold, «Medieval y moderno», Investigación y Ciencia, 443, agosto de 2013, pág. 6.

Bibliografía[editar]

  • Altaba, C. R. et al., 1991. Invertebrats no artròpodes. Història Natural dels Països Catalans, 8. Enciclopèdia Catalana, S. A., Barcelona, 598 pp. ISBN 84-7739-177-7
  • Hickman, C. P., Ober, W. C. & Garrison, C. W., 2006. Principios integrales de zoología, 13.ª edición. McGraw-Hill-Interamericana, Madrid (etc.), XVIII+1022 pp. ISBN 84-481-4528-3