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Geomorfología

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La geomorfología estudia el origen y el futuro de geoformas como la del árbol de Piedra así como la de los cerros detrás en el Altiplano andino.

La geomorfología es una rama de la geografía[1] y de la geología[2] que tiene como objetivo el estudio de las formas de la superficie terrestre enfocado en describirlas, entender su génesis y su actual comportamiento.

Por su campo de estudio, la geomorfología tiene vinculaciones con otras ciencias. Uno de los modelos geomorfológicos más popularizados explica que las formas de la superficie terrestre son el resultado de un balance dinámico —que evoluciona en el tiempo— entre procesos constructivos y destructivos, dinámica que se conoce de manera genérica como ciclo geográfico.

La geomorfología se centra en el estudio de las formas del relieve, pero dado que estas son el resultado de la dinámica litosférica que en general integra, como insumos, conocimientos de otras ramas de la Geografía física, tales como la climatología, la hidrografía, la pedología, la glaciología, y también de otras ciencias, para abarcar la incidencia de fenómenos biológicos, geológicos y antrópicos, en el relieve. La geomorfología es una ciencia relacionada tanto con la geografía humana (por causa de los riesgos naturales y la relación del hombre con el medio) como con la geografía matemática (por causa de la topografía).

Resumen general

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Imagen muestras fallas estructurales en una roca por efecto de la química del agua y la fuerza de las olas a lo largo del tiempo.
La erosión diferencial por olas y la química del agua conducen a resaltar fallas estructurales en rocas expuestas a ellas.

La superficie de la Tierra se modifica por una combinación de procesos superficiales que dan forma a los paisajes y procesos geológicos que provocan levantamientos y hundimientos tectónicos, y dan forma a la geografía costera. Los procesos superficiales comprenden la acción del agua, el viento, el hielo, el fuego y la vida en la superficie de la Tierra, junto con las reacciones químicas que forman los suelos y alteran las propiedades de los materiales, la estabilidad y la tasa de cambio de la topografía bajo la fuerza de la gravedad, y otros factores, como (en un pasado muy reciente) la alteración humana del paisaje. Muchos de estos factores están fuertemente mediados por el clima. Los procesos geológicos incluyen el levantamiento de cadenas montañosas, el crecimiento de volcanes, cambios isostáticos en la elevación de la superficie terrestre (a veces en respuesta a procesos superficiales) y la formación de cuencas sedimentarias profundas donde la superficie de la Tierra cae y se llena con material erosionado de otras partes del paisaje. La superficie de la Tierra y su topografía, por lo tanto, son una intersección de factores climáticos, hidrológicos y biológicos, acción con procesos geológicos, o dicho alternativamente, la intersección de la litosfera de la Tierra con su hidrosfera, atmósfera y biosfera.

Las topografías a gran escala de la Tierra ilustran esta intersección de la acción de la superficie y el subsuelo. Los cinturones montañosos se elevan debido a procesos geológicos. La denudación de estas regiones elevadas produce sedimentos que se transportan y depositan en otros lugares dentro del paisaje o frente a la costa.[3] En escalas progresivamente más pequeñas, se aplican ideas similares, donde los accidentes geográficos individuales evolucionan en respuesta al equilibrio de procesos aditivos (levantamiento y deposición) y procesos sustractivos (hundimiento y erosión). A menudo, estos procesos se afectan directamente entre sí: las capas de hielo, el agua y los sedimentos son cargas que cambian la topografía a través de isostasia de flexión. La topografía puede modificar el clima local, por ejemplo a través de la precipitación orográfica, que a su vez modifica la topografía cambiando el régimen hidrológico en el que evoluciona. Muchos geomorfólogos están particularmente interesados en el potencial de retroalimentación entre el clima y la tectónica, mediada por procesos geomórficos.[4]

Además de estas preguntas de gran escala, los geomorfólogos abordan cuestiones que son más específicas y/o más locales. Los geomorfólogos glaciares investigan depósitos glaciares como morrenas, eskers y lagos proglaciales, así como características de erosión glaciar, para construir cronologías de pequeños glaciares y grandes capas de hielo y comprender sus movimientos y efectos sobre el paisaje. Los geomorfólogos fluviales se enfocan en los ríos, cómo transportan sedimentos, migran a través del paisaje, cortan el lecho rocoso, responder a los cambios ambientales y tectónicos e interactuar con los humanos. Los geomorfólogos de suelos investigan los perfiles y la química del suelo para aprender sobre la historia de un paisaje en particular y comprender cómo interactúan el clima, la biota y las rocas. Otros geomorfólogos estudian cómo se forman y cambian las laderas. Otros más investigan las relaciones entre la ecología y la geomorfología. Debido a que la geomorfología se define para comprender todo lo relacionado con la superficie de la Tierra y su modificación, es un campo amplio con muchas facetas.

Los geomorfólogos utilizan una amplia gama de técnicas en su trabajo, como trabajos y recopilación de datos de campo, interpretación de datos de sensores remotos, análisis geoquímicos y modelado numérico de la física de los paisajes. Los geomorfólogos pueden confiar en la geocronología, utilizando métodos de datación para medir la tasa de cambios en la superficie.[5][6] Las técnicas de medición del terreno son vitales para describir cuantitativamente la forma de la superficie de la Tierra e incluyen GPS diferencial, modelos digitales del terreno por detección remota y escaneo láser, para cuantificar, estudiar y generar ilustraciones y mapas a través de Sistemas de Información Geográfica.[7]

Paisaje kárstico en Cantabria (España) en el que se aprecia estructuras superficiales (exokarst) como lapiaces y dolinas. La geomorfología kárstica estudia el relieve modelado por la disolución química de rocas solubles (caliza, dolomía, yeso) por acción del agua.

Las aplicaciones prácticas de la geomorfología incluyen la evaluación de peligros, como la predicción y mitigación de deslizamientos de tierra, el control de ríos y la restauración de arroyos y la protección costera. La geomorfología planetaria estudia los accidentes geográficos de otros planetas terrestres como Marte. Se estudian las indicaciones de los efectos de los procesos eólicos, fluviales, glaciales, de masas, impactos de meteoritos, tectónica y volcánica.[8] Este esfuerzo no solo ayuda a comprender mejor la historia geológica y atmosférica de esos planetas, sino que también amplía el estudio geomorfológico de la Tierra. Los geomorfólogos planetarios a menudo usan análogos de la Tierra para ayudar en su estudio de las superficies de otros planetas.[9]

Historia

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"Cono de Arita" en el lago seco del Salar de Arizaro en la Puna de Atacama, provincia de Salta, en el noroeste de Argentina. El cono en sí es un edificio volcánico que representa la compleja interacción entre rocas ígneas intrusivas y la sal circundante.[10]
Lago «Veľké Hincovo pleso» en los Altos Tatras, Eslovaquia. El lago ocupa una depresión de "sobreexcavación " labrada por el hielo en movimiento que antaño ocupaba este valle glaciar.

La disciplina se puede considerar muy antigua si se considera su objeto de estudio —el relieve— y las fuentes que se remontan a la Antigüedad y a la Edad Media, tanto occidentales (Aristóteles [384-322 a. C.], Plinio el Viejo, Estrabón, Séneca, Avicena) como chinas. Pero con la excepción de esos casos notables, la geomorfología es una ciencia relativamente joven que se desarrolló paralelamente al interés por otros aspectos de las ciencias de la Tierra a mediados del siglo XIX. Aunque la geomorfología aún no existía como tal, grandes naturalistas y viajeros como Alexander von Humboldt, James Hutton y John Playfair sentaron las bases sobre la erosión. En un comienzo inseparable de la geografía, la geomorfología tomó forma a finales del siglo de manos de quien fue su padre, el renombrado geógrafo estadounidense William Morris Davis. En su época la idea predominante sobre la creación del relieve se explicaba a través del catastrofismo como si fuera el supuesto de la gran inundación bíblica. Davis y otros geógrafos comenzaron a creer que eran otras las causas responsables del modelamiento de la superficie de la Tierra y no los eventos catastróficos. Davis, dentro del marco del uniformismo, desarrolló una teoría de la creación y destrucción del paisaje, a la que llamó ciclo geográfico. Trabajos tales como The Rivers and Valleys of Pennsylvania, The Geographical Cycle y Elementary Physical Geography, dieron un primer y fuerte impulso seguido por sus numerosos sucesores, como Mark Jefferson, Isaiah Bowman, Curtis Marbut, quienes fueron consolidando la disciplina, sin dejar de participar en el contexto de la geografía y también profundizando en otras ciencias.

Esta sección ofrece una breve reseña de algunas de las figuras y acontecimientos más destacados de su evolución.

Geomorfología antigua

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El estudio de las formas del relieve y de la evolución de la superficie terrestre se remonta a los eruditos de la Grecia clásica. En el siglo V a. C., el historiador griego Heródoto argumentó, a partir de observaciones de los suelos, que el delta del Nilo estaba creciendo activamente hacia el mar Mediterráneo y estimó su edad.[11][12] En el siglo IV a. C., el filósofo griego Aristóteles especuló en su obra Meteorológicos que, debido al transporte de sedimentos hacia el mar, finalmente esos mares se llenarían mientras la tierra descendía. Sostenía que eso significaría que la tierra y el agua al final intercambiarían lugares, con lo cual el proceso comenzaría de nuevo en un ciclo sin fin.[11][13] La Enciclopedia de los Hermanos de la Pureza, publicada en árabe en Basora durante el siglo X, también trató sobre el cambio cíclico de posiciones de la tierra y el mar, con rocas que se desintegraban y eran arrastradas al mar, y cuyos sedimentos finalmente ascendían para formar nuevos continentes.[13] El erudito musulmán persa medieval Abū Rayhān al-Bīrūnī (973-1048), tras observar algunas formaciones rocosas en las desembocaduras de los ríos, planteó la hipótesis de que el océano Índico alguna vez cubrió toda el subcontinente indio.[14] En su De Natura Fossilium de 1546, el metalúrgico y mineralogista alemán Georgius Agricola (1494-1555) escribió sobre la erosión y la meteorización natural.[15]

Otra teoría temprana de la geomorfología fue ideada por Shen Kuo (1031-1095), científico y estadista chino de la dinastía Song, en suobra Ensayos del Estanque de los Sueños (c a. 1088). Kuo se basó en su observación de conchas marinas fósiles en un estrato geológico de una montaña a cientos de millas del océano Pacífico. Al notar que las conchas de los bivalvos se extendían horizontalmente a lo largo de la sección cortada de un acantilado, pensó que el acantilado habría sido en algún momento la ubicación prehistórica de una costa que se había desplazado cientos de millas a lo largo de los siglos. Infirió que el terreno habría sido remodelado y formado por la erosión del suelo de las montañas y por la deposición de limo, después de observar extrañas erosiones naturales de las montañas Taihang y las montañas Yandang cerca de Wenzhou.[16][17][18] Además, promovió la teoría de un cambio climático gradual a lo largo de los siglos cuando se encontraron antiguos bambúes petrificados conservados bajo tierra en la seca zona climática del norte de Yanzhou, que ahora es la moderna Yan'an, en la provincia de Shaanxi.[17][19][20] Algunos autores chinos anteriores también habían presentado algunas ideas sobre los cambios en las formas del relieve. El erudito y funcionario Du Yu (222-285) de la dinastía Jin Occidental predijo que dos estelas monumentales que registraban sus logros, una enterrada al pie de una montaña y la otra erigida en la cima, finalmente cambiarían sus posiciones relativas con el tiempo, al igual que las colinas y los valles.[13] El alquimista taoísta Ge Hong (284-364) creó un diálogo ficticio donde el inmortal Magu explicaba que el territorio del mar de China Oriental fue una vez una tierra llena de moreras.[21]

Geomorfología de la Edad Moderna

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Carl Friedrich Naumann parece haber sido el primero en usar la expresión «morfología de la superficie de la Tierra» en un manual de geología escrito en alemán en 1858. Keith Tinkler ha sugerido que la palabra se popularizó en inglés, alemán y francés después de que los geólogs estadounidenses John Wesley Powell y W. J. McGee la usaran durante la Conferencia Geológica Internacional de 1891.[22] John Edward Marr, en su obra The Scientific Study of Scenery,[23] consideraba su libro como «un tratado introductorio sobre geomorfología, un tema que ha surgido de la unión de la geología y la geografía».

Un temprano modelo geomorfológico popular fue el «ciclo geográfico» o «ciclo de erosión», modelo de evolución del paisaje a gran escala desarrollado entre 1884 y 1899 por el geógrafo estadounidense William Morris Davis (1850-1934), a menudo llamado «padre de la geografía americana».[11] Fue una elaboración de la teoría del uniformismo, propuesta inicialmente por James Hutton (1726-1797).[24] Con respecto a las formas de los valles, por ejemplo, el uniformismo postulaba una secuencia en la que un río discurría por un terreno plano, excavando gradualmente un valle cada vez más profundo, hasta que los valles laterales finalmente se erosionaban, aplanando el terreno nuevamente, aunque a una elevación menor. Se pensaba que el levantamiento tectónico podría entonces reiniciar el ciclo. En las décadas posteriores al desarrollo de esta idea por parte de Davis, muchos de los que estudiaban geomorfología intentaron ajustar sus hallazgos a este marco, conocido hoy como «davisiano».[24] Las ideas de Davis son de importancia histórica, pero han sido ampliamente superadas hoy en día, principalmente debido a su falta de poder predictivo y a su naturaleza cualitativa.[24]


En la década de 1920, el geólogo austriaco Walther Penck (1888-1923) desarrolló un modelo alternativo al de Davis.[24] Penck pensaba que la evolución del relieve se describía mejor como una alternancia entre procesos continuos de elevación y denudación, en contraposición al modelo de Davis de una única elevación seguida de una caída.[25] También enfatizó que en muchos paisajes la evolución de la pendiente ocurría por el desgaste de las rocas, no por el descenso de la superficie al estilo de Davis, y su ciencia tendía a enfatizar los procesos superficiales por encima de la comprensión detallada de la historia superficial de una localidad determinada. Penck era germanoparlante, y durante su vida sus ideas fueron rechazadas en ocasiones con vehemencia por la comunidad geomorfológica de habla inglesa.[24] Su muerte prematura, la aversión que tenía Davis hacia su trabajo y su estilo de escritura, a veces confuso, probablemente contribuyeron a este rechazo.[26]

Tanto Davis como Penck buscaban dotar al estudio de la evolución de la superficie terrestre de una relevancia global y generalizada. A principios del siglo XIX, los autores —sobre todo en Europa— solían atribuir la forma de los paisajes al clima local, y en particular a los efectos específicos de la glaciación y los procesos periglaciares. En cambio, Davis y Penck pretendían destacar la importancia de la evolución de los paisajes a lo largo del tiempo y la generalidad de los procesos de la superficie terrestre en distintos paisajes y bajo diferentes condiciones.

A principios del siglo XX, el estudio de la geomorfología a escala regional se denominaba como «fisiografía».[27] Posteriormente, se consideró que la fisiografía era una contracción de «físi»-co y geo-«grafía», y por lo tanto sinónimo de geografía física, y el concepto se vio envuelto en una controversia en torno a las preocupaciones apropiadas de esa disciplina. Algunos geomorfólogos defendieron una base geológica para la fisiografía y enfatizaron el concepto de regiones fisiográficas, mientras que una tendencia contradictoria entre los geógrafos fue equiparar a la fisiografía con la «morfología pura», separada de su herencia geológica.[cita requerida] En el período posterior a la Segunda Guerra Mundial, el surgimiento de estudios de procesos, climáticos y cuantitativos llevó a que muchos científicos de la Tierra prefirieran el término «geomorfología» para sugerir un enfoque analítico de los paisajes en lugar de uno descriptivo.[28]

Geomorfología climática

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Durante la era del Nuevo Imperialismo a finales del siglo XIX, exploradores y científicos europeos viajaron por todo el mundo, trayendo de vuelta descripciones de paisajes y formas del relieve. A medida que el conocimiento geográfico aumentaba con el tiempo, esas observaciones se sistematizaron en la búsqueda de patrones regionales. El clima emergió así como un factor primordial para explicar la distribución del relieve a gran escala. El auge de la geomorfología climática fue prefigurado por el trabajo de Wladimir Köppen, Vasily Dokuchaev y Andreas Schimper. William Morris Davis, el geomorfólogo más destacado de su época, reconoció el papel del clima al complementar su ciclo de erosión climático templado "normal" con ciclos áridos y glaciares.[29][30] Sin embargo, el interés por la geomorfología climática también fue una reacción contra la geomorfología davisiana, que a mediados del siglo XX se consideraba poco innovadora y dudosa.[30][31] La geomorfología climática temprana se desarrolló principalmente en Europa continental, mientras que en el mundo angloparlante la tendencia no fue explícita hasta la publicación de L.C. Peltier en 1950 sobre un ciclo de erosión periglaciar.[29]

La geomorfología climática fue criticada en un artículo de revisión de 1969 por el geomorfólogo de procesos D.R. Stoddart.[30][32] Stoddart criticó la geomorfología climática por aplicar metodologías supuestamente "triviales" para establecer diferencias en las formas del relieve entre zonas morfoclimáticas, por estar vinculada a la geomorfología davisiana y por supuestamente ignorar el hecho de que las leyes físicas que rigen los procesos son las mismas en todo el mundo.[32] La crítica de Stoddart resultó "devastadora" y provocó un declive en la popularidad de la geomorfología climática a finales del siglo XX.[30][32]Además, algunas concepciones de la geomorfología climática, como la que sostiene que la meteorización química es más rápida en climas tropicales que en climas fríos, resultaron no ser del todo ciertas.[30]

Geomorfología cuantitativa y de procesos

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Parte de la Gran Escarpa en las Drakensberg, África meridional. Este paisaje, con su meseta de gran altitud erosionada por las empinadas laderas de la escarpa, fue citado por Davis como un ejemplo clásico de su cycle of erosion.[33]

La geomorfología comenzó a asentarse sobre una base cuantitativa sólida a mediados del siglo XX. Siguiendo el trabajo inicial de Grove Karl Gilbert, de principios del siglo XX,[11][24][25] un grupo de científicos naturales, geólogos e ingenieros hidráulicos principalmente estadounidenses, entre ellos William Walden Rubey, Ralph Alger Bagnold, Hans Albert Einstein, Frank Ahnert, John Hack, Luna Leopold, A. Shields, Thomas Maddock, Arthur Strahler, Stanley Schumm y Ronald Shreve, comenzaron a investigar la forma de los elementos del paisaje como ríos y laderas tomando mediciones sistemáticas, directas y cuantitativas de aspectos de los mismos e investigando la escala de estas mediciones.[11][24][25][34]] Estos métodos comenzaron a permitir la predicción del comportamiento pasado y futuro de los paisajes a partir de las observaciones presentes, y más tarde se desarrollarían en la tendencia moderna de un enfoque altamente cuantitativo de los problemas geomorfológicos. Muchos estudios de geomorfología pioneros y ampliamente citados aparecieron en el Bulletin of the Geological Society of America,[35] y recibieron pocas citas antes del año 2000 (pueden considerarse ejemplos de "sleeping beauties")[36] cuando se produjo un marcado aumento en la investigación cuantitativa de geomorfología.[37]

La geomorfología cuantitativa puede involucrar a la dinámica de fluidos y la mecánica de sólidos, la geomorfometría, los estudios de laboratorio, las mediciones de campo, trabajos teóricos y el completo modelado de la evolución del paisaje. Estos enfoques se utilizan para comprender la meteorización y la formación de suelos, el transporte de sedimentos, los cambios en el paisaje y las interacciones entre el clima, la tectónica, la erosión y la sedimentación.[38][39]

En Suecia, la tesis doctoral de Filip Hjulström, "The River Fyris" (1935), incluyó uno de los primeros estudios cuantitativos sobre procesos geomorfológicos jamás publicados. Sus alumnos siguieron la misma línea, realizando estudios cuantitativos sobre el transporte en masa (Anders Rapp), el transporte fluvial (Åke Sundborg), la sedimentación deltaica (Valter Axelsson) y los procesos costeros (John O. Norrman). Esto dio lugar a la «Escuela de Geografía Física de Uppsala» (en referencia a la Universidad de Uppsala).[40]

Geomorfología contemporánea

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Hoy en día, el campo de la geomorfología abarca una gama muy amplia de enfoques e intereses diversos.[11] Los investigadores modernos aspiran a formular «leyes» cuantitativas que rijan los procesos de la superficie terrestre, pero, al mismo tiempo, reconocen la singularidad de cada paisaje y entorno en el que operan dichos procesos. Entre las conclusiones especialmente relevantes de la geomorfología contemporánea cabe destacar:

  • que no todos los paisajes pueden clasificarse simplemente como «estables» o «perturbados» —entendiendo este último estado como una desviación temporal respecto a una forma ideal de referencia—; por el contrario, los cambios dinámicos del paisaje se consideran ahora una parte esencial de su propia naturaleza;[38][41]
  • que muchos sistemas geomorfológicos se comprenden mejor a través de la naturaleza estocástica de los procesos que en ellos tienen lugar; es decir, mediante las distribuciones de probabilidad de las magnitudes de los eventos y de sus tiempos de retorno.[42][43] Esto, a su vez, ha puesto de manifiesto la importancia del determinismo caótico en los paisajes y ha llevado a considerar las propiedades de estos desde una perspectiva estadística.[44] Los mismos procesos en los mismos paisajes no conducen necesariamente a los mismos resultados finales.

Según Karna Lidmar-Bergström, desde la década de 1990 la geografía regional ya no era aceptada por la comunidad académica dominante como base para los estudios geomorfológicos.[45]

Aunque su importancia ha disminuido, la geomorfología climática sigue existiendo como campo de estudio que produce investigaciones relevantes. Más recientemente, la preocupación por el calentamiento global ha generado un renovado interés en este campo.[30]

A pesar de las considerables críticas, el modelo del ciclo de erosión ha permanecido como parte de la ciencia de la geomorfología.[46] El modelo o teoría nunca se ha demostrado erróneo,[46] pero tampoco ha podido ser demostrado.[47] Las dificultades inherentes del modelo han hecho que la investigación geomorfológica avance por otras líneas.[46] En contraste con su estatus controvertido en geomorfología, el modelo del ciclo de erosión es un enfoque común utilizado para establecer cronologías de denudación y, por lo tanto, es un concepto importante en la ciencia de la geología histórica.[48] Si bien reconocen sus deficiencias, los geomorfólogos modernos Andrew Goudie y Karna Lidmar-Bergström lo han elogiado por su elegancia y valor pedagógico, respectivamente.[49][50]

Factores generadores de los procesos geomorfológicos

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El Gran Cañón, en Arizona (Estados Unidos), un espectacular ejemplo de modelado fluvial.
La geomorfología describe el relieve terrestre.

El relieve terrestre va evolucionando en la dinámica del ciclo geográfico mediante una serie de procesos constructivos y destructivos que se ven permanentemente afectados por la fuerza de gravedad que actúa como equilibradora de los desniveles; es decir, hace que las zonas elevadas tiendan a caer y colmatar las zonas deprimidas. Estos procesos hacen que el relieve transite por diferentes etapas. Los desencadenantes de los procesos geomorfológicos pueden categorizarse en cuatro grandes grupos:

  • Factores geográficos: El relieve se ve afectado tanto por factores bióticos como abióticos, de los cuales se consideran propiamente geográficos aquellos abióticos de origen exógeno, tales como la gravedad, el suelo, el clima y los cuerpos de agua. El clima con sus elementos tales como la presión, la temperatura, la humedad, los vientos. El agua superficial con la acción de la escorrentía, la acción fluvial y marina. Los hielos con el modelado glacial, entre otros. Son factores que ayudan al modelado, favoreciendo los procesos erosivos.
  • Factores bióticos: El efecto de los factores bióticos sobre el relieve suele oponerse a los procesos del modelado, especialmente considerando la vegetación, sin embargo, existen no pocos animales que colaboran con el proceso erosivo tales como los caprinos.
  • Factores geológicos: tales como la tectónica, el diastrofismo, la orogénesis y el vulcanismo, son procesos constructivos y de origen endógeno que contribuyen al modelado y reinician o rejuvenecen el ciclo geográfico.
  • Factores antrópicos: La acción del hombre sobre el relieve es muy variable, dependiendo de la actividad que se realice, en este sentido y como comúnmente pasa con el hombre es muy difícil generalizar, pudiendo incidir a favor o en contra de los procesos erosivos.[51]

Aunque los distintos factores que influyen en la superficie terrestre se ven incluidos en la dinámica del ciclo geográfico, solo los factores geográficos contribuyen siempre en dirección al desarrollo del ciclo y a su fin último; la penillanura. Mientras que el resto de los factores (biológicos, geológicos y antrópicos) interrumpen o perturban el normal desarrollo del ciclo. De la interacción de estos elementos resultan los procesos morfogenéticos o modelado, dividido en 3 etapas o tres procesos sucesivos, a saber, la erosión, el transporte y la sedimentación. Este proceso es, en gran parte, causante del modelado de la superficie terrestre teniendo en cuenta una serie de circunstancias.

Ramas de la geomorfología

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Los Encantados y el lago de San Mauricio, en el Pirineo Catalán, ejemplos de modelado glacial.

Se puede subdividir, a su vez, en tres grandes enfoques: geomorfología estructural que trata de la caracterización y génesis de las “formas del relieve”, como unidades de estudio. La geomorfología dinámica, sobre la caracterización y explicación de los procesos de erosión y meteorización por los principales agentes (gravedad y agua). Y la geomorfología climática, sobre la influencia del clima sobre la morfogénesis (dominios morfoclimáticos).

De carácter descriptivo y clasificatorio en sus orígenes, la geomorfología fue evolucionando, como toda ciencia, hacia una disciplina exploratoria de las causas e interrelaciones entre procesos y formas. Desde la última mitad del siglo XX, gran sector de los geomorfólogos se ha enfocado particularmente en encontrar relaciones entre procesos y formas. Este enfoque, conocido como geomorfología dinámica, se ha visto beneficiado enormemente con el avance tecnológico paralelo y reducción de costos en equipos de medición y el incremento exponencial de la capacidad de procesamiento de las computadoras. La geomorfología dinámica trata de procesos elementales de erosión, de los agentes de transporte, del ciclo geográfico y de la naturaleza de la erosión.

Otras ramas de la geomorfología estudian diversos factores que ejercen una marcada influencia en las formas de la tierra como por ejemplo el efecto predominante del clima o la influencia de la geología en el relieve. Las principales son:

  • Geomorfología climática: estudia la influencia del clima en el desarrollo del relieve. La presión atmosférica y la temperatura interactúan con el clima y son los responsables de los vientos, las escorrentías y del continuo modelado del ciclo geográfico. La diversidad de climas representa distintas de velocidades en la evolución del ciclo, como es el caso de los climas áridos con ritmo evolutivo más lentos y de los climas muy húmedos con ritmos evolutivos más altos, como también el clima representa el tipo de modelado predominante; glacial, eólico, fluvial, etc. Este conocimiento se sintetiza en lo que se denomina «dominios morfoclimáticos».
  • Geomorfología de laderas: es aquella que estudia los fenómenos producidos en las vertientes de las montañas, así como también estudia los movimientos en masa, estabilización de taludes, etc. Se relaciona con el estudio de riesgos naturales.
  • Geomorfología eólica: es la que se encarga de estudiar los procesos y las formas de origen eólico, en especial en los dominios morfoclimáticos donde la acción eólica es predominante, por ejemplo en las zonas litorales, los desiertos fríos y cálidos, y las zonas polares.
  • Geomorfología glaciar: se encarga de estudiar las formaciones y los procesos de los accidentes geográficos, formas y relieves glaciares y periglaciares. Esta rama está íntimamente ligada con la glaciología.
  • Geomorfología estructural: prioriza la influencia de estructuras geológicas en el desarrollo del relieve. Esta disciplina es muy relevante en zonas de marcada actividad geológica donde por ejemplo fallas y plegamientos predeterminan la existencia de cumbres o quebradas, o la existencia de bahías y cabos se explica por la erosión diferencial de afloramientos de roca más o menos resistentes. Esta rama está muy relacionada con la geología
  • Geomorfología litoral: estudia las formas del relieve propias de las zonas costeras.

El éxito de la capacidad predictiva de algunos modelos y potenciales aplicaciones en los campos de planificación urbana, ingeniería civil, estrategias militares, desarrollo costero, entre varios más, da inicio en las últimas décadas a la geomorfología aplicada muy destacada en la geografía francesa, en especial gracias al instituto de Geografía Aplicada, fundado por Jean Tricart. Esta aplicación se centra básicamente en la interacción entre acciones humanas y las formas de la tierra, en particular enfocándose en el manejo de riesgos causados por cambios en la superficie de la tierra (naturales o inducidos) conocidos como georriesgos. Estudios de este tipo incluyen movimientos en masa, erosión de playas, mitigación de inundaciones, tsunamis entre otros.

Véase también

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Referencias

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Bibliografía

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Enlaces externos

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