Corinto

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Κόρινθος
Corinto
Ciudad de Grecia
Corinto ubicada en Grecia
Corinto
Corinto
Localización de Corinto en Grecia
País Flag of Greece.svg Grecia
• Periferia Peloponeso
• Unidad periférica Corintia
Ubicación 37°56′00″N 22°56′00″E / 37.933333333333, 22.933333333333Coordenadas: 37°56′00″N 22°56′00″E / 37.933333333333, 22.933333333333
• Altitud 0 - 10 msnm
Superficie 102.2 km²
Población 30176 hab. (2011)
Gentilicio corintio/a
Idioma griego
Código postal 201 00
Pref. telefónico 27410
Sitio web http://www.korinthos.gr/
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Corinto (griego Κόρινθος, Kórinthos) es una ciudad del Peloponeso en Grecia, capital de la unidad periférica de Corintia. En el año 2011 la población del municipio de Corinto era de 58 192 habitantes, la de la unidad municipal era de 38 132 y la de la ciudad ascendía a 30 176.[1]

Tuvo una gran prosperidad desde la época clásica, y allí se encuentra uno de los templos más importantes dedicado al dios Apolo, con columnas forjadas en una sola pieza y basamentadas en la roca, cosa poco habitual en las construcciones dóricas.

Situación[editar]

Está ubicada en el istmo de Corinto, de unos 6 km de ancho, que une el Peloponeso con la Grecia continental, a unos 78 km al oeste de Atenas y sobre las faldas del monte Acrocorinto.

Istmo de Corinto desde el espacio.

Sobre este istmo se construyó el canal de Corinto (1881-1893), un estrecho pasadizo que sirve de comunicación entre el norte del Mediterráneo y el mar Egeo. Este estrecho ya había sido ideado por los romanos para ahorrarse unos 600 km de navegación rodeando el Peloponeso, pero no fue sino hasta el siglo XIX que pudo llevarse a cabo. Su puerto principal es el Lequeo, en el golfo de Corinto, que da salida al mar Jónico y a través de él al mar Adriático.

Tradición mítica[editar]

Según la mitología griega, la Antigua Corinto fue fundada con el nombre de Éfira por Sísifo, quien fue su primer rey, y con sus sucesores (inicialmente sus hijos Glauco y Ornitión) se hizo una ciudad especialmente próspera y poderosa. Ornitión continuó la dinastía hasta su derrocamiento por los dorios.

Es allí donde Medea y Jasón se refugiaron, después de que Medea hubo organizado la muerte de Pelias.

La ciudad se llamaba Éfira, y más tarde su nombre cambió a Corinto, en una época desconocida, probablemente durante la conquista doria. El nombre se hace derivar de Corinto, hijo de Zeus.

El heráclida Aletes, hijo de Hipotes es el legendario primer rey dórico de la ciudad donde los dorios estaban al comienzo una minoría dirigente; los no dorios fueron admitidos más tarde a la ciudadanía. Aletes y sus descendientes fueron reyes durante doce generaciones y 327 años, desde el 1074 a. C., según la fecha tradicional (treinta años después de la conquista doria):

  • Aletes reinó 38 años
  • Ixión reinó 38 años
  • Ageles I reinó 37 años
  • Prumnis reinó 35 años
  • Baquis reinó 35 años
  • Ageles II reinó 30 años
  • Eudemos reinó 25 años
  • Aristodemo reinó 35 años
  • Agemón reinó 16 años
  • Alejandro reinó 25 años
  • Telestes reinó 12 años
  • Autómenes reinó 1 año

Según Pausanias, Primnis fue el último descendiente de Aletes, y Baquis inició una nueva dinastía también heráclida, pero Diodoro Sículo dice que todos fueron descendientes de Aletes, pero que Baquis fue tan célebre que su nombre se dio a la dinastía Baquíada.

Historia[editar]

Periandro Περίανδρος (circa 627-585 a. C.).

Corinto estuvo habitada desde el periodo neolítico. Los primeros asentamientos se desarrollaron en torno a la colina de Acrocorinto. A partir de los siglos IX y VIII a. C. experimentó un crecimiento en el que llegó a ser la ciudad más grande de Grecia. Homero le aplicó el epíteto de opulenta cuando la nombró entre las ciudades que participaron en la expedición contra Troya, donde formaba parte de los dominios de Micenas. Participó en la fundación de numerosas colonias, entre las que se encontraban Molicria, Siracusa, Corcira, Ambracia, Anactorio, Léucade, Apolonia de Iliria y otras. Los tiranos Cípselo y Periandro fueron sus gobernantes más famosos, entre mediados del siglo VII y principios del VI a. C.

A causa de su ubicación como cruce de caminos tanto terrestres como marítimos, destacó como lugar de intercambios comerciales, lo que conllevó que fuera una de las primeras ciudades en producir moneda. Se la considera como el lugar de origen del trirreme. En arquitectura, dio nombre al orden corintio. En cerámica, se desarrolló la producción de los estilos protocorintio y corintio.

En el periodo clásico, la enemistad entre Corinto y Atenas, sobre todo por la ayuda de esta a la colonia de Corcira, fue una de las causas de la Guerra del Peloponeso. En ella, Corinto formó parte de los aliados de Esparta. En cambio, algunos años después del fin de esta guerra, a principios del siglo IV a. C. se desarrolló la llamada Guerra de Corinto, en el que una alianza de corintios, argivos, atenienses y beocios trató de hacer frente a la hegemonía espartana.

Tras un periodo de dominación macedónica, Corinto fue tomada por tropas de Arato de Sición en el 243 a. C. y la ciudad pasó a formar parte de la Liga Aquea.

En el año 146 a. C. sufrió una gran destrucción por parte de las tropas del cónsul romano Lucio Mumio pero los romanos la reconstruyeron a partir del 44 a. C., en época de Julio César.

Era una ciudad importante para los primitivos cristianos. Pablo de Tarso visitó la ciudad y le dirigió algunas de sus epístolas.

Durante siglos fue ocupada por los venecianos y por los turcos hasta que en 1822 se proclamó la independencia de Grecia.

Un gran terremoto en 1858 provocó la destrucción de la antigua ciudad y su reconstrucción varios kilómetros al norte, junto al mar. Sufrió otro terremoto en 1928.[2] [3]

Ciudad antigua[editar]

La ciudad actual está unos 6 km al noreste de la antigua que estaba situada en el istmo de Corinto en la prolongación hacia este de las montañas de Geranea, procedentes del norte y que llegaban de lado a lado. Estaba en el golfo Sarónico y estaba unida por una vía a Megara.

Tenía al sur las montañas Oneia y la ciudadela estaba en una roca llamada Acrocorinto; la parte plana estaba protegida por murallas (Muros Largos) que protegían la zona hasta el puerto de la ciudad, que estaba en Lecaón y la zona de Céncreas. La ciudad protegía los tres pasos del istmo. Después del terremoto del siglo VI que la destruyó se convirtió en un lugar conocido como Gorto, hasta el siglo XIX cuando recuperó su nombre.

Población[editar]

Se ha estimado que en el siglo V a. C. Corinto tenía una población libre de entre 46 000 y 51 000 habitantes y una población total, incluyendo esclavos, de entre 66 000 y 73 000.[4]

Restos arqueológicos[editar]

Templo de Apolo de Corinto.

De la época griega prácticamente no se conserva nada y los pocos restos que aún se pueden ver son todos romanos, como las columnas del templo de Apolo. Entre los restos romanos hay que mencionar algunas tumbas, los restos de unos baños y un anfiteatro.

Templo de Apolo[editar]

El templo dórico de Apolo ha sido fechado, por la cerámica hallada, hacia el 540 a. C., aunque había sido erigido sobre un templo anterior. Se conservan en pie siete columnas del mismo.

Santuario de Hera[editar]

Termas romanas de Corinto.

Remontando el golfo de Corinto hacia el norte se llega a la península de Perachora, donde se encuentran los restos del santuario de Hera Acrea (ákron significa promontorio).

Templo de Poseidón en Istmia[editar]

En otro emplazamiento próximo, en Istmia, se hallan restos de un templo dórico de Poseidón que fue erigido hacia el 700 a. C. y luego sustituido por un segundo templo de mayor tamaño hacia el 465 a. C.

Arte corintio[editar]

La tradición literaria asigna a Corinto un lugar preeminente en el campo artístico.

Por lo que se refiere a la arquitectura, un pasaje de Píndaro le atribuye la invención del frontón triangular y se supone, aunque con discrepancias, que en Corinto nacieron el friso dórico y las metopas ornamentadas.

Ciertamente, en Corfú, que fue colonia de Corinto, ha aparecido el más antiguo frontón hasta ahora conocido, el de la gorgona ricamente decorado en altorrelieve; y las primeras metopas aparecidas en Etolia, con temas de Termón y Calidón, parecen presentar estrechas analogías con las pinturas corintias.

Existe bastante menos información sobre la escultura en mármol y piedra. Las excavaciones de Corinto no han supuesto ninguna aportación particularmente significativa.

La colosal estatua de Zeus bañada en oro y que, según Pausanias, fue obsequio de los Cipsélidas a Olimpia, evidencia la habilidad de los artesanos locales en el trabajo de los metales, aunque el famoso bronce corintio, tan ensalzado por los romanos, parece pertenecer a una época muy posterior.

También se consideran corintios muchos de los vasos, cuencos y trípodes de bronce hallados en los santuarios de Olimpia y Dodona, incluso en lugares lejanos como Trebeniste, en Iliria.

En el campo de la cerámica, la tradición habla de que Butades de Sición inventó el arte de modelar el barro, en Corinto. Otra tradición destaca a tres alfareros de Corinto: Euquiro ("el de las manos hábiles"), Diopo ("el que dirige") o, según otros ("tubo para nivelar") y Eugrammo ("el del bello dibujo") a los que se atribuía la introducción en Italia del arte de modelar.[5]

En el mismo Corinto se han hallado algunos fragmentos de una amazonomaquia y el mismo origen se atribuye al Zeus con Ganímedes y al grupo de Olimpia que representa a Atenea con los guerreros.

También en Olimpia se encontraba el Arca de Cipselo, que evidencia la excepcional habilidad de los cinceladores y tallistas de la escuela corintia.

Mayor, sin embargo, parece la importancia conseguida por Corinto en la pintura. Según Plinio, ésta, o más exactamente el dibujo coloreado, habría nacido en la localidad griega de Sición y en la ciudad del istmo.[6] Incluso en Corinto se celebraban unos certámenes de pintura, al igual que en Delfos.[7]

Entre los pintores arcaicos recordamos a Cleante (autor de un cuadro sobre la conquista de Troya y de otro sobre el nacimiento de Atenea de la cabeza de Zeus, mientras Poseidón ofrece un atún al dios por el parto); a Aregón (autor de una Artemisa sobre un grifo, a Ecfantos, que habría sido el primero en rellenar de color las figuras, sirviéndose de arcilla machacada.

Cerámica corintia[editar]

Vasos protocorintios[editar]

Vaso corintio geométrico.

Pintura y coroplastia van ligadas a la que, en época arcaica, se había convertido en la mayor industria de Corinto: la fabricación de vasos de arcilla pintados.

A partir de la mitad del siglo VIII a. C., vasos y jarrones fabricados en Corinto, de tamaño, forma y decoración diversas, pero todos caracterizados por la fina arcilla y por su esmerada realización, se difunden por doquier, por la costa mediterránea, desde España a Siria y son profusamente imitados en los diversos centros antiguos.

La atribución corintia de todas estas vasijas constituye uno de los importantes resultados de las excavaciones americanas en el barrio de los ceramistas y en las necrópolis arcaicas de Corinto.

La más antigua cerámica geométrica corintia del siglo VIII a. C. (protocorintio geométrico) prefiere, a diferencia de la cerámica geométrica ática, vasijas de pequeñas dimensiones, en primer lugar la característica kotyle o cotila (taza pequeña y profunda de dos asas) y a la que se añaden otras formas diversas, sobre todo los oinochoai (enócoes) de boca trilobulada y el panzudo aryballos (aríbalo) para guardar perfumes.

La decoración es muy simple, con múltiples y sutiles líneas paralelas en el cuerpo de la vasija y adornadas en zigzag, con trazos verticales u otros motivos geométricos (a veces figuras esquemáticas de pájaros) en el reverso. Rarísima vez aparece la figura humana, como en una famosa crátera del museo de Toronto.

Los vasos del protocorintio geométrico siguen a los del protocorintio orientalizante. Son vasijas más conocidas por el simple nombre de protocorintias (quien primero les dio esta denominación fue Loescheke, en 1881), en algún momento también llamadas asiáticas, babilonias, dóricas, egipcias, etc., con arreglo al supuesto lugar de origen.

La cronología relativa a estas vasijas protocorintias, es decir, su desarrollo estilístico, resulta hoy segura, tras los estudios de H. Payne y otros, que parten del protocorintio antiguo, siguen con el medio y el tardío.

Más incierta resulta la cronología absoluta, a menudo basada en la fecha de fundación de las colonias griegas de Occidente, como Siracusa o Selinunte. Los más antiguos vasos protocorintios de aquellas necrópolis deberían ser contemporáneos o poco posteriores a la fundación de éstas, pero, a la hora de decidir las fechas, divergen mucho los autores. Podemos suponer que la producción se iniciara alrededor del 730 a. C., si no antes tal vez.

Los vasos protocorintios son en general muy pequeños. La forma más frecuente es el minúsculo aríbalo, primeramente panzudo, ovoide después, luego en forma de pera. También son frecuentes los kotilai (cotilas), ocasionalmente transformados en píxides, añadiéndoles una tapadera.

No faltan vasos más grandes como los enócoes y los olpai (olpes), así como otros pequeños zoomorfos, o aríbalos, cuyo cuello era una cabeza de mujer o de león.

La decoración en estos vasos pequeños es esencialmente miniaturista y sí se ha hablado de miniaturismo protocorintio. Junto a motivos geométricos y decorativos (palmas, capullos de loto, pequeñas rosas en torno a un punto central) resulta normal el friso con animales (gallos, peces, pájaros, ciervos y, en una segunda etapa, leones, panteras, toros) y con seres fantásticos (esfinges, quimeras, caballos alados).

Minúsculas figuras humanas aparecen también en escenas de caza o de lucha, en todo caso, con claro significado mitológico. Incluso en más amplias escenas narrativas, como en el minúsculo Aryballos Macmillan, del Museo Británico de Londres o en el gran Olpe Chigi, del Museo de vía Giulia, de Roma, entre los grandes ejemplos de la cerámica protocorintia, atribuidos al mismo pintor que Payne proponía identificar con Ecfantos (actualmente se prefiere llamarlo Pintor del Olpe Chigi).

Las figuras en general son negras, con línea de contorno y detalles grabados, sobre el fondo claro del vaso, pero se añaden retoques purpúreos, después blancos, que en este estilo polícromo recoge una vasta y finísima pluritonalidad, en evidente relación con la pintura corintia contemporánea; al menos tal como ha llegado a través de escasos testimonios concretos.

Vasos corintios propiamente dichos[editar]

La denominación vasos corintios ha sido normalmente reservada por los arqueólogos para designar la cerámica que aparece en los últimos decenios del siglo VII a. C. y cuyo origen corintio, hace tiempo supuesto con base en el alfabeto corintio que aparece en sus inscripciones, resulta hoy confirmado por las excavaciones de la necrópolis local.

También se acepta, aunque con discusiones, la división propuesta por Payne (Corinto antiguo, medio y tardío) y resultan abundantes aunque a veces inciertas, las identificaciones de pintores (de la Esfinge, de los Leones Heráldicos, de la Quimera, de Dodwell, de Anfiarao, etc.), de productos del mismo estilo (estilo pesado, delicado, de los puntos blancos).

Algunas vasijas reciben, excepcionalmente, el nombre del ceramógrafo. Uno de éstos, Timónidas, es, posiblemente, el mismo que firma una pinax (pinace) de Penteskouphia.

En el paso del protocorintio al corintio aumenta rápidamente la forma de los vasos y, por tanto, el tamaño de los frisos de animales, a veces dispuestos en grupo heráldico, mientras pequeñas rosas (manchas negras con detalles grabados) rellenan los espacios entre figuras. Esta voluntad de no dejar vacíos recuerda fatalmente el horror vacui que de tanto en tanto emerge en el arte, incluso más próximo a nosotros (caso del Barroco). Un testimonio más de la paradójica vecindad existente entre estos ceramógrafos y los temas que posteriormente ejercerían influjo sobre la producción artística.

El corintio arcaico, en los decenios inmediatos al 600 a. C., es un periodo de gran ornamentación con alabastra (alabastrón) de cuerpo esférico sin base y otras formas parcialmente nuevas, como la taza de dos asas, el trípode, el plato, el enócoe de boca redonda (inicialmente trilobulada), la crátera de columnitas, importada posiblemente de Atenas.

En la decoración, al generalizado friso de animales (a veces alternados con demonios, guerreros, carros, caballeros si el tema es épico) se añaden las características figuras de panzudos bailarines vestidos con corta túnica.

La producción de este género continúa con variantes de forma en el corintio medio y tardío. Los mejores vasos aparecen adornados con escenas narrativas, cuyos temas preferidos son la caza, batallas, banquetes, la partida para la guerra, las hazañas de Heracles.

En los vasos más grandes e importantes la clara arcilla corintia aparece ocasionalmente recubierta por un relieve rojo-naranja, a imitación de la cerámica ateniense y en las figuras se adopta una policromía particularmente vistosa (negro, rojo, cárdeno, blanco, incluso amarillo).

La producción de vasos corintios cesa hacia el 550 a. C. y, consiguientemente, su exportación por la costa mediterránea, sustituida por la ateniense.

Las excavaciones han demostrado que continuó la producción cerámica para el consumo interno, con una producción llamada corintia convencional, al menos hasta mediados del siglo VI a. C.

En el periodo arcaico el elemento característico es el fondo claro (se ha hablado de estilo blanco) y el friso de animales viene sustituido por una simple decoración geométrica (meandro, puntos, zigzag, segmentos de líneas negras o rojas) o vegetal y floreada (yedra, palmas, flores de loto, etc.).

También los vasos corintios, al igual que los protocorintios, fueron objeto de múltiples imitaciones, no siempre fácilmente reconocibles. El grupo más numerosos está constituido por vasos llamados italocorintios o etruscocorintios muy frecuentes en las tumbas etruscas.

Arquitectura civil[editar]

Una obra de importancia fundamental para las comunicaciones en el mundo griego fue el Diolkos, una calzada por la que era transportadas las naves a lo largo del istmo, para evitar el largo periplo del Peloponeso. Se construyó en el siglo VI a. C., en la época de Periandro.[8]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • C. Fornis, Estabilidad y conflicto civil en la guerra del Peloponeso. Las sociedades corintia y argiva, British Archaeological Reports I.S. 762,Oxford, Archaeopress, 1999.
  • C. Fornis, La guerra de Corinto. Fuentes antiguas e historiografía moderna, British Archaeological Reports Int. Ser. 1652, Oxford, Archaeopress, 2007.
  • C. Fornis y J.M. Casillas, «Corinto: prestigio y riqueza I (de los orígenes al s. VIII a. C.)», Revista de Arqueología 159, julio de 1994, 36-43.
  • C. Fornis y J.M. Casillas, «Corinto: prestigio y riqueza II (épocas arcaica, clásica y helenística)», Revista de Arqueología 160, agosto de 1994, 32-43.

Enlaces externos[editar]