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Odisea

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Odisea
de Homero

Papiro con un fragmento de la Odisea (cantos IX y X), siglo III a. C. Hallado en Ghurab (Egipto) por P. Jouguet. El manuscrito más antiguo conservado de la Odisea.
Género Poema épico
Subgénero Epopeya
Tema(s) Guerra de Troya
Idioma Griego antiguo
Título original Ὀδύσσεια, Odýsseia
País Antigua Grecia Ver y modificar los datos en Wikidata
Texto en español Odisea en Wikisource
Ciclo troyano
Odisea

La Odisea (en griego antiguo: Ὀδύσσεια, [Odýsseia]; en griego moderno: Οδύσσεια; en latín: Odyssea) es un poema épico griego compuesto por 24 cantos o rapsodias,[1]​ atribuido al poeta griego Homero. Se cree que fue compuesta en el siglo VIII a. C. en los asentamientos que tenía Grecia en la costa oeste del Asia Menor (actual Turquía asiática). Según otros autores, la Odisea se completa en el siglo VII a. C. a partir de poemas que solo describían partes de la obra actual. Fue originalmente escrita en lo que se ha llamado dialecto homérico.

Narra la vuelta a casa del héroe griego Odiseo (al modo latino, Ulises: Ὀδυσσεύς en griego; Vlixes en latín), tras la guerra de Troya. Además de haber estado diez años fuera luchando, Odiseo tarda otros diez años en regresar a la isla de Ítaca, de la que era rey, período durante el cual su hijo Telémaco y su esposa Penélope han de tolerar en su palacio a los pretendientes que buscan desposarla (pues ya creían muerto a Odiseo), al mismo tiempo que consumen los bienes de la familia.

La mejor arma de Odiseo es su mētis [2]​ o astucia. Gracias a su inteligencia — además de la ayuda provista por Palas Atenea, hija de Zeus Crónida — es capaz de escapar de los continuos problemas a los que ha de enfrentarse por designio de los dioses. Para esto, planea diversas artimañas, bien sean físicas —como pueden ser disfraces— o con audaces y engañosos discursos de los que se vale para conseguir sus objetivos.

El poema es, junto a la Ilíada, uno de los primeros textos de la épica grecolatina y por tanto de la literatura occidental. Se cree que el poema original fue transmitido por vía oral durante siglos por aedos que recitaban el poema de memoria, alterándolo consciente o inconscientemente. Era transmitido en dialectos de la Antigua Grecia. Ya en el siglo IX a. C., con la reciente aparición del alfabeto, tanto la Odisea como la Ilíada pudieron ser las primeras obras en ser transcritas, aunque la mayoría de la crítica se inclina por datarlas en el siglo VIII a. C. El texto homérico más antiguo que conocemos es la versión de Aristarco de Samotracia (siglo II a. C.).

El poema está escrito usando una métrica llamada hexámetro dactílico. Cada línea de la Odisea original estaba formada por seis unidades o pies, siendo cada pie dáctilo o espondeo.[3]​ Los primeros cinco pies eran dáctilos y el último podía ser un espondeo o bien un troqueo. Los distintos pies se separan por cesuras o pausas.

Estructura y argumento

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Inicio de la Odisea escrita en el dialecto griego jónico.
Mosaico romano que representa a Ulises. Villa romana La Olmeda, Pedrosa de la Vega (Palencia, Castilla y León).

La obra consta de 24 cantos. Al igual que muchos poemas épicos antiguos, comienza in medias res: empieza en la mitad de la historia, contando los hechos anteriores a base de recuerdos o narraciones del propio Odiseo.

Tradicionalmente se viene considerando dividido el poema en tres grandes partes:

  1. Telemaquia (cantos I al IV)
    Se centra en el hijo de Odiseo y Penélope, Telémaco: en principio impotente ante el caos de palacio, cobra valor gracias a Atenea y enfrenta el problema.
    I: Invocación a la musa Calíope. Asamblea de los Dioses. Situación en palacio por la larga ausencia de Odiseo y la actitud de los pretendientes de su esposa Penélope. Exhortación de Atenea a Telémaco.
    II: Telémaco convoca al ágora. Antínoo le desvela el engaño de Penélope.
    III: Viaje de Telémaco a Pilos.
    IV: Viaje de Telémaco a Esparta.
  2. Relatos de Odiseo o el regreso de Odiseo, su aventura (cantos V al XII)
    Los Cantos V y XII están temporalmente relacionados en orden inverso pues el Canto V transcurre después del XII: al final del Canto XII se relata el naufragio que causa la muerte de todos los compañeros de Odiseo, en castigo por haber matado las vacas de Helios, terminando con Odiseo agarrado a unos maderos que lo llevarán hasta Ogigia, la isla de la ninfa Calipso; que es el lugar donde se inició el Canto V.
    V–VIII: Viaje desde Ogigia hasta la corte del rey Alcínoo en el país de los feacios.
    IX–XII: El gran relato en primera persona en la corte de Alcínoo.
    Corazón mítico y fantástico de la obra: los cícones y lotófagos, el cíclope, Eolo, los lestrigones, Circe, la nekyia (viaje al Hades), las sirenas, Escila y Caribdis, Trinacia o Trinacria (la isla de Helios), naufragio.
  3. La venganza de Odiseo en Ítaca (cantos XIII al XXIV)
    XIII: Llegada a Ítaca desde el país de los feacios.
    XIV–XVI: Encuentros con el porquerizo Eumeo y Telémaco.
    XVII–XX: La prueba de los pretendientes. Reconocimiento de Odiseo por Euriclea la nodriza. Preparación de la matanza.
    XXI–XXIV: Matanza de los pretendientes. Reconocimiento por Penélope. Final con las familias de los muertos.

Algunos aprecian en la Odisea seis bloques dramáticos de cuatro cantos cada uno:[1]

  1. El viaje de Telémaco o Telemaquia (cantos I al IV).
  2. Las aventuras de Odiseo narradas en tercera persona (cantos V al VIII).
  3. Las aventuras de Odiseo narradas en primera persona (cantos IX al XII).
  4. Estancia de Odiseo con Eumeo, el porquero (cantos XIII al XVI).
  5. Odiseo entre los pretendientes (cantos XVII al XX).
  6. Matanza de los pretendientes. Odiseo se da a conocer a Penélope y a su padre. Atenea impone la paz. Fin (cantos XXI al XXIV):

La Obra

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Se expone un resumen de los veinticuatro Cantos, según la versión en prosa de Luis Segalá y Estalella (1910).[4]​ Los entrecomillados en cursiva proceden de la misma fuente.

Canto I

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Concilio de los dioses. Exhortación de Atenea a Telémaco.

Asamblea de los Dioses. Atenea clama para que Odiseo vuelva al fin a su hogar. La diosa infunde valor a Telémaco que está abrumado por la mala situación en palacio.

La Odisea comienza con un tipo de invocación ritual propio de la épica griega arcaica que hace del aedo un intermediario entre lo divino y lo humano. De ese modo el auditorio escuchaba los versos como una revelación de lo sagrado, en una época en que la oralidad era rasgo esencial de la poesía.[5]​ El rapsoda exhorta, sin nombrarla, a Calíope,[5]musa de la poesía épica, para que cuente lo sucedido a Odiseo:

Háblame, Musa, de aquel varón de multiforme ingenio que, después de destruir la sacra ciudad de Troya, anduvo peregrinando larguísimo tiempo, vio las poblaciones y conoció las costumbres de muchos hombres y padeció en su ánimo gran número de trabajos en su navegación por el ponto...
Odisea, I [6]

Tras la invocación a la Musa asistimos a la asamblea de los dioses griegos en la que Atenea, la deidad de los brillantes ojos, aboga por la vuelta del héroe a su hogar que está retenido desde hace muchos años en la isla Ogigia por la ninfa Calipso. Ella lo quiere para sí, pero es que además Poseidón, dios de los mares y terremotos, agitador de la tierra, lo tenía condenado a andar errante porque en uno de sus viajes Odiseo había cegado al cíclope Polifemo,[7]​ hijo del dios.

La asamblea decide que ya es suficiente: Odiseo debe regresar. Hermes lleva el mensaje a Calipso, la ninfa de hermosas trenzas; y Atenea viaja a Ítaca, calzando los áureos divinos talares que la llevaban sobre el mar y sobre la tierra inmensa con la rapidez del viento, y llega a la morada de Odiseo tomando la forma de Mentes, rey de los Tafios.[8]​ Los soberbios pretendientes estaban allí: unos jugaban a los dados, otros, trinchaban carne en abundancia.

Mientras Telémaco lleva a Atenea a una estancia apartada, los orgullosos pretendientes se afanan en comer y beber, y una vez saciados se aprestan al canto y al baile, los ornamentos del convite, al son de la cítara de Femio.

Telémaco se desahoga con Atenea:

¡Caro huésped! ¿Te enojarás conmigo por lo que voy a decir? Éstos sólo se ocupan en cosas tales como la cítara y el canto; y nada les cuesta, pues devoran impunemente la hacienda de otro, la de un varón cuyos blancos huesos se pudren en el continente por la acción de la lluvia o los revuelven las olas en el seno del mar. Si le vieran aportar a Ítaca, preferirían tener los pies ligeros a ser ricos de oro y de vestidos. Mas aquél ya murió, víctima de su aciago destino, y no hay que esperar en su tornada... Pero, ea, habla y responde sinceramente: ¿Quién eres y de qué país procedes? ¿Dónde se hallan tu ciudad y tus padres?... ¿Vienes ahora por vez primera o has sido huésped de mi padre?...
Odisea, I [6]

Atenea le responde que vino porque le aseguraron que su padre estaba de vuelta en la población, mas sin duda lo impiden las deidades y le revela que no estará largo tiempo fuera de su patria, aunque lo sujeten férreas vínculos; antes hallará algún medio para volver, ya que es ingenioso en sumo grado. Telémaco continúa descorazonado:

... desapareció sin fama, arrebatado por las Harpías... Y no me lamento y gimo únicamente por él, que los dioses me han enviado otras funestas calamidades. Cuantos próceres mandan en las islas, en Duliquio, en Same y en la selvosa Zacinto, y cuantos imperan en la áspera Ítaca, todos pretenden a mi madre y arruinan nuestra casa. Mi madre ni rechaza las odiosas nupcias, ni sabe poner fin a tales cosas; y aquellos comen y agotan mi hacienda, y pronto acabarán conmigo mismo.
Odisea, I [6]

La diosa da instrucciones muy concretas a Telémaco. Debe aprestar una embarcación con veinte remeros e ir a preguntar por su padre: trasládate primeramente a Pilos e interroga al divinal Néstor; y desde allí endereza los pasos a Esparta, al rubio Menelao. E infunde valor al joven: sé fuerte para que los venideros te elogien.

... fuese la diosa, volando como un pájaro, después de infundir en el espíritu de Telémaco valor y audacia, y de avivarle aún más el recuerdo de su padre...
Odisea, I [6]

Por primera vez Telémaco se siente con fuerzas ante aquellos pretendientes alborotadores y envalentonados que deseaban acostarse con Penélope en su mismo lecho y se enfrenta a ellos: quizás muráis en este palacio sin que nadie os vengue.

Y Telémaco, bien cubierto de un vellón de oveja, pensó toda la noche en el viaje que Atenea le había aconsejado.
Odisea, I [6]

Canto II

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Telémaco reúne en asamblea al pueblo de Ítaca.

El príncipe convoca al pueblo en el ágora y denuncia el caos en Palacio causado por los pretendientes de su madre, envalentonados y alborotadores. El engaño de Penélope. Telémaco decide viajar a Pilos y Esparta en busca de su padre contando con la ayuda de Atenea. Oculta el plan a su madre.

Al amanecer, no bien se descubrió la hija de la mañana, la Aurora de rosáceos dedos, Telémaco mandó convocar en el ágora a los aqueos de larga cabellera a quienes expone su doble desgracia: perdió a su padre y su palacio está invadido por decenas de pretendientes que creyendo a Odiseo muerto buscan la mano de su esposa Penélope:

Los pretendientes de mi madre, hijos queridos de los varones más señalados de este país, la asedian á pesar suyo... viniendo todos los días a nuestra morada, nos degüellan los bueyes, las ovejas y las pingües cabras, celebran banquetes, beben locamente el vino tinto y así se consumen muchas cosas, porque no tenemos un hombre como Ulises, que fuera capaz de librar a nuestra casa de tal ruina.

... Participad vosotros de mi indignación, sentid vergüenza ante los vecinos circunstantes y temed que os persiga la cólera de los dioses, irritados por las malas obras. Os lo ruego por Júpiter Olímpico y por Temis...
Odisea, II [9]

Nadie se atreve a contestar a Telémaco, salvo Antínoo:[10]

... ¿Qué has dicho para ultrajarnos? Tú deseas cubrirnos de baldón. Mas la culpa no la tienen los aqueos que pretenden a tu madre, sino ella, que sabe proceder con gran astucia... A todos les da esperanzas, y a cada uno en particular le hace promesas y le envía mensajes; pero son muy diferentes los pensamientos que en su inteligencia revuelve. Y aún discurrió su espíritu este otro engaño: Se puso a tejer en el palacio una gran tela sutil e interminable, y a la hora nos habló de esta guisa:

¡Jóvenes, pretendientes míos! Ya que ha muerto el divinal Odiseo, aguardad, para instar mis bodas, que acabe este lienzo a fin de que tenga sudario el héroe Laertes [11]​ en el momento fatal de la aterradora muerte. ¡No se me vaya a indignar alguna de las aqueas del pueblo, si ve enterrar sin mortaja á un hombre que ha poseído tantos bienes!

Así dijo, y nuestro ánimo generoso se dejó persuadir. Desde aquel instante pasaba el día labrando la gran tela, y por la noche, tan luego como se alumbraba con las antorchas, deshacía lo tejido. De esta suerte logró ocultar el engaño y que sus palabras fueran creídas por los aqueos durante un trienio...[12]​ que lo sepa tu espíritu y lo sepan también los aqueos todos.
Odisea, II [9]

Disuelta el ágora Telémaco se dirige a la playa e implora la ayuda de Atenea después de lavarse las manos en el espumoso mar; la diosa se presenta bajo la forma de Méntor y le dice estas aladas palabras:

¡Telémaco! No serás en lo sucesivo ni cobarde ni imprudente, si has heredado el buen ánimo que tu padre tenía para llevar a su término acciones y palabras; si así fuere, el viaje no te resultará vano, ni quedará por hacer.
Odisea, II [9]

Telémaco regresa a palacio donde los pretendientes que desollaban cabras y asaban puercos cebones en el recinto del patio se mofan y burlan de él. Antínoo le dice riéndose:

¡Telémaco altílocuo, incapaz de moderar tus ímpetus! No revuelvas en tu pecho malas acciones o palabras, y come y bebe conmigo como hasta aquí lo hiciste. Y los aqueos te prepararán todas aquellas cosas, una nave y remeros escogidos, para que muy pronto vayas a la divina Pilos en busca de nuevas de tu ilustre padre.
Odisea, II [9]

Telémaco participa a su ama Euriclea de sus planes de hacer un viaje a Esparta y a la arenosa Pilos en busca de su padre. La obliga a jurar que no dirá nada a su madre hasta pasados once o doce días de la partida para evitar que llore y dañe así su hermoso cuerpo. Entretanto Atenea con la forma del propio Telémaco consiguió una velera nave que aparejó, echó al mar y dotó de tripulación:

...embarcóse Telémaco, precedido por Atenea que tomó asiento en la popa y él a su lado... Atenea, la de los brillantes ojos, envióles próspero viento: el fuerte Céfiro, que resonaba por el vinoso ponto...
Odisea, II [9]

Hicieron libaciones a los sempiternos inmortales dioses y la nave continuó su rumbo toda la noche y la siguiente aurora. Había comenzado el viaje en busca de Odiseo.

Canto III

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Telémaco viaja a Pilos para informarse sobre su padre.

El rey Néstor recuerda muy bien a Odiseo pero ignora su paradero. Recomienda a Telémaco que pregunte a Menelao en Esparta.

La siguiente mañana, cuando el sol desamparaba el hermosísimo lago, subiendo al broncíneo cielo,[13]​ Telémaco y Atenea, que continúa en la forma de Mentor, llegan a Pilos, la bien construida ciudad de Neleo. Atenea insta a Odiseo a ir directamente al rey Néstor, domador de caballos, para saber qué guarda en su pecho. Telémaco duda porque da vergüenza que un joven interrogue a un anciano pero la diosa lo anima: Discurrirás en tu mente algunas cosas y un numen te sugerirá las restantes. E invitados participan en una hecatombe para Poseidón.[14]

... hallaron en la orilla del mar a los habitantes, que inmolaban toros de negro pelaje al que sacude la tierra, al dios de cerúlea cabellera.[15]​ Nueve asientos había, y en cada uno estaban sentados quinientos hombres y se sacrificaban nueve toros... Llegaron adonde estaba la junta de los varones pilios en los asientos: allí se había sentado Néstor con sus hijos y a su alrededor los compañeros preparaban el banquete, ya asando carne, ya espetándola en los asadores. Y apenas vieron a los huéspedes, adelantáronse todos juntos, los saludaron con las manos y les invitaron á sentarse.
Odisea, III [16]

Atenea suplica a Poseidón que llene de gloria a Néstor y dé a los pilios grata recompensa por tan ínclita hecatombe. Terminado el banquete Néstor pregunta a sus huéspedes ¿Quiénes sois? ¿De dónde llegasteis, navegando por los húmedos caminos?. Alentado por la diosa le responde Telémaco:

Venimos de Ítaca, situada al pie del Neyo,[17]​ y el negocio que nos trae no es público, sino particular. Ando en pos de la gran fama de mi padre, por si oyere hablar del divino y paciente Ulises; el cual, según afirman, destruyó la ciudad troyana, combatiendo contigo... Por esto he venido a abrazar tus rodillas, por si quisieras contarme la triste muerte de aquél, ora la hayas visto con tus ojos, ora te la haya relatado algún peregrino, que muy sin ventura le parió su madre. Y nada atenúes por respeto o compasión que me tengas; al contrario, entérame bien de lo que hayas visto.
Odisea, III [16]

Néstor le responde evocando sus amargos recuerdos de cuando Aquiles los llevaba a combatir alrededor de la gran ciudad del rey Príamo[18]​ donde tantos valientes habían caído:

Allí recibieron la muerte los mejores capitanes: allí yace el belicoso Ayax; allí, Aquiles; allí, Patroclo, consejero igual á los dioses; allí, mi amado hijo fuerte y eximio, Antíloco, muy veloz en el correr y buen guerrero...
Odisea, III [16]

El rey recordaba muy bien al divinal Odiseo, que entre todos descollaba por sus ardides de todo género y con el que siempre establecía acuerdos:

Nunca Ulises y yo estuvimos discordes al arengar en el ágora o en el consejo; sino que, teniendo el mismo ánimo, aconsejábamos con inteligencia y prudente decisión a los argivos para que todo fuese de la mejor manera.
Odisea, III [16]

Néstor sabe que algunos héroes lograron regresar desde Troya. Agamenón también lo había conseguido, pero irónicamente para encontrar la muerte en la celada que le tendieron Egisto y su propia esposa:

... han llegado bien los valerosos mirmidones a quienes conducía el hijo ilustre del magnánimo Aquiles; que asimismo aportó con felicidad Filoctetes, hijo preclaro de Peante; y que Idomeneo llevó a Creta todos sus compañeros que escaparon de los combates, sin que el mar le quitara ni uno solo. Del Atrida vosotros mismos habréis oído contar, aunque vivís tan lejos, cómo vino y cómo Egisto le aparejó una deplorable muerte.
Odisea, III [16]

De Odiseo no tiene información. Les sugiere que vayan a Esparta a hablar con Menelao, quien acaba de regresar de largos viajes. Atenea pide a Néstor que uno de sus hijos acompañe a Telémaco y desaparece milagrosamente. El rey ordena que se aparejen caballos de hermosas crines para que pueda llevar a término su viaje acompañado por Pisístrato. Impresionado porque un joven esté escoltado por una diosa, Néstor ordena el sacrificio de una vaca en honor de ella.

Subió Telémaco al magnífico carro y tras él Pisístrato Nestórida, príncipe de hombres, quien tomó con la mano las riendas y azotó a los caballos para que arrancasen. Y éstos volaron gozosos hacia la llanura, dejando atrás la excelsa ciudad de Pilos...
Odisea, III [16]

Canto IV

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Telémaco viaja a Esparta para informarse sobre su padre.

Palacio de Menelao y Helena en Esparta. Telémaco conoce al fin que su padre está retenido por la ninfa Calipso. Entretanto, en Ítaca Antínoo [10]​ fragua un complot para acabar con la vida del joven.

Continúa el viaje hasta Esparta, la vasta y cavernosa Lacedemonia. Se detienen ante el vestíbulo «del gran palacio de elevada techumbre» de Menelao, que está celebrando el banquete de la doble boda de su hijo el fuerte Megapentes con una hija de Aléctor, y de su hija Hermione con Neoptólemo, hijo de Aquiles.

Ellos caminaban absortos viendo el palacio del rey, alumno de Júpiter; pues resplandecía con el brillo del sol o de la luna la mansión excelsa del glorioso Menelao. Después que se saciaron de contemplarla con sus ojos, fueron a lavarse en unos baños muy pulidos. Y una vez lavados y ungidos con aceite por las esclavas, que les pusieron túnicas y lanosos mantos, acomodáronse en sillas junto al Atrida Menelao. Una esclava dióles aguamanos, que traía en magnífico jarro de oro y vertió en fuente de plata...
Odisea, IV [19]

Los huéspedes no salen de su asombro por las riquezas y lujo que ven, el resplandor del bronce en el sonoro palacio; y también el del oro, del electro, de la plata y del marfil. Menelao les dice que preferiría poseer sólo la tercera parte de lo que tiene a cambio de que se hubiesen salvado los que perecieron en la vasta Troya, lejos de Argos, la criadora de corceles. De entre todos los ausentes se apesadumbra especialmente por uno de ellos, Odiseo:

... por nadie vierto tal copia de lágrimas ni me aflijo de igual suerte como por uno, y en acordándome de él aborrezco el dormir y el comer, porque ningún aqueo padeció lo que Ulises hubo de sufrir y pasar: para él habían de ser los dolores y para mí una pesadumbre continua e inolvidable a causa de su prolongada ausencia y de la ignorancia en que nos hallamos de si vive o ha muerto...
Odisea, IV [19]

Sale Helena de su perfumada estancia de elevado techo, semejante a Diana; enseguida reconoce en el forastero a Telémaco, a quien dejara recién nacido en su casa cuando los aqueos fuisteis por mí, cara de perra, a empeñar rudos combates con los troyanos. Asiente el rubio Menelao y a todos les invade la añoranza y el dolor por los ausentes, hasta que el rey ordena poner fin al duelo: tornemos a acordarnos de la cena, y dennos agua a las manos.

Helena dispone que echen en la crátera la droga contra el llanto de la egipcia Polidamna, mujer de Ton. Escancian el vino y evoca serena cómo Odiseo había entrado en Troya con ardides:

Infirióse vergonzosas heridas, echóse a la espalda unos viles harapos, como si fuera un siervo, y se entró por la ciudad de anchas calles donde sus enemigos habitaban... Todos se dejaron engañar y yo sola le reconocí e interrogué, pero él con sus mañas se me escabullía.
Odisea, IV [19]

El rey corrobora:

Sí, mujer, con gran exactitud lo has contado... ¡Qué no hizo y sufrió aquel fuerte varón en el caballo de pulimentada madera, cuyo interior ocupábamos los mejores argivos para llevar a los troyanos la carnicería y la muerte!
Odisea, IV [19]

Telémaco se duele de cuanto oye porque cree a su padre muerto: ... más doloroso es que sea así, pues ninguna de estas cosas le libró de una muerte deplorable. Fatigado, ruega a Menelao disponga ir al lecho para regalarse con el dulce sueño. A la mañana siguiente Menelao, parecido a un Dios, llama a Telémaco para conocer el real motivo de su visita: ¿Es un asunto del pueblo o propio tuyo? Dímelo francamente. Por fin, Telémaco se desahoga:

He venido por si me pudieres dar alguna nueva de mi padre. Consúmese todo lo de mi casa y se pierden las ricas heredades: el palacio está lleno de hombres malévolos que, pretendiendo a mi madre y portándose con gran insolencia, matan continuamente las ovejas de mis copiosos rebaños y los flexípedes [20]bueyes de retorcidos cuernos. Por tal razón vengo a abrazar tus rodillas, por si quisieras contarme la triste muerte de aquél, ora la hayas visto con tus ojos, ora la hayas oído referir a algún peregrino...
Odisea, IV [19]

El rey se indigna y comienza a narrar lo sucedido:

En verdad que pretenden dormir en la cama de un varón muy esforzado aquellos hombres tan cobardes. Así como una cierva puso sus hijuelos recién nacidos en la guarida de un bravo león y fuese a pacer por los bosques y los herbosos valles, y el león volvió a la madriguera y dio a entrambos cervatillos indigna muerte; de semejante modo también Ulises les ha de dar a aquéllos vergonzosa muerte.

... Los dioses me habían detenido en Egipto, a pesar de mi anhelo de volver acá, por no haberles sacrificado hecatombes perfectas... Allí me tuvieron los dioses veinte días, sin que se alzaran los vientos favorables que soplan en el mar... Ya todos los bastimentos se me iban agotando y también menguaba el ánimo de los hombres; pero me salvó una diosa que tuvo piedad de mí: Idotea, hija del fuerte Proteo...
Odisea, IV [19]

Aconsejado por Idotea, Menelao pudo lograr de Proteo la verdad del destino de Odiseo:

Proteo: ... Le vi en una isla y echaba de sus ojos abundantes lágrimas: está en el palacio de la ninfa Calipso, que le detiene por fuerza, y no le es posible llegar a su patria tierra porque no dispone de naves provistas de remos ni de compañeros que le conduzcan por el ancho dorso del mar.
Odisea, IV [19]

Mientras tanto, en el palacio de Ulises en Ítaca, los pretendientes continuaban con sus insolencias tirando discos y jabalinas en el labrado pavimento. Noemón pregunta a Antínoo, hijo de Eupeites,[10]​ si sabe cuando regresará Telémaco de la arenosa Pilos porque necesita su nave, que le dejó. Quedaron todos atónitos; creían que el joven estaba con las ovejas en el campo. Dejaron sus juegos preocupados y cundió la indignación entre ellos. Antínoo, con las negras entrañas llenas de cólera y los ojos parecidos al relumbrante fuego toma la palabra:

... ¡Gran proeza ha realizado orgullosamente Telémaco con ese viaje! ¡Y decíamos que no lo llevaría a efecto! Contra la voluntad de muchos se fue el niño... De aquí adelante comenzará á ser un peligro para nosotros... proporcionadme ligero bajel y veinte compañeros, y le armaré una emboscada cuando vuelva, acechando su retorno en el estrecho que separa a Ítaca de la escabrosa Samos, a fin de que le resulte funestísima la navegación...
Odisea, IV [19]

Medonte corre a contar a Penélope el complot urdido para matar a su hijo. Ella que ni sabía que Telémaco se había ido en busca de su padre sintió desfallecer sus rodillas y su corazón, estuvo un buen rato sin poder hablar. Euriclea la nodriza se sincera:

Yo lo supe todo y di a Telémaco cuanto me ordenara... pero hízome prestar solemne juramento de que no te lo dijese hasta el duodécimo día o hasta que te aquejara el deseo de verle u oyeras decir que había partido, a fin de evitar que lloraras...
Odisea, IV [19]

Penélope desesperada implora a Minerva que salve a su hijo de los ”perversos y ensoberbecidos pretendientes y cae en dulce sueño. La diosa, bajo la forma de Iftima, la calma: tu hijo aún ha de volver, que en nada pecó contra las deidades.

Los pretendientes dirigidos por Antínoo [10]​ ya navegaban en una negra embarcación maquinando la muerte de Telémaco en la pedregosa Ásteris, magnífica isla para emboscarlo.

Canto V

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La balsa de Odiseo.

En la isla de Ogigia está Odiseo retenido por Calipso. Se le ordena que lo libere. La ninfa, si bien reticente, obedece y Odiseo parte en una balsa que será zarandeada por terribles tempestades enviadas por Neptuno. Atenea frena los vientos para que logre tocar tierra.

Los Dioses reunidos en asamblea al amanecer sin que faltara Júpiter altitonante cuyo poder es grandísimo escuchan a Atenea que trae nuevas de Odiseo:

... nadie se acuerda del divino Ulises... Hállase en una isla atormentado por fuertes pesares: en el palacio de la ninfa Calipso, que le detiene por fuerza... Y ahora quieren matarle el hijo amado así que torne a su casa, pues ha ido a la sagrada Pilos y a la divina Lacedemonia en busca de noticias de su padre.
Odisea, V [21]

Zeus, que amontona las nubes, dispone que Atenea acompañe con discreción a Telémaco para que regrese sano a su hogar, y que Hermes, el mensajero Argicida,[22]​ lleve a Calipso la orden de liberar a Odiseo. La ninfa está en su gruta:

... Ardía en el hogar un gran fuego y el olor del hendible cedro y de la tuya, que en él se quemaban, difundíase por la isla hasta muy lejos; mientras ella, cantando con voz hermosa, tejía en el interior con lanzadera de oro.
Odisea, V [21]

Hermes le comunica que el destino de Odiseo es retornar a su casa de elevada techumbre y a su patria tierra y debe liberarlo. Calipso responde airada:

Sois, oh dioses, malignos y celosos como nadie, pues sentís envidia de las diosas que no se recatan de dormir con el hombre a quien han tomado por esposo. Así, cuando la Aurora de rosáceos dedos arrebató a Orión, le tuvisteis envidia vosotros los dioses, que vivís sin cuidados, hasta que la casta Diana, la de trono de oro, lo mató en Ortigia alcanzándole con sus dulces flechas... Y así también me tenéis envidia, oh dioses, porque está conmigo un hombre mortal; a quien salvé cuando bogaba solo en medio del vinoso ponto... Y le acogí amigablemente, le mantuve y díjele a menudo que le haría inmortal y libre de la vejez para siempre jamás.
Odisea, V [21]

Mas la ninfa cumplirá la orden. Va junto a Odiseo, sentado en la playa suspirando por el regreso pues la ninfa ya no le era grata y le comunica que es libre por decreto de Zeus y que además las intenciones de ella son buenas:

Ea, corta maderos grandes; y, ensamblándolos con el bronce, forma una extensa balsa... Yo pondré en ella pan, agua y el rojo vino... te daré vestidos y te mandaré próspero viento, a fin de que llegues sano y salvo a tu patria tierra si así lo quieren los dioses...
...en mi pecho no se encierra un ánimo férreo, sino compasivo
Odisea, V [21]

Se retiraron a la profunda cueva de la diosa y la ninfa sirvióle toda clase de alimentos de los que se mantienen los mortales hombres. Una vez saciados ella aún intenta que Odiseo se quede:

CALIPSO ... si tu inteligencia conociese los males que habrás de padecer fatalmente antes de llegar a tu patria, te quedaras conmigo, custodiando esta morada, y fueras inmortal, aunque estés deseoso de ver a tu esposa de la que padeces soledad todos los días. Yo me jacto de no serle inferior ni en el cuerpo ni en el natural...»

ODISEO ...¡No te enojes conmigo...! Conozco muy bien que la prudente Penélope te es inferior en belleza y en estatura... Esto no obstante, deseo y anhelo continuamente irme a mi casa... Y si alguno de los dioses quisiera aniquilarme en el vinoso ponto, lo sufriré con el ánimo que llena mi pecho...
Odisea, V [21]

Viven una última noche juntos:

Púsose el sol y sobrevino la obscuridad. Retiráronse entonces a lo más hondo de la profunda cueva; y allí, muy juntos, hallaron en el amor contentamiento.
Odisea, V [21]

A la mañana siguiente Odiseo se puso a cortar troncos que desbastó con el bronce y construyó la balsa en cuatro días. Al quinto día despidióle de la isla la divina Calipso, después de lavarlo y de vestirle perfumadas vestiduras y comenzó a navegar sin que el sueño cayese en sus párpados. El décimo octavo día alcanza a ver por fin los umbrosos montes del país de los feacios en medio del sombrío ponto. Mas Neptuno, que regresaba de Etiopía, lo descubre y se enciende su ira:

... y echando mano al tridente, congregó las nubes y turbó el mar; suscitó grandes torbellinos de toda clase de vientos; cubrió de nubes la tierra y el ponto, y la noche cayó del cielo. Soplaron a la vez el Euro, el Noto, el impetuoso Céfiro y el Bóreas que,[23]​ nacido en el éter, levanta grandes olas. Entonces desfallecieron las rodillas y el corazón de Ulises...
Odisea, V [21]

Serán dos días con sus noches en medio de horribles tempestades hasta que Minerva, hija de Júpiter cerró el camino a los vientos, y les mandó que se sosegaran y durmieran.... Por fin Odiseo logra llegar a la costa donde se refugia en la orilla de un río:

... metióse debajo de dos arbustos que habían nacido en un mismo lugar y eran un acebuche y un olivo. Ni el húmedo soplo de los vientos pasaba a través de ambos, ni el resplandeciente sol los hería con sus rayos, ni la lluvia los penetraba del todo: tan espesos y entrelazados habían crecido...

... Y Minerva infundióle en los ojos dulce sueño y le cerró los párpados para que cuanto antes se librara del penoso cansancio.
Odisea, V [21]

Canto VI

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Charles Gleyre, Odiseo y Nausícaa.

Odiseo y Nausícaa.

Odiseo pisó tierra firme al fin en el país de los feacios. Atenea interviene para que la princesa Nausícaa, hija del rey Alcínoo, acoja al héroe.

Pensando siempre en favorecer a Odiseo, Atenea va al pueblo y ciudad de los feacios en Esqueria, al palacio del rey Alcínoo. Allí penetra como un soplo de viento en la estancia donde duerme la princesa Nausícaa, la del lindo peplo, que está en edad de casarse, y le dice en sueños:

... ¿Por qué tu madre te parió tan floja? Tienes descuidadas las espléndidas vestiduras y está cercano tu casamiento... que así se consigue gran fama entre los hombres y se huelgan el padre y la veneranda madre. Vayamos, pues, a lavar tan luego como despunte la aurora... que no ha de prolongarse mucho tu doncellez, puesto que ya te pretenden los mejores de todos los feacios... Ea, insta a tu ilustre padre para que mande prevenir antes de rayar el alba las mulas y el carro en que llevarás los cíngulos, los peplos y los espléndidos cobertores... pues los lavaderos se hallan a gran distancia de la ciudad.
Odisea, VI [24]

Despierta Nausícaa admirada del sueño y con ansias de boda. Acude a su padre el rey cuidando de ocultarle sus florecientes nupcias:

¡Padre querido! ¿No querrías aparejarme un carro alto, de fuertes ruedas, en el cual transporte al río, para lavarlos, los hermosos vestidos que tengo sucios? A ti mismo te conviene llevar vestiduras limpias... Tienes, además, cinco hijos en el palacio... tales cosas están a mi cuidado.
Odisea, VI [24]

Al punto aparejan un carro de fuertes ruedas, propio para mulas en el que cargan sus espléndidos vestidos y una cesta con toda clase de gratos manjares y viandas. Una vez en el río de lavaderos perennes lavan la ropa y la tienden a secar al sol con orden en los guijarros de la costa. Nausícaa y sus esclavas se bañan, se ungen con pingüe aceite y se ponen a comer en la orilla del río hasta que, saciadas, juegan a la pelota, mas no todas:

... y entre ellas Nausícaa, la de los níveos brazos, comenzó a cantar. Cual Diana, que se complace en tirar flechas, va por el altísimo monte Taigeto o por el Erimanto... y en sus juegos tienen parte las ninfas agrestes, hijas de Júpiter que lleva la égida y aquélla levanta su cabeza y su frente por encima de las demás y es fácil distinguirla, aunque todas son hermosas... la doncella, libre aún, sobresalía entre las esclavas.
Odisea, VI [24]

Atenea hace que la pelota caiga en un remolino. Las esclavas gritan y despiertan a Odiseo que sale de entre los arbustos cubriendo sus partes verendas con una rama frondosa:

... Púsose en marcha de igual manera que un montaraz león, confiado de sus fuerzas, sigue andando a pesar de la lluvia o del viento, y le arden los ojos, y se echa sobre los bueyes, las ovejas o las agrestes ciervas...

... se les apareció horrible, afeado por el sarro del mar; y todas huyeron, dispersándose por las orillas prominentes...
Odisea, VI [24]

Nausícaa quedó sola e inmóvil pues Atenea le dio ánimo y libró del temor á sus miembros. Odiseo pide ayuda a la princesa con dulces e insinuantes palabras:

¡Yo te imploro, oh reina, seas diosa o mortal! Si eres una de las deidades que poseen el anchuroso cielo, te hallo muy parecida a Diana, hija del gran Júpiter, por tu hermosura, por tu grandeza y por tu aire... si naciste de los hombres que moran en la tierra, dichosos mil veces tu padre, tu veneranda madre y tus hermanos... me he quedado atónito al contemplarte...

Ayer pude salir del vinoso ponto, después de veinte días de permanencia en el mar, en el cual me vi a merced de las olas y de los veloces torbellinos... apiádate de mí, ya que eres la primer persona a quien me acerco después de soportar tantos males... Y los dioses te concedan cuanto en tu corazón anheles: marido, familia y feliz concordia...
Odisea, VI [24]

La princesa acoge al héroe pues no le parece ni vil ni insensato. Se presenta a él como la hija del magnánimo Alcínoo, cuyo es el imperio y el poder en este pueblo y le brinda alimentos: esclavas, dadle de comer y de beber y lavadle en el río, en un lugar que esté resguardado del viento. Después de lavarse y ungirse de pingüe aceite de la cabeza de Odiseo colgaban ensortijados cabellos que a flores de jacinto semejaban. Admiróse la doncella:

Oíd, esclavas...!... ¡Ojalá á tal varón pudiera llamársele mi marido, viviendo acá; ojalá le pluguiera quedarse con nosotros!...
Odisea, VI [24]

Para evitar habladurías y maledicencias le da a Odiseo instrucciones muy concretas de cómo llegar:

Hallarás junto al camino un hermoso bosque de álamos, consagrado a Minerva, en el cual mana una fuente y a su alrededor se extiende un prado... Siéntate en aquel lugar y aguarda que nosotras, entrando en la población, lleguemos al palacio de mi padre. Y cuando juzgues que ya habremos de estar en casa, encamínate también á la ciudad y pregunta por la morada de mi padre, del magnánimo Alcínoo...

Después que entrares en el palacio y en el patio del mismo, atraviesa la sala rápidamente hasta que llegues adonde mi madre, sentada al resplandor del fuego del hogar, de espaldas a una columna, hila lana purpúrea... Allí, arrimado a la misma columna, se levanta el trono en que mi padre se sienta... Pasa por delante de él y tiende los brazos a las rodillas de mi madre... Pues si mi madre te fuere benévola, puedes concebir la esperanza de ver a tus amigos y de llegar a tu casa bien labrada y a tu patria tierra.
Odisea, VI [24]

Odiseo llegó al bosque consagrado a Minerva cuando se ponía el sol. Se sentó en él y suplicó:

¡Óyeme, hija de Júpiter, que lleva la égida! ¡Indómita deidad! Atiéndeme ahora ya que nunca lo hiciste cuando me maltrataba el ínclito dios que bate la tierra. Concédeme que, al llegar á los feacios, me reciban éstos como amigo y de mí se apiaden.
Odisea, VI [24]

Canto VII

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Odiseo en el palacio de Alcínoo.

Odiseo va al palacio de Alcínoo con la asistencia de Atenea. Sigue las instrucciones de Nausícaa e implora a Arete. El rey lo hospeda. Narra sus infortunios desde Ogigia. Alcínoo le ofrece la mano de su hija y, en todo caso, le promete ayuda para regresar a su hogar.

Nada más llegar Nausícaa a palacio se encaminó a su habitación donde la anciana Eurimedusa de Apira, su camarera, le encendía fuego y le aparejaba la cena. Mientras tanto a Odiseo, ya en la entrada de la ciudad, se le hizo encontradiza Atenea transfigurada en joven doncella que llevaba un cántaro a la que él pide lo lleve al palacio de Alcínoo, que reina sobre estos hombres. La diosa lo guía y lo instruye:

... no se turbe tu ánimo, que el hombre, si es audaz, es más afortunado en lo que emprende... Ya en la sala, hallarás primero a la reina, cuyo nombre es Arete... si ella te fuere benévola, ten esperanza de ver a tus amigos y de llegar á tu casa de elevado techo y a tu patria tierra.
Odisea, VII [25]

La mansión resplandecía con el brillo del sol o de la luna:

... a derecha e izquierda corrían sendos muros de bronce desde el umbral al fondo; en lo alto de los mismos extendíase una cornisa de lapislázuli; puertas de oro... las dos jambas eran de plata y arrancaban del broncíneo umbral... Estaban a entrambos lados unos perros de plata y de oro, inmortales y exentos para siempre de la vejez, que Vulcano había fabricado con sabia inteligencia para que guardaran la casa del magnánimo Alcínoo...Había sillones arrimados a la una y a la otra de las paredes y cubríanlos delicados tapices hábilmente tejidos... Sentábanse allí los príncipes feacios a beber y a comer, pues de continuo celebraban banquetes.

... Cincuenta esclavas tiene Alcínoo en su palacio: unas quebrantan con la muela el rubio trigo; otras tejen telas y, sentadas, hacen girar los husos, moviendo las manos cual si fuesen hojas de excelso plátano, y las bien labradas telas relucen como si destilaran aceite líquido...

... En el exterior del patio hay un gran jardín de cuatro yugadas... Allí han crecido grandes y florecientes árboles: perales, granados, manzanos de espléndidas pomas, dulces higueras y verdes olivos. Los frutos de estos árboles no se pierden ni faltan, ni en invierno ni en verano: son perennes; y el Céfiro, soplando constantemente, a un tiempo mismo produce unos y madura otros. La pera envejece sobre la pera, la manzana sobre la manzana, la uva sobre la uva y el higo sobre el higo. Allí han plantado una viña muy fructífera y parte de sus uvas se secan al sol en un lugar abrigado y llano, a otras las vendimian, a otras las pisan, y están delante las verdes, que dejan caer la flor, y las que empiezan a negrear.
Odisea, VII [25]

Contempló Odiseo admirado todo aquéllo y entra en la casa donde los caudillos y príncipes de los feacios ofrecían libaciones al vigilante Argicida, que era el último a quien las hacían cuando ya determinaban acostarse. Llega hasta donde estaba Arete y le implora:

¡Arete, hija de Rexénor, que parecía un dios! Después de sufrir mucho, vengo a tu esposo, a tus rodillas y a estos convidados, a quienes permitan los dioses vivir felizmente y legar sus bienes a los hijos que dejen en sus palacios así como también los honores que el pueblo les haya conferido. Mas, apresuraos a darme hombres que me conduzcan, para que muy pronto vuelva á la patria; pues hace mucho tiempo que ando lejos de los amigos, padeciendo infortunios.
Odisea, VII [25]

Dicho esto sentóse junto á la lumbre del hogar, en la ceniza; y todos enmudecieron y quedaron silenciosos; hasta que el anciano Equeneo que era el de más edad y descollaba por su elocuencia les arengó benévolamente y dijo:

¡Alcínoo! No es bueno ni decoroso para ti, que el huésped esté sentado en tierra, sobre la ceniza del hogar... Ea, pues, levántale, hazle sentar en una silla de clavazón de plata, y manda a los heraldos que mezclen vino para ofrecer libaciones á Júpiter... Y tráigale de cenar la despensera, de aquellas cosas que allá dentro se guardan.
Odisea, VII [25]

Y así hizo la sacra potestad de Alcínoo que alza a Odiseo y lo sienta en una silla espléndida que se la cede su muy querido hijo el valeroso Laodamante:

...Una esclava dióle aguamanos... puso delante de Odiseo una pulimentada mesa... la despensera trájole pan y dejó en la mesa buen número de manjares... comenzó a beber y a comer...
Odisea, VII [25]

El rey arenga a los presentes:

... Ahora, que habéis cenado, idos a acostar en vuestras casas: mañana, así que rompa el día, llamaremos a un número mayor de ancianos, trataremos al forastero como huésped en el palacio, ofreceremos a las deidades hermosos sacrificios, y hablaremos de la conducción de aquél para que pueda, sin fatigas ni molestias y acompañándole nosotros, llegar rápida y alegremente a su patria tierra, aunque esté muy lejos, y no haya de padecer mal ni daño alguno antes de tornar a su país...
Odisea, VII [25]

Odiseo le responde:

Alcínoo! Piensa otra cosa, pues no soy semejante ni en cuerpo ni en natural a los inmortales que poseen el anchuroso cielo, sino á los mortales hombres... dejadme cenar, aunque me siento angustiado; que no hay cosa tan importuna como el vientre, que nos obliga á pensar en él, aun hallándonos muy afligidos o con el ánimo lleno de pesares como me encuentro ahora, nos incita siempre a comer y a beber, y en la actualidad me hace echar en olvido todos mis trabajos, mandándome que lo sacie. Y vosotros daos prisa, así que se muestre la Aurora, y haced que yo, oh desgraciado, vuelva a mi patria, no obstante lo mucho que he padecido. No se me acabe la vida sin ver nuevamente mis posesiones...
Odisea, VII [25]

Todos aprobaron sus palabras y hechas las libaciones se recogieron en las respectivas moradas; excepto Odiseo, Arete y el deiforme Alcínoo, que conversan. La reina de interesa por el héroe: ¿Quién eres y de qué país procedes? ¿Quién te dió esos vestidos? ¿No dices que llegaste vagando por el ponto?. Odiseo responde que difícil sería contar menudamente mis infortunios, pues me los enviaron en gran abundancia los dioses celestiales; mas te hablaré de aquello acerca de lo cual me preguntas é interrogas; y relata sus tribulaciones y peripecias desde que náufrago errante llegó a la isla de Ogigia hasta que Nausícaa lo acogió.

El rey, admirado, le ofrece la mano de su hija y le promete ayuda para llegar a su tierra:

... Ojalá, ¡por el padre Júpiter, Minerva y Apolo!, que siendo cual eres y pensando como yo pienso, tomases a mi hija por mujer y fueras llamado yerno mío, permaneciendo con nosotros. Diérate casa y riquezas, si de buen grado te quedaras; que contra tu voluntad ningún feacio te ha de detener...

Y desde ahora decido, para que lo sepas bien, que tu conducción se haga mañana... los compañeros remarán por el mar en calma hasta que llegues a tu patria y a tu casa, o a donde te fuere grato, aunque esté mucho más lejos que Eubea...
Odisea, VII [25]

Así conversaron.

Las esclavas preparan un lecho debajo del pórtico, lo proveen de hermosos cobertores de púrpura, extienden por encima tapetes y dejan afelpadas túnicas para abrigarse. Las doncellas salen del palacio con hachas encendidas y, acabada de hacer la cama, llaman a Odiseo: Levántate, huésped, y vete a acostar, que ya está hecha la cama

… Así dijeron, y le pareció grato dormir. De este modo el paciente divinal Ulises durmió allí, en torneado lecho, debajo del sonoro pórtico. Y Alcínoo se acostó en el interior de la excelsa mansión, y a su lado la reina, después de aparejarle lecho y cama.
Odisea, VII [25]

Canto VIII

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Odiseo agasajado por los feacios.

Se celebra una fiesta en el palacio en honor del huésped, que aún no se ha presentado. Irritación y cólera de Odiseo por culpa del luchador Euríalo. Banquete en armonía.

A día siguiente así que se descubrió la hija de la mañana, la Aurora de rosáceos Alcínoo y los demás se encaminan al ágora mientras Atenea, transformada en heraldo del rey, recorre la ciudad anunciando que ha llegado el forastero, un varón que se asemeja por su cuerpo a los inmortales. El rey arenga al pueblo:

¡Oídme, caudillos y príncipes de los feacios, y os diré lo que en el pecho mi corazón me dicta! Este forastero, que no sé quién es, llegó errante a mi palacio y nos suplica con mucha insistencia que tomemos la firme resolución de llevarlo a su patria... Ea, pues, botemos al mar divino una negra nave sin estrenar y escójanse de entre el pueblo los cincuenta y dos mancebos que hasta aquí hayan sido los más excelentes. Y, atando bien los remos a los bancos, salgan de la embarcación y aparejen en seguida un convite en mi palacio... festejemos en la sala a nuestro huésped. Nadie se me niegue. Y llamad a Demódoco, el divino aedo a quien los númenes otorgaron gran maestría en el canto para deleitar a los hombres, siempre que a cantar le incita su ánimo.
Odisea, VIII [26]

Alcínoo convoca a unos juegos para que el huésped participe a sus amigos, después que se haya restituído a la patria cuánto ellos superan a todos los hombres en el pugilato, la lucha, el salto y la carrera:

... Empezaron por probarse en la carrera... descollaba mucho en el correr el eximio Clitoneo... Probáronse otros en la fatigosa lucha, y Euríalo venció a cuantos en ella sobresalían. En el salto fué Anfíalo superior a los demás; en arrojar el disco señalóse Elatreo sobre todos; y en el pugilato, Laodamante, el buen hijo de Alcínoo.
Odisea, VIII [26]

Laodamante, el hijo del rey, pide a Odiseo que también él participe en los juegos pues no hay gloria más ilustre para el varón en esta vida, que la de campear por las obras de sus pies o de sus manos. Odiseo se resiste pues ocúpase en sus penas, que son muchísimas las que he padecido y soportado. Euríalo le contesta echándole en cara que no parece un varón instruído en juegos sino un capitán de marineros traficantes. Odiseo, con torva faz, le responde irritado:

... Mal hablaste y me pareces un insensato. Los dioses no han repartido de igual modo a todos los hombres sus amables presentes: hermosura, ingenio y elocuencia... Así tu aspecto es irreprochable y un dios no te habría configurado de otra suerte; mas tu inteligencia es ruda... No soy ignorante en los juegos, como tú afirmas... Ahora me encuentro agobiado por la desgracia y las fatigas, pues he tenido que sufrir mucho... Pero aun así, me probaré en los juegos: tus palabras fueron mordaces y me incitaste al proferirlas.
Odisea, VIII [26]

Y Odiseo asombra al público con un gran lanzamiento de disco y reta furioso a los presentes: a quien le impulse el corazón y el ánimo a probarse conmigo venga acá, ya que me habéis encolerizado fuertemente. Todos enmudecieron. Interviene el rey calmando los ánimos:

... ningún mortal que pensara razonablemente pondría reproche a tu bravura... ea, danzadores feacios, salid los más hábiles a bailar... Y vaya alguno en busca de la cítara y tráigala presto Demódoco.
Odisea, VIII [26]

El aedo Demódoco cantó los amores de Marte y Venus, y cómo se unieron a hurto y por vez primera en casa de Vulcano.[27]​ Después bailaron Halio y el hijo de Alcínoo, Laodamante. Atónito me quedo al contemplarlos, exclamó Odiseo. El rey alegróse: ... Paréceme el huésped muy sensato... asista a la cena con el corazón alegre. Y apacígüelo Euríalo con palabras y un regalo, porque no habló de conveniente modo. Así hizo Euríalo: ... Si alguna de mis palabras le ha molestado, llévensela cuanto antes los impetuosos torbellinos....

Restablecida la armonía se dispusieron a iniciar el banquete cuando Nausícaa, a quien las deidades habían dotado de belleza dice estas aladas palabras:

Salve, huésped, para que en alguna ocasión, cuando estés de vuelta en tu patria, te acuerdes de mí; que me debes antes que a nadie el rescate de tu vida.
Odisea, VIII [26]

Iniciado el convite Ulises corta una tajada del espinazo de un puerco de blancos dientes que ofrece a Demódoco: Yo te alabo más que a otro mortal cualquiera, pues deben de haberte enseñado la Musa, hija de Júpiter, o el mismo Apolo, a juzgar por lo primorosamente que cantas.... El aedo corresponde con un canto sobre la guerra de Troya que hace llorar a Odiseo. El rey ordena que cese el canto y pregunta al huésped sobre su verdadera identidad.

Canto IX

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La Ruta que Odiseo siguió en su vuelta a Ítaca desde Ilión
Relatos a Alcínoo - La Ciclopea [28]
Odiseo se presenta a Alcínoo y narra lo sucedido con los cícones, los lotófagos y los cíclopes

El héroe atiende la exhortación de Alcínoo —soy Odiseo Laertíada,[29]​ tan conocido de los hombres por mis astucias de toda clase— y relata su vuelta desde que salió de Troya.

En Ismaro, ciudad de los cícones. Saqueo y huida

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Primero arribaron a la tierra de los cícones, al norte de Samotracia, y destruyeron la ciudad de Ismaro.[30]

Habiendo partido de Ilión, llevóme el viento al país de los cícones, a Ismaro: entré a saco en la ciudad, maté a sus hombres y, tomando las mujeres y las abundantes riquezas, nos lo repartimos todo para que nadie se fuera sin su parte de botín.
Odisea, IX [31]

Si hubiesen partido inmediatamente les habría ido mejor, mas no fue así y muchos perecieron:

Exhorté a mi gente a que nos retiráramos con pie ligero, y los muy simples no se dejaron persuadir. Bebieron mucho y, mientras degollaban en la playa gran número de ovejas los cícones fueron a llamar a otros cícones vecinos suyos; los cuales eran más numerosos y más fuertes... cuando el sol se encaminó al ocaso, los cícones derrotaron a los aquivos, poniéndolos en fuga. Perecieron seis compañeros, de hermosas grebas, de cada embarcación y los restantes nos libramos de la muerte y del destino.
Odisea, IX [31]

Con los lotófagos. Pierden la memoria

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De nuevo en las naves sufren la acometida de Bóreas enviado por Zeus, el que amontona las nubes:

Desde allí seguimos adelante con el corazón triste, escapando gustosos de la muerte... Las naves iban de través, cabeceando; y el impetuoso viento rasgó las velas... a fuerza de remos, llevamos aquéllas a tierra firme. Allí permanecimos echados dos días con sus noches, royéndonos el ánimo la fatiga y los pesares.
Odisea, IX [31]

Dañosos vientos los llevan nueve días por el ponto y al décimo arriban a la tierra de los lotófagos, que se alimentan con un florido manjar. Tres compañeros que lo comieron perdieron el deseo de regresar y hubo que llevárselos a la fuerza:

... juntáronse con los lotófagos, que no tramaron ciertamente la perdición de nuestros amigos; pero les dieron a comer loto, y cuantos probaban el fruto del mismo, dulce como la miel, ya no querían llevar noticias ni volverse; antes deseaban permanecer con los lotófagos, comiendo loto, sin acordarse de tornar á la patria. Mas yo los llevé por fuerza á las cóncavas naves y, aunque lloraban, los arrastré e hice atar debajo de los bancos.
Odisea, IX [31]

La Ciclopea: los cíclopes, brutalidad de Polifemo, astucia de Odiseo

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Posteriormente, con ánimo afligido llegaron a la isla de los cíclopes:

... y llegamos a la tierra de los Cíclopes soberbios y sin ley; quienes, confiados en los dioses inmortales, no plantan árboles, ni labran los campos, sino que todo les nace sin semilla y sin arada —trigo, cebada y vides, que producen vino de unos grandes racimos— y se lo hace crecer la lluvia enviada por Júpiter. No tienen ágoras donde se reúnan para deliberar, ni leyes tampoco, sino que viven en las cumbres de los altos montes, dentro de excavadas cuevas; cada cual impera sobre sus hijos y mujeres, y no se cuidan los unos de los otros.
Odisea, IX [31]

Casi tocando el mar ven una excelsa gruta a la sombra de algunos laureles, donde moraba un varón gigantesco, solitario, un monstruo horrible que apacentaba rebaños lejos de los demás hombres, y apartado de todos ocupaba su ánimo en cosas inicuas. Más tarde se encontrarán con él en su caverna donde guardaba zarzos cargados de quesos y establos que rebosaban de corderos y cabritos. De nombre Polifemo, hijo de Poseidón, devorará a varios compañeros de Odiseo.

Me llamo Nadie (Odisea, IX, 360-370). Narrado en la lengua original
... levantándose de súbito, echó mano a los compañeros, agarró a dos y, cual si fuesen cachorrillos, arrojólos en tierra con tamaña violencia que el encéfalo fluyó al suelo y mojó el piso. Seguidamente despedazó los miembros, se aparejó una cena y se puso a comer como montaraz león, no dejando ni los intestinos, ni la carne, ni los medulosos huesos. Nosotros contemplábamos aquel horrible espectáculo con lágrimas en los ojos, alzando nuestras manos a Júpiter; pues la desesperación se había señoreado de nuestro ánimo. El Cíclope, tan luego como hubo llenado su enorme vientre, devorando carne humana y bebiendo encima leche sola, se acostó en la gruta tendiéndose en medio de las ovejas.
Odisea, IX [31]

Estaban atrapados en la cueva, cerrada con una enorme piedra que les impedía salir a ellos y al ganado de Polifemo. Odiseo, con su astucia, tramó la venganza. De una gran clava de olivo verde cortó una estaca que mandó pulir y aguzar por un extremo. Tras endurecerla «pasándola por el ardiente fuego» la ocultó debajo del estiércol esparcido por la gruta.

Lista la estaca, Odiseo planea el segundo paso: anular las fuerzas del monstruo emborrachándolo.

Regresa Polifemo con el rebaño de hermoso vellón, que venía de pacer y le ofrece una copa de negro vino; de aquél que le había regalado Marón, vástago de Evantes y sacerdote de Apolo en agradecimiento por haber respetado su vida con la de su mujer e hijos, durante el saqueo de Ismaro, la ciudad de los cícones:

Cuando [los cícones] bebían este rojo licor, dulce como la miel, echaban una copa del mismo en veinte de agua; y de la cratera salía un olor tan suave y divinal, que no sin pena se hubiese renunciado a saborearlo.
Odisea, IX [31]

Ahora hará un buen uso de él. Artero, invita a Polifemo:

— Toma, Cíclope, bebe vino, ya que comiste carne humana, a fin de que sepas qué bebida se guardaba en nuestro buque.
Dame de buen grado más vino y hazme saber inmediatamente tu nombre para que te ofrezca un don hospitalario con el cual te huelgues.
Odisea, IX [31]

Tres veces se lo ofreció y tres veces lo bebió incautamente. Cuando los vapores del vino envolvieron su mente díjole Odiseo «con suaves palabras»:

— ¡Cíclope! Preguntas cuál es mi nombre ilustre, y voy a decírtelo; pero dame el presente de hospitalidad que me has prometido. Mi nombre es Nadie; y Nadie me llaman mi madre, mi padre y mis compañeros todos.
A «Nadie» me lo comeré el último, después de sus compañeros, y a todos los demás antes que a él: tal será el don hospitalario que te ofrezca.
Odisea, IX [31]

Ebrio, Polifemo cayó de espaldas, «dobló la gruesa cerviz y vencióle el sueño». Entonces Odiseo metió la estaca en el rescoldo y cuando estaba a punto de arder y relumbraba intensamente, él y sus compañeros la hincaron en su ojo. Dio «un fuerte y horrendo gemido». Llamó a gritos a los Cíclopes que habitaban a su alrededor «en los ventosos promontorios» y a sus voces acudieron muchos:

— ¿Por qué tan enojado, oh Polifemo, gritas de semejante modo en la divina noche, despertándonos á todos? ¿Acaso algún hombre se lleva tus ovejas mal de tu grado? ¿O, por ventura, te matan con engaño o con fuerza?
¡Oh amigos! «Nadie» me mata con engaño, no con fuerza.
— Pues si nadie te hace fuerza, ya que estás solo, no es posible evitar la enfermedad que envía el gran Júpiter; pero, ruega á tu padre, el soberano Poseidón.
Odisea, IX [31]

Ya ciego y para asegurarse de que no escapasen los prisioneros, el cíclope tanteaba el lomo de sus reses a medida que iban saliendo de la cueva para ir a pastar, pero cada uno de los marinos iba vientre con vientre con una res y agarrado al vellón de ella.

Luego de escapar, Odiseo le grita su nombre a Polifemo y este le pide a su padre, Poseidón, que castigue a Odiseo.

— ¡Cíclope! Si alguno de los mortales hombres te pregunta la causa de tu vergonzosa ceguera, dile que quien te privó del ojo fue Odiseo, el asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Ítaca.
¡Óyeme, Poseidón, que ciñes la tierra, dios de cerúlea cabellera! Si en verdad soy tuyo y tú te glorías de ser mi padre, concédeme que Odiseo, el asolador de ciudades, hijo de Laertes, que tiene su casa en Ítaca, no vuelva nunca a su palacio... o sea tarde y mal, en nave ajena, después de perder todos los compañeros, y encuentre nuevas cuitas en su morada.
Odisea, IX [31]

Desde allí siguieron adelante, con el corazón triste, escapando gustosos de la muerte aunque perdieron algunos compañeros.

Canto X

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La isla de Eolo. El palacio de Circe la hechicera.
Reciben de Eolo un cuero de buey con todos los vientos. Al abrirlo atraen de nuevo el infortunio. Arriban al país de los lestrigones, gigantes antropófagos que devorarán a muchos. Huyen de allí para caer en manos de Circe que los retiene un año. Los libera pero para ir al Inframundo. Desaliento de sus hombres.

En Eolia. El odre de los vientos

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Prosigue Odiseo su relato. Llegan a la isla Eolia, isla natátil [32]​ morada de Eolo Hipótada el guardián de los vientos, que trató de ayudarlos en su viaje a Ítaca entregando a Odiseo un cuero de un buey de nueve años que contenía los soplos de los mugidores vientos:

Y ató dicho pellejo en la cóncava nave con un reluciente hilo de plata, de manera que no saliese ni el menor soplo; enviándome el Céfiro para que, soplando, llevara nuestras naves y a nosotros en ellas.
Odisea, X [33]

Tras nueve días de navegación, con Ítaca ya a la vista, a Odiseo le rindió el dulce sueño. Cundió entonces entre la tripulación la codicia por los presentes que aquél había recibido de Eolo: Muchos y valiosos objetos se ha llevado del botín de Troya; mientras que los demás, con haber hecho el mismo viaje, volveremos a casa con las manos vacías. Sospechando de la bolsa de cuero decidieron abrirla: Ea, veamos pronto lo que son y cuánto oro y plata hay en el cuero. Una desafortunada decisión:

... escapáronse con gran ímpetu todos los vientos. En seguida arrebató las naves una tempestad y llevólas al ponto: ellos lloraban, al verse lejos de la patria... Las naves tornaron a ser llevadas á la isla Eolia por la funesta tempestad que promovió el viento, mientras gemían cuantos me acompañaban.
Odisea, X [33]

Pisan Eolia de nuevo, pero en esta ocasión el recibimiento será muy distinto. Tras contar Odiseo lo sucedido, Eolo los rechaza sin miramiento alguno pues no debe tomar a su cuidado a un varón que se ha hecho odioso a los bienaventurados dioses.

¡Sal de la isla y muy pronto, malvado más que ninguno de los que hoy viven!... Vete noramala;[34]​ pues si viniste ahora, es porque los inmortales te aborrecen.
Odisea, X [33]

Los lestrigones

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Y con ánimo angustiado siguieron adelante remando por su necedad, hasta que al séptimo día de navegación llegan a la isla de los lestrigones. Allí gobierna Antífates con su esposa, alta como la cumbre de un monte, en el palacio de Telépilo de Lamos de la excelsa ciudad de la Lestrigonia. Aquellos gigantes, unos antropófagos que atravesando a los hombres como si fueran peces se los llevaban para celebrar nefando festín, devorarán a casi todos los compañeros de Odiseo.

La hechicera Circe. Exhortación a la nekyia

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Otra vez huyendo, con el corazón triste, llegan a la isla Eea, morada de la hechicera Circe de lindas trenzas y dotada de voz,[35]​ hermana del terrible Eetes.

Formaron dos grupos para explorar la isla, mandados por Odiseo y Euríloco. Éste encuentra el palacio de Circe en un valle. La oyen cantar con voz pulcra,[35]​ ella los llama y todos entran, excepto Euríloco que temía un engaño, como efectivamente sucedió:

Cuando los tuvo dentro, los hizo sentar en sillas y sillones, confeccionó un potaje de queso, harina y miel fresca con vino de Pramnio, y echó en él drogas perniciosas para que los míos olvidaran por completo la tierra patria. Dióselo, bebieron, y, seguidamente, los tocó con una varita y los encerró en pocilgas. Y tenían la cabeza, la voz, las cerdas y el cuerpo como los puercos, pero sus mientes quedaron tan enteras como antes. Así fueron encerrados y todos lloraban; y Circe les echó para comer, fabucos, bellotas y el fruto del cornejo, que es lo que comen los puercos, que se echan en la tierra.
Odisea, X [33]

Avisado por Euríloco, Odiseo se apresta a liberar a sus hombres. Hermes le da un brebaje para evitar los hechizos de Circe y así protegido va en su busca, con el corazón angustiado:

Cuando me hubo introducido, hízome sentar en una silla de argénteos clavos, hermosa, labrada, con un escabel para los pies; y en copa de oro preparóme la mixtura para que bebiese, echando en la misma cierta droga y maquinando en su mente cosas perversas... sin que lograra encantarme, tocóme con la vara mientras me decía estas palabras:
Ve ahora a la pocilga y échate con tus compañeros.
Desenvainé entonces la aguda espada que llevaba cerca del muslo y arremetí contra Circe, como deseando matarla. Ella profirió agudos gritos, se echó al suelo, me abrazó por las rodillas y me dirigió entre sollozos estas aladas palabras:
— ... Hay en tu pecho un ánimo indomable. Eres sin duda aquel Odiseo de multiforme ingenio, de quien me hablaba siempre el Argicida... envaina la espada y vámonos a la cama para que, unidos por el lecho y el amor, crezca entre nosotros la confianza.
Odisea, X [33]

Enamorada de Odiseo, Circe deshace el hechizo a sus hombres, que tornaron a ser hombres, pero más jóvenes aún y mucho más hermosos y más altos. Reunidos todos, allí se quedaron día tras día un año entero y siempre tuvimos en los banquetes carne en abundancia y dulce vino.

Al fin son liberados con precisas instrucciones:

... el soplo del Bóreas conducirá la nave. Y cuando hayas atravesado el Océano y llegues adonde hay una playa estrecha y bosques consagrados a Proserpina y elevados álamos y estériles sauces, detén la nave en el Océano, de profundos remolinos, y encamínate a la tenebrosa morada de Plutón... Eleva después muchas súplicas a las inanes cabezas de los muertos y vota que, en llegando a Ítaca, les sacrificarás en el palacio una vaca no paridera, la mejor que haya, y llenarás la pira de cosas excelentes, en su obsequio; y también que a Tiresias le inmolarás aparte un carnero completamente negro... y te dirá el camino que has de seguir, cuál será su duración y cómo podrás volver á la patria, atravesando el mar en peces abundoso.
Odisea, X [33]

La exhortación de Circe pone a Odiseo ante un panorama desalentador en grado sumo, ya que tendrá que suplicar a las «inanes [36]​ cabezas de los muertos» (νεκύων ἀμενηνὰ κάρηνα, nekýōn amenēnà kárēna), meras sombras que recuerdan quienes fueron pero que ahora carecen de sustancia y vigor alguno en el reino de Hades. Incluso los mayores héroesAquiles, Agamenón, Áyaxson allí puras apariencias que apenas conservan la figura humana. Homero anticipa la nekyia o evocación de los muertos del canto siguiente.

Odiseo lo entendió perfectamente y pone cuidado en advertírselo a sus hombres; ella los deja libres, sí, pero para ir al reino de los muertos, al inframundo:

Creéis sin duda que vamos a casa, a nuestra querida patria tierra; pues bien, Circe nos ha indicado que hemos de hacer un viaje a la morada de Plutón y de la veneranda Proserpina para consultar el alma del tebano Tiresias.
Odisea, X [33]

... Y a todos se les quebraba el corazón y, sentándose allí mismo, lloraban y se mesaban los cabellos. Mas, ningún provecho sacaron de sus lamentaciones.

Canto XI

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La nekyia. Convocación de los muertos.

Cargan las reses y se embarcan muy tristes y vertiendo copiosas lágrimas. La nave, de azulada proa, navega bien merced al viento enviado por Circe, la de lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de voz.[35]

Tras llegar al país de los Cimerios sacrifican varias ovejas tal como les había indicado Circe:

... y al instante se congregaron, saliendo del Érebo, las almas de los fallecidos: mujeres jóvenes, mancebos, ancianos que en otro tiempo padecieron muchos males, tiernas doncellas con el ánimo angustiado por reciente pesar, y muchos varones que habían muerto en la guerra, heridos por broncíneas lanzas, y mostraban ensangrentadas armaduras: agitábanse todas con grandísimo clamoreo...
Odisea, XI [37]

Surgen las almas de Elpénor y Anticlea [38]​ y después la de Tiresias, eximio vate, quien tras beber de la sangre de los animales sacrificados vaticina a Odiseo un difícil pero no imposible regreso a Ítaca:

... aún llegaríais a la patria, después de padecer trabajos, si quisieras contener tu ánimo y el de tus compañeros así que ancles la bien construída embarcación en la isla Trinacria, escapando del violáceo ponto, y halléis paciendo las vacas y las pingües ovejas del sol,[39]​ que todo lo ve y todo lo oye. Si las dejares indemnes, ocupándote tan sólo en preparar tu vuelta, aún llegaríais a Ítaca, después de soportar muchas fatigas; pero, si les causares daño, desde ahora te anuncio la perdición de la nave y la de tus amigos.
Odisea, XI [37]

Después bebe la sangre su madre Anticlea y le habla con aladas palabras: ¡Hijo mío! ¿Cómo has bajado en vida a esta obscuridad tenebrosa?... Le cuenta que Penélope pasa los días y las noches tristemente, llorando sin cesar...; que Telémaco cultiva en paz sus heredades; que su padre se queda en el campo, sin bajar a la ciudad, y no tiene lecho, ni cama, ni mantas, ni colchas espléndidas...; que ella murió...

... por la soledad que de ti sentía y el recuerdo de tus cuidados y de tu ternura, preclaro Ulises...
Odisea, XI [37]

También bebieron la sangre varias mujeres destacadas y algunos combatientes que habían muerto durante la guerra de Troya. El último que aparece es el espectro de Hércules.

Canto XII

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Ulises y las Sirenas en un cuadro de Herbert James Draper.

Las sirenas. Escila y Caribdis. La Isla de Helios. De nuevo en ruta, Odiseo y sus compañeros lograron escapar de las Sirenas, cuyo canto hacía enloquecer a quien las escuchara. Para ello, siguiendo los consejos de Circe, Odiseo ordenó a sus hombres taparse los oídos con cera exceptuándolo a él, que mandó ser atado al mástil. Escaparon también de las peligrosas Caribdis y Escila. Consiguieron llegar a Trinacria (nombre griego de Sicilia), la isla del Sol. Pese a las advertencias de no tocar el ganado de Helios, los compañeros sacrificaron varias reses, lo que provocó la cólera del dios. Al hacerse de nuevo a la mar, Zeus lanzó un rayo que destruyó y hundió la nave, y solo sobrevivió Odiseo, que arribó a la isla de Calipso (lugar donde se encuentra al principio de la historia).

Canto XIII

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Los feacios despiden a Odiseo. Llegada a Ítaca. Cuando el héroe termina de contar su viaje, su regreso al hogar es dispuesto por el rey. Acompañado por navegantes feacios, Odiseo llega a Ítaca. Atenea lo disfraza de vagabundo para que no sea reconocido. Por consejo de la diosa, Odiseo va a pedir ayuda a su porquerizo: Eumeo.

Canto XIV

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Odiseo en la majada de Eumeo. Odiseo no revela su verdadera identidad a Eumeo, quien lo recibe con comida y manta. Se encuentra con la diosa Atenea, y juntos preparan la venganza contra los pretendientes.

Canto XV

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Telémaco regresa a Ítaca. Atenea aconseja al joven Telémaco salir de Esparta y regresar a su hogar. Le advierte que los pretendientes quieren ponerle una trampa para matarlo y le dice que viaje de noche.

Mientras tanto, Eumeo relata su vida y sus orígenes al mendigo, y de cómo llegó al servicio de Odiseo.

Canto XVI

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Odiseo le dice a su hijo (Telémaco) que él es su padre. Gracias a la ayuda de la diosa, Telémaco consigue eludir la trampa que los pretendientes le habían preparado a la entrada de la isla. Una vez en tierra, se dirige por consejo de la diosa a la casa de Eumeo, donde conoce al supuesto mendigo. Cuando Eumeo marcha a casa de Penélope a darle la noticia del regreso de su hijo, Odiseo revela su identidad a Telémaco, asegurándole que en verdad es su padre, a quien no ve desde hace veinte años. Tras un fuerte abrazo, planean la venganza, con la ayuda de Zeus y Atenea.

Canto XVII

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Odiseo mendiga entre los pretendientes. Al día siguiente, Odiseo, de nuevo como mendigo, se dirige a su palacio. Solo es reconocido por su perro Argos, que, ya viejo, fallece frente a su amo. Al pedir comida a los pretendientes, Odiseo es humillado e incluso golpeado por ellos.

Canto XVIII

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Los pretendientes vejan a Odiseo. Aparece un mendigo real, llamado Iro, quien solía pasarse por el palacio. Riéndose de Odiseo, lo reta a una pelea. Los pretendientes aceptan que el ganador se junte a comer con ellos. Le dan dos trozos de pan a Odiseo, que, tras quitarse su manta y dejar ver sus músculos, gana fácilmente al mendigo. A pesar de la victoria, ha de seguir soportando las vejaciones de los orgullosos pretendientes.

Canto XIX

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La criada Euriclea reconoce a Odiseo. Odiseo, ocultando su verdadera identidad, mantiene una larga conversación con Penélope, quien ordena a su criada Euriclea que lo bañe. Euriclea, que fue nodriza del héroe cuando era niño, reconoce una cicatriz que a Odiseo, en su juventud, le hizo un jabalí cuando se encontraba cazando en el monte Parnaso. La esclava, pues, reconoce a su amo, que le hace guardar silencio para no hacer fracasar los planes de venganza.

Canto XX

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La última cena de los pretendientes. Al día siguiente, Odiseo pide una señal, y Zeus lanza un trueno en medio del cielo azul. Este gesto es entendido por uno de los sirvientes como una señal de victoria sobre los pretendientes. Odiseo aprovecha para ver quién es fiel al desaparecido rey y, por tanto, habrá de conservar la vida. Un profeta, amigo de Telémaco, avisa a los pretendientes de que pronto los muros se mancharán con la sangre de ellos. A pesar de que algunos de ellos dan crédito a la profecía y huyen, la gran mayoría de ellos se ríen de ella.

Canto XXI

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El certamen del arco. Aparece Penélope con un arco que Odiseo dejó en casa a su marcha a Troya. Promete a los pretendientes que se casará con aquel que consiga hacer pasar la flecha por los ojos de doce hachas alineadas. Uno tras otro, los pretendientes lo intentan, pero ni siquiera son capaces de tensar el arco. Odiseo pide participar en la prueba, pero los pretendientes se lo deniegan. Tras la insistencia de Telémaco, le es permitido intentarlo. Con suma facilidad, Odiseo tensa el arco y consigue hacer pasar la flecha por los ojos de las hachas, ante el asombro de los presentes. A la señal de su padre, Telémaco se arma, preparándose para la lucha final.

Canto XXII

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La venganza. Antínoo, jefe de los pretendientes, se encuentra bebiendo cuando Odiseo le atraviesa la garganta con una saeta y le da así muerte. Ante las quejas de los demás, Odiseo responde con amenazadoras palabras, y los pretendientes temen por sus vidas. Se inicia la feroz lucha, con los numerosos pretendientes por un lado y Odiseo, su hijo y sus dos fieles criados por otro. Melantio, infiel cabrero de Odiseo, consigue armas, pero gracias a la ayuda de Atenea, todos aquellos que traicionaron a Odiseo van muriendo uno por uno. Las esclavas son colgadas del cuello en el patio del palacio, mientras que Melantio es cortado en pedazos para que se lo coman los leones. Odiseo manda a Euriclea que haga fuego y limpie el patio con azufre. La esclava avisa a las mujeres que fueron fieles al héroe, que llegan y abrazan a su amo.

Canto XXIII

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Penélope reconoce a Odiseo. Después de matar a los pretendientes que se hospedaban en su casa, Odiseo manda a los presentes que vistan sus mejores trajes y bailen, para que el pueblo no sospeche lo ocurrido. Con la ayuda de Euriclea, el héroe se presenta a Penélope. Como el aspecto de Odiseo es distinto al que conocía Penélope, que además está casi convencida de que él ha muerto, el héroe no es reconocido por su esposa. Entonces, Odiseo describe el lecho conyugal, y cómo lo hizo él mismo de un olivo. Penélope, convencida, abraza a su esposo, que le narra sus aventuras. Finalmente le cuenta que aún tendrá que hacer otro viaje antes de terminar su vida en una tranquila vejez.

Canto XXIV

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El pacto. Las almas de los muertos viajan al Hades, donde cuentan lo ocurrido a Agamenón y Aquiles, compañeros del héroe en la expedición de los aqueos a Troya. Odiseo marcha a casa de su padre, Laertes, que se encuentra trabajando en la huerta. El hombre se encuentra envejecido y apenado por la larga ausencia de su hijo. Para ser reconocido, Odiseo le muestra la cicatriz y recuerda los árboles que en su infancia le regaló su padre.

Mientras, los familiares de los pretendientes se juntan en asamblea, y piden venganza por la muerte de los suyos. Odiseo, su hijo y su padre, que se encuentran en la casa de este, aceptan el reto, y da comienzo la lucha. Laertes dispara una lanza que mata al padre de Antínoo. Pero en ese momento cesa la lucha. Interviene la diosa Atenea, que anima a los itacenses a llegar a un pacto, para que juntos vivan en paz durante los años venideros.

Comentarios

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Epítetos y atributos

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Salvo que se advierta otra cosa, la versión de referencia de La Odisea es la traducción en prosa de Luis Segalá y Estalella (1910).[4]

  • dotada de voz

El atributo «dotada de voz» se repite varias veces en el poema, aplicado generalmente a Circe. Hay variantes, «Circe la diosa de voz humana» (Κίρκη θεὰ αὐδήεσσα, Kirke theà audḗessa), que destaca tanto su naturaleza divina (θεὰ, theà) como su poder sobre el lenguaje y la magia. Aunque diosa menor, se la realza por su voz seductora que la dota de más poder.

En un caso se nos dice que oyeron cantar a Circe «con voz pulcra» (Canto X-203). Quienes así se expresan serán transformados muy poco después en puercos por la hechicera. El epíteto apunta aquí hacia el fingimiento y astucia.

En la magia antigua, la voz es el principal vehículo del encantamiento. Circe no sólo usa drogas y una varita sino que canta y habla para hechizar. Por otra parte «dotada de voz» es un recurso poético para decir la que encanta con su voz o la que tiene voz mágica.

Respecto a Penélope leemos «de voz agradable» o «con dulce voz», destacando su poder de tejer un lazo emocional por la persuasión o la seducción. O bien mostrando su voz como un instrumento de astucia y gracia.

Traducciones al español

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Portada de La Odisea de Homero, por Antonio de Gironella, 1851.

Entre las traducciones al español cabe citar a Gonzalo Pérez (1550), Mariano Esparza (1837, en verso),[40]Antonio de Gironella (1851, en verso), Luis Segalá y Estalella (1910), Ángel María Garibay K. (1931), Fernando Gutiérrez González (1951, en hexámetros), José Manuel Pabón y Suárez de Urbina (1982), José Luis Calvo Martínez (1988), Carlos García Gual (2004), Pedro Tapia Zúñiga (2013, en verso) y Marta Alessi (2025, en verso).

La primera traducción al español conocida en ser realizada por una mujer es obra de la cubana Laura Mestre Hevia, la cual se mantiene parcialmente inédita. Recientemente la argentina Marta Alesso preparó una nueva traducción en verso del poema, con un enfoque puesto en el público hispanoparlante latinoamericano.[41]

Impacto cultural de la Odisea

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La repercusión de la Odisea en la cultura occidental se puede ver en las numerosas adaptaciones y versiones que su argumento ha tenido en prosa, verso, teatro, cine, televisión e historieta. Además, ha legado al idioma español los términos odisea y mentor (y términos similares en otros idiomas occidentales).

Literatura
  • La novela Ulises, del irlandés James Joyce, rinde tributo al antiguo poema homérico con un ligero matiz irónico, ya que narra los hechos cotidianos que ocurren en un solo día en la vida de su protagonista.
  • La novela autobiográfica de José Vasconcelos Ulises Criollo,[42]​ que se enfoca en la vida del filósofo durante los tiempos de la Revolución Mexicana y su participación en ella.
  • La novela Adán Buenosayres, de Leopoldo Marechal, es una reescritura del recorrido de Ulises, encarnado por un intelectual y poeta que desanda una Buenos Aires mítica plagada de simbologías y alusiones universales.
  • En la novela La hija de Homero, Robert Graves expone su punto de vista sobre la composición de la Odisea tal como la conocemos.
  • En El viajero perdido, César Mallorquí relata una historia moderna del héroe griego.
  • Marvel Comics publicó una adaptación a la historieta gráfica en la colección Marvel Illustrated.
  • En la novela Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya, de Daniel Mendelsohn se relata un curso universitario de la Odisea entremezclado con el padre del profesor y un crucero por los lugares originales del mar Egeo y Asia Menor.[43]
Música
Cine y televisión
Fotograma del corto de Méliès.
El actor yugoslavo Bekim Fehmiu (1936 - 2010) representó el papel principal en la adaptación televisiva italiana dirigida por Franco Rossi (1919-2000).
Teatro
  • La Odisea. Els Joglars. La compañía dirigida por Albert Boadella hizo su particular versión del clásico que nos ocupa, a partir de la que había hecho para la televisión en 1976. Fue estrenada el 14 de septiembre de 1979 en el Auditorio de Palma de Mallorca, y se representó hasta el 30 de marzo de 1980.

Véase también

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Bibliografía

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Notas y referencias

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  1. a b José_Luis_Calvo_Martínez (Grupo Hermékate, Tradición y pervivencia de la cultura griega): «Odisea (Homero)», Introducción. Colección Letras Universales. Ediciones_Cátedra, Madrid (2015). ISBN 978-84-376-0640-8.
  2. Mētis (Mῆτις) es la personificación tanto de la prudencia como de la perfidia. Zeus y Metis engendraron a Atenea. Por otra parte, como sustantivo significa "astucia" o "sabiduría, habilidad, destreza" en griego antiguo.
  3. Hexámetro dactílico: verso de seis pies métricos, unos dáctilos y otros espondeos. Se llama «espondeo» al pie compuesto en la métrica clásica por dos sílabas largas (en la métrica moderna, por dos sílabas acentuadas).
  4. a b Homero. La Odisea. Traducción y versión en prosa de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  5. a b David García Pérez, Invocar a la Musa: ritualidad y sabiduría en la antigua épica griega. Instituto de Investigaciones Filológicas, Universidad Nacional Autónoma de México. Consultado el 29 de noviembre de 2025.
  6. a b c d e Homero. La Odisea: «CANTO I. Concilio de los Dioses - Exhortación de Atenea a Telémaco. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  7. La lucha entre Odiseo y Polifemo se relata en el «CANTO IX. Relatos a Alcínoo - Ciclopea. Traducción de Luis Segalá y Estalella (vía Wikisource)
  8. Mentes (Μέντης / Méntēs): rey de los tafios (Τάφιοι), habitantes de las islas de Tafos (Τάφος). En tiempos de Eurípides, esas islas eran identificadas con la Equínadas. En el poema homérico, Atenea, haciéndose pasar por Mentes, viejo amigo de Ulises, cuenta a Telémaco que va de viaje a Temesa para obtener cobre.
  9. a b c d e Homero. La Odisea: «CANTO II. Ágora de los Itacenses - Partida de Telémaco. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  10. a b c d Antínoo (Ἀντίνοος, Antínoos, «el que tiene la mente opuesta», «el adversario») es un personaje homérico ficticio que no guarda relación con el Antínoo (110-130) real, favorito del emperador romano Adriano (76-138). Actúa como uno de los pretendientes más alborotadores. Su padre Eupeites o Eupites (Εὐπείθης, eupeizes, «el de fácil obediencia», «el persuasivo»), también es un personaje mitológico griego. En el canto XXII-8 Antínoo muere flechado por Odiseo. Eupeites morirá lanceado por Laertes (canto XXIV-520).
  11. Laertes, ya anciano, es el suegro de Penélope. Era propio de la nuera ocuparse de la mortaja del padre de su marido.
  12. El engaño de Penélope se descubre después de tres años por traición de sus esclavas, según sabemos por la propia esposa de Odiseo. Véase Odisea XIX-123 (vía Wikisource).
  13. Homero concibe al mundo plano, con la Tierra completamente rodeada por el río Océano (Ώκεᾶνός, Ōkeanós) de agua dulce, a modo de «lago hermosísimo» (περικαλλὴς λίμνη, perikalés limné). Al amanecer el sol sale de ese «lago» por el este para volver a él al ocaso, por el oeste.
  14. Véase también el apartado "El sacrificio en la Odisea" del artículo "Sacrificios religiosos de la Antigua Grecia".
  15. «El que sacude la tierra», el «dios de cerúlea cabellera» es Poseidón.
  16. a b c d e f Homero. La Odisea: «CANTO III. Lo de Pilos. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  17. El monte Neyo se identifica con el monte Nirito o Nérito (806 m), la mayor altura de la isla de Ítaca.
  18. Príamo era el rey de Troya durante la guerra de Troya.
  19. a b c d e f g h i Homero. La Odisea: CANTO IV. Lo de Lacedemonia. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  20. flexípedes: plural de «flexípede» (del latín flexipede), «de pies torcidos». Adjetivo poético.
  21. a b c d e f g h Homero. La Odisea: CANTO V. La balsa de Ulises. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  22. El epíteto latino Argicida se corresponde con el griego Argifonte (Ἀργειφόντης), asesino de Argos», el gigante de múltiples ojos Argos Panoptes que Hermes mató por encargo de Zeus.
  23. Se desatan todos los vientos: norte (Bóreas), sur (Noto), este (Euro) y oeste (Céfiro). La tormenta es infernal.
  24. a b c d e f g h Homero. La Odisea: CANTO VI. Llegada de Ulises al país de los feacios. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  25. a b c d e f g h i Homero. La Odisea: CANTO VII. Entrada de Ulises en el palacio de Alcínoo. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  26. a b c d e Homero. La Odisea: CANTO VIII. Presentación de Ulises a los feacios. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  27. Venus, esposa de Vulcano, mantenía una relación adúltera con Marte.
  28. Ciclopea (Κυκλώπεια, Kyklṓpeia): episodio de los Cíclopes.
  29. Laertíada o Laertiada (Λαερτιάδης) significa «el hijo de Laertes», patronímico usado en momentos solemnes.
  30. En este momento del poema sucede algo que conoceremos con posterioridad, en la Ciclopea: Marón, sacerdote de Apolo, y su familia, fueron respetados y se salvaron. Lo agradecieron a Odiseo con unos presentes, entre los que estaba el exquisito vino con el que el aqueo embriagará a Polifemo.
  31. a b c d e f g h i j k Homero. La Odisea: CANTO IX. Relatos a Alcínoo-Ciclopea. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  32. natátil (DLE): que nada o flota en agua. «Isla nanátil», en sentido figurado: isla de ensueño que parece flotar sobre las aguas.
  33. a b c d e f g Homero. La Odisea: «CANTO X. Lo relativo a Eolo, a los Lestrigones y a Circe. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  34. noramala (DLE): aféresis de «en mala hora». De modo semejante, norabuena: «en buena hora» o «enhorabuena». Son adverbios poco usados.
  35. a b c Sobre calificativos en La Odisea relacionados con la voz humana, véase «dotado de voz» en la sección Epítetos y atributos.
  36. inane (DLE), del latín inānis es voz en uso: vano, inútil, insustancial.
  37. a b c Homero. La Odisea: «CANTO XI. Evocación de los muertos. Traducción de Luis Segalá y Estalella. Vía Wikisource.
  38. Anticlea, esposa de Laertes, es la madre de Odiseo.
  39. Son el ganado o rebaño de Helios.
  40. Odisea de Homero o sean Los Trabajos de Ulises: en metro castellano, 1837; Emilio Crespo, Homero (Diccionario histórico de la traducción en España).
  41. Bogado, Fernando (13 de julio de 2025). «Odisea de Clásicos Colihue marca un nuevo hito en la historia de la traducción en Argentina». Página | 12. Consultado el 3 de agosto de 2025. 
  42. José Vasconcelos, Ulises criollo: la vida del autor contada por él mismo. Vía Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Consultado el 20 de noviembre de 2025.
  43. Nueva Revista
  44. Sánchez Galera, José María (26 de octubre de 2022). Una nueva edición de la 'Odisea', una obra que aúna erudición y capacidad divulgativa para públicos amplios. El Debate. Consultado el 28 de octubre de 2022. 
  45. Odisea. Volumen I, Cantos I-IV. CSIC. Octubre 2022. Consultado el 28 de octubre de 2022. 

Enlaces externos

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  • AUTENRIETH, Georg: Diccionario homérico para escuelas e institutos (A Homeric Dictionary for Schools and Colleges). Harper and Brothers. Nueva York. 1891.
    • Texto inglés con índice electrónico en el Proyecto Perseus.
      • Georg Autenrieth (1833 - 1900): filólogo alemán.
        • El título original alemán de la obra es Wörterbuch zu den Homerischen Gedichten (Diccionario de los poemas homéricos), y fue publicada en 1873; la 9.ª ed. es de 1902. La traducción inglesa se publicó por primera vez en 1880.
      • Harper and Brothers: después, de HarperCollins.
L'Odissea, mediometraje italiano de 1911.
Dir.: Francesco Bertolini, Adolfo Padovan y G. De Liguoro.
Ulises: G. De Liguoro. Penélope: Eugenia Tettoni.
Ficha: *L'Odissea en Internet Movie Database (en inglés)