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Batalla de la Poza de Santa Isabel

Batalla de la Poza de Santa Isabel
Parte de la guerra de Independencia española

Reporte de prensa por el centenario donde se muestra el desaparecido cuadro de la rendición del vicealmirante francés Rosily haciendo entrega del sable al jefe de escuadra Apodaca.
Fecha 9 a 14 de junio de 1808[1]
Lugar Bahía de Cádiz, Andalucía, España
Coordenadas 36°37′00″N 6°21′00″O / 36.61666667, -6.35
Resultado Victoria española
Combatientes
Reino de España Primer Imperio francés
Comandantes
Juan Ruiz de Apodaca
Tomás de Morla y Pacheco
Francisco de Saavedra
Juan Joaquín Moreno de Mondragón
Diego de Alvear y Ponce de León
François Étienne de Rosily-Mesros Rendición
Fuerzas en combate
1 navío insignia,[2] 5 navíos de línea[3] y 1 fragata con 496 cañones y 4219 tripulantes[2] apoyados por 12 lanchas bombarderas, 45 cañoneras y numerosas baterías en tierra[4][5] 5 navíos de línea, 1 fragata, 442 cañones y 3739 tripulantes[6]
Bajas
4 muertos, 8 heridos y 10 bombarderas y 5 cañoneras inutilizadas[6] 12 muertos, 51 heridos, 3676 prisioneros, 5 navíos y 1 fragata capturados[6]

La batalla de la Poza de Santa Isabel fue un combate naval ocurrido entre el 9 y 14 de junio de 1808, en la bahía de Cádiz. En ella se enfrentaron la flota francesa del vicealmirante François Étienne de Rosily-Mesros y las fuerzas navales españolas comandadas por el comandante general de la escuadra del Océano, el jefe de escuadra[nota 1] Juan Ruiz de Apodaca, apoyadas por la artillería costera. El resultado fue una de las primeras victorias españolas en la guerra de la Independencia española en la más destacada de las escasas acciones navales de dicho conflicto.

Antecedentes

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Cuatro días después de la batalla de Trafalgar, el 25 de octubre de 1805,[8] el vicealmirante[9] François Étienne de Rosily-Mesros llegó a Cádiz con la orden del emperador Napoleón I de sustituir al vicealmirante Pierre Charles Silvestre de Villeneuve en el mando de la escuadra combinada.[8] Sin embargo, no llegó a tiempo porque Villeneuve se enteró de su relevo y salió del puerto a enfrentarse al vicealmirante Horatio Nelson, sufriendo su gran derrota.

Después de Trafalgar quedaron en la bahía de Cádiz con bandera francesa los navíos de línea Heros, L'Algésiras, Pluton, Argonaute y Neptune y la fragata Cornelie.[10] Fueron pertrechados con los escasos medios del arsenal de La Carraca para volver a la mar lo antes posible, mientras la diezmada escuadra española, con sus tripulaciones en un estado lamentable y sin haber recibido paga durante meses estaba mandada por el jefe de escuadra Juan Ruiz de Apodaca.[2] Los franceses no pudieron abandonar la bahía por tres años debido al bloqueo a cargo de los vicealmirantes Cuthbert Collingwood y John Duckworth, pero fue muy débil al confiarse de la debilidad de la escuadra vencida, permitiendo que el comercio fuera normal.[11] Lo cierto es que desde 1797 hasta 1808, los británicos bloquearon de forma casi permanente Cádiz excepto durante el breve interludio del Tratado de Amiens.[12]

El 30 de octubre de 1805, los británicos tenían veinticuatro navíos y fragatas visibles desde Torre Tavira,[13] pero en diciembre apenas tenían uno a tres navíos, dos fragatas y un bergantín. Para enero de 1806, la fuerza de bloqueo pasó de una fragata a once navíos, dos fragatas y dos buques menores. Un mes después, la escuadra británica volvió a aumentar a doce a catorce navíos y tres fragatas. Durante ese mes, el vicealmirante Rosily asumió el mando de la escuadra francesa secundado por el contraalmirante Antoine Louis de Gourdon.[14] Finalmente, el vicealmirante Collingwood se fue a reforzar el bloqueo de Tolón y dejó una escuadra[11] de diez[15] a doce navíos a cargo de contraalmirante John Child Purvis.[11]

Los barcos franceses fueron reparados rápidamente, sus tripulaciones completadas con los sobrevivientes de los navíos perdidos y avituallados con el exiguo material del arsenal de La Carraca.[16] En cambio, los hispanos estaban mucho más dañados y tomó varios años su reparación.[11] Finalmente, en febrero de 1808, sabedor de las cada vez más tensas relaciones entre españoles y franceses, el vicealmirante Rosily decidió intercalar sus propios barcos con los hispanos para protegerlos, ya que su mayor poder de fuego garantizaba la inactividad de los españoles.[17] Quedaban en el orden siguiente: Neptune (francés), Príncipe de Asturias (español), Héros (francés), San Justo (español), L'Algésiras (francés), Montañés (español), Argonaute (francés), Terrible (español), Plutón (francés), San Fulgencio (español) y San Leandro (español).[18]

En mayo, tras los sucesos de Bayona y el levantamiento de Madrid se encendió una mecha que puso al pueblo local contra sus antiguos aliados. Empezó a haber encontronazos y asesinatos, lo que llevó a Rosily a prohibirles a sus hombres el desembarco en el puerto.

Motín

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A su vez, Francisco María Solano Ortiz de Rozas, II marqués del Socorro, gobernador de Cádiz y capitán general de Andalucía, ordenó a las pequeñas embarcaciones del puerto vigilar a los franceses, reforzar las defensas en la costa e intensificar el patrullaje en las playas.[19] Sin embargo, el 28 de mayo circularon papeles proclamando «¡Bátase, ríndase e incéndiese la escuadra francesa en represalia de nuestros hermanos asesinados por orden de Murat en la Corte!».[20] Los gaditanos estaban molestos porque se seguía sin atacar a los franceses en la ciudad y el 29 de mayo ocurrió un motín en el que se asesinó al marqués acusándolo de afrancesado.[21] En realidad, el marqués temía que todo ataque mal planeado a la escuadra francesa acabara en un desastre y cuando convocó a una junta de oficiales en su casa el día anterior a su muerte (entre los que destacaban el capitán general del departamento, teniente general Juan Joaquín Moreno de Mondragón; el antiguo capitán general de Andalucía y príncipe de Monforte, teniente general Manuel Moncada y Oneto; el anterior capitán general de Andalucía, teniente general Tomás de Morla y Pacheco; el teniente general Manuel Lapeña; el comandante general de la escuadra del Océano, jefe de escuadra Juan Ruiz de Apodaca; el mariscal de campo Juan de Ugalde; Jerónimo Peinado; Narciso de Pedro y Juan del Pozo) todos le apoyaron en sus conclusiones militares.[18]

Emitieron un bando esa misma noche. Decían que era muy aventurado declarar la guerra a Francia, que la tropa disponible apenas era suficiente para guarnecer las posiciones y no querían que milicias de descontrolados asesinasen a ciudadanos extranjeros inocentes. Reconocieron apoyar el movimiento insurrecto, mas querían estar seguros de que la junta formada en Sevilla solo seis días antes representaba a un gobierno legítimo y nacional, no una insurrección efímera, así que enviarían oficiales a esa ciudad y el mariscal de campo Félix Jones haría levas en los pueblos vecinos. A la vez, recordaban que los verdaderos enemigos seguían siendo los ingleses, que bloqueaban el puerto y podían aprovechar el caos para tomar alguna posición. También se lamentaban por la actitud de sus monarcas, que mediante su actitud de entregarse al enemigo habían vuelto inútiles tantos sacrificios.[22]

Pero al mismo tiempo, la junta sevillana, que se había titulado Junta Suprema de España e Indias, presidida por el antiguo secretario de estado Francisco de Saavedra, mandó al conde de Teba, Eugenio Eulalio Palafox Portocarrero, a exigir un ataque inmediato a la flota francesa, lo que exasperó los ánimos populares.[22] El bando se publicó esa noche, pero una multitud obligó al marqués a anunciar una nueva junta de oficiales para la mañana siguiente y atacaba al cónsul francés Le Roy, quien debió refugiarse en el convento San Agustín y luego con la escuadra gala. En esa penumbra Rosily hizo fondear a sus barcos de la mejor forma para atacar a las posiciones españolas y envió botes para reconocer el caño del Trocadero, pero fueron detectados y el gobernador hizo ocupar aquella posición.[23]

A la mañana siguiente una turba exaltada fue a la casa del marqués, protegida por una pequeña guardia militar. La multitud nombró voceros al ex fraile capuchino Pedro Pablo Olaechea y otros dos hombres, quienes entraron a la vivienda a exigirle dejar el mando. Como el gobernador se negó, uno de los negociadores llamó a asaltar el lugar.[24] El joven capitán José de San Martín ordena una salva de advertencia pero de nada sirve, y su tropa es reducida. Luego la masa disparó un cañón del muro de la comandancia contra la puerta, derribándola. En el caos, el gobernador huyó por una terraza, donde intentó agarrarlo Olaechea, pero en el forcejeo el ex fraile cayó a su muerte. Solano se esconde en casa de su amigo, el comerciante irlandés Pedro Strange mientras la multitud destruye su casa y empieza a buscarlo hasta que una criada del comerciante lo delata. Es reducido y llevado a la plaza de los Pozos de las Nieves (actual Argüelles) para ser sentenciado a muerte. Durante el trayecto a la horca en la plaza San Juan de Dios es apuñalado en el estómago por un joven llamado Florentino Ibarra o Pizarro. Otro amigo suyo, Carlos Pignatelli, se abre paso entre la chusma y acaba con su agonía atravesándole el pecho con un sable. Luego el padre Antonio Cabrera convence al populacho de dejar el cuerpo en paz, pero durante la noche se producen saqueos en las casas de amigos del gobernador.[25][26][27]

La Junta Suprema decidió nombrar gobernador a uno de sus miembros, el mariscal de campo Eusebio de Herrera y Rojas, para reconciliarse con las autoridades militares de Cádiz, pero los gaditanos eligieron al teniente general Morla como nuevo gobernador de la ciudad y se le manda usar todos los medios disponibles para destruir o capturar a la escuadra francesa. El 30 de mayo, después de una reunión de autoridades, se mandó separar a los barcos españoles de los galos y prepararlos para el combate aunque oficialmente aún no habían empezado las hostilidades.[28]

Rosily acepta la separación de los barcos pero se niega a entregarse, mientras Morla pide órdenes expresas de Sevilla de atacar a la flota. Esta última quedaba a tiro de fusil desde el fuerte San Luis.[29]

Fuerzas en combate

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Según testimonios de la época,[nota 2] entre octubre de 1805 y marzo de 1806, se refugiaron en la bahía y pasaron en su arsenal para reparaciones los navíos de guerra San Leandro, Montañés, San Justo, Santa Ana, Argonaute, Príncipe de Asturias, Miño, Pluton, L'Algésiras, Castilla, Terrible, San Fulgencio y Héros, las fragatas Flora, Thémis y otras, goletas y bergantines.[31]

El Estado general de la Real Armada afirmaba que en 1808 en el departamento marítimo de Cádiz estaba armados los navíos Santa Ana (114 cañones), Terrible (76), Glorioso (76), Vencedor (76), San Justo (76), España (68), América (68), San Leandro (68) y Castilla (62); y desarmados al Conde de Regla (114), África (76), San Juan Bautista (76), San Gabriel (76), San Fermín (76), Soberano (76), La Ferme (76) y Miño (56).[32] Desafortunadamente, el Estado general menciona erróneamente como estacionados en el departamento marítimo de Ferrol a tres navíos (Príncipe de Asturias, Montañés y San Fulgencio) y una fragata (Flora)[33] que participaron en esta batalla.[34]

Durante el bloqueo británico de Cádiz, solo las fragatas francesas Hermione, Hortense, Rhin y Thémis lograron romper el cerco al mando del capitán Louis-Charles-Auguste Delamarre de Lamellerie el 26 de febrero de 1806.[8] El 18 de diciembre, debido a que Rosily quería zarpar cuanto antes, los franceses intercambiaron al dañado Argonaute por el español Vencedor, en muchas mejores condiciones; ambos navíos también intercambiaron de nombres.[35]

Durante el combate, cuatro navíos de línea británicos se quedaron a cargo de Purvis asegurándose que los franceses no pudieran escapar.[36] Se sabe que entre los navíos británicos que estuvieron bloqueando Cádiz entre 1806 y 1808 estuvieron el Minotaur (74 cañones), el Queen (98), Atlas (74) y el Terrible (74),[37] además de la fragata Chiffonne (38)[38] y el bergantín Delight (18).[39] Sin embargo, no significa que necesariamente sirvieran en el bloqueo al mismo tiempo ni que fueran los únicos buques ingleses involucrados.

Navíos españoles en Cádiz que no participaron del combate:
Rangos según la clasificación de los españoles[40][41] y franceses.[42]
BarcoTipoRangoCañonesNotas
Castilla[43]Navío4.º60[44] a 62[32]Desarmado
Miño[45]Navío4.º54[44] a 56[32]Desarmado
Santa Ana[46]Navío1.º112[47] a 114[32]Carenado
Conde de Regla[48]Navío1.º112Esperando desguace.
Soberano[49]Navío3.º74Esperando desguace.
San Fermín[50]Navío3.º74Esperando desguace.
San Gabriel[51]Navío3.º74Esperando desguace.
San Juan Bautista[52]Navío3.º74Esperando desguace.
África[53]Navío3.º70Esperando desguace.
La Ferme[54]Navío3.º74Esperando desguace.
Glorioso[55]Navío3.º74Esperando reparaciones.
Vencedor[56]Navío3.º74Esperando reparaciones.

Españoles

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José Gella Iturriaga menciona a los navíos de línea Príncipe de Asturias, Terrible, Montañés, San Fulgencio y San Leandro y la fragata Flora.[57] La historiadora española Lourdes Márquez Carmona agrega al navío San Justo entre los buques españoles que combatieron,[2] el cual era el navío español designado para acompañar a los franceses en una hipotética salida de Cádiz y, por lo tanto, el único con su tripulación seleccionada y con todo el armamento y víveres necesarios.[58] Por lo mismo, cuando empezó el combate se encontraba separado de los otros cinco navíos españoles, por lo que se unió a la batalla poco después que los demás empezaran a abrir fuego.[59] Estos buques formaban la Escuadra de Océano, una de las dos fuerzas navales operativas que tenía España en esos momentos.[nota 3]

Cada barco contaba con dos botes de 10 metros de eslora con capacidad para veintiséis hombres (insuficientes para toda la tripulación en caso de naufragio). Además, cada buque contaba con una lancha de fuertes maderas con 11 metros de eslora y 2,8 de manga, útil para desembarcos, transporte de víveres o personal y realizar aguadas, y a la que se podía agregar un cañón de a 24 libras, un obús o pedrero para defenderse si intentaban abordarla y poder maniobrar con sus remos para ubicarse en las aletas o amuras de sus presas. Los seis grandes buques iban acompañados de diez faluchos, una gabarra, una balandra y doce lanchas o botes, todas embarcaciones artilladas, como fuerzas sutiles.[60] Cuando se les sumaron las lanchas del arsenal llegaron a 45 organizadas en tres divisiones.[5]

Las fuerzas sutiles se componían de los faluchos 106, 114, Regla y Colombo, el cañonero 27, el bote N.º 2 y la balandra N.º 2 pertenecientes al Príncipe de Asturias; la lancha N.º 1, los cañoneros N.º 9 y N.º 28 y el bote N.º 3 del Terrible; las lanchas N.º 3, N.º 5 y Luisa y el bote N.º 1 del Montañés; el bote N.º 4, el cañonero N.º 10, la gabarra N.º 5 y la lancha Golondrina del San Fulgencio; los faluchos N.º 108 y N.º 110 del San Leandro; y los faluchos N.º 107, N.º 111, N.º 112 y N.º 113 pertenecientes al departamento militar y que operaban con la fragata.[59]

También estaban los navíos desarmados Castilla y Miño que no pudieron combatir. El primero se había empezado a desarmar en octubre de 1806 por estar en pésimas condiciones para la navegación y su tripulación se había repartido entre otros buques.[61] Por su parte, el segundo se encontraba desarmado desde 1804.[62] El Santa Ana estaba en obras de carenado en el arsenal.[63]

Franceses

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El escuadrón de Rosily se componía de los navíos Neptune, L'Algésiras, Héros, Pluton y Argonaute y la fragata Cornélie;[64] les acompañaba una corbeta-bergantín.[15] Los navíos estaban perfectamente pertrechados en víveres y municiones, mientras que sus contrapartes españolas carecían de suficientes alimentos, uniformes y pólvora y sufrían de constantes atrasos en el pago del salario de sus tripulantes.[2]

Los barcos franceses eran relativamente nuevos, botados pocos años antes de los arsenales franceses y siguiendo el plan de construcción naval de ingeniero Jacques-Noël Sané.[65] En cambio, en promedio los buques españoles eran mucho más antiguos,[66] pues el último navío de línea se había construido en 1798.[67]

Buques involucrados en la batalla:
Rangos según la clasificación de los españoles[40][41] y franceses.[42]
BarcoTipoRangoCañonesNotas
Españoles
Príncipe de Asturias[68]Navío1.º112[2] a 114[33]Buque insignia[2]
Terrible[69]Navío3.º74[2] a 76[32]
San Justo[58]Navío3.º74[2] a 76[32]
Montañés[70]Navío3.º74[2] a 76[33]
San Fulgencio[71]Navío4.º64[2] a 68[33]
San Leandro[72]Navío4.º64[2] a 68[32]
Flora[73]Fragata5.º40[74][33]
Franceses
Neptune[75]Navío1.º80,[15] 92[76] o 94[77]
L'Algésiras[78]Navío1.º74[15] a 86[77][76]
Héros[79]Navío2.º74,[15] 78[77] o 84[76]Buque insignia[80][77]
Pluton[81]Navío2.º74[76][15] a 78[77]
Argonaute[35]Navío2.º74[76][77][15]
Cornélie[82]Fragata4.º42[76][77]

Batalla

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Mapa de Cádiz, hacia 1813.

Morla envió dos mensajeros a los ingleses para establecer una alianza y cesar las hostilidades.[29] El contraalmirante británico Purvis, a las órdenes de Collingwood, se ofreció a entrar con sus buques en la bahía para ayudar en la batalla. Morla, temeroso de que sus tradicionales enemigos generaran un nuevo Gibraltar, se negó diciendo: «esto era algo que debían hacer los españoles». Los ingleses se limitaron a dejar en préstamo una importante cantidad de pólvora y munición a los españoles[26] y quedarse afuera de la bahía asegurando que ningún francés escapara.[83][1]

Se hizo todo lo posible para organizar a los hispanos con los escasos medios del arsenal local. Se instalaron nuevas baterías en el canal del caño del Trocadero y en el Molino de Guerra y se reforzaron las baterías que había en Dolores, Casería de Ossio, Lazareto, San Carlos y Punta Cantera, los fuertes San Luis y Puntales, se arman dos buques para proteger el arsenal y se cierra el saco interno de la bahía con una cadena flotante.[5] Al final se decide desmantelar el San Luis, que tiene solo 3 cañones y 2 morteros, y llevar su batería al castillo de Matagorda, en el Trocadero, que ya tiene otras 3 piezas.[29] Rosily se dio cuenta de esto e intentó retrasar la batalla mediante cartas con las autoridades españolas ya que su única esperanza era la llegada del ejército imperial por tierra o hacerse con el arsenal. Debido a ello mueve sus naves a la Poza de Santa Isabel, una depresión circular de 300 metros de diámetro y 20 de profundidad ubicada en el centro de la bahía, a 500 metros de la playa Casería de San Fernando.[84][85]

El espacio es muy estrecho para el correcto uso de los navíos españoles, así que decide dar prioridad a las cañoneras,[86] que se ubicaron en la entrada de la bahía entre Matagorda y Puntales.[4] Se organizaron como fuerzas sutiles en tres divisiones mandadas por Apodaca. Su plan era ubicarlas en primera línea seguidas por las bombarderas, fuera del alcance de los galos, y aún más atrás los botes auxiliares con tropas y pertrechos listos para abordar o sacar a remolque cualquier buque de la zona que se pudiera. El Príncipe de Asturias y el Terrible darían apoyo a la escuadrilla. También se organizó una serie de banderas para coordinar mediante señales los navíos, baterías y fuerzas sutiles.[5]

El 6 de junio, el presidente Saavedra a través de la Junta de Servilla y en nombre de la nación española declaró la guerra a Napoleón. Morla ordenó los preparativos para el ataque y el 9 de junio envía una advertencia a los franceses instándoles a la rendición incondicional en dos horas o «…soltaré mis fuegos de bombas y balas rasas (que serán rojas si V.E. se obstina)». Rosily se negó a capitular y el ataque empezó con el fuego de las baterías y las cañoneras españolas.[87][88] La lucha comienza a las 16:00 horas. Los galos, bien ubicados, lograron rechazar por cinco horas estos ataques. Dos cañoneras son hundidas y siete seriamente dañadas, sufriendo 4 muertos y 5 heridos. En cambio, los franceses centraron su artillería contra las baterías costeras, especialmente en Punta Cantera, desmontada por L'Algésiras.[89][87]

El 10 de junio en la mañana, Rosily intentó negociar con Morla un permiso para que su escuadra pudiera salir sin ser atacados por españoles ni británicos pero le fue negado.[87][89] Durante la tarde los oficiales franceses se debaten entre atacar La Carraca, mal defendida o no. Temiendo encontrar una fuerte resistencia desisten del plan.[90] Entre tanto, a los españoles se les estaba agotando la pólvora y no era posible un nuevo ataque como el primer día. Se optó por instalar nuevas baterías simuladas y se sumó al combate el navío Argonauta salido de La Carraca, aunque no podía atacar por la falta de pólvora.[91] Para impedir a los franceses tomar ese arsenal se bloqueó su paso varando el navío Miño y la urca Librada[92] o Liberada, cerca de Punta de la Clica.[91]

El 11 de junio Rosily propone entregar su armamento y arriar sus banderas a cambio de permitir a su escuadra salir pacíficamente de la bahía con sus tripulantes, pero de nuevo se le niega.[87] Los españoles deciden instalar 30 cañones de a 36 libras en una batería entre Casería de Osio y Fadricas, se alistan nuevas bombarderas y cañoneras y se amenaza con usar balas rojas al dejarse ver los humos de los hornillos de las baterías.[93]

El 14 de junio se volvió a intimar a la rendición a Rosily, quien ordenó durante la mañana sustituir los pabellones franceses por españoles.[91] Según Morla, la oficialidad gala deseaba resistir hasta el final, pero sus marineros se sublevaron y les obligaron a capitular alrededor de las 20:00 horas.[nota 4] Rosily entregó su espada a Apocada, quien en señal de respeto se la devolvió, aunque el vicealmirante francés quedó prisionero.[95]

Según un documento llamado Noticias pertenecientes á la rendición de la Escuadra Francesa (sic)[nota 5] los españoles capturaron «cinco muy buenos y bien equipados navíos, y una fragata» con 3676 prisioneros, incluyendo al vicealmirante, 442 cañones de a 36 y de a 24 libras, 1651 quintales de pólvora, 1429 fusiles, 1069 bayonetas, 80 esmeriles, 50 carabinas, 505 pistolas, 1096 sables, 425 chuzos, 101 568 balas de fusil, cargas completas para los cañones y cinco meses de provisiones. Además, menciona que basados en los dichos de un oficial galo, los vencidos tuvieron 12 muertos y 51 heridos graves. Respecto de las bajas españolas, se les inutilizaron 10 bombarderas y 5 cañoneras, padeciendo 4 muertos en esas embarcaciones y otro en una torre de La Carraca al que le llegó una bala perdida más 7 heridos.[6]

Esas cifras han sido respetadas generalmente respetadas por los autores posteriores, aunque el historiador naval estadounidense Alfred Mahan elevaba el número de piezas de artillería capturadas a 456 y el de franceses muertos a 13, pero reduce los heridos a 46.[97] Su colega español Miguel Aragón Fontela eleva las bajas españolas a 8 muertos y 26 heridos solamente en la batería de Punta Cantera,[89] pero otros estudios afirman que los españoles tuvieron 12 muertos, 31 heridos, 7 lanchas dañadas y 2 hundidas.[87] La historiadora española Lourdes Márquez Carmona eleva el número de hispanos heridos a 50.[98]

Consecuencias

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Alianza con Londres

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Proclama de Morla:[nota 6]
«La Esquadra Francesa acaba de rendirse á discreción, confiada en la humanidad y generosidad de los Gaditanos» (sic).[100]

Después de la victoria, Saavedra envió una comisión encabezada por Morla a tratar con el gobierno de Londres. Este último, el 4 de julio, emitió una orden de cesar inmediatamente toda hostilidad entre británicos y españoles e iniciar una alianza contra Francia. Como diría el ministro de relaciones exteriores, George Canning: «Ya no recuerdo que la guerra ha existido entre España y Gran Bretaña. Toda nación que resista al exorbitante poder de Francia se convierte inmediatamente, y cualesquiera que hayan sido sus relaciones anteriores con nosotros, en aliado natural de Gran Bretaña».[101] La Junta Suprema procedió a premiar a todos los participantes y ascender a todos los oficiales españoles.[91] En unos días, Cádiz movilizó más de 3000 voluntarios que en poco tiempo aumentaron[102] a 9000 para guarnecer y defender la ciudad.[103]

Prisioneros

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Inicialmente, los oficiales franceses fueron enviados a una embarcación en la bahía usada como cárcel y apodada "pontón", los infantes de marina fueron enviados a Puntales [94] y los marineros al presidio de Cuatro Torres del arsenal La Carraca y los navíos Terrible y San Leandro, pero ante el riesgo de insurrección los navíos desarmados Castilla y Argonauta fueron habilitados como pontones para prisioneros y se trasladó a algunos a la prisión de San Carlos.[104] Los oficiales franceses acabaron en el castillo de San Sebastián después de sufrir numerosas amenazas de muerte de sus antiguos subordinados.[105] De estos, 35 que no eran naturales de Francia se enlistaron en los batallones de marina de la Real Armada. Sin embargo, algunos oficiales galos, como Rosily, fueron liberados bajo juramento de no combatir a los españoles, con la misión de llevar personalmente las noticias de la rendición a Napoleón.

Posteriormente esos pontones se convirtieron en focos de enfermedades al quedar abarrotados con 8242 prisioneros de Bailén. Además, el presidio principal, Cuatro Torres de La Carraca, tenía más 500 presidiarios comunes y 2000 trabajadores.[105] Durante 1809, 1000 franceses fueron enviados a Inglaterra, 1500 a las islas Canarias (800 trasladados en los navíos San Fulgencio y San Lorenzo en su viaje a La Habana) y 5300 a las Baleares, donde 4000 quedaron en la desierta isla de Cabrera en que el hambre los obligó al canibalismo. Al final de la guerra, sólo un 30% de los prisioneros franceses en Cádiz habían logrado sobrevivir.[104] Como parte de la nueva alianza con los británicos, 1188 prisioneros hispanos en sus manos fueron liberados el 13 de julio en Plymouth y enviados de regreso a España.[nota 7] Finalmente, el 14 de enero de 1809, en Londres representantes de ambos países, Apocada por los españoles y el secretario de Estado George Canning por los británicos, acordaron hacer causa común contra el emperador francés.[109]

Respecto de los pontones para prisioneros, el navío Castilla se volvió el pontón flotante Castilla la Vieja, donde se encerró a los oficiales galos. El 22 de febrero de 1810, cuando una barca aljibe venía a suministrar agua al pontón, los prisioneros que ayudaban a subir el agua se amotinaron, redujeron al centinela y lo echaron al agua con los marineros españoles de la barca. Los guardias les dispararon y mataron a uno, pero los otros 35 lograron izar velas y huir al mando del capitán Jean-Baptiste Grivel. Se pasaron entre los barcos mercantes para usarlos como escudo mientras los comerciantes ingleses los alentaban a gritos y agitando sus sombreros. Al salir de la bahía se encontraron con una flotilla mercante escoltada por una lancha cañonera, que ante la sorpresa del encuentro intentó dispararles, pero a su artillero se le olvidó poner un proyectil en el cañón y sólo disparó humo. Se dirigieron a Rota, ocupada por los franceses, quienes les dispararon desde la costa al creerles españoles. Finalmente, desembarcaron y fueron ayudados por sus compatriotas.[110]

El 15 de mayo de ese año, aprovechando los fuertes vientos, los 600 prisioneros que quedaron en el Castilla la Vieja se amotinaron y soltaron las amarras. El pontón encañó entre el castillo de Matagorda y Puerto de Santa María, bajo control francés, frente a la isla del Trocadero. Desde el siguiente amanecer hasta las 16:30 horas son atacados por 2 lanchas bombarderas y 20 cañoneras, comenzando un incendio y provocando que muchos franceses se lanzaran al agua, donde un gran número se ahogó. Desde la orilla sus compatriotas partieron en barcas para rescatarlos y, en un último viaje, asegurarse de quemar definitivamente al navío para que ni españoles ni británicos pudieran recuperarlo.[43]

Legado

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En Cádiz una escuadra
la vimos entregar
a Morla y Apocada,
rendida en tierra y mar.
Rosily, que era el jefe,
le llena de pesar
ver sobre su bandera
la nuestra tremolar.[nota 8]

Los barcos capturados fueron incorporados a la Real Armada, subiendo la moral de los hispanos. Estaban en perfectas condiciones y se sumaron al L'Atlas, navío de línea francés de 74 cañones capturado intacto en Vigo.[112]

Mucho se ha dicho que Trafalgar marcó la decadencia de la Real Armada, pero tres años después y sin contar los buques franceses capturados, seguía siendo el tercer poder naval del mundo con 37 navíos y 24 fragatas.[113] Si bien, es cierto que después de esa batalla muchos de los buques de guerra españoles se quedaron en sus puertos averiados, dañados y faltos de artillería o de dotaciones, es decir, inoperativos.[114] Lo verdaderamente decisivo fue la guerra de independencia, donde se dio prioridad al ejército. La mayoría de los buques fueron desguazados por no poder mantenerlos económicamente y no se volvió a construir ninguno nuevo.[113] Además, los astilleros y otras industrias relacionadas fueron saqueadas y abandonadas, los cañones fueron cedidos al ejército y los marineros, carpinteros de ribera, calafates y otros operarios capacitados para construir y reparar naves fueron reclutados en levas. Durante el conflicto, solo se construyeron las fragatas Cornelia y Carmen, la corbeta Abascal y los bergantines Alerta, Vengador y Voluntario, todos en La Habana o Cavite.[115]

Sin su marina de guerra, a España le fue imposible mantener su imperio ultramarino.[116] La debilidad fue tal que para reforzar a sus ejércitos en Perú, se compraron en 1818 navíos rusos pero causaron polémica por considerarse anticuados, ineficientes e insalubres.[117] Además, en la camarilla real que orquestó la compra no participaron oficiales navales. Cuando trataron de cruzar el océano Atlántico algunos se hundieron, otros tuvieron que volver a Cádiz y otros se amotinaron, causando el fracaso de la expedición.[118]

Notas

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  1. Los mayores rangos en la Real Armada de la época eran capitán general (equivalente a un moderno almirante), teniente general (vicealmirante), jefes de escuadra (contraalmirante), brigadieres (comodoros), capitanes de navío y capitanes de fragata (capitanes).[7]
  2. Antonio de Escaño. "Diario navío Príncipe de Asturias", isla de León, 1 de mayo de 1806.[30]
  3. La otra era la Escuadra del Mediterráneo formada por los navíos operativos Reina María Luisa, Guerrero, San Pablo, San Francisco de Paula, San Ramón y Asia. Tenía su base en Mahón y estaba al mando del jefe de escuadra Cayetano Valdés.[34]
  4. Tomás de Morla, Aviso al Público, Cádiz, 14 de junio de 1808.[94]
  5. Noticias pertenecientes á la rendición de la Escuadra Francesa, sin fecha, lugar ni autor.[96]
  6. Tomás de Morla, Prevenciones del Gobierno del Vecindario de Cádiz, Cádiz, 14 de junio de 1808.[99]
  7. Publicado en la Gazeta de Madrid, n.º 115, 19 de agosto de 1808.[106] Reproduce una noticia del Diario de Granada, n.º 67.[107] Sin embargo, el manuscrito Ms. MN. Div. Relación de los buques de la Armada expresiva del estado de servicio en que se hallan... (Madrid 1 de junio de 1808) eleva ese número a 1500, indicando que un total de 2700 españoles serían liberados ese año.[108]
  8. Canción popular gaditana del siglo XIX.[111]

Referencias

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  1. 1 2 James, 1826, p. 14.
  2. 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 Márquez Carmona, 2011, p. 38.
  3. Gella Iturriaga, 1974, p. 39.
  4. 1 2 Aragón Fontela, 2008, p. 341.
  5. 1 2 3 4 CCOO, 2017, p. 4.
  6. 1 2 3 4 Ximénez Carreño, 1808, p. 97.
  7. Real Armada, 1808, pp. 7-20.
  8. 1 2 3 Aragón Fontela, 2008, p. 331.
  9. Aragón Fontela, 2008, p. 346.
  10. CCOO, 2017, p. 1.
  11. 1 2 3 4 Aragón Fontela, 2008, p. 332.
  12. Brenton, 1825, p. 247.
  13. Quadrado y de Roó, 1852, p. 156.
  14. Quadrado y de Roó, 1852, p. 157.
  15. 1 2 3 4 5 6 7 James, 1826, p. 13.
  16. Aragón Fontela, 2008, p. 331-332.
  17. CCOO, 2017, p. 2.
  18. 1 2 Aragón Fontela, 2008, p. 334.
  19. Aragón Fontela, 2008, pp. 333-334.
  20. Felipe Pigna (2019). José de San Martín en Cádiz, por Felipe de España. El Historiador.
  21. CCOO, 2017, pp. 1-2.
  22. 1 2 Aragón Fontela, 2008, p. 335.
  23. Aragón Fontela, 2008, p. 336.
  24. Aragón Fontela, 2008, pp. 336-337.
  25. Aragón Fontela, 2008, p. 337.
  26. 1 2 CCOO, 2017, p. 3.
  27. Alaniz, Rogelio. La noche que lincharon al amigo de San Martín. El Litoral. Publicado el 09 de abril de 2014. Consultado el 07 de agosto de 2020.
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  30. Quadrado y de Roó, 1852, pp. 147-158.
  31. Quadrado y de Roó, 1852, pp. 155-158.
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Bibliografía

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Véase también

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