Ética protestante del trabajo

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La ética protestante del trabajo, también llamada ética puritana del trabajo en EE. UU.), es un concepto utilizado en Sociología, Economía e Historia, atribuible al trabajo del alemán Max Weber. Se basa en la noción de que el énfasis calvinista en la necesidad de trabajar duro como componente del atractivo y el éxito personal es una señal de la salvación del individuo. Este concepto se apoya en que desde Lutero los protestantes habían reconceptualizado universalmente el trabajo diligente como signo de gracia. Aunque el Catolicismo enseñaba que las buenas obras son necesarias para la salvación (entendida como un acontecimiento futuro), los reformadores predicaron que las buenas obras eran solo una consecuencia de la salvación ya otorgada. Los teólogos calvinistas y luteranos predicaban sin embargo que uno sólo podría ser salvado por la predestinación de Dios. Como es imposible saber si una persona está predestinada (alguien podría no ser recompensado en vida con la "gracia de la perseverancia") discernimos que una persona fue electa o predestinada observando su estilo de vida. Esto convierte al trabajo duro y la frugalidad en dos consecuencias de ser elegido (predestinado). Es la razón por la que a los protestantes les atraían estas cualidades, señales de la salvación a la que se creían predestinados.

Historia[editar]

El término fue por primera vez utilizado por Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo (1905). La ética protestante del trabajo es citada como ayuda para entender las sociedades del norte de Europa y otros países donde el protestantismo se extendió (por ejemplo, los países escandinavos, Holanda, Alemania, Suiza, el Reino Unido, Canadá y los Estados Unidos de América). En dichas sociedades se observan por parte de algunos autores una prosperidad de las naciones. Dichos observadores dirían que el pueblo en países de raigambre protestante tiende a centrarse más en prácticas efectivas de trabajo en comparación con los países católicos (por ejemplo los países latinoamericanos, Portugal, España, Italia, Irlanda y Francia), donde, según ellos argumentan, las personas tienen una actitud más laxa hacia el trabajo.

Críticas[editar]

El concepto de ética protestante del trabajo olvida la prosperidad del antiguo estado italiano de Lombardía, así como de las ciudades-estado de Génova y Venecia, que eran las regiones más prósperas e influyentes de Europa durante el Renacimiento. Asimismo olvida el papel de Austria como serio rival de Prusia (aunque menos belicosa y con más recursos que ésta), y que en la Guerra de los Treinta Años la supremacía que soportaba la causa contra la católica Austria fue la también católica Francia, que era de lejos el estado más poderoso en Europa en el siglo XVII, hasta que Luis XIV arruinó el país con una sucesión interminable de guerras.

Además, en la actualidad el ejemplo del lejano oriente nos muestra que un país puede ser próspero en términos relativos y absolutos sin tener un ápice de sustrato cristiano, lo que rebate el argumento de que una ética estricta del trabajo pueda ser un valor exclusivamente protestante. Aunque Japón es el ejemplo más claro de ello también podemos citar a Taiwán, Hong Kong, Singapur y la República Popular China tras el mandato de Deng Xiaoping. Estos países han contrapuesto en tiempos recientes el concepto de ética confuciana del trabajo al de la ética protestante o al menos han importado o adoptado valores similares sin el apoyo del Protestantismo.

El desarrollo avanzado del capitalismo en naciones o regiones católicas como el norte de Italia o de España, Baviera, Renania, y Francia (y no hablemos del desarrollo de los estados no cristianos en el extremo oriental y sudoriental de Asia), se cita frecuentemente como contraargumento de los factores geográficos, políticos y otros factores seculares que condujeron al primer desarrollo capitalista acaecido en Europa. Se argumenta que la causa principal habría sido el fortalecimiento del derecho de propiedad y la reducción de los costes comerciales con el declive y monetarización del feudalismo, o incluso el incremento de los salarios reales que tuvo lugar tras la epidemia de la peste bubónica.

Entre los críticos modernos del concepto de ética protestante del trabajo tenemos por un lado a quienes pretenden hacer una deconstrucción de la teoría y por otro a los anarquistas, que rechazan que el trabajo sea un bien universal, algo divino o persiga un fin noble per se. Escritores como Henry David Thoreau y Samuel Johnson han fundado grupos críticos modernos que entre otras cosas critican esta teoría como el que se agrupa en torno a la revista británica The Idler.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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