Meritocracia

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La meritocracia (proveniente del latín merĭtum ‘debida recompensa’, a su vez de mereri ‘ganar, merecer’; y el sufijo -cracia del griego krátos, o κράτος en griego, ‘poder, fuerza’)[1][2][3][4][5]​ es una forma de gobierno basada en el mérito (los mejores), y en términos más generales, se refiere a la "supuesta discriminación" positiva por méritos. Las posiciones jerárquicas son conquistadas con base en el mérito, y hay un predominio de valores asociados a la capacidad individual o al espíritu competitivo, tales como, por ejemplo, la excelencia en educación o deportes.

Un modelo meritocrático es un principio o ideal de organización social que tiende a promover a los individuos en los diferentes cuerpos sociales: escuela, universidad, instituciones civiles o militares, mundo del trabajo, administraciones, estado, etc. según su mérito (aptitud, trabajo, esfuerzo, habilidades, inteligencia, virtud) y no según su origen social (sistema de clases), riqueza (reproducción social) o relaciones individuales (sistema de "amiguismo").

Por extensión, «meritocracia» hace referencia a la selección social o jerarquización social por la valoración de un tipo de méritos (meritaje) para el desempeño de puestos de gobierno, laborales, económicos y sociales.[6][7]

Orígenes y definición[editar]

Los primeros indicios de este mecanismo se remontan a la antigüedad, en China. Confucio y Han Fei son dos pensadores que propusieron un sistema próximo al meritocrático. También pueden ser citados Gengis Kan y Napoleón Bonaparte; cada cual utilizó en su vida y en la política de sus estados elementos de la meritocracia. La república ideal de Platón es otro claro ejemplo de meritocracia.

La palabra meritocracia quizá aparezca por primera vez en el libro Rise of the meritocracy, de Michael Young (1958). Allí se la cargaba de contenido negativo, ya que la historia trataba de una sociedad futura en la cual la posición social de una persona era determinada por el coeficiente intelectual y el esfuerzo. Young utilizó la palabra mérito en un sentido peyorativo, diferente al común o aquel usado por los defensores de la meritocracia. Para estos, mérito significaría habilidad, inteligencia y esfuerzo (una crítica común a la meritocracia es la ausencia de una medida específica de esos valores y la arbitrariedad de las elecciones).[8]

El principal argumento a favor de la meritocracia es que proporciona mayor eficiencia que otros sistemas jerárquicos, dado que las distinciones no se hacen por sexo o raza ni por riqueza o posición social, entre otros factores biológicos o culturales. El mérito del esfuerzo individual se entiende como un criterio más justo que otros para la distribución de los premios y las ventajas sociales asociadas.

Conforme a lo que el sufijo -cracia indica, la meritocracia es, estrictamente hablando, un sistema de gobierno basado en la habilidad (mérito) en vez de la riqueza o posición social. En este contexto, mérito significa básicamente ‘inteligencia‘ y ‘esfuerzo’, Mientras que la palabra meritocracia es ahora muy usada para describir un tipo de sociedad donde la riqueza, los ingresos y la clase social son designados por competición, asumiéndose que los vencedores merecen tales ventajas. Consecuentemente, la palabra adquirió una connotación de darwinismo social; se usa para describir sociedades agresivamente competitivas, con grandes diferencias de ingresos y riqueza, en contraste con las sociedades igualitarias.

Gobiernos y organismos meritocráticos enfatizan el talento, la educación formal y la competencia, en lugar de las diferencias existentes como clase social, etnia o sexo. En la práctica, las investigaciones sobre movilidad social indican que todos estos criterios supuestamente neutros favorecen a los hijos de los que ya son privilegiados de algún modo.

En una democracia representativa, donde el poder estaría en las manos de los representantes electos, los elementos meritocráticos se incluyen en el uso de consultores especializados para ayudar a la formulación de políticas y en un servicio civil meritocrático para implementar dichas consultorías. El problema perenne de la defensa meritocrática es definir en forma precisa qué se entiende por mérito.

Estados meritocráticos[editar]

La meritocracia está asociada, por ejemplo, al estado burocrático, siendo la forma por la cual los funcionarios estatales son seleccionados para sus puestos de acuerdo con su capacidad (a través de concursos, por ejemplo). O también más comúnmente asociado a los exámenes de ingreso o evaluación en las escuelas, en las cuales no hay discriminación entre los alumnos en cuanto a las preguntas o temas propuestos. Así, la meritocracia también indica posiciones conseguidas por mérito personal.

Aunque la mayoría de los gobiernos están basados en parte en la meritocracia, esta no se expresa de forma pura en ningún lugar. Gobiernos como el de Singapur o el de Finlandia utilizan estándares meritocráticos para la elección de autoridades, aunque mezclados con otros. Un modelo próximo a la meritocracia puede ser la jerarquía militar, en la cual teóricamente los puestos se obtienen por adecuación a ciertos valores.

En Ecuador fue creado el Instituto Nacional de la Meritocracia, adscrito al Ministerio de Relaciones Laborales.[9]

China imperial y meritocracia[editar]

En la China antigua existía un sistema de exámenes imperiales para el reclutamiento de los mandarines. Los estudiantes eran preparados a través del estudio obligatorio de obras clásicas de las cuales las más antiguas se atribuyen a Confucio (551 - 479 aC), maestro de los letrados, que privilegió la enseñanza y los ritos para la formación del "hombre bueno" destinado a servir al Estado. El método, utilizado por ejemplo en la Academia Hanlin, era meritocrático en principio: consistía en la selección de "talentos" más bien por el esfuerzo personal que por el origen social de los candidatos.[10]​ Este sistema, generalizado en el siglo XIV bajo la dinastía Ming para luchar contra la aristocracia, fue abolido en 1905, hacia el final de los Qing. Algunos investigadores sostienen que el método habría inspirado directamente la introducción de "los procedimientos psicológicos para la selección y evaluación de los funcionarios en Inglaterra y otros países europeos".[11]

En Francia, el reclutamiento por competencia en el servicio público y las grands écoles se inspira en el sistema de exámenes imperiales, traídos de China por los jesuitas, que lo habían adoptado en sus escuelas.[12]​ De 1704 a 1711, Voltaire fue estudiante en los Jesuitas, en el colegio Louis-le-Grand. Escribió en 1770: "la mente del hombre no puede imaginar un gobierno mejor que el de China, donde todos los poderes están en manos de una burocracia cuyos miembros han sido admitidos después de exámenes muy difíciles"; "China es un país que premia la virtud y alienta el mérito: un campesino honesto y pobre se hace mandarín".

Para Murat Lama, autor de Lee Kuan Yew, Singapur y el renacimiento de China (2016), es a través de su compromiso con la meritocracia mandarina como Voltaire ha influido más en la revolución francesa.[13]​ En 1794, el Conservatorio Nacional de Artes y Oficios, la Escuela Normal y la Escuela Politécnica, creada por la Convención, se abrieron para "reclutamiento competitivo sobre la base del mérito individual". Para estar "en línea con el ideal republicano".

Benjamin Elman, profesor de historia de Asia del Este, inspirado en el análisis de Bourdieu y Passeron, comenta sobre la meritocracia imperial china, como lo han hecho los sociólogos para el período contemporáneo: "[ella ] fue también la fuente de profundas desigualdades sociales.[14]

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Young, Michael: El Triunfo de la meritocracia 1870-2033: ensayo sobre la educación y la igualdad. Tecnos, 1964. 204 p.

Referencias[editar]

  1. Anders, Valentin. «MERITOCRACIA». etimologias.dechile.net. Consultado el 23 de mayo de 2017. 
  2. Anders, Valentin. «MÉRITO». etimologias.dechile.net. Consultado el 23 de mayo de 2017. 
  3. Anders, Valentin. «CRACIA». etimologias.dechile.net. Consultado el 23 de mayo de 2017. 
  4. Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española (2014). «mérito». Diccionario de la lengua española (23.ª edición). Madrid: Espasa. ISBN 978-84-670-4189-7. 
  5. «merit - definition of merit in English | Oxford Dictionaries». Oxford Dictionaries | English. Consultado el 23 de mayo de 2017. 
  6. “Nuestro sistema universitario ha perdido su capacidad emancipatoria”. Entrevista a Emmanuel Todd, Sin permiso, 11/11/2017
  7. Cinco argumentos contra la meritocracia, ciperchile, 7/6/2013
  8. Young, Michael: El Triunfo de la meritocracia 1870-2033: ensayo sobre la educación y la igualdad. Tecnos, 1964. 204 p.
  9. «MINISTERIO DEL TRABAJO ASUME COMPETENCIAS DEL EX INSTITUTO NACIONAL DE LA MERITOCRACIA – Ministerio del Trabajo». www.trabajo.gob.ec. Consultado el 23 de mayo de 2017. 
  10. «La méritocratie, une affaire aristocratique» (en francés). Consultado el 23 de enero de 2018. 
  11. «La méritocratie, une affaire aristocratique» (en francés). Consultado el 23 de enero de 2018. 
  12. Jean-Pierre Duteil, Le Mandat du ciel : le rôle des jésuites en Chine, de la mort de François-Xavier à la dissolution de la Compagnie de Jésus, 1552-1774, Paris, Arguments, 1994. 
  13. Murat Lama, Lee Kuan Yew, Singapour et le renouveau de la Chine, Manitoba, mai 2016, 368 p. 
  14. Benjamin A. Elman, Civil Examinations and Meritocracy in Late Imperial China, Harvard University Press, novembre 2013. 

Enlaces externos[editar]