Terremotos de Santa Marta

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Terremoto de Guatemala de 1773
Epicentro aproximado del terremoto.
Fecha 29 de julio de 1773, ~15:00 h.
Magnitud 7,5 Mi[1] MW
Coordenadas del epicentro ~14°34′N 90°44′O / 14.567, -90.733
Consecuencias
Zonas afectadas Antigua Guatemala
Víctimas 500 - 600 fallecidos[1]
Las ruinas ocasionadas por el terremoto son atractivos turísticos en Antigua Guatemala, como estas de la Iglesia y convento de La Merced.

Se denominan como terremotos de Santa Marta a una serie de fuertes sismos que destruyeron la ciudad de Santiago de los Caballeros, actual Antigua Guatemala, en el año de 1773.

Acontecimientos[editar]

El 29 de julio de 1773, día de la festividad de Santa Marta de Betania, ocurrió un fuerte sismo en la localidad alrededor de las tres de la tarde.[2] Una hora después fue seguido de un violento terremoto que duró alrededor de un minuto,[3] en medio de una tenaz lluvia que azotaba el lugar. La sacudida ocasionó el destrozo de las edificaciones religiosas, gubernamentales y privadas, así como rompió acueductos y provocó la escasez de alimentos, pues los nativos, que abastecían a la población, habían huido a los montes.

Los daños abarcaron hasta el actual territorio de El Salvador, ya que las iglesias de Caluco, Tacuba e Izalco resultaron destruidas.[4] De acuerdo a los testimonios, el terremoto había sido tan fuerte que «el agua saltaba de las fuentes y las campanas tañían solas en las torres antes de desplomarse pesadamente al suelo».[5]

Justo en los días dos y cuatro de agosto, fueron celebradas «Juntas Generales» presididas por el Gobernador Martín de Mayorga y adonde se hicieron presentes las autoridades locales, entre ellas el Arzobispo Pedro Cortés y Larraz, miembros del Ayuntamiento y representantes de las órdenes religiosas que allí residían. En la reunión se decidió informar al Rey Carlos III y al Consejo de Indias sobre los destrozos y el eventual traslado al vecino valle de La Ermita, sitio que no estaba cercano a volcanes, circunstancia a la que se atribuía los temblores.[2] Aunque la mayoría se inclinaba por la mudanza, hubo quienes se mostraban en contra debido al elevado costo del transporte. Importante fue el informe del maestro mayor de obras Bernardo Ramírez quien declaró que los edificios eran inhabitables y que una demolición de las ruinas sería oneroso.[2] Similar opinión era compartida por el franciscano Fray Francisco Gutiérrez.

El bando que optaba por quedarse en la urbe era conocido como los «terronistas», y estaba conformado por el Arzobispo y el clero en general, los criollos adinerados y miembros del Ayuntamiento, puesto que se verían obligados a abandonar sus posesiones, rentas y capellanías. A ellos se sumaban los artesanos que desampararían sus talleres. Por el otro lado se encontraban los «traslacionistas», que era conformado por el mismo Mayorga, funcionarios recién llegados de España y los pobladores de quienes los «terronistas» dependían, ya que la mudanza favorecería la liberación de sus deudas y los gravámenes a que estaban sujetos. De hecho, la polémica enfrentó a la Iglesia católica y el Estado, a tal punto que el Arzobispo amenazó con excomunión a los traslacionistas, quienes rebatían que los terronistas actuaban en contra de la voluntad del rey.[5] La mayoría de la población, aunque no ignoraba el debate, no podía expresar su punto de vista ante la virtual imposibilidad de declarar su opinión.[2]

El 13 de diciembre dos fuertes sismos sobrevinieron en la zona,[6] desatando un nuevo enjambre sísmico, lo que reforzó la posición de quienes preferían la mudanza. En enero de 1774 el Concejo de Indias se pronunció sobre el traslado interino hacia La Ermita. Bajo la administración de Matías de Gálvez, entre 1779 y 1783, se dio por resuelto el desalojo. Gálvez estipuló la demolición total de los edificios en pie, órdenes que no fueron cumplidas del todo.[2]

Referencias[editar]