Sancho Panza

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Ilustración realizada por Gustave Doré. Sancho (izda.) y Don Quijote (dcha.)

Sancho Panza es uno de los personajes ficticios en la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra.

Don Quijote, personaje principal, es un caballero que decide salir en busca de aventuras. La tradición manda que todo caballero andante tenga un escudero, así que convence a "un labrador vecino suyo, hombre de bien [Ð...], pero de muy poca sal en la mollera" para tal cometido (Primera parte, capítulo VII). Sancho Panza, a diferencia de su señor, es un hombre realista y práctico que lo seguirá fielmente en un jumento, a pesar de que no entiende sus idealismos. Mientras Don Quijote se dedica a deshacer imaginarios entuertos en su camino; Sancho, sencillo y bonachón, tratará de disuadirle para que no se meta en complicaciones.

Sabiduría popular[editar]

Estatua de Sancho Panza en Madrid (L. Coullaut, 1930).

El refranero representa el bagaje cultural popular acumulado a través de los siglos. Tradicionalmente, el campesino ha recurrido a los refranes como manera de solventar las limitaciones culturales y lingüísticas, típicas de épocas pasadas. Los dichos populares le permitían manifestar su parecer y justificar su modo de obrar de forma rápida y sencilla; pues conseguía resumir todo su pensamiento en una frase que sabiamente lo expresaba mejor y más eficazmente. Sancho es reflejo literario de esa costumbre, y a lo largo de la obra presentará multitud de dichos populares que la ejemplificarán.

Don Quijote, por el contrario, hombre culto, se enredará muchas veces en sus pensamientos, haciéndoselos incomprensibles a Sancho; quien, por su parte, recurrirá a los refranes para compensar su ignorancia en muchos temas. Algunos ejemplos son:

  • Donde una puerta se cierra otra se abre
  • No con quien naces, sino con quien paces
  • De noche todos los gatos son pardos
  • Ándeme yo caliente, ríase la gente
  • Cuando a Roma fueres, haz como vieres
Don Quijote y Sancho Panza

A tantos refranes recurría Sancho, que Don Quijote terminó por decirle:


"–No más refranes, Sancho, pues cualquiera de los que has dicho basta para dar a entender tu pensamiento; y muchas veces te he aconsejado que no seas tan pródigo en refranes y que te vayas a la mano en decirlos; pero paréceme que es predicar en desierto, y "castígame mi madre, y yo trómpogelas".

–Paréceme –respondió Sancho– que vuesa merced es como lo que dicen: "Dijo la sartén a la caldera: Quítate allá ojinegra". Estáme reprehendiendo que no diga yo refranes, y ensártalos vuesa merced de dos en dos.

–Mira, Sancho –respondió don Quijote–: yo traigo los refranes a propósito, y vienen cuando los digo como anillo en el dedo; pero tráeslos tan por los cabellos, que los arrastras, y no los guías; y si no me acuerdo mal, otra vez te he dicho que los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios; y el refrán que no viene a propósito, antes es disparate que sentencia. Pero dejémonos desto, y, pues ya viene la noche, retirémonos del camino real algún trecho, donde pasaremos esta noche, y Dios sabe lo que será mañana." (Segunda parte, capítulo LXVII).

Gobernador[editar]

Al comenzar la segunda parte del libro, la Ínsula de Barataria, prometida por Don Quijote a Sancho, es concedida por un Duque, pero Sancho no tarda en desistir de ese oficio debido a que no sirve para él. Las jugarretas que le proporcionaron colaboraron a esto, ya que todo se trataba de una burla por parte del duque y la duquesa.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]