Quema de libros

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En 1933, los nazis quemaron muchos libros de autores judíos y otros considerados antialemanes en la biblioteca del Institut für Sexualwissenschaft de Berlín.

La quema de libros es la práctica, generalmente promovida por autoridades políticas o religiosas, de destruir libros u otro material escrito; está vinculada al fanatismo ideológico y suele acompañar a muchos conflictos bélicos. La práctica generalmente es pública y está motivada por objeciones morales, políticas o religiosas, al material publicado. En tiempos modernos, otras formas de almacenamiento de información, como grabaciones, discos de vinilo, CD, videocasetes y páginas de internet, se han incluido dentro de esta práctica.

Introducción[editar]

Mucha gente considera la práctica de quema de libros como algo ofensivo por diferentes razones: para algunos, es una forma de censura que los líderes políticos o religiosos aplican contra aquéllos que se oponen a sus ideas. El ejemplo más famoso fue el de la quema de libros durante el régimen de Hitler en la Alemania nazi acaecido en la Bebelplatz de Berlín, el 10 de mayo de 1933. Aquéllos que se oponen a la quema de libros generalmente comparan este hecho con lo ocurrido durante el gobierno de los nazis.

Para otros, la quema pública de libros significa una publicidad gratuita cuyo efecto es atraer la atención sobre libros que de otra manera quizá no habrían llegado a conocerse ampliamente. Por eso algunas autoridades prefieren la destrucción privada de los libros.

La actual tendencia de las comunicaciones y archivos digitales ha dado como resultado catálogos de trabajos escritos que son almacenados en medios digitales. Cuando estos trabajos son borrados a propósito para purgarlos se puede pensar en una forma de quema de libros digital. En la actualidad la expresión quema de libros se asocia con la censura masiva de una publicación, ante la imposibilidad de sistemáticamente eliminar información en la era digital.

Hitos en la historia de la quema de libros[editar]

Detalle de Santo Domingo y los albigenses, de Pedro Berruguete, en el que se muestra el milagro según el cual los escritos del santo saltan de la hoguera salvándose de las llamas de la ordalía, mientras se consumen los escritos de los albigenses.

La quema de libros y la destrucción de bibliotecas tiene una larga historia y pertenece a los lamentables capítulos de la censura, el fanatismo, la guerra y la estulticia. Estos son algunos de los sucesos documentados:

  • La quema de libros y asesinato de académicos en la China de Qin Shi Huang en el año 212 a. C.; muchos intelectuales que desobedecieron la orden fueron enterrados vivos.
  • Los libros de alquimia de la enciclopedia de Alejandría fueron quemados en 292 por el emperador Diocleciano.
  • En el año 367, Atanasio, el obispo rebelde de Alejandría, emitió una carta de pascua en la cual exigía que los monjes egipcios destruyeran todos aquellos escritos inaceptables, excepto aquellos que él particularmente etiquetó como aceptables y canónicos. Esa lista es lo que actualmente constituye el Nuevo Testamento. Los textos heréticos no aparecieron como palimpsestos, borrados o sobrescritos como los textos paganos; de esta manera muchos textos de principios de la era cristiana se perdieron como si estos hubieran sido públicamente quemados. El Evangelio de Judas recientemente redescubierto en Egipto, fue un libro que se perdió mediante esta práctica de destrucción privada de información.[cita requerida]
  • A finales del siglo XV se produjo en Florencia una importante quema de libros y obras artísticas de considerable valor, considerados todos ellos inmorales, en la llamada "Hoguera de las vanidades", promovida por Girolamo Savonarola.
Quema de los ídolos y códices mayas por Fray Diego de Landa. Mural del pintor yucateco Fernando Castro Pacheco.

"Hallámosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían cosa en que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, (...)"

Diego de Landa
  • A comienzos del siglo XVI, los andalusíes de la península ibérica tenían la obligación de entregar a las autoridades castellanas los libros escritos en árabe, siéndoles devueltos los que versaran sobre medicina, filosofía o historia, y quemados los demás.[1]
  • La quema de libros de autores judíos durante el régimen nazi, desde 1930 hasta 1945 en Alemania.
  • Declaraciones hechas por John Lennon en 1966 acerca de que los Beatles "eran más populares que Jesucristo" ("We're more popular than Jesus now") fueron mal interpretadas, lo que ocasionó que muchas personas que residían en el "Cinturón Bíblico" o "Bible Belt" en Estados Unidos se dieran a la tarea de quemar sus discos en señal de protesta a la declaración antes citada.
  • En Chile después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973 los militares chilenos requisaron y quemaron miles de libros de política, aunque en febrero de 1987 el Ministerio del Interior chileno solo admitió haber quemado 15.000 copias de Las aventuras de Miguel Littín clandestino en Chile, de Gabriel García Márquez, el 28 de noviembre de 1986 en Valparaíso bajo órdenes del dictador Augusto Pinochet.
  • El 29 de abril de 1976, Luciano Benjamín Menéndez, jefe del III Cuerpo de Ejército a cargo del proceso de reorganización Nacional (Golpe de Estado Argentino) con asiento en Córdoba, ordenó una quema colectiva de libros, entre los que se hallaban obras de Proust, García Márquez, Cortázar, Neruda, Vargas Llosa, Saint-Exupéry, Galeano... Dijo que lo hacía "a fin de que no quede ninguna parte de estos libros, folletos, revistas... para que con este material no se siga engañando a nuestros hijos". Y agregó: "De la misma manera que destruimos por el fuego la documentación perniciosa que afecta al intelecto y nuestra manera de ser cristiana, serán destruidos los enemigos del alma argentina". (Diario La Opinión, 30 de abril de 1976).[cita requerida]

La quema de libros en Bebelplatz del 10 de mayo de 1933[editar]

Poco tiempo después de la toma de poder de los Nacionalsocialistas en 1933 se inició en marzo una campaña denominada "Aktion wider den undeutschen Geist" liderada por la Nationasozialistischer Deutscher Studentenbund (Unión Estudiantil Nacionalsocialista) en contra de los escritores judíos, marxistas y pacifistas cuyas obras se considerasen de espíritu anti-alemán. Las persecuciones alcanzaron su climax el 10 de mayo del mismo año con una quema de libros previamente metódicamente organizada por estudiantes de la Unión Estudiantil Nacionalsocialista. Ésta tuvo lugar en la Opernplatz delante de la Universidad Humboldt y fue el evento que activó una reacción en cadena de quema de libros en 21 universidades alemanas. En ellas tanto estudiantes miembros de la Unión Estudiantil Nacionalsocialista como docentes y representantes de los órganos nazis arrojaron al fuego los libros de los autores censurados.

Lista de libros quemados en 1933[editar]

Como guía de selección de libros a quemar sirvieron las denominadas "listas negras" escritas por el bibliotecario berlinés, el Dr. Wolfgang Herrmann. Las listas estaban divididas en seis categorías:

  • Bellas Letras (inicialmente 71, luego 127 autores y 4 antologías)
  • Historia (51 autores y 4 antologías)
  • Artes (8 obras y 5 monografías)
  • Política (121 nombres y 5 obras sin autor)
  • Historia literaria (9 nombres de autores)
  • Religión, filosofía y pedagogía

Bellas Letras (autores)[editar]

En la literatura[editar]

Citas[editar]

  • El escritor Heinrich Heine escribió en 1821 “Ahí donde se queman libros se acaba quemando también seres humanos”.."— Dort, wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen (en su tragedia Almansor).
  • Sigmund Freud, al enterarse que libros suyos habían sido quemados exclamó: «¡Cuanto ha avanzado el mundo: en la edad media me habrían quemado a mí!»

Curiosidades[editar]

  • En Chile circula una leyenda urbana sobre militares pinochetistas, que buscando libros de carácter marxista, encontraron en la biblioteca de la casa de Pablo Neruda en Santiago libros sobre cubismo y creyendo que estaban relacionados con la Cuba castrista los quemaron todos por error.[2]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Lucien X. Polastron, 2007, Libros en Llamas: Historia de la interminable destrucción de bibliotecas, Libraria, ISBN 968-16-8398-6.