Almanzor

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Almanzor
Algeciras Almanzor.jpg
Estatua de Almanzor colocada en Algeciras en verano de 2002, en conmemoración de los mil años de su fallecimiento.
Nombre Abu ʿAmir Muhammad ben Abi ʿAmir al-Maʿafirí
أبو عامر محمد بن أبي عامر ابن عبد الله المعافري
Nacimiento ¿939?
Torrox, Algeciras
Fallecimiento 9 de agosto de 1002
Medinaceli
Residencia Medina Alzahira
Ocupación Político y militar
Años activo 967-1002
Título «El Victorioso»
Predecesor Yafar al-Mushafi
Sucesor Abd al-Malik al-Muzaffar
Creencias religiosas Musulmán suní

Abu ʿAmir Muhammad ben Abi ʿAmir al-Maʿafirí[1] [nota 1] (en árabe: أبو عامر محمد بن أبي عامر ابن عبد الله المعافري), llamado al-Manūr (المنصور بالله), «el Victorioso»,[1] más conocido como Almanzor (Algeciras, c. 939-Medinaceli, 9 de agosto de 1002)[3] , fue un militar y político andalusí, caudillo del Califato de Córdoba y hayib o chambelán de Hisham II.

Nacido en una alquería en las afueras de Algeciras, en el seno de una familia de origen árabe yemení con algunos antepasados jurisconsultos, marchó joven a Córdoba a formarse como alfaquí.[4] Después de unos comienzos humildes, ingresó en la Administración y pronto se ganó la confianza de la favorita del califa, Subh, madre de sus hijos.[5] Gracias a esta protección y a su eficiencia, acumuló rápidamente numerosos cargos.[6]

Durante el califato de Alhakén II, ocupó importantes cargos administrativos, como los de director de la ceca (967), administrador de la favorita del califa y de sus hijos y de las herencias intestadas o intendente del ejército del general Galib (973).[7] [8] La muerte de este califa en el 976 marcó el comienzo de la época califal dominada por su figura, que continuó más allá de su muerte con el gobierno de dos de sus hijos, primero Abd al-Malik al-Muzaffar y luego Abd al-Rahman Ibn Sanchul, hasta el 1009.[9] Como chambelán del califato (desde el 978), ejerció un poder extraordinario en el Estado andalusí, en toda la península ibérica y en parte del Magreb, mientras el califa Hisham quedaba relegado por Almanzor.[10]

Recibió el apoyo pragmático de las autoridades religiosas a su control del poder político, sin que ello evitase tensiones periódicas entre el caudillo y aquellas.[11] La base de su poder estaba en la defensa de la yihad que,[12] al no ser califa, debía proclamar en nombre de este.[13] Su imagen de paladín del islam servía para justificar su asunción de la autoridad gubernamental.[12] Habiendo acaparado el dominio político en el califato, llevó a cabo profundas reformas tanto en la política exterior como en la interior.[14]

Realizó numerosas y victoriosas campañas tanto en el Magreb como en la península ibérica.[15] En esta, sin embargo, no logró sino detener temporalmente el avance de los Estados cristianos hacia el sur; a pesar de sus abundantes triunfos militares, apenas recuperó territorio.[15]

Orígenes y juventud[editar]

Alfaquí con pupilos, según una miniatura, abasí. Varios antepasados de Almanzor habían recibido instrucción como tales, tradición familiar que continuó el propio Almanzor.

Aunque existen dudas acerca de la fecha exacta de su nacimiento todo parece indicar que éste se produjo hacia el año 939.[16] [17] [18] [nota 2] Vino al mundo en el seno de una familia terrateniente árabe[1] de origen yemení,[19] [20] [21] de la tribu Maʿafir,[18] [21] establecida desde la conquista de la Hispania visigoda en Torrox, una alquería perteneciente a la cora de al-Yazirat,[20] [18] junto a la desembocadura del río Guadiaro.[22] [23] [24] [21] [17] En este lugar había recibido su familia de manos de Táriq ibn Ziyad unas tierras como premio a la destacada actuación de un antepasado, de nombre Abd Al-Malik, en la conquista de Al Andalus, que se había distinguido en la toma de Carteya.[24] [23] [21] [17] La abundancia de topónimos derivados del árabe Turrux en Andalucía —principalmente en las provincias de Málaga y Granada— ha propiciado que varias ciudades hayan sido señaladas equivocadamente como cuna del militar andalusí.[25]

Algunos amiríes habían desempeñado funciones de cadíes y de juristas.[1] [21] La posición de la familia mejoró notablemente con el nombramiento del abuelo paterno de Almanzor como cadí de Sevilla y con su casamiento con una hija de un visir, gobernador de Badajoz y médico del califa Abderramán III.[26] Al padre del Almanzor, Abd Allah, se le describe como un hombre piadoso, bondadoso y ascético,[27] que murió en Trípoli[21] cuando regresaba de su peregrinación a La Meca.[28] [29] Su madre, Burayha, también pertenecía a una familia árabe.[21] Aún así, la familia era de rango medio, modesta[30] y provinciana.[31]

Ascenso en la corte califal[editar]

Escribano, en una representación decimonónica. Tras completar sus estudios como alfaquí, el joven Almanzor hubo de adoptar esta profesión por la mala situación económica de su familia tras el fallecimiento de su padre.

Muy joven, Ibn Abi ʿAmir se trasladó a Córdoba,[32] donde realizó sus estudios de Derecho y de Letras bajo la tutela de su tío materno.[27] [20] [33] [21] Estos estudios debían facilitarle ingresar en la Administración estatal,[20] ya que las oportunidades de ascenso en las fuerzas armadas eran limitadas para los árabes.[30] Recibió, como muchos otros jóvenes de familia acomodada, formación en interpretación del Corán, tradición profética y aplicación de la ley islámica, completando así su educación como alfaquí,[34] con intención de convertirse en juez.[32] De esta época, conservó su gusto por la literatura.[29] Instruido por renombrados maestros de la tradición legal islámica y las letras, mostró talento en estos estudios.[35]

La muerte de su padre y la mala situación familiar le llevaron a abandonar los estudios y tomar la profesión de escribano.[5] Después de ocupar un modesto puesto de memorialista junto al alcázar y a la Mezquita de Córdoba —cerca de las oficinas de la Administración— para ganarse el sustento,[20] el joven pronto destacó por sus cualidades[20] [1] y ambición[20] e inició su fulgurante carrera política como escribano de la sala de audiencias del cadí jefe de la capital,[20] Muhammad ibn al-Salim.[5] [35] Este era un importante consejero del califa Al-Hakam II, a pesar de que sus cargos eran exclusivamente religiosos y no políticos.[5] Pronto llamó la atención del visir Yafar al-Mushafi, amo de la administración civil, que le introduciría en la corte califal, probablemente recomendado por[36] Ibn al-Salim.[37] [20] [38] Para entonces ya destacaba por sus conocimientos y competencia profesional, que volvería a demostrar en los cargos que pronto comenzó a acumular en la Administración.[39] Almanzor, con unos treinta años,[33] fue uno de los jóvenes funcionarios que tomaron parte en el relevo generacional de la corte al comienzo del reinado de Al-Hakam.[37]

Escena de harén. Poco después de su ingreso en la Administración califal, Almanzor forjó una duradera alianza con la madre del heredero al trono del califato, la favorita Subh, que solo se quebró en el 996 por las ambiciones de Almanzor, que Subh consideraba una amenaza para su hijo Hisham.

A finales de febrero del 967,[20] [40] se convirtió en intendente del príncipe Abderramán, hijo y heredero del califa Alhakén II y de su favorita,[30] [41] [42] la vascona[43] Subh (Aurora),[44] [1] [nota 3] con la cual estableció una relación privilegiada sumamente beneficiosa[45] para su carrera.[46] [47] [48] [36] A pesar de que su cometido era probablemente secundario,[47] su responsabilidad de gestor de los bienes del heredero al trono califal y los de su madre le otorgaba una gran cercanía a la familia reinante.[46] Rápidamente, comenzó a acumular importantes cargos.[49] [50] Siete meses después de su primer nombramiento y gracias a la intercesión de la favorita real,[48] se convirtió en director de la ceca[49] [48] [51] y, en diciembre[51] del 968, fue nombrado tesorero de las herencias[51] vacantes.[52] [36] [nota 4] Al año siguiente, fue promovido a cadí de[48] [53] Sevilla y de Niebla —uno de los más importantes del Estado— y en el 970,[47] a la muerte del príncipe Abderramán, pasó a ser el administrador del joven heredero,[41] Hisham.[52] [47] [42] [36] Por esta época contrajo matrimonio con la hermana del jefe de la guardia califal y cliente del nuevo heredero al trono.[54] Comenzó a enriquecerse, se hizo construir una residencia en al-Rusafa,[55] cerca del antiguo palacio de Abderramán I, y empezó a realizar suntuosos regalos[56] al harén califal y se le acusó de malversación[48] [55] tras ser destituido de su cargo como responsable de la ceca en marzo del 972.[57] Ayudado financieramente para cubrir el supuesto desfalco,[56] [55] obtuvo el mando de la shurta media (policía)[55] [nota 5] y mantuvo el resto de cargos, incluido el de administrador del heredero y de las herencias vacantes.[59]

En el 973, se le encargaron los aspectos logísticos, administrativos y diplomáticos de la campaña califal contra los idrisíes en el Magreb,[60] [47] con el puesto oficial de gran cadí de las posesiones omeyas en el Magreb.[55] La importancia de la flota en la campaña y su dependencia de Sevilla, de donde Almanzor era cadí y por tanto responsable de sus instalaciones, y la confianza[61] del propio califa y de su chambelán le facilitaron obtener esta responsabilidad.[60] El encargo traía consigo autoridad sobre civiles y militares y,[61] en la práctica, la supervisión de la campaña.[62] Entre sus tareas se encontraba la fundamental de obtener el sometimiento de los notables de la región mediante la entrega de regalos formales[nota 6] que indicaban la lealtad de estos al califa y que,[47] [63] [55] junto con las victorias militares, minaron la posición del enemigo.[60] [64] Conseguida la victoria contra los idrisíes, regresó enfermo a la corte cordobesa en septiembre del 974,[63] con la intención de recuperarse y retomar sus funciones.[65] Nunca volvió al norte de África.[63] Su experiencia como supervisor de las tropas enroladas para la campaña magrebí le brindó la oportunidad de apreciar la posible utilidad política de estas si lograba su control.[65] Le permitió asimismo establecer relaciones[66] con los jefes tribales de la zona y con su futuro y poderoso suegro, Galib,[47] quien había dirigido[67] los aspectos militares de la operación.[65] [63] [68] [55] Su habilidad para gestionar los aspectos organizativos y económicos de la campaña,[47] [68] [55] ampliamente reconocida y premiada meses antes con su nombramiento nuevamente como jefe de la ceca[68] califal, supuso el comienzo de su éxito político.[65] En los últimos meses de enfermedad de Alhakén, este le nombró inspector de las tropas profesionales,[55] en las que se habían incluido el grueso de los bereberes traídos del Magreb por el califa para tratar de formar una fuerza leal a su persona que garantizase el acceso al trono de su joven hijo.[69]

La conquista del poder[editar]

Eliminación de los pretendientes y triunvirato[editar]

El fallecimiento del califa Alhakén II el 1 de octubre[70] [66] [71] [nota 7] del 976 y la proclamación de su hijo Hisham inauguraron un nuevo periodo ascendente en la carrera política de Almanzor.[74] [47] Supuso asimismo un acontecimiento crucial en la historia del califato, que, a partir de entonces, quedó marcada por su figura[75] y por el arrinconamiento paulatino del tercer califa andalusí.[76] Al-Ándalus atravesaba en aquel momento una grave crisis de sucesión, porque el sucesor designado, Hisham, nacido en el 965, era demasiado joven[77] para reinar,[75] pues contaba con apenas ocho o nueve años cuando su padre le asoció al gobierno en el 974 y era,[78] por tanto, menor de edad cuando su padre falleció.[79] [nota 8] Esta era una situación extraordinaria pues nunca antes el emirato o el califato habían quedado en manos de un menor.[47] [82] Algunas escuelas de jurisprudencia islámicas rechazaban la posibilidad de que un menor alcanzase el puesto de califa,[75] pero la tradición omeya andalusí había afianzado la herencia de padres a hijos[83] y el caso de Abderramán III suponía un precedente.[84] Ante esta situación, y a pesar de los esfuerzos de Alhakén durante los últimos años de reinado para asegurar la sucesión de su hijo asociándole a las tareas de gobierno,[78] [47] [85] [86] [87] el entorno del difunto se dividió.[80] [88] Había quienes eran partidarios de designar un regente, el chambelán al-Mushafi, mientras que otros preferían dar el título califal a uno de los hermanos del difunto, al-Mughira,[89] [90] [91] [nota 9] de veintisiete años.[84]

A la muerte de Alhakén, dos destacados esclavones[90] —uno, tío del nuevo califa—[93] con importantes puestos en la corte trataron de proclamar califa a al-Mughira[94] [72] —obligándole, no obstante, a nombrar a Hisham como su heredero—[95] y de desembarazarse[96] del chambelán al-Mushafi.[74] [97] [73] [71] [nota 10] Los dos —que más tarde ocuparían los lugares más destacados en la ceremonia de proclamación de Hisham una vez frustrado su plan—[93] [99] contaban con el apoyo de los mil esclavones de la corte y con el control de la[71] guardia de palacio.[97] El chambelán, verdadero centro del poder político[81] tras el fallecimiento de Alhakén e incluso en los últimos años del reinado de este,[20] desbarató rápidamente la conjura con la ayuda de Subh y encargó a Almanzor[89] [71] [90] [100] —por entonces ya destacado funcionario y miembro de la corte, con acceso privilegiado al joven califa y a su madre— el asesinato del pretendiente.[74] [94] El apoyo de Almanzor —mano derecha de Subh—[101] al joven califa resultó crucial para su ascenso hacia el poder.[31] El chambelán había fingido apoyar a los confabulados para, a continuación, frustrar su plan gracias al apoyo de tropas bereberes.[97] [95] [102] [71]

Almanzor, obediente pero reacio,[81] rodeó la residencia de al-Mughira con un destacamento de cien soldados,[103] irrumpió en él y notificó al-Mughira la muerte de Alhakén y la entronización de Hisam II.[96] [104] [71] El joven tío de Hisham manifestó su lealtad a este; ante las dudas de Almanzor, al-Mushafi exigió el cumplimiento de la orden de asesinar al pretendiente.[105] [103] [104] [100] [71] Al-Mughira fue estrangulado ante su familia[103] [99] en el salón de su casa y colgado de una viga de la techumbre de una estancia aneja, como si se hubiera suicidado.[105] [104] al-Mushafi garantizó así los deseos de su difunto señor de asegurar el acceso al trono de Hisham.[100] Los partidarios del joven califa se apoyaron en la guardia bereber, creada por Alhakén para su hijo,[69] para enfrentarse a los esclavones; más de ochocientos de estos fueron expulsados de palacio como resultado de la crisis.[101]

Hisham II fue investido califa el lunes 1 de octubre del 976[90] [nota 11] con el título de al-Mu'ayyad bi-llah,[75] es decir, «el que recibe la asistencia de Dios».[106] Almanzor participó en la ceremonia recogiendo en las actas los juramentos de fidelidad de los asistentes, después de que estos se hiciesen ante el cadí.[107] [96] [106] [99] Seis días después de su investidura, el 8 de octubre de 976, Hisham nombró hayib —chambelán o primer ministro— a al-Mushafi[70] y visir[108] [96] [87] y delegado del hayib a Almanzor, que tenía entonces 36 años.[74] [89] [109] [99] Este mantuvo una posición de singular importancia como vínculo entre la madre del nuevo califa —en la práctica rectora del Gobierno ante la minoría de Hisham— y la Administración encabezada por al-Mushafi.[109] El poder había quedado en realidad en manos de un triunvirato formado por el chambelán al-Mushafi, el visir Almanzor y general Galib.[1] Para aumentar el favor de la población hacia el nuevo califa niño y reforzar su posición, estos abolieron el impopular impuesto sobre el aceite.[99]

Ruina de al-Mushafi[editar]

Soldados junto a la mezquita según una representación decimonónica. Almanzor logró pronto el control del ejército de la capital, que acantonó en su nueve residencia fortificada de Medina Alzahira, construida en el 979.

Si bien la alianza entre al-Mushafi y Almanzor había minado el tradicional poder de los esclavones en la corte,[103] [101] [110] las relaciones entre los dos se deterioraron al poco tiempo.[111] La incapacidad del chambelán para enfrentarse a la crisis de prestigio exterior, causada por las intrigas sucesorias y las incursiones[112] [113] [114] [110] cristianas que en el 976 casi alcanzaron la capital,[89] permitió a Almanzor hacerse con el mando[115] [108] [103] [116] de las tropas del ejército de la capital[47] [117] del califato tras asegurar[110] a Subh su capacidad para restaurar el prestigio militar que al-Mushafi no había conseguido recuperar.[111] Almanzor, al contrario que el chambelán, se inclinaba por la respuesta militar a las correrías cristianas y se mostró dispuesto a comandar la aceifa de represalia.[89] [117] [114] al-Mushafi, por el contrario, había abogado por una estrategia defensiva que,[114] en la práctica y a pesar del poderío militar cordobés, hubiese entregado a los Estados cristianos los territorios al norte del Guadiana.[112] [113] Gracias también a la influencia de Subh, Galib obtuvo al mismo tiempo el gobierno de la Marca Inferior y el mando de los ejércitos fronterizos.[108]

En febrero de 977,[118] [119] [103] [120] [116] [110] partió de la capital para realizar su primera campaña en Salamanca, siguiendo aún simplemente la estrategia de contención de los Estados cristianos mantenida durante el reinado anterior.[111] Su nombramiento como alcaide —jefe de un ejército— de las tropas capitalinas supuso el acercamiento a Galib —alcaide de los ejércitos fronterizos— y el fin del triunvirato que los dos formaban con al-Mushafi.[121] [120] La primera campaña, de casi dos meses de duración,[118] [122] le llevó a saquear los arrabales de los salmantinos Baños de Ledesma[123] [112] [122] [nota 12] y capturar dos mil prisioneras que trajo a Córdoba, aunque no logró tomar fortaleza alguna.[89] [120] En el otoño, atacaba Salamanca.[125] [126]

El nuevo prestigio militar de Almanzor ganado gracias a su capacidad de rechazar a las fuerzas cristianas y atacar Cuéllar[120] —durante la segunda aceifa del 977—[127] [119] y Salamanca[128] —en el otoño del mismo año,[129] nuevamente no con objetivos de conquista sino de debilitamiento del enemigo y ganancia de renombre—[127] le permitió solicitar el puesto de prefecto de Córdoba, que hasta entonces había desempeñado un hijo[103] de al-Mushafi.[121] [130] [131] La nueva reputación militar de Almanzor, el respaldo del harén y el de Galib le permitieron obtener el puesto sin el consentimiento del chambelán.[121] [130] [131] [132] Esta acción supuso el enfrentamiento abierto entre Almanzor, hasta entonces aparente servidor fiel y eficiente del chambelán, y al-Mushafi.[133] [132] Este —que debía su poder al respaldo del anterior califa,[134] [122] carecía de apoyos firmes y era considerado un advenedizo por las familias más destacadas de la Administración cordobesa—[103] [122] trató de contrarrestar la alianza entre los otros dos triunviros mediante el casamiento[135] [133] de otro de sus hijos con la hija de Galib, Asma.[121] [136] [108] [130] Almanzor —que se había ganado con astucia el favor de la madre del califa, de Galib y de las principales familias del funcionariado califal—[114] intervino con habilidad, utilizando la intercesión de Subh y dirigiéndose directamente a Galib para lograr que este retirase su beneplácito inicial y ser él[137] [108] [134] [133] mismo el que desposase a la hija de este.[138] [127] [135] [139] [132] La fastuosa[139] boda se celebró en la primavera[140] de 978, ocho meses después de la firma del contrato matrimonial, selló la alianza entre Galib y Almanzor y marcó la decadencia del poder del chambelán.[138] [127] Pocos días después de la boda, Galib y Almanzor partieron[140] [141] a realizar una nueva aceifa que alcanzó Salamanca.[138] [139] Los éxitos militares aumentaron el poder de los dos aliados y minaron aún más el del chambelán en la corte.[138] Los alcaides recibieron nuevos títulos para recompensar sus victorias y se nombró a Almanzor «visir doble»,[139] [141] [142] de Interior y Defensa, los dos visiratos más importantes.[143] Galib obtuvo el título de chambelán —situación inaudita pues nunca habían existido dos chambelanes al mismo tiempo— lo que privó a al-Mushafi de la mayoría de sus funciones;[139] a finales de 977,[nota 13] se le destituyó[127] [137] [135] [141] y encarceló.[143] Sus familiares y partidarios en puestos de la Administración fueron arrestados y sus posesiones, confiscadas.[143] [144] [141] Almanzor sucedió al derrotado al-Mushafi como segundo chambelán[140] [141] del califato.[145] Los cargos más importantes quedaron en manos de personas de su confianza, en algunos casos, de familiares.[144] La eliminación del antiguo chambelán hizo que el califa fuese visto cada vez menos y que Almanzor se convirtiese paulatinamente en el intermediario entre su señor y el resto del mundo.[146] [144] Consciente de que su poder emanaba de Hisham, Almanzor se cuidó, sin embargo, de seguir manteniendo las apariencias de soberanía del menor.[147]

El descontento con la minoría real y la regencia alimentó una nueva rebelión organizada por destacados miembros de la corte a finales del 978.[148] [149] Los confabulados pretendían sustituir a Hisham por uno de sus primos,[148] [149] nieto de Abderramán III.[105] [150] [141] Un improvisado intento de matar a puñaladas[149] [150] al califa fracasó y condujo a la brutal represión de los conjurados por insistencia de Subh y Almanzor —no sin vencer la resistencia[151] de importantes jurisconsultos—.[152] [nota 14] Esta puso fin a los intentos de sustituir al califa por otro miembro de la dinastía omeya,[154] produjo la huida de la capital de cualquier posible pretendiente y la vigilancia[155] estrecha de los miembros de la familia omeya y llevó a la construcción[135] el año siguiente[156] de una nueva residencia fortificada para Almanzor, Medina Alzahira[157] [nota 15] (la «Ciudad Resplandeciente»)[158] —la obra se prolongó hasta el[159] 989—.[152] En esta nueva residencia, situada al este de la ciudad,[135] [156] residían las tropas que le eran fieles, parte de la Administración[135] [160] [156] estatal y fue donde formó una suntuosa corte a su alrededor.[161] Además y para calmar el malestar entre los alfaquíes por la represión de los conjurados contra Hisham y su valido —confabulación en la que algunos habían estado envueltos—, estableció una comisión para expurgar la biblioteca de Alhakén.[162]

Ya como chambelán, en el verano había dirigido una nueva aceifa, esta vez en el noreste, contra Pamplona y Barcelona, de más de dos meses de duración.[145] [163] [164] En el otoño realizó una nueva incursión, esta vez hacia Ledesma, de poco más de un mes de duración.[145] [129] En mayo del año siguiente, dirigió una nueva campaña en esta región.[165] [129] La siguiente incursión, durante el verano, se encaminó a Sepúlveda.[145] [166] En septiembre del 979,[166] mandó desde Algeciras el auxilio de Ceuta, amenazada por la victoriosa campaña de Buluggin ibn Ziri, favorable a los fatimíes, contra los clientes omeyas en el Magreb occidental.[167] Más tarde, la ciudad se convirtió en centro de la política magrebí del Almanzor.[168]

Enfrentamiento con Galib[editar]

Aplastada la oposición en la corte, pronto los dos duunviros se enfrentaron.[161] [169] El viejo general se oponía a la postración a la que Almanzor, que se dedicó a reforzar su poder y a controlar el acceso al califa,[170] sometía a este.[171] [172] [173] Para Galib, las maniobras de su aliado —que incluían la construcción de su nueva residencia palaciega y el reforzamiento de las unidades bereberes además del control del califa—[170] [173] acabarían por dañar a la dinastía.[171] Por su parte, para Almanzor el continuo prestigio militar de su suegro oscurecía sus hazañas militares, a pesar de las sucesivas campañas victoriosas.[169] Tras diversas algaradas conjuntas en territorio cristiano, dirigidas principalmente por el veterano Galib a pesar de la creciente experiencia militar de su yerno, el enfrentamiento estalló en la primavera del 980,[174] [175] durante una campaña en[176] [177] [173] Atienza.[171] [172] Almanzor, herido, salvó la vida solo gracias a la intercesión del cadí de Medinaceli,[176] pero reaccionó de inmediato atacando esta fortaleza,[172] [178] donde se hallaba la familia[175] de su suegro y que entregó al pillaje una vez tomada.[171] [177] [179] Almanzor continuó su camino hacia el norte, aunque el enfrentamiento con Galib, fortificado en Atienza, acortó la campaña,[174] [175] la segunda contra Castilla desde el 975.[172] Galib se vio obligado a exiliarse en territorio cristiano.[171] [177] En el otoño, Almanzor dirigió una nueva ofensiva, cuyo objetivo, «Almunia», se desconoce.[180] [181] En el 981, año de gran actividad guerrera para Almanzor, mandó cinco campañas militares, las primeras en febrero y en marzo.[180]

Tras varios choques entre los duunviros favorables a Almanzor,[181] en abril del 981, Galib, aliado con castellanos y navarros, le derrotó.[171] [177] En mayo Almanzor contraatacó tras haber reunido tropas bereberes, las suyas propias cordobesas y algunas de las unidades de frontera que su enemigo había mandado durante largo tiempo.[182] [183] [177] [179] Galib, por su parte, contaba con el respaldo de otra parte de las fuerzas fronterizas del califato y las de sus aliados castellanos y navarros.[182] [183] [184] [185] [186] A punto de lograr la victoria sobre su yerno el 10 de julio del 981,[187] [184] [170] se le halló muerto[188] en un barranco sin señales de violencia,[189] posiblemente fallecido de forma natural —contaba con casi ochenta años—,[186] lo que selló[188] el poderío de Almanzor.[182] Las tropas de su rival, desconcertadas por la muerte de su caudillo,[170] se pasaron en gran parte a su bandera.[189] [184] El cadáver de Galib fue brutalmente mutilado[185] —primero por sus propias tropas, instigadas por Almanzor, que deseaba probar la muerte de su enemigo—[184] y expuesto[190] [191] en Córdoba; varios de sus principales aliados perdieron también la vida en la batalla,[170] que le otorgó a Almanzor su sobrenombre[192] [193] de «el Victorioso»[31] [190] [170] [185] por el que es conocido.[194] [195] [nota 16] Sus títulos honoríficos y los de su familia no contenían referencia a dios, pues estos se reservaban al califa.[194] La desaparición de Galib le convirtió en chambelán único y le permitió eliminar cualquier posible opositor[196] cortesano, aunque su legitimidad provenía únicamente de su cargo como regente del califa[196] y de la tolerancia de la madre de este.[197] Desde la eliminación de Galib, concentró el poder del califa en su persona.[196]

Ese mismo año, saqueó Zamora y sus alrededores en una campaña otoñal en septiembre.[198] [199] Un mes más tarde, atacó tierras portuguesas, probablemente Viseo.[198] [200]

Alianza con la reina madre y problemas de gobierno[editar]

Durante veinte años y hasta la ruptura de su alianza en el 996,[201] Almanzor actuó en parte como representante de la poderosa madre del califa, su informante y comandante de los ejércitos y de la policía.[202] Era ella la que tomaba gran parte de las decisiones, consultada por los regentes de su hijo.[202] La mayoría de edad del califa no cambió la situación ya que no reclamó el poder,[202] posiblemente por algún tipo de enfermedad o incapacidad para desempeñar las responsabilidades del cargo.[203] En realidad, Almanzor no actuaba solo como usurpador del poder califal, sino también como tutor del califa incapacitado y garante del poder dinástico.[203] Su posición como mero controlador de la Administración y del Ejército en nombre de Hisham, sin embargo, le hacía sustituible, por lo que tomó medidas para reforzar su posición.[204] La capital quedó en manos de un primo suyo, que la controló férreamente.[204] Ascendió a una serie de partidarios, generalmente mal vistos y considerados despóticos,[205] que tras la disgregación del califato consiguieron hacerse con el dominio de diversas taifas.[206] Se alió además con importantes señores fronterizos.[205]

En el 998 y 999 tuvo que enfrentarse a una doble amenaza: una larga sequía[207] que produjo carestía y le obligó a aplicar algunas medidas sociales para aliviar la penuria (entrega de pan o rescisión de impuestos, entre otros) y el surgimiento de una nueva rebelión contra él en la que participó su hijo[208] [209] [193] [210] [150] mayor.[211] Logró desbaratar la conjura —en la que partipaban también el gobernador de Zaragoza y el de Toledo,[210] el omeya[212] Abdalá «Piedra Seca»—,[213] [209] [193] [150] [214] pero no[215] someter a su hijo a pesar de sus esfuerzos.[216] [217] Refugiado este con los castellanos tras el arresto de sus compañeros de confabulación,[218] [219] [217] Almanzor solicitó finalmente y obtuvo su entrega tras una victoriosa campaña por Castilla y lo mandó ajusticiar.[216] [208] [209] [220] [221] [222] [223] La muerte de su primogénito le supuso un duro golpe e hizo que presentase su rebelión como el acto de un hijo falso,[222] al que repudió al tiempo que mandaba ejecutar a los que le habían dado muerte por orden suya.[216] [224] [212]

Almanzor, caudillo de al-Ándalus[editar]

Ruptura con Subh y concentración del poder político[editar]

Interior de Medina Azahara. En la similar y rival Medina Alzahira, residencia fortificada construida por Almanzor, este encerró lujosamente al califa Hisham II tras el fallido intento de rebelión de su madre Subh tras largos años de alianza entre ambos.

Eliminado Galib, incapaz Hisham de desempeñar sus obligaciones como califa y ya mayor, Almanzor comenzó a sopesar el preparar su sucesión y el tomar oficialmente el poder, sustituyendo incluso al califa incapaz.[225] En el 989, trató infructuosamente que los alfaquíes aceptasen como mezquita aljama la de Medina Alzahira.[159] Desde el 991, asoció a su hijo Abd al-Malik de manera similar como Alhakén había hecho con Hisham: le nombró chambelán[192] y alcaide supremo de los ejércitos califales, aunque sin apartarse él mismo del poder.[225] Al mismo tiempo, presentó discretamente ante los alfaquíes que asesoraban al cadí mayor la posibilidad de que él mismo sustituyese[226] al califa pues este era incapaz y nadie en ese estado podía mantener el cargo.[225] La regencia, antes justificada por la minoría de edad de Hisham, no podía ya justificarse por la mera ineptitud de este para llevar a cabo sus funciones.[225] El dictamen, sin embargo, fue negativo:[226] el relevo de Hisham, según los juristas consultados, debía recaer en otro miembro de la[18] tribu del profeta.[227] Almanzor aceptó la decisión a regañadientes y en los años siguientes fue arrogándose mayor poder e incluso competencias que correspondían al califa: confirmó con su sello —y no con el del califa, a pesar de obrar en su poder— los nombramientos oficiales,[228] nombró un nuevo responsable de la ceca, se arrogó nuevos títulos[229] y mantuvo parte de la Administración en su residencia fortificada de Medina Alzahira.[227] Hizo también que su nombre se mencionase tras el del califa en los rezos del viernes y mantuvo una corte paralela a la del soberano en su nueva residencia del Al Zahira.[31] En el 991, por presión del chambelán, el consejo de alfaquíes cambió su dictamen desfavorable a la conversión de la mezquita de Medina Alzahira en mezquita mayor,[230] aunque su uso siguió estando mal visto por muchos notables cordobeses.[231]

Los intentos de acaparar el poder pusieron fin a la larga alianza entre Almanzor y Subh en el 996.[232] [233] [220] [228] Tras veinte años como representante de Subh, Almanzor se enfrentó a la madre del califa y sus partidarios.[232] [233] El choque entre ambas camarillas se desencadenó por la sustracción por parte de Subh de ochenta mil dinares del tesoro real para financiar un levantamiento contra el chambelán,[234] [235] que este descubrió gracias a sus agentes[214] en el alcázar.[232] [236] Almanzor reaccionó solicitando y logrando el traslado del tesoro califal a su residencia de Medina Alzahira tras plantear la sustracción como un robo por parte del harén, transferencia que aprobó el consejo de visires y alfaquíes.[232] [237] [214] Enfermo Almanzor, Subh sublevó el alcázar, que trató en vano de oponerse al traslado del dinero.[238] [237] Abd al-Malik logró el respaldo de los visires, el repudio del califa a la rebelión de su madre a finales de mayo del 996 y la custodia del tesoro califal.[238] [239] [240] Descabezada la rebelión en la península por la pérdida de financiación y la rápida derrota de sus escasos partidarios,[241] el dinero anteriormente sustraído permitió a Subh fomentarla en el Magreb.[238] [233] [242] Aunque en el otoño del 997 Almanzor no había logrado aún sofocar la revuelta en el Magreb, esta tampoco había conseguido apoyos en la península.[243]

Para reforzar su imagen y la de su hijo y sucesor, Almanzor organizó un desfile[214] con el califa y su madre.[243] [233] [244] [245] El gesto servía para disipar cualquier duda sobre el apoyo del califa a Almanzor y para rechazar así las acusaciones de Ziri ibn Atiyya lanzadas desde el Magreb.[245] Acabada la procesión, Hisham quedó encerrado —con todas las comodidades pero carente de poder— en Medina Alzahira,[243] donde probablemente también quedó presa su madre.[201] Esta había perdido su enfrentamiento con su antiguo aliado y murió poco después, en el 999.[201] Almanzor, que había renovado su juramento de fidelidad al califa con la condición de que este delegase[229] [214] sus poderes en su familia,[246] salió reforzado, envió a su hijo[246] [245] a combatir la rebelión magrebí y acaparó todo[18] [247] el poder administrativo.[243] Contó para ello con el beneplácito de la cúpula religiosa del califato que, temiendo una posible guerra civil, respaldaba la posición de Almanzor como garante de la estabilidad y del trono del impotente Hisham.[201] El poder estatal se dividió en dos: el simbólico y legítimo del califa, arrinconado por Almanzor del ejercicio de este, y el del chambelán y sus sucesores, carentes de legitimidad —por ser yemeníes y no de la tribu del profeta— pero detentadores del dominio de la política califal.[18]

Reforma del Ejército y de la Administración[editar]

La separación entre el poder temporal, ostentado por Almanzor, y el espiritual, en manos de Hisham como califa, aumentó la importancia de la fuerza militar, símbolo —junto con el nuevo ceremonial de la corte del chambelán, rival de la del propio califa— del poder del primero e instrumento para garantizar el pago de los tributos.[248]

Almanzor continuó con éxito las reformas militares que comenzaron Alhakén[249] y sus predecesores[250] y que englobaron diversos aspectos.[251] Por un lado, aumentó la profesionalización del Ejército regular,[250] necesaria tanto para garantizar en todo momento su poder militar en la capital como para hacer frente con más garantías a las numerosas aceifas, que eran una de las fuentes de la legitimidad de su poder político.[251] Esto conllevó una pérdida de importancia de las levas y de las tropas no profesionales, que sustituyó con impuestos que servían para sostener los contingentes de tropas profesionales, a menudo esclavones[250] o magrebíes al tiempo que libraban a los andalusíes del servicio militar.[251] [15] [252] El reclutamiento de esclavones y bereberes no era nuevo y databa de reinados anteriores, pero Almanzor lo amplió.[250] [253] [254] Por otro lado, creó nuevas unidades que, a diferencia de las del Ejército regular califal, le eran fieles primordialmente a él mismo[253] y servían para controlar la capital.[251] Ya el emir Abderramán I la había utilizado, logrando organizar un ejército permanente de cuarenta mil bereberes y esclavones que uso para acabar con los conflictos que hasta entonces asolaban el emirato.[255] Esta contratación masiva de mercenarios y esclavones hacía que, según los cronistas cristianos, «de ordinario los ejércitos sarracenos ascienden á 30, 40, 50, ó 60.000 hombres, bien que en las graves ocasiones llegan á 100, 160, 300 y aun 600.000 combatientes».[256] De hecho, se había llegado a afirmar que en tiempos de Almanzor los ejércitos cordobeses podían reunir 600.000 peones y 200.000 caballos «sacados de todas las provincias del imperio».[257]

Tropas de Almanzor representadas en las Cantigas de Santa María. El chambelán llevó a cabo una profunda reforma militar.

Con el fin de acabar con una posible amenaza a su poder así como de mejorar la eficacia militar, abolió[31] [258] [259] el sistema tribal de unidades —en decadencia por la falta de árabes y por la formación de pseudofeudos fronterizos—,[260] en el que las distintas tribus quedaban a cargo de un jefe y que había causado continuos choques, y lo sustituyó por unidades mixtas,[261] sin lealtad clara y mandadas por funcionarios de la Administración.[262] El nuevo núcleo del Ejército, sin embargo, lo formaban las crecientes fuerzas bereberes magrebíes.[260] [254] [252] Las rivalidades étnicas entre árabes, bereberes y eslavos dentro del ejército andalusí eran utilizadas hábilmente por Almanzor para mantener su propio poder,[254] por ejemplo, ordenando que toda unidad del ejército estuviera formada por diversas etnias para que no se unieran en su contra;[263] impidiendo así el surgimiento de posibles rivales.[264] Sin embargo, una vez desaparecida su figura centralizadora, fueron una de las causas principales de la guerra civil.[265] A las fuerzas bereberes se unieron asimismo contingentes de mercenarios cristianos,[266] bien remunerados, que formaban el grueso de la guardia personal de Almanzor y participaban en sus algazúas en territorios cristianos.[267] Esta reforma, finalizada pero no iniciada por Almanzor, dividió a la población fundamentalmente en dos grupos desiguales: una gran masa de contribuyentes ajenos al servicio de armas y una pequeña casta de militares profesionales, en general de fuera de la península.[268]

El aumento de las fuerzas militares y su profesionalización parcial conllevaron el aumento[250] de los gastos financieros para sostenerlas y estos supusieron un incentivo más para realizar campañas, que producían botín y tierras con las que pagar a las tropas.[267] Estas tierras, cuando se entregaban a los soldados como pago, quedaron sometidas a tributo y dejaron de suponer un sistema de colonización de las fronteras.[269] [270] El ejército andalusí estaba financiado por el impuesto que pagaban los campesinos para eximirse de combatir y lo formaban reclutas locales, mercenarios extranjeros (milicias bereberes, esclavos eslavos o negros y compañías cristianas a sueldo) y voluntarios de la yihad.[271]

Según estudios modernos, estos contingentes de mercenarios permitieron aumentar el tamaño total del ejército califal de treinta mil efectivos en tiempos de Abderramán III a cincuenta mil.[272] Otros, como Évariste Lévi-Provençal, sostienen que los ejércitos cordobeses en campaña pasaron con el dictador amirí de treinta y cinco mil hasta setenta o setenta y cinco mil soldados.[273] [274] Las cifras de la época son a lo menos discutibles, algunas crónicas afirman que sus ejércitos campales sumaban doscientos mil jinetes y seiscientos mil infantes, mientras que otras hablan de doce mil jinetes, tres mil bereberes montados y dos mil sūdān, infantes ligeros africanos.[206] Según las crónicas, en la campaña que arraso Astorga y León el caudillo llevó 12.000 jinetes africanos, 5.000 andaluces y 40.000 infantes.[257] También se dice que en su última aceifa movilizó 46.000 jinetes, otros 600 vigilando la impedimenta, 26.000 infantes, 200 exploradores o «policías» y 130 atabaleros[275] o que la guarnición de Córdoba se constituía de 10.500 jinetes y otros tantos guardaban la frontera norte en destacamentos dispersos.[276] Sin embargo, es mucho más probable que los ejércitos del caudillo, aun en sus aceifas más ambiciosas, posiblemente no pasaran de los veinte mil hombres.[266] «Normalmente participaban en sus aceifas doce mil hombres de a caballo, inscritos en la escalilla militar y a los que, además de la acostumbrada soldada, se les proporcionaban una caballería con sus arreos, armas, alojamiento, pagas y gratificaciones para diversos gastos, y forraje para las caballerías, según su categoría».[275]

La principal arma de las campañas peninsulares, que requerían velocidad y sorpresa, era la caballería ligera.[259] Para tratar de contrarrestarlas, los castellanos crearon la figura de los «caballeros villanos» —ennobleciendo a aquellos hombres libres que se aviniesen a mantener un caballo para aumentar las unidades montadas— mediante el Fuero de Castrojeriz del 974.[259] Por motivos similares, el conde barcelonés Borrell creó la figura de los homes de paratge —que obtenían estatuto militar privilegiado por acudir a la lucha contra los cordobeses armados a caballo— después de perder su capital en el descalabro del 985.[277] Por el contrario, la Armada, que había tenido un papel destacado en décadas anteriores bajo Abderramán III,[278] durante la época de Almanzor sirvió únicamente como medio de transporte de las tropas terrestres.[279] Ejemplos de este uso de las flotas fueron los repetidos cruces de unidades al Magreb o el uso de las naves de Alcácer do Sal en la campaña contra Santiago en el 997.[279]

En cuanto a la flota, reforzó su red de puertos con una nueva base en el Atlántico, en Alcácer do Sal, que protegía la zona de Coimbra, recuperada en la década de 980, y sirvió de origen de las unidades que participaron en la campaña contra Santiago de Compostela.[269] En la orilla mediterránea, la defensa naval estaba centrada en la base de al-Mariya, actual Almería.[280] Al igual que en el 997, cuando la flota andalusí azotó las costas gallegas, en 985 había asolado las catalanas.[281] Durante la campaña catalana, el conde Gausfredo I de Ampurias y Rosellón, intentó reunir un ejército para ayudar a los barceloneses pero entonces varias flotillas de piratas berberiscos amenazaron sus costas, debiendo quedarse a defender sus tierras.[282] Las atarazanas de la flota habían sido construidas en Tortosa en el 944.[283]

Inicialmente la defensa marítima del califato estuvo a cargo de Abd al-Rahman ibn Rumahis, veterano jejfi o «almirante» que sirvió a Alhakén II y fue cadí de Elvira y[154] Pechina.[280] Entre su currículo destacaban acciones como el rechazo de las incursiones de los al-Magus al-Urdumaniyun, «vikingos», en el occidente de al-Ándalus a mediados de 971,[284] finalmente, a finales de ese año, cuando éstos intentaban invadir Andalucía,[285] el almirante partió de Almería y los derrotó frente a las costas de Algarve,[286] y transportar en abril de 973 al ejército de Galib desde Algeciras[287] para someter a las rebeldes tribus del Magreb y terminar con las ambiciones fatimíes.[288]

Para asegurarse el control militar, eliminó a las principales figuras que podían haberse opuesto a sus reformas:[269] además de la muerte de Galib, la participación del gobernador zaragozano en la conjura de su hijo mayor le sirvió como justificación para sustituirlo[150] por otro más afín del mismo clan Banu Tuyibí.[289] [217] El almirante[290] de la flota —que gestionaba un importantísimo presupuesto— fue envenenado[291] en enero[292] de 980 y sustituido por un hombre fiel a Almanzor.[289] [154]

Si en el Ejército fomentó la llegada de bereberes fieles a su persona, en la Administración favoreció a los eslavos en detrimento de los funcionarios andalusíes, de nuevo con el objetivo de rodearse de personal leal sólo a él.[15]

Defensa de la ortodoxia religiosa y legitimación del poder[editar]

Uno de los instrumentos para afianzar su poder fue la corte organizada por Almanzor,[31] en la que escritores y poetas loaban las virtudes de este, alabanzas que se utilizaban como propaganda entre el pueblo.[293]

Rezo en la mezquita. Entre los gestos que realizó para aparecer como defensor de la fe, se contó la ampliación de la mezquita de Córdoba.

Tanto la estabilidad y prosperidad del régimen como su defensa rigurosa del islam —que Almanzor se encargó de mostrar mediante distintos gestos piadosos— le otorgaron apoyo popular.[268] Entre ellos se contó el copiar[294] [141] a mano un Corán que llevaba durante sus campañas[295] [141] o el ampliar[296] la mezquita de Córdoba (987-990).[268] Las ambiciones políticas del chambelán tuvieron importantes repercusiones en la cultura y la religión, obligadas a respaldarlo.[293] Su imagen de adalid del islam condujo a la censura de algunas ciencias, consideradas no islámicas y al expurgo[268] [162] de la importante biblioteca de Alhakén de obras consideradas heréticas.[297] [298] [141] El interés político —su necesidad de congraciarse con los jurisconsultos cuando su poder aún era inestable— llevó a su censura de la lógica, la filosofía o la astrología, a pesar de su aprecio por la cultura.[295] Su intromisión en asuntos religiosos llegó hasta el nombramiento de su propio tío —por otra parte, veterano cadí— como cadí principal tras la muerte del hostil Ibn Zarb, que se había opuesto a algunas de sus peticiones.[299] La principal expresión de su defensa de la religión, sin embargo, fueron sus campañas militares contra los Estados cristianos, método de legitimación que ya antes habían utilizado los califas pero que Almanzor extremó.[268] Las sucesivas victorias, a pesar de sus efectos pasajeros, tuvieron un gran efecto propagandístico,[300] tanto en el califato como en los Estados enemigos del norte.[301] A cada crisis de su carrera política correspondieron grandes o numerosas campañas militares.[300]

Las aceifas tenían además un beneficioso efecto económico por el botín —especialmente en abundantes esclavos— que se obtenía en ellas y por la seguridad que otorgaban a las fronteras.[302]

Las campañas del Magreb[editar]

La exigua producción cerealista cordobesa obligaba a los omeyas a abastecerse en el Magreb, lo que impelía a estos a oponerse a la expansión fatimí en la región, que ponía en peligro su suministro.[303] El califato cordobés y su rival chiita fatimí se disputaban el control de la región y, con ella, el del comercio del Mediterráneo occidental.[304] A diferencia de sus campañas en la península ibérica y a excepción de la efectuada conjuntamente con Galib al comienzo de su carrera, la intervención de Almanzor en los combates en el Magreb no fue personal, sino de supervisión.[294] La dirección efectiva de la lucha quedaba en manos de algún subalterno, al que solía acompañar ceremonialmente hasta Algeciras para que las tropas y su general atravesasen el estrecho.[294]

Abderramán III había conquistado Ceuta y Tánger y las había fortificado en el 951, pero no había podido evitar que el comandante fatimí de la región se hiciese con el control del Magreb en el 958-959, tras incendiar la flota omeya en Almería en el 955.[304] En el 971, los clientes omeyas sufrieron otra dura derrota.[305] La marcha a Egipto de la dinastía rival alrededor del 972 favoreció a los omeyas, que hubieron de enfrentarse al cliente fatimí Buluggin ibn Ziri, bereber sinhaya.[304] [305]

La situación en el Magreb a finales de la década de 970.

La estrategia amirí comenzó por la fortificación de Ceuta, dotada de una numerosa guarnición.[306] En mayo del 978[307] las tribus zanata se apoderaron de la ciudad de Sijilmasa —extremo septentrional del comercio transahariano de oro, sal y tejidos—, donde se fundó un principado proandalusí gobernado por Jazrun ibn Fulful,[306] el conquistador de la ciudad.[308] [309] El éxito de la política clientelar omeya, continuada por Almanzor,[306] permitía concentrar el poderío ofensivo de las tribus bereberes en la extensión de las zonas que reconocían su legitimidad y limitaba los enfrentamientos entre las que admitían la protección cordobesa.[308] Esta conquista —que otorgó gran prestigio a Hisham y Almanzor y supuso una dura afrenta a los fatimíes pues era la ciudad donde se había presentado su fundador ante los kutama[310] permitió contrarrestar la influencia de los fatimíes que, después de trasladarse a Egipto, habían dejado estas regiones bajo el control de los ziríes.[311] Ibn Ziri reaccionó con una victoriosa campaña que desbarató temporalmente a los zanata y le permitió recuperar gran parte del Magreb occidental antes de asediar Ceuta.[312] [291] Los zanata allí refugiados solicitaron ayuda a Almanzor, que envió un gran ejército —al que acompañó hasta Algeciras— para rechazar a Ibn Ziri, que decidió retirarse,[291] aunque continuó hostigando a los partidarios de los omeyas hasta su muerte en el 984.[312] Los efectos de las correrías de Ibn Ziri, sin embargo, fueron pasajeros: a su muerte la mayoría de las tribus de la región volvieron a aceptar la autoridad religiosa cordobesa.[292]

En el 985 y ante el regreso del idrisí Hasan ibn Gannun —que se había proclamado califa— desde su refugio en la corte fatimí en Egipto, Almanzor acompañó a un nuevo ejército que cruzó al Magreb a enfrentársele y que mandaba un primo suyo.[313] [314] [291] [315] Nuevos refuerzos partieron más tarde al mando del hijo mayor de Almanzor y de su suegro, el gobernador de Zaragoza.[313] [314] [291] Abrumado por la fuerza del enemigo, el idrisí pactó su rendición y marchó a la corte cordobesa,[313] pero Almanzor lo mandó asesinar camino de la ciudad —más tarde, hizo ajusticiar[316] a su primo, que había concedido el salvoconducto al rebelde—.[317] [314] [291]

Las desavenencias entre los distintos caudillos tribales sometidos a los omeyas produjeron la siguiente crisis: el favor otorgado por Almanzor a Ziri ibn Atiyyamagrava— disgustó a otros jefes que acabaron alzándose en armas y venciendo al gobernador andalusí de Fez —que falleció en el combate— y a Ibn Atiyya en abril del 991.[318] [316] Tras la derrota del 991, Almanzor comprendió la necesidad de otorgar el control de la región a los caudillos bereberes locales en vez de tratar de gobernarla a través de delegados andalusíes.[319] Esta estrategia debía atraer el respaldo de las tribus locales a los omeyas cordobeses.[319] Fundamentalmente, la suerte de las campañas dependía de las cambiantes lealtades de los distintos caudillos tribales, aunque, en general, los zanata respaldasen a los omeyas y los sinhaya a los fatimíes.[319] [311] Tras una infructuosa división de territorios entre Ibn Attiya y otro jefe tribal que había abandonado a los fatimíes —tío de Al-Mansur ibn Buluggin, hijo y sucesor de Buluggin ibn Ziri—,[319] [320] [316] Almanzor otorgó todos[321] los controlados por el califato cordobés a Ibn Atiyya,[301] que logró derrotar[321] a los rebeldes y a los partidarios de los fatimíes en el 994.[322] Ese año fundó en su provecho un pequeño principado centrado en Oujda.[322] [301] [321]

La crisis entre Almanzor y la familia califal en el 996-998 provocó el enfrentamiento entre aquel y Ibn Atiyya,[241] [323] que consideraba la actitud del chambelán irrespetuosa con el califa.[322] [324] Viendo en Ibn Atiyya una amenaza a su poder, Almanzor lo destituyó y envió[311] [325] fuerzas a combatirlo.[326] [241] [323] [321] Los Banu Magrava, los Banu Ifran y los Banu Miknasa se unieron a las fuerzas andalusíes, desembarcadas en Tánger,[321] que pronto recibieron refuerzos al mando del hijo de Almanzor,[327] [325] ya chambelán.[326] A comienzos de agosto del 998, el propio Almanzor acompañó a los numerosos refuerzos destinados a participar en la campaña hasta Algeciras.[328] [246] En octubre del 998, Abd al-Malik lograba derrotar y poner en fuga a Ibn Atiyya,[326] [329] sin que esto supusiese el fin de la búsqueda de apoyos locales para la administración omeya.[330] Hasta su muerte, sin embargo, el gobierno del territorio quedó en manos de sucesivos oficiales andalusíes.[329]

Las campañas en el Magreb también tuvieron una importante consecuencia para la política andalusí: Almanzor trajo tropas y caudillos bereberes a la península,[311] tanto como fuerzas fieles a sí mismo como como contingentes en las aceifas contra los territorios cristianos.[330] Algunos de estos caudillos fueron nombrados incluso visires, lo que tampoco impidió su ocasional caída en desgracia.[330]

Aceifas contra los cristianos[editar]

Incursiones[editar]

Campañas militares de Almanzor. En verde oscuro, territorios hostigados por el militar árabe. El mapa muestra las principales aceifas de Almanzor y las fechas en que se llevaron a cabo.

Ya desde el 950, a la muerte de Ramiro II de León, tanto leoneses como navarros y catalanes habían tenido que reconocer la soberanía cordobesa mediante un tributo anual cuyo impago conllevaba una campaña de represalia.[331] Almanzor comenzó a realizarlas en el 977 y continuó hasta su muerte en el 1002,[332] aunque la mayoría se concentraron en los últimos años del chambelán, los de mayor poder.[331] Paralelamente a las campañas del Magreb, Almanzor estuvo consagrado a la guerra contra los reinos cristianos de España. Aunque las diversas fuentes no coinciden, se calcula que realizó alrededor de cincuenta y seis campañas,[333] [334] [335] veinte de ellas en el primer periodo del 977 al 985.[336] En estas ofensivas, Almanzor atacó tanto centros de importancia política y económica como religiosa.[337] Su característica principal era la corta duración de las campañas y la lejanía de los puntos alcanzados en ellas.[337] A pesar del éxito militar de las numerosas incursiones, estas no lograron evitar la ruina del Estado.[338] [301] Aunque detuvo el avance de las repoblaciones cristianas y desmanteló importantes fortalezas y ciudades, no consiguió modificar notablemente las fronteras.[339]

Las primeras ocho campañas las realizó con el apoyo de su suegro Galib.[340] Entre ellas se contaron tres en las tierras salmantinas (dos en el 977 y una en el 978), otra contra Cuéllar (el mismo año), una contra Pamplona y Barcelona (la larga campaña del verano del 978), una contra Zamora (o tal vez Ledesma, según otros autores, en la primavera del 979) y una contra Sepúlveda (en el verano del 979, que no pudo tomar, aunque arrasó sus alrededores).[341] La octava fue uno de sus acompañamientos de las fuerzas destinadas al Magreb hasta Algeciras, entre septiembre del 979 y principios del 980.[342]

La novena campaña (en la primavera del 980) fue durante la que tuvo lugar la ruptura entre Almanzor y Galib y se la conoce como «la de la traición» por el asalto por sorpresa de este a su yerno en Atienza.[343] Al enfrentamiento siguió una corta correría por Castilla.[343] Las siguientes cuatro ofensivas (una en el otoño del 980, dos en la primavera[344] del año siguiente y una en el[345] verano) tuvieron lugar durante la lucha entre los dos rivales.[346] Durante la última campaña —la de la victoria sobre Galib—, Almanzor recuperó el control de las fortalezas de Atienza y Calatayud, partidarias de su rival.[347]

Como consecuencia de la derrota de Galib en el verano del 981, las fuerzas de Almanzor continuaron su avance para saquear y destruir los arrabales[348] de Zamora[349] a finales del verano[347] y más tarde debelar a navarros, castellanos y leoneses en Rueda[350] [351] (o Roa)[352] y recuperar Simancas,[351] que fue arrasada.[336] [353] [354] La pérdida de Simancas supuso la ruptura de la línea defensiva cristiana a lo largo del Duero, que campañas posteriores acabaron por desmantelar.[355] Estas derrotas, junto con el apoyo de Almanzor a los rivales del rey leonés (primero a Bermudo[356] [357] frente al debilitado Ramiro III[336] y más tarde a los condes rivales de aquel una vez que se hizo con el trono), sumieron a León en una crisis política y lo sometieron al arbitrio[355] de Almanzor.[358] En general, Almanzor sostuvo a las familias nobles opuestas al monarca del momento para aprovechar las desavenencias leonesas en su beneficio.[359] Desde el 977, atacó prácticamente todos los años territorios leoneses.[352]

Los condes gallegos y portugueses, hostiles a Ramiro como lo habían sido a su padre, buscaron apaciguar a Almanzor tras la campaña de[360] Trancoso y Viseo de principios del invierno[360] del 981 y para ello buscaron imponer un nuevo rey (Bermudo,[361] coronado en octubre[362] del 982 en Santiago al tiempo que Almanzor saqueaba[354] [363] los arrabales de León).[364] Castilla y León, por el contrario, sostenían a Ramiro, expuesto continuamente a los asaltos cordobeses.[356] En el 983, Ramiro sufrió el saqueo de Salamanca (en el otoño, aunque no pudo ser tomada, solo saqueados sus arrabales)[355] y de Sacramenia (a comienzos del[361] invierno);[356] [365] [366] en esta última se pasó por las armas a los varones y se capturó al resto de la población.[367] En su intento de acabar con el avance cristiano al sur del Duero, continuó asaltando las posiciones leonesas y castellanas en esta zona y los puntos más importantes de la repoblación, como Zamora[368] [361] (984) o Sepúlveda[369] (el mismo año, arrasada antes de abatirse sobre Barcelona).[370] [371] La destrucción de Sepúlveda obligó a Ramiro a someterse a Córdoba en el 985 —año de su fallecimiento[362] por causas naturales—, como ya había hecho antes Bermudo.[372] Al sometimiento de Bermudo le acompañó el de otros condes portugueses y gallegos.[373] A este se le impuso la presencia de fuerzas cordobesas a modo de protectorado, que permanecieron en el reino leonés hasta el 987.[362]

Aceifas de Almanzor

977
Baños de Ledesma (1.ª)
Cuéllar (2.ª)
Salamanca (3ª)
978
Barcelona y Tarragona (4.ª)
Ledesma (5.ª)
979
Zamora (6.ª)
Sepúlveda (7.ª)
Magreb (8.ª)
980
Medinaceli (9.ª)
Almunia (10.ª)
981
Canales de la Sierra (11.ª)
Rota de los Maafiríes (12.ª)
Calatayud (13.ª)
Zamora (14.ª)
Trancoso (15.ª)
982
De las tres naciones (16.ª)
Toro y León (17.ª)
983
Simancas (18.ª)
Salamanca (19.ª)
Sacramenia (20.ª)
984
Zamora (21.ª)
Sepúlveda (22.ª)
985
Barcelona (23.ª)
Algeciras (24.ª)
986
Zamora, Salamanca y León (25.ª)
Condeixa y Coimbra (26.ª)
987
Coimbra (27.ª)
Coimbra (28.ª)
988
Portillo (29.ª)
Zamora y Toro (30.ª)
Astorga (31.ª)
989
Osma (32.ª)
990
Toro (33.ª)
Osma y Alcubilla (34.ª)
Montemor-o-Velho (35.ª)
992
Castilla (36.ª)
Pamplona (37.ª)
993
Al Marakib (38.ª)
San Esteban de Gormaz (39.ª)
al-Agar (40.ª)
994
San Esteban de Gormaz, Pamplona y Clunia (41.ª)
Astorga y León (42.ª)
995
Castilla (43.ª)
Batrisa (44.ª)
Monasterio de San Román de Entrepeñas (45.ª)
Aguiar (46.ª)
996
Astorga (47.ª)
997
Santiago de Compostela (48.ª)
998
Magreb (49.ª)
999
Pamplona (50.ª)
Cataluña (51.ª)
1000
Cervera (52.ª)
1002
Canales de la Sierra y San Millán de la Cogolla (56.ª)
Según Echevarría Arsuaga pp. 243-245 y Martínez Díez.

La expulsión[374] de las tropas cordobesas de León por Bermudo una vez que se alzó con la victoria sobre Ramiro desencadenó la aceifa contra Coimbra[358] [375] del 988 y el incendio del Monasterio de San Pedro de Eslonza en la primera campaña de represalia en el 986,[nota 17] en la que también había tomado León,[377] Zamora,[377] Salamanca y Alba de Tormes,[378] antes de asaltar[378] Condeixa.[379] [380]

Llamada a la yihad en la mezquita de Córdoba, según un cuadro decimonónico. Almanzor se presentó como campeón del islam en sus numerosas campañas contra los Estados cristianos peninsulares y utilizó esta imagen para justificar su poder político.

En el 982, tuvo lugar la «campaña de las tres naciones» posiblemente contra castellanos, navarros y francos de Gerona,[381] [382] que forzó al rey navarro Sancho II de Navarra a entregar a su hija Abda[301] [357] a Almanzor.[198] [383] [384] De esta unión nacería el último de los miembros de la dinastía política amirí, Abderramán Sanchuelo.[198] [301] [357] [222] [383] [385] En el 985 y aprovechando el sometimiento de los leoneses y castellanos, atacó duramente Barcelona,[386] [381] que logró tomar con extrema crueldad a comienzos de julio.[373] [387] Almanzor ya había atacado la región anteriormente, en el verano de 978,[163] cuando asoló durante varios meses la llanura de Barcelona y ciertas áreas de Tarragona, conquistada por los condes barceloneses algunas décadas antes.[388] En esta larga incursión de casi tres meses,[369] capturó la ciudad con ayuda de la flota, hizo prisioneros al vizconde Udalardo y al archidiácono Arnulfo y saqueó los monasterios de Sant Cugat del Vallés y de San Pedro de las Puellas.[387]

En el 987, realizó dos aceifas contra Coimbra y la conquistó durante la segunda.[389] [377] [390] A diferencia de anteriores ofensivas de saqueo y destrucción, en esta zona llevó a cabo repoblación con habitantes musulmanes, que la sostuvieron hasta el 1064.[391] En el 988 y 989, volvió a asolar el Duero leonés.[391] Asaltó Zamora, Toro, León y Astorga —que controlaba los accesos a Galicia—[392] y obligó a Bermudo a refugiarse entre los condes gallegos.[393]

Después de concentrar la mayoría de sus ataques en León, pasó a lanzar sus fuerzas contra Castilla a partir del 990, hasta entonces objeto únicamente de cuatro de las treinta y una campañas anteriores.[213] El occidente leonés sufrió, no obstante, un último ataque en diciembre del 990, en el que Almanzor rindió Montemor-o-Velho y Viseu, en la línea defensiva del Mondego, probablemente como castigo por el asilo que Bermudo había concedido al omeya «Piedra Seca».[394] La fracasada confabulación de su hijo Abdalá y de los gobernadores de Toledo y Zaragoza desencadenó el cambio de objetivo.[213] Temiendo la ira de su padre por su participación en la conjura y arrestado ya el gobernador zaragozano, Abdalá había huido a refugiarse junto con el conde castellano García Fernandez.[395] Como castigo y para forzar la entrega de su hijo, el chambelán tomó y guarneció Osma en agosto.[396] [209] [217] La amplia incursión logró su objetivo y el 8 de septiembre el conde castellano devolvía[397] a Abdalá a su padre y lograba a cambio dos años de tregua.[398] Abandonada Castilla, el año siguiente fue atacada Pamplona.[192] [399] Sancho II trató de apaciguar al caudillo cordobés con una visita[383] a la capital del califato a finales del 992,[400] [222] [399] [401] pero no logró evitar que sus tierras fueran objeto de una nueva incursión en el 994.[402] [403] [404] [405] El último lustro de la década fue de general sumisión de Navarra al califato y de sucesivos intentos navarros de evitar cualquier campaña punitiva cordobesa.[406]

En el 993 Almanzor atacó de nuevo Castilla por motivos desconocidos, pero no consiguió tomar San Esteban de Gormaz[407] y tuvo que limitarse a saquear sus arrabales.[408] [404] Sí lo logró al año siguiente, en una algara en la que conquistó también Clunia.[408] [407] [409] La pérdida de San Esteban desmanteló las defensas castellanas a lo largo del Duero y la de Clunia puso en peligro las tierras al sur del Arlanza.[410]

A finales del 994 y con motivo de la boda entre Bermudo y la hija del conde castellano García Fernandez,[411] tomó León[410] y Astorga, capital leonesa desde el 988, y devastó el territorio, quizá también para facilitar la futura campaña contra Santiago.[412] En mayo del 995,[413] el conde castellano, García Fernandez, quedó malherido y hecho prisionero[414] [400] en una escaramuza cerca del Duero y, a pesar de los cuidados de sus captores, murió[415] [411] en Medinaceli.[416] Le sucedió su prudente hijo Sancho García,[417] que había combatido junto con los cordobeses contra[400] [418] su padre y que logró mantener una tregua[417] oficiosa con el califato entre el 995 y el 1000.[411] [419] Los lazos entre Castilla y el chambelán se sellaron con la entrega de una de las hermanas del nuevo conde a Almanzor como esposa o concubina.[411] Como castigo al apoyo de los Banu Gómez —condes del Saldaña y antiguos aliados de los cordobeses— al fenecido conde García, atacó Carrión en una incursión que alcanzó el monasterio de San Román de Entrepeñas.[420] A finales del 995, una nueva incursión contra Aguiar,[421] al sureste de Oporto, obligó a Bermudo a devolver al antiguo conspirador omeya «Piedra Seca».[420] [421]

En el 996, volvió a lanzar una incursión en León y destruyó Astorga[412] para lograr que retomase el pago de tributo.[420] [422] En el verano de 997, asoló Santiago de Compostela,[359] [423] después de que el obispo Pedro de Mezonzo evacuara la ciudad.[424] En una operación combinada en la que participaron tropas de tierra, aliados[425] cristianos y la[426] flota, las fuerzas de Almanzor alcanzaron la ciudad a mediados de agosto.[424] Quemó el templo prerrománico dedicado a Santiago,[426] respetando su sepulcro.[359] [20] [424] Esto permitió la continuidad del Camino de Santiago, que había comenzado a atraer peregrinaciones el siglo anterior.[427] La campaña supuso un gran triunfo para el chambelán en un momento político delicado, pues coincidió con la ruptura de su larga alianza con Subh.[359] El revés leonés fue tan grande que permitió a Almanzor asentar población musulmana en Zamora al regreso de Santiago,[424] mientras que el grueso de las tropas en territorio leonés quedaba en Toro.[428] A continuación, impuso a los magnates cristianos condiciones de paz que le permitieron no realizar campaña alguna en el norte en el 998, el primer año que esto sucedía desde el 977.[428]

En el 999, realizó su última incursión en las fronteras orientales, donde, tras pasar por Pamplona,[328] se dirigió al este y arrasó Manresa y el Pla de Bages.[429] [430] En abril había atacado el condado de Pallars,[328] regido por el hermano de la viuda del conde castellano García Sánchez.[431] Se estima que pudo ser el intento del rey navarro y de los condes catalanes de dejar de pagar tributo a Córdoba, aprovechando el que Almanzor se hallaba enfrascado en el aplastamiento de Ziri ibn Atiyya, lo que desencadenó los ataques contra esta región.[430]

También en el 999, la muerte de Bermudo en septiembre produjo una nueva minoría en León por el ascenso al trono de Alfonso V,[328] [432] pero esto no impidió la formación de una amplia alianza anticordobesa a la que se unieron no solo navarros y castellanos,[400] [433] sino también antiguos clientes cristianos de Almanzor.[337] Sancho de Castilla, hasta entonces aliado fiel que había logrado evitar las incursiones cordobesas en su territorio, se unió a la alianza[432] y provocó el lanzamiento del embate de Almanzor.[434] Con gran sorpresa de este, el conde castellano logró reunir abundantes[435] [432] tropas suyas y de sus aliados que interceptaron el camino de las unidades cordobesas al norte[436] de Clunia en una fuerte posición defensiva.[434] Los dos bandos se enfrentaron en la dura batalla de Cervera[400] (29[437] [438] de julio del 1000).[337] [433] Almanzor alcanzó una cara victoria,[439] [438] tras la desbandada[435] [436] de gran parte de sus tropas gracias a la intervención de ochocientos jinetes.[440] [441]

Tras la victoria en Cervera, a finales de año realizó otra correría en la frontera occidental, donde tomó Montemor-o-Velho[442] [443] el 2 de diciembre del 1000 tras vencer una feroz resistencia.[444]

Por su parte, el reino de Pamplona sufrió varios ataques casi seguidos:[445] tras la derrota de Cervera en el 1000 y nuevamente en el 1001 y en el 1002.[446] Estos últimos años, tras Cervera, aceleró el número de algaras, a pesar de encontrarse ya enfermo[435] [441] y de necesitar trasladarse en litera en ocasiones.[446]

Su última aceifa, también victoriosa, la realizó en 1002,[441] ya mortalmente enfermo —había sufrido artritis[447] gotosa durante veinte años—.[335] [445] El objetivo era vengar la cuasiderrota de Cervera y castigar al conde castellano Sancho, artífice de la alianza que casi vence a los cordobeses.[448] Saqueado e incendiado San Millán de la Cogolla —dedicado al patrón de Castilla y en territorio del aliado navarro de Sancho— en Pamplona, Almanzor ordenó el regreso al empeorar su salud.[449] Murió durante el regreso a Córdoba, sin alcanzar la capital.[335] [445]

Las victoriosas aceifas de Almanzor se debieron a sus habilidades como táctico militar y al ejército que comandaba, era una fuerza altamente profesionalizada y cuyas dimensiones empequeñecía cualquier mesnada que los reyes y condes cristianos podían reunir para presentarle batalla (rara vez superaban los mil caballeros y dos o tres mil peones).[450] En sus campañas Almanzor dio vital importancia a la caballería, tanto que había reservado las islas del Guadalquivir para la cría caballar.[451] [272]

Botín y esclavos[editar]

Las aceifas eran la continuación de una política proveniente de tiempos del emirato: la captura de numerosos contingentes de esclavos cristianos, los famosos «eslavos» o «francos», en árabe saqtïliba o saqáliba (plural de siqlabi, «esclavo»).[452] Estos eran la parte más lucrativa del botín, constituyendo un excelente método de pago de las tropas, tanto que muchas aceifas eran verdaderas cacerías de personas.[453] De estas actividades, provenían muchos eunucos que eran elementos imprescindibles para manejar los harenes; otros eran comprados ya castrados en Verdún y descargados en Pechina o Almería según Liutprando de Cremona.[454] Sin embargo, el artículo más valioso eran las bellas muchachas, seleccionadas según «la predilección que tenían por las rubias y pelirrojas gallegas, vasconas y francas»,[455] usualmente descritas también con ojos azules, grandes senos, caderas anchas, piernas gruesas y dentadura perfecta[456] que «surtían los gineceos de la familia real y de la aristocracia como concubinas y esposas legítimas».[457] Igual que en el caso de los eunucos, algunas esclavas eran compradas a piratas que atacaban las costas mediterráneas, otras venían de poblaciones eslavas o germánicas compradas varias veces a vikingos, y también estaban los negros y negras importados desde Sudán.[458] Pero la mayoría eran niños que serían islamizados y destinados a trabajos en la corte, incluida la labor de eunuco.[459] A este lucrativo comercio estaban dedicados judíos y en menor medida musulmanes, gracias a su habilidad como intérpretes y embajadores.[460]

Durante el régimen amirí el ya rico mercado andalusí de esclavos alcanzó proporciones sin precedentes. Por ejemplo, las crónicas moras mencionan que tras destruir Barcelona en julio de 985, Almanzor trajo encadenados al gran mercado de Córdoba a setenta mil cristianos[302] y, tras destruir Simancas en julio de 983, capturó diecisiete mil mujeres[353] y apresó diez mil nobles.[461] Obviamente, estas cifras deben ser consideradas con cuidado pero de igual manera, ante la enormidad que alcanzó este tipo de comercio durante su mandato, el amirí es descrito como «el importador de esclavos»,[302] tanto que el ʿamma o vulgo cordobés solicitó a su sucesor detener el comercio puesto que, para conseguir un buen esposo para sus hijas, debían elevar las dotes a niveles exorbitantes porque las esclavas cristianas jóvenes eran tan numerosas y baratas que muchos hombres preferían comprarlas en lugar de casarse con musulmanas.[462]

Muerte y sucesión[editar]

Estatua en Calatañazor. La derrota sufrida supuestamente poco antes de su muerte durante su última campaña en esta localidad es una leyenda de creación posterior.

Falleció el 9 de agosto de 1002,[445] [nota 18] con unos sesenta y cinco años de edad, enfermo en[464] [465] [466] Medinaceli.[463] Durante los últimos días, ya moribundo, aconsejó sobre el gobierno del califato a su hijo, que se apresuró tras su muerte a acudir a Córdoba para recibir el puesto de su padre fenecido y evitar cualquier veleidad de oposición de los partidarios de la familia del califa.[463] La Crónica Silense sentencia:[467]

Pero, al fin, la divina piedad se compadeció de tanta ruina y permitió alzar cabeza a los cristianos pues, en el año decimotercero de su reino, después de muchas y horribles matanzas de cristianos, fue arrebatado en Medinaceli, gran ciudad, por el demonio, que le había poseído en vida, y sepultado en el infierno.

Su cuerpo fue cubierto con el lienzo de lino que sus hijas habían tejido con sus propias manos y cuya materia prima procedía de los ingresos de la hacienda heredada de sus antepasados en Torrox, solar de su estirpe.[468] [268] Sobre sus restos —enterrados en el patio del alcázar de la localidad— se extendió el polvo[268] [445] que sus servidores sacudían de sus ropas después de cada batalla contra los cristianos.[335] [469] [468] [464] [466] Según el historiador árabe Ibn Idari, los siguientes versos se esculpieron en mármol, a manera de epitafio:[335] [469] [445]

Sus hazañas te enseñarán sobre él,
como si lo vieras con tus propios ojos.
Por Dios que jamás volverá a dar el mundo nadie como él,
ni defenderá las fronteras otro que se le pueda comparar.

La dinastía de chambelanes que fundó continuó con su hijo Abd al-Malik al-Muzaffar y luego con su otro hijo, Abderramán Sanchuelo, quien, incapaz de conservar el poder heredado, murió asesinado en el 1009.[9] Con la caída de los amiríes dio comienzo la disgregación del califato centralizado en taifas.[9]

Más tarde, surgió la leyenda de una derrota inmediatamente anterior a su muerte, la de la batalla de Calatañazor, aparecida primero en la Primera Crónica General y más tarde adornada en otros documentos.[470] [471] [472] La tradición sostiene que «en Calatañazor Almanzor perdió el tambor», expresión que indicaba que allí perdió su alegría debido a la derrota que se le infligió.[473] [474] [475]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. El nombre completo era Abu ʿAmir Muhammad ben ʿAbd Allah ben ʿAmir ben Muhammad ben al-Walid ben Yazid ben ʿAbd al-Malik al-Maʿafirí al-Mansur. Su kunya era Abu ʿAmir, tradicional en la familia, su nombre propio, Muhammad, su nisba, al-Maʿafirí y su laqab, Al-Mansur.[2]
  2. El año exacto se desconoce, podría ser el 938 o 939.[3]
  3. Esclava adiestrada en muy diversos conocimientos, desde el canto a la jurisprudencia islámica o la poesía, debía su poder a su ascendiente sobre el califa como madre de sus hijos.[40]
  4. Los bienes de fallecidos que no hubiesen designado un heredero, no tuviesen un pariente masculino o heredero claro según la ley pasaban al tesoro público. El cargo obtenido por Almanzor era responsable de su supervisión. Dada la complejidad del derecho islámico acerca de las herencias, exigía un gran conocimiento de aquel.[53]
  5. La «policía media» (as-surta al-wusta) se encargaba probablemente del castigo de los delitos que no tenían una pena clara en el Corán y en la sunna y del servicio de espionaje.[58]
  6. La hilʿa era el protocolo de otorgamiento de autoridad del califa a gobernadores, ministros o funcionarios, que consistía en una ceremonia de entrega de algún rico regalo que simbolizaba la concesión califal de poder a cambio del sometimiento del receptor.[61]
  7. Bariani indica la noche del 30 de septiembre como la muerte del califa.[72] La diferencia se puede deber a que el día musulmán dura desde un anochecer al siguiente y así no coincide con el día solar.[73]
  8. Ávila, Ballestín Navarro y Bariani dan una edad menor que Kennedy, once años.[80] [72] [81]
  9. Hijo menor y favorito de Abderramán III.[92]
  10. Los dos se hallaban presentes en el momento del fallecimiento del califa y decidieron aprovechar este conocimiento, aún no difundido, para implantar a su candidato en el trono califal, con o sin el concurso del chambelán. Esto hubiese supuesto el apartamiento del poder de Hisham y de sus partidarios y la supremacía de estos conspiradores.[98] [71]
  11. La fecha es aproximada, los diversos autores dan tres días consecutivos (el 1, 2 o 3 de octubre) como los correctos para la ceremonia de proclamación del nuevo califa.[90]
  12. Castellanos Gómez disiente con la identificación de los objetivos de las dos primeras campañas de Almanzor e indica que la primera atacó Baños de Montemayor y la segunda, La Muela, cerca de Calatañazor.[124]
  13. Ballestín Navarro indica que la destitución tuvo lugar el 26 de marzo del 978, diez días después de la boda de Almanzor.[140] Lévi Provençal da una fecha similar, el 29 de marzo.[141]
  14. Se ajustició al fallido pretendiente, pero su hijo acabó alcanzando el trono califal durante la fitna con el nombre de Muhammad III.[153]
  15. La ciudad quedó completamente destruida durante el levantamiento de Muhammad II al-Mahdi contra Hisham al comienzo de la guerra civil, en el 1009.[157]
  16. El laqab era Al-Mansur y no Al-Mansur bi-llah.[196]
  17. Castellanos Gómez indica otra fecha para el saqueo de este monasterio y el de Sahagún: la de la campaña trigésimo primera contra Astorga.[376]
  18. Equivalente al 27 de ramadán del 392.[3] [463]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g Fletcher, 2000, p. 91.
  2. Ballestín Navarro, 2004, p. 27-28.
  3. a b c Bariani, 2003, p. 52.
  4. Echevarría Arsuaga, 2011, p. 335-39.
  5. a b c d Echevarría Arsuaga, 2011, p. 42.
  6. Echevarría Arsuaga, 2011, p. 46-48.
  7. Biografías y Vidas. «Almanzor». Consultado el 16 de diciembre de 2009.
  8. Cañada Juste, 1992, p. 373.
  9. a b c Valdés Fernández, 1999, p. 11.
  10. Valdés Fernández, 1999, p. 11-12.
  11. Echevarría Arsuaga, 2011, p. 222.
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  14. Valdés Fernández, 1999, p. 12.
  15. a b c d Valdés Fernández, 1999, p. 15.
  16. Echevarría Arsuaga, 2011, p. 33.
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  19. Delgado Hernández, 2010, p. 127.
  20. a b c d e f g h i j k l Martínez Díez, 2005, p. 483.
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  22. Cano Borrego, Pedro Damián (2004). Al-andalus: El Islam y los pueblos ibéricos. Sílex Ediciones. p. 483. ISBN 8477371318. 
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Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]