Arrio

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
Fresco que representa a Arrio.

Arrio (256 - 336) fue un presbítero de Alejandría (Egipto), probablemente de origen libio, fundador de la doctrina cristiana conocida como arrianismo.

Biografía[editar]

Discípulo de Luciano de Antioquía, se enfrentó a su obispo proclamando que Dios (el Padre) había creado de la nada al Logos (su Hijo); que «hubo un tiempo en que el Hijo no existía», y que por tanto el Hijo era una creación de Dios y no era Dios mismo.

Su doctrina se conoce como arrianismo, aunque ya existía antes de Arrio; por ejemplo, en las obras de Pablo de Samosata. En Tertuliano se encuentra la creencia análoga a la de Arrio de que el Hijo de Dios no existía antes de ser engendrado. En Justino Mártir se encuentran sentencias subordinacionistas similares a las de Arrio, al igual que en Orígenes.

La defensa del arrianismo fue asumida por diversos líderes eclesiásticos, entre los que se destaca Eusebio de Nicomedia, quien llegó a administrar el bautismo en su lecho de muerte al emperador Constantino I el Grande.[1] [2]

Sin embargo, el arrianismo fue condenado como herejía por el Concilio de Nicea en el año 325. En este sínodo de obispos triunfó la doctrina de la consustancialidad (homoousios, la misma sustancia) del Padre y del Hijo. De los 318 obispos, 18 permanecieron inicialmente firmes en sus creencias arrianas, pero las presiones fueron mermando el número hasta que no quedaron más que dos: Eusebio de Nicomedia y Teognio de Nicea, que no aceptaron la imposición del Credo Niceno. Finalmente Arrio y sus seguidores Teonas y Secundo fueron excomulgados. El emperador Constantino I decretó además el destierro de Arrio y de los dos obispo arrianos (Eusebio y Teognio) a Iliria, además de decretar que los escritos arrianos fueran quemados y quienes los ocultasen fueren condenados a muerte.[3]

Pero años más tarde Constantino suavizó su postura hacia al arrianismo y un concilio posteriores restauró la corriente como doctrina legítima al interior de la Iglesia. Así ocurrió en el concilio de Tiro y Jerusalén (años 335-336), que a posteriori no fue incluida en las listas oficiales de concilios, así como ocurrió con los concilios previos a Nicea que abordaron el tema de los donatianos. Como resultado de las reuniones de Tiro y Jerusalén, el emperador terminó desterrando esta vez al obispo anti-arriano Atanasio de Alejandría, quien fue acusado de usar los envíos de grano que salía de Egipto a Constantinopla como chantaje para resolver una discusión sobre teológia especulativa.[4]

La condena definitiva a los arrianos llegó en el Primer Concilio de Constantinopla (381).

Posteriormente el arrianismo pervivió entre los godos y otros pueblos germánicos. Arrio era un predicador popular y se decía que sus sermones eran cantados y repetidos por la gente del pueblo. Su obra principal fue Θαλια (lit. Talía), hoy desaparecida, al igual que el resto de sus libros, que fueron quemados y proscritos, aunque fragmentos de sus textos han perdurado parafraseados en las obras de sus detractores y gracias a ellos su pensamiento se ha podido reconstruir hasta cierto punto.

Arrio murió en extrañas circunstancias (posiblemente envenenado) en 336, en la víspera del día en que iba a ser readmitido en la comunión de la Iglesia.

Obra[editar]

Se conocen fragmentos de su obra Talía, por las citas hechas por su principal adversario Atanasio de Alejandría:

Las lindezas aborrecibles y llenas de impiedad que resuenan en la Talia, de Arrio, son de este tipo: Dios no fue Padre desde siempre, sino que hubo un tiempo en que Dios estaba solo y todavía no era Padre; más adelante llegó a ser Padre. El Hijo no existía desde siempre, pues todas las cosas han sido hechas de la nada, y todo ha sido creado y hecho: el mismo Verbo de Dios ha sido hecho de la nada y había un tiempo en que no existía. No existía antes de que fuera hecho, y él mismo tuvo comienzo en su creación. Porque, según Arrio, sólo existía Dios, y no existían todavía ni el Verbo ni la Sabiduría. Luego, cuando quiso crearnos a nosotros, hizo entonces a alguien a quien llamó Verbo, Sabiduría e Hijo, a fin de crearnos a nosotros por medio de él. Y dice que existen dos sabidurías: una la cualidad propia de Dios, y la otra el Hijo, que fue hecha por aquella sabiduría, y que sólo en cuanto que participa de ella se llama Sabiduría y Verbo. Según él, la Sabiduría existe por la sabiduría, por voluntad del Dios sabio. Asimismo dice que en Dios se da otro Logos fuera del Hijo, y que por participar de él el Hijo se llama él mismo Verbo e Hijo por gracia. Es opción particular de esta herejía, manifestada en otros de sus escritos, que existen muchas virtudes, de las cuales una es por naturaleza propia de Dios y eterna; pero Cristo no es la verdadera virtud de Dios, sino que él es también una de las llamadas virtudes,entre las que se cuentan la langosta y la oruga, aunque no es una simple virtud, sino que se la llama grande. Pero hay otras muchas semejantes al Hijo, y David se refirió a ellas en el salmo llamándole «Señor de las virtudes» (Sal 23, 10). El mismo Verbo es por naturaleza, como todas las cosas, mudable, y por su propia voluntad permanece bueno mientras quiere: pero cuando quiere, puede mudar su elección. lo mismo que nosotros, pues es de naturaleza mudable. Precisamente por eso, según Arrio, previendo Dios que iba a permanecer en el bien, le dio de antemano aquella gloria que luego había de conseguir siendo hombre por su virtud. De esta suerte Dios hizo al Verbo en un momento dado tal como correspondía a sus obras, que Dios había previsto de antemano. Asimismo se atrevió a decir que el Verbo no es Dios verdadero, pues aunque se le llame Dios, no lo es en sentido propio, sino por participación, como todos los demás... Todas las cosas son extrañas y desemejantes a Dios por naturaleza, y así también el Verbo es extraño y desemejante en todo con respecto a la esencia y a las propiedades del Padre, pues pertenece a las cosas engendradas, siendo una de ellas.

Atanasio,Orationes contra Arrianos I,5-6)

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]

  1. Breve historia de Roma. Miguel Ángel Novillo López. Ediciones Nowtilus S.L., 2012
  2. Historia universal de la Iglesia Católica, 4. René François Rohrbacher. Casa editorial de San Francisco de Sales, 1902.
  3. E. Backhouse & Y.C. Tyler. Historia De La Iglesia Primitiva. Editorial Clie, España, 2004. p. 363.
  4. E. Backhouse & Y.C. Tyler. Historia De La Iglesia Primitiva. Editorial Clie, España, 2004. p. 365-366.