Diego de Landa

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Diego de Landa.

Fray Diego de Landa Calderón (Cifuentes, España; 12 de noviembre de 1524 - Mérida, Nueva España; 29 de abril de 1579) fue misionero español de la Orden Franciscana en la provincia de Yucatán y obispo de la arquidiócesis de Yucatán entre 1572 y 1579.

Primera etapa en España (1524-1549)[editar]

Diego de Landa Calderón nació el 12 de noviembre de 1524 en la Casa de los Gallos, en la Villa Condal de Cifuentes, Guadalajara, en el seno de una familia noble. Seguramente cursó sus estudios primarios entre los años 1529 y 1541 en el convento franciscano de Cifuentes.

Casa de Los Gallos (Cifuentes)

A los diecisiete años marchó al monasterio de San Juan de los Reyes, en Toledo, para continuar con su formación hasta 1547, que fue ordenado fraile de la Orden Franciscana. Ese mismo año se le destinó al convento de San Julián y San Antonio de La Cabrera (Madrid).

En 1548 recibe la visita de fray Nicolás de Albalate, que le propone viajar junto a cinco franciscanos más a Yucatán, en las recién descubiertas tierras de Nueva España (México), donde los conquistadores y colonos, una vez concluidas las guerras con los pueblos nativos, requerían misioneros para educar a los indígenas y alejarlos de una religión que tenía los sacrificios humanos como base de sus ritos.

Primera etapa en Yucatán (1549-1563)[editar]

En agosto de 1549 desembarca en Campeche y se dirige a Izamal, donde inaugura la Misión de San Antonio. El 29 de septiembre de ese mismo año fue nombrado ayudante del guardián de Izamal.

De 1549 a 1552 viajó por la península de Yucatán, acompañando al guardián del convento de Izamal para convertir a los mayas que se escondían en la selva. Durante esta etapa aprendió la lengua maya sirviéndose de la gramática de fray Luis de Villalpando. Según fuentes de la época, el fraile llegó a dominar la lengua, tanto hablada como escrita, en mucho menos tiempo del que necesitaban sus compañeros. Hasta tal punto llegó su talento, que corrigió y completó la gramática de su maestro.

En 1552 se celebró el primer capítulo de la Orden Franciscana en Nueva España y se designó a Landa guardián del convento de San Antonio de Padua de Izamal.

Convento de Izamal.

La evangelización de los frailes, que parecía tan necesaria y urgente, comenzó a crear un conflicto con los encomenderos españoles. Según éstos, los indios descuidaban el trabajo por aprender el Cristianismo e incluso incitaban a los demás a la holgazanería. La realidad es que los frailes creaban escuelas para los indios donde se les educaba y se les enseñaba la doctrina en su propia lengua, mientras que los encomenderos necesitaban que invirtieran ese tiempo en trabajar a su servicio. Entre los años 1552 y 1558 se inició un movimiento de sublevación de los encomenderos, en especial en la provincia de Valladolid, donde quemaron dos veces el convento y la iglesia. En este clima de conflicto fue necesaria la intervención de las autoridades. Alonso López Cerrato, segundo presidente de la Real Audiencia de Guatemala, envió a Tomás López como oidor a Yucatán, quien promulgó unas ordenanzas que favorecían los intereses evangélicos de los frailes a la vez que limitaban la autoridad de los caciques indígenas. Esta rivalidad entre los encomenderos y los franciscanos no cesó hasta después del regreso de Landa tras su juicio en España por lo ocurrido en el Auto de fe de Maní.

Cuenta Diego López de Cogolludo (1613-1665) que durante la construcción de la iglesia de Izamal, debido a la sequía, se extendió el hambre en toda la región, por lo que fray Diego de Landa mandó repartir el grano de maíz almacenado en el convento y durante más de seis meses el convento estuvo alimentando a todo el pueblo. Según Cogolludo, el aprovisionamiento de maíz de los franciscanos nunca se acababa por más que lo repartían, lo que fue tomado como un milagro por los lugareños.

El 27 de octubre de 1553, fray Diego de Landa participó en los acuerdos del Cabildo de Mérida entre franciscanos y encomenderos para regular los jornales de los indios.

El 13 de noviembre de 1556 se nombró a Landa definidor y custodio de la provincia de Yucatán.

A pesar de los esfuerzos de los franciscanos y aunque parecía que los pueblos mayas aceptaban la fe cristiana, seguían celebrándose rituales de sacrificios humanos en los abandonados templos prehispánicos. En 1558 Landa sorprendió a una multitud de indígenas celebrando un ritual en Chichén Itzá. Paró de inmediato el culto y después de predicar el Evangelio, arrojó todos los ídolos al Cenote Sagrado.

Ese mismo año de 1558, fray Lorenzo de Bienvenida viajó a España para reclutar más franciscanos para las misiones. El 3 de abril de 1559, Diego de Landa escribió al Consejo de Indias proponiendo a fray Lorenzo de Bienvenida para obispo de Yucatán.

El 19 de febrero de 1560 fue nombrado alcalde mayor de la provincia de Yucatán Diego de Quijada, con quien Landa tuvo notables enfrentamientos. Sin embargo, por intereses propios, el alcalde fue un importante apoyo para Landa en su lucha contra la herejía de los indígenas.

Unos meses más tarde, fray Francisco Navarro y fray Diego de Landa procesan como jueces apostólicos de la Inquisición Ordinaria a varios españoles por blasfemia, entre ellos, algunos encomenderos.

El 12 de noviembre de 1560, en un nuevo capítulo de los franciscanos, se nombró a Landa guardián del convento de Mérida.

En agosto de 1561, el cacique de Maní, Hunacti, muestra a fray Pedro de Ciudad Rodrigo, guardián del convento, el cadáver de un niño con señales de haber sido crucificado. Algunos meses después, los alumnos de la escuela de Maní mostraron a fray Pedro varios ídolos y huesos de rituales idólatras. Todo esto fue comunicado a Landa, que tomó represalias contra varios indios condenándoles por herejía.

El 13 de septiembre de 1561, Landa fue nombrado provincial de Yucatán. A falta de obispo desde 1557, se convierte así en la mayor autoridad eclesiástica de toda la provincia de Yucatán, que desde ese mismo año comprendía también la de Guatemala.

Convento de San Miguel Arcángel. En esta plaza se celebró el famoso Auto de Maní
Quema de los ídolos y documentos mayas por fray Diego de Landa. Mural del pintor yucateco Fernando Castro Pacheco en Mérida, Yucatán.

En junio de 1562, estando de cacería el portero del convento de Maní, Pedro Che, descubrió en una cueva un venado aún caliente y con el corazón arrancado. Había también varios altares con ídolos cubiertos de sangre. Pedro Che le comunicó el hallazgo a fray Pedro y éste a su vez, acudió a fray Diego de Landa, que al conocer la noticia y después de comentarla con Diego de Quijada se dirigió a Maní. Al ver Landa que las prácticas paganas no cesaban, tomó poderes inquisitoriales y con la ayuda de Diego de Quijada organizó el famoso Auto de fe de Maní. Así lo describe el fraile en su "Relación de las cosas de Yucatán": <<Que estando esta gente instruidos en la religión y los moços aprovechados, como diximos, fueron pervertidos por los sacerdotes q en su idolatría tenian y por los señores, y tornaron a ídolatrar y hazer sacrificios no solo de saumerios sino de sangre humana sobre lo qual los frayles hizieron inquisicion, y pidieron ayuda al alcalde mayor y prendieron muchos, y les hizieron procesos y se celebro un auto en que pusieron muchos en cada balços encoroçados; y açotados, y tresquilados, y algunos ensambenitados por algun tiempo, y que algunos de tristeza engañados del demonio se ahorcaron y q en comun mostraron todos mucho repentimiento, y voluntad de ser buenos Christianos.>>[1]

Diego de Quijada nombró a Bartolomé de Bohorques teniente de alguaciles con el propósito de ayudar a Landa para ejecutar todas sus órdenes, prender a los indios que el fraile requiriera y cumplir sus sentencias. Landa ordenó a Bohorques, bajo pena de excomunión, que aceptara el cargo de alguacil mayor de la Inquisición Ordinaria.

El 11 de junio de 1562, el provincial mandó apresar a treinta caciques indígenas y en los días posteriores detuvieron al gobernador de Maní, Francisco de Montejo Xiú, al cacique de Oxkutzcab, Francisco Pacab, al cacique de Mama, Juan Pech y al cacique de Tekax, Diego Uz.

Como consecuencia de lo ocurrido en el último año, el 12 de julio de 1562 se celebró en Maní un auto de fe. Como representante de la Autoridad Religiosa estaba Diego de Landa, que había presidido el tribunal del Santo Oficio y el representante de la Autoridad Civil era el alcalde mayor Diego de Quijada. Las actas notariales las firmaron Jerónimo de Contreras y Pedro Martínez.

Durante aquella noche, los caciques fueron trasquilados, encorozados y ensambenitados y se destruyeron varios ídolos, altares, estelas y vasijas. Además se quemaron varios códices (la cantidad varía de unos pocos hasta varios miles, según cada autor). Actualmente sólo se conservan tres Códices mayas: el Códice de Madrid, el de París y el de Dresde (hay un cuarto códice, el de Grolier, pero según las últimas investigaciones <<las evidencias apuntan a que está hecho en 1960, aunque aún existen controversias al respecto>> [2] ). Esto es lo que Landa cuenta al respecto: <<Usavan tambien esta gente de ciertos caracteres o letras con las quales escrivian en sus libros sus cosas antiguas y sus sciencias, y con ellas, y figuras, y algunas señales en las figuras entendian sus cosas, y les davan a entender y enseñavan. Hallamosles grande número de libros de estas sus letras, y porq no tenían cosa, en que no oviesse superstiçion y falsedades del demonio se los quemamos todos, lo qual a maravilla sentían y les dava pena.>>[3]

El auto provocó la cólera de los encomenderos porque además de los indígenas que fueron detenidos, muchos escaparon a la selva, dejándolos sin mano de obra para cultivar. Como es lógico, este hecho volvió a los mayas más recelosos hacia los españoles.

Catedral de San Ildefonso (Mérida). Comenzó a construirse en 1562, con la llegada del obispo Toral y no se terminó hasta 1599.


El 14 de agosto llegó a Mérida fray Francisco de Toral, recién nombrado obispo de Yucatán. Tanto los encomenderos como el defensor de los indios, Diego Rodríguez Vivanco, aprovecharon lo ocurrido en Maní para poner al obispo a su favor y en contra de Landa. El 15 de septiembre, el Provincial, manteniendo su postura, presentó al Alcalde Mayor una petición para que se le informase de todos los casos de idolatría que detectasen las autoridades. Sin embargo, a partir de octubre, el obispo Toral y el defensor de los indios Rodríguez Vivanco, formalizaron sus acusaciones contra fray Diego dirigiéndose al rey, Felipe II. Se formaron así dos bandos que permanecieron enfrentados una década: por un lado el provincial Landa junto a los frailes de su orden y el alcalde mayor Diego de Quijada y por otro el obispo Toral, el defensor de los indios Rodríguez Vivanco y los encomenderos.

Ante las acusaciones que estaba recibiendo, Landa decidió apelar al Virrey y se dirigió a Campeche, camino de Veracruz. Allí, donde también habían ido Toral y Quijada, se encontró con Martín Cortés Zúñiga, único hijo legítimo de Hernán Cortés, que intentó mediar entre ambos bandos. Después de Cortés intervino Francisco de Montejo el Mozo, pero ninguno de los dos consiguió zanjar la disputa.

Al enterarse el Provincial de que las acusaciones habían llegado a Felipe II, el 1 de marzo de 1563 renunció a su cargo y a finales de mes partió para España.

Segunda etapa en España (1564-1573)[editar]

Después de casi ser apresado por piratas berberiscos y de pasar varios meses enfermo en Santo Domingo, llegó a España en octubre de 1564. Los primeros días los pasó en el monasterio de San Juan de los Reyes, después se dirigió a Barcelona a ver al general de su orden. Con una carta que le dio éste, se dirigió a Madrid para defenderse ante el Rey y el Consejo de Indias.

El 13 de febrero de 1565, la causa de fray Diego fue remitida al provincial franciscano de Castilla, fray Pedro de Bobadilla y éste a su vez le encargó el caso al definidor fray Francisco de Guzmán. El 2 de mayo, el Definidor presentó un informe de su comisión que resultaba favorable a Landa y al año siguiente, el obispo Toral se retractó de las imputaciones que hizo contra el Provincial: <<[...] compungido se levantó de la silla, y de rodillas, como si fuera un fraile particular, dijo la culpa, confesando haber hecho mal en escribir de aquel modo, por solo informe de apasionados, que se dolia mucho que por su causa faltase á esta tierra un varon santo, como el padre Landa, y a los indios un tan gran ministro. De todo pidió perdon, y prometió la satisfaccion necesaria al descargo de su conciencia.>>[4] .

No se sabe con certeza, pero seguramente entre los años 1566 y 1568 escribió en Cifuentes su obra “Relación de las cosas de Yucatán”.

El 11 de febrero de 1567, diez caciques de Yucatán escriben una carta a Felipe II pidiéndole que <<se comparezca de nuestras animas y nos envie frailes franciscanos que nos guien y nos enseñen en la carrera de Dios y en especial algunos que se han ido de esta parte a España, que hablen ya muy bien la lengua de esta tierra con que nos predican, que se llama fray Diego de Landa, fray Pedro Gumiel, […]>>[5] .

En enero de 1569, el entonces provincial de Castilla, fray Antonio de Córdoba, dicta una sentencia absolutoria para fray Diego de Landa. El 24 de febrero de 1570, al enterarse los frailes franciscanos de Yucatán que Landa había sido absuelto, escriben a Felipe II pidiendo el regreso de fray Diego a la Península.

El 20 de abril de 1571 muere Francisco Toral, dejando vacante la silla episcopal de la provincia de Yucatán.

A finales de 1571, estando Landa en el convento de San Julián y San Antonio, recibe una cédula real en la que se le propone como obispo de Yucatán. El 15 de noviembre de 1572, en Sevilla, se consagra a Landa obispo y parte hacia Nueva España el 28 de junio de 1573.

Segunda etapa en Yucatán (1573-1579)[editar]

El 11 de octubre de 1573 desembarca en Campeche el obispo fray Diego de Landa. Al llegar a Mérida ve que muchos frailes no conocen la lengua maya, por lo que tras un notable enojo, restablece las clases de la lengua indígena para todos los misioneros.

Al año siguiente manda imprimir una doctrina cristiana en maya y seguramente su "Relación de las cosas de Yucatán", pero actualmente no se conserva ninguna copia.

El 28 de febrero de 1578, Felipe II nombra a Landa Defensor de los indios.

Convento Grande de San Francisco (Mérida). Fue construido sobre una pirámide maya de la ciudad de T´ho y allí fue sepultado Diego de Landa antes de ser trasladados sus restos a Cifuentes. El convento fue destruido a mediados del siglo XIX para construir un cuartel militar. Después, el cuartel se convirtió en mercado y luego en un centro escolar, que más tarde fue abandonado y utilizado como aparcamiento. En la actualidad es el Mercado de San Benito.

El 29 de abril de 1579 muere en el Convento Grande de San Francisco (Mérida), donde es sepultado. Años después, trasladaron sus restos a Cifuentes y los inhumaron en un pequeño nicho de la capilla de Calderón, en la iglesia de El Salvador.

La iglesia de El Salvador en Cifuentes fue donde se depositaron por última vez los restos de fray Diego de Landa, en la capilla construida por su antepasado Iván de Quirós Calderón en el año 1342.
Nicho de Fray Diego de Landa Calderón (Capilla de Los Calderón en la iglesia de El Salvador, Cifuentes)

En 1937 la iglesia de El Salvador fue profanada y los restos de Landa desaparecieron para siempre.

Su aporte al estudio de la cultura maya[editar]

Página 45 del manuscrito de la Relación de las cosas de Yucatán.

Durante casi toda su vida se dedicó al estudio de la cultura maya, no sólo para llevar a cabo sus propósitos de evangelización, sino quizás también para tratar de compensar la valiosa información que había destruido en su época de inquisidor.[6] En su obra recogió una gran cantidad de información sobre la historia, el modo de vida y las creencias religiosas de los mayas. También logró entender el sistema calendárico y matemático de esta civilización.

La Relación de las cosas de Yucatán, escrita entre 1566 y 1568 es una obra clave para entender el mundo maya de la época de la conquista. En este libro Landa escribe sobre el descubrimiento y conquista de México, y sobre la historia y cultura maya. Aunque la lengua maya se ha seguido hablando hasta la actualidad, en el siglo XVIII desaparecieron las últimas personas capaces de entender los complejos glifos mayas.

En 1862, Charles Étienne Brasseur de Bourbourg descubrió una copia del manuscrito en la biblioteca de la Real Academia de la Historia, en Madrid, y después de traducirla al francés y añadir anotaciones, la publicó en Londres y París en 1864. Brasseur de Bourbourg intentó traducir los códices mayas, pero no lo consiguió al pensar que los glifos eran un simple alfabeto. Hubo que esperar más de un siglo hasta que se consiguió descifrar por completo la escritura maya, pero hay que reconocer que la obra de Landa ha sido trascendental para llegar a tal conocimiento.

Bibliografía[editar]

  • de Landa Calderón, Fray Diego (2007). Relación de las cosas de Yucatán. México D.F.: Monclem Ediciones. ISBN 970901904X. 
  • Martínez Viana, Víctor (2009). Breve historia de fray Diego de Landa. Guadalajara. ISBN 9788461344116. 
  • López de Cogolludo, Diego (2011). Historia de Yucatán. Barcelona: Red Ediciones. ISBN 9788498166408. 
  • de Lizana, Bernardo (1988). Historia de Yucatán. Cambio 16. ISBN 9788476791097. 
  • de Benavente Motolinía, Toribio (1991). Historia de los indios de la Nueva España. Castalia. ISBN 9788470394645. 
  • Carrillo y Ancona, Crescencio (1892). El Obispado de Yucatán. Mérida: Ricardo B. Caballero. 
  • Oroza Díaz, Jaime (1984). Historia de Yucatán. Mérida: Ediciones de la Universidad Autónoma de Yucatán. ISBN 968-6160-00-0. 

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Manuscrito de Relación de las cosas de Yucatán editado dentro de la Breve historia de fray Diego de Landa de Víctor Martínez Viana, pág. 357
  2. Blanco de falsificadores y coleccionistas, La Jornada, UNAM, 13 de junio de 2005.
  3. Manuscrito de Relación de las cosas de Yucatán editado dentro de la Breve historia de fray Diego de Landa de Víctor Martínez Viana, pág. 458
  4. Diego López de Cogolludo, Historia de Yucatán, capítulo VII. Red Ediciones. ISBN 9788498166408
  5. Breve historia de fray Diego de Landa, Víctor Martínez Viana, pág. 183
  6. Jaime Oroza Díaz, Historia de Yucatán, Ediciones de la Universidad Autónoma de Yucatán, Mérida, Yucatán, 1984, ISBN 968-6160-00-0.

Enlaces externos[editar]