Logógrafo

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Los logógrafos (del griego λογογράφος, logographos, compuesto de λόγος, logos, que aquí significa historia o prosa, y γράφω, grapho, escritura) eran los historiadores y cronistas griegos anteriores a Heródoto (considerado el «padre de la historia»). Éste llamaba a sus predecesores λογοποιόι (logopoioi, de ποιέω, poieo, hacer). Tucídides aplicó el término logógrafo a todos los que le precedieron, incluyendo al propio Heródoto (I,21).

El mismo término de logógrafos se aplicaba en la Antigua Grecia a los autores de discursos jurídicos.

Ubicación y características[editar]

Con una sola excepción, provienen de la región de Jonia y sus islas, que por su situación era la zona más favorablemente situada para la llegada de noticias de países lejanos, tanto de Oriente como de Occidente. Escribían en dialecto jónico, en lo que se llamó el estilo imperiódico, preservando el carácter poético de modelos épicos, aunque no el estilo. La crítica que ejercen sobre sus fuentes es mínima: un simple intento de racionalizar las leyendas y tradiciones en torno a la fundación de las ciudades, las genealogías de las familias gobernantes (lo que se denomina arcontología), y los usos y costumbres de cada pueblo. Por esa razón se les suele considerar más cronistas que historiadores.

El primer logógrafo fue Cadmo de Mileto (siglo VI a.c.), que escribió la historia de su ciudad (si es que realmente era nativo de ella). Otros logógrafos florecieron entre mediados del siglo VI a.c. y las Guerras Médicas. El último fue Ferécides de Leros, que murió alrededor del año 400 a.c. Hecateo de Mileto, en sus Genealogiai, fue el primero en intentar (no del todo con éxito) separar el pasado mitológico del histórico, lo que significó un paso crucial en el desarrollo de la historiografía. Es la única fuente que Heródoto citó por su nombre. Tras Heródoto el género declina, para ganar algo de popularidad en la época helenística.

Estilo imperiódico[editar]

Los logógrafos, aunque trabajaban con la misma mitología, se distinguen de los poetas épicos del ciclo de la Guerra de Troya por escribir en prosa, en un estilo imperiódico que Aristóteles (Retórica, 1049a 29) llamó λέξις εἰρομένη (lexis eiromenê, de εἴρω, eiro, 'juntar'), o sea, un estilo continuo.

Logógrafos cuyos nombres se han conservado[editar]

Dionisio de Halicarnaso (De Tucídides, 5) nombra a los más famosos del mundo clásico. En esta lista se les indica con un asterisco (*) :

Los logógrafos jurídicos[editar]

En la Atenas de la antigüedad, la práctica jurídica requería del litigante defender su caso ante el tribunal con dos discursos sucesivos. No existían abogados, y la ley sólo permitía a un amigo o pariente ayudar a cada parte en el litigio. Si un litigante no confiaba en sí mismo para hacer su propio discurso, para defender su caso podía buscar los servicios de un personaje al que se llamaba logógrafo, o sea, escritor en prosa, al igual que a los historiadores. También, como los primitivos historiadores, recibían el nombre de logopoios (λογοποιός, de ποιέω, poieo, 'hacer'). El logógrafo escribía un discurso que el litigante debía aprender de memoria y recitar ante el tribunal. Antifonte de Atenas (480 a. C.410 a. C.) fue uno de los primeros en practicar esta profesión. Defender a las víctimas de persecuciones políticas contribuyó a lanzar la posterior carrera política de muchos logógrafos.

La oratoria griega estaba animada por una vida pública de excepcional vitalidad. Además de los discursos de los logógrafos, contó con los de los demagogos (aplicados éstos a los discursos políticos tendentes a obtener el favor de las asambleas y muy criticados por los filósofos, por no buscar la verdad, lo que hizo crear a éstos otra clase de oratoria), las oraciones fúnebres (como el famoso Discurso fúnebre de Pericles recogido por Tucídides) y las arengas militares.

Logógrafos jurídicos famosos[editar]

Bibliografía[editar]

  • The History of History; Shotwell, James T. (Nueva York, Columbia University Press, 1939)
  • The Ancient Greek Historians; Bury, John Bagnell (Nueva York, Dover Publications, 1958)