Tribunales de la Antigua Atenas

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Los tribunales de la Antigua Atenas se basaban en el llamado derecho griego que es un gran desconocido para los historiadores actuales. Con penas que las partes proponían a los jueces, un complejo sistema asambleario de jueces-jurado, la falta de una policía organizada que era suplida por las averiguaciones de la acusación particular. Se caracteriza sobre todo por la falta de una codificación sistematizada debido a la enorme fragmentación política de la Grecia de las polis y la falta de unas leyes escritas, que en el caso de Esparta se cuenta que se prohibieron expresamente por Licurgo.

Historia[editar]

Solón fue el precursor de las bases de la justicia ateniense.
El orador Demóstenes fue uno de los más brillantes de su tiempo, destacando sobre todo sus discursos que preparaba para los juicios de su ciudad

El ordenamiento jurídico de cada polis era diferente, y de ninguna otra tenemos tanta información como de Atenas en la época clásica, la época dorada de la democracia ateniense.

Antes, la sociedad de Atenas, que oscilaba entre la aristocracia rural y las clases populares, había tendido gradualmente a una cierta apertura Ya a principios del siglo VII a. C. medió entre ambas partes Solón, cuyas reformas en el sistema judicial entrañaron dos grandes novedades: la posibilidad de ejercer la acusación particular, pues hasta entonces la acción era sólo personal salvo en casos de homicidio y la introducción del derecho de apelación a un tribunal contra la decisión de un magistrado. Con ello se otorgaba una mayor tutela judicial a las clases populares: en la práctica suponía la democratización del sistema judicial. En torno al año 460 a. C. el Consejo aristrocrático del Areópago fue despojado de bastante poder y jurisdicción salvo la de asuntos religiosos, asesinato, etc. La democratización se hizo más profunda cuando Pericles introdujo el sueldo para los jueces: dos óbolos por día, lo que facilitó que accedieran al jurado los humildes y, sobre todo, los ancianos.

Política en la justicia ateniense[editar]

Por entonces el poder político estaba concentrado en la Ekklesía o Asamblea y en la Boulé; el poder judicial también, directamente o delegado en los tribunales ordinarios. Política y judicatura estaban mezcladas; ningún ateniense comprendería la separación de poderes de las democracias modernas. La evolución jurisdiccional corrió pareja con la política, y en el siglo V a. C. ambas estaban en manos del pueblo. Los jueces eran ciudadanos normales que componían un órgano, los dikasteria, de donde se formaba cada tribunal. Para ser miembro del mismo sólo se requería ser hombre, mayor de 30 años e hijo de padre ateniense y madre libre (Véase ciudadano en la Antigua Grecia). La figura del dikastés es extraña a nuestro concepto de juez y se aproxima al de jurado, sin serlo exactamente.


Sistema de juicios[editar]

Número de jueces[editar]

201-Demandas inferiores a 1000 dracmas.

401-Demandas superiores a los 1000 dracmas.

Múltiplos de 500 para asuntos públicos.

Con el número impar se evitaban los empates en las votaciones, pues en tal caso el acusado era absuelto inmediatamente.

Sistema de votaciones[editar]

Los jueces votaban con un guijarro o una concha en una urna. En caso de condena, algunas penas venían fijadas por la ley, pero normalmente la acusación o eisangelia proponía una pena, y otra alternativa el condenado.nnnn

Penas[editar]

Las penas de prisión no eran muy frecuentes o largas, se preferían las multas, la muerte, el destierro (ostracismo), el embargo de propiedades o la privación de derechos (atimia).

Partes[editar]

Con respecto a las partes, la tutela jucidial era sólo efectiva para los hombres libres atenienses, aunque los metecos tenían acceso a la jurisdicción. Las mujeres eran representadas por una especie de tutor, el kyrios. El ciudadano podía perder el derecho a recurrir a los tribunales en caso de atimia o pérdida del honor. Los delitos y las faltas no se diferenciaban como hoy en día, pero sí había una clara separación entre causas públicas y privadas.

No había abogados, sino acusador y acusado en persona, que hablaban por ellos mismos el tiempo marcado por un reloj de agua o clepsidra.

Sin embargo a partir del orador Antifonte proliferaron los discursos hechos por los logógrafos y la oratoria se desarrolló hasta llegar a los discursos de Lisias o Demóstenes. Un buen discurso era fundamental para convencer a los jueces.

Véase también[editar]

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Enlaces externos[editar]