Juan Ginés de Sepúlveda

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Juan Ginés de Sepúlveda.

Juan Ginés de Sepúlveda (Pozoblanco, Córdoba, 14901573) sacerdote católico español conocido por su faceta de filósofo, jurista e historiador del siglo XVI; y su enfrentamiento, en defensa de la guerra contra los indígenas, en oposición a Bartolomé de Las Casas.

Biografía[editar]

Nació en Pozoblanco, Córdoba. Cursó sus primeros estudios en Córdoba y desde 1510 en la reciente Universidad de Alcalá de Henares, donde obtuvo el título de bachiller en Artes y Teología; allí tuvo entre sus maestros al antierasmista Sancho Carranza de Miranda. En 1515 marchó a Bolonia, donde se doctoró en ambas disciplinas. Hizo algunos amigos, como el humanista Luis de Lucena, destacando pronto por su erudición en lenguas clásicas. Fue colegial del famoso Real Colegio de España en Bolonia, creado por Gil de Albornoz, que aún existe, y escribió por entonces la biografía de su fundador De vita et rebus gestis Aegidii Albornotii. En su estancia en Bolonia entró en contacto con las corrientes humanistas y obtuvo la protección y amistad de Alberto Pío, príncipe de Carpi, también antierasmista. Conoció además a Julio de Médicis y a Adriano VI.

Su interés por Aristóteles le llevó a traducir su Política (1548), y la defensa del sometimiento de las culturas inferiores que contiene este libro le influiría después a la hora de sostener la legitimidad de la Conquista de América en función de infundir a los indios una cultura superior y cristiana. En este mismo espíritu asistió a las lecciones del famoso Pietro Pomponazzi. Cuando el príncipe se retiró a Francia después del saqueo de Roma en 1527, Ginés se trasladó a Nápoles al lado del cardenal Cayetano (Tomás de Vio) quien le encargó la revisión del texto griego del Nuevo Testamento. Acompañó a Génova al cardenal Francisco de los Ángeles Quiñones, encargado de cumplimentar a Carlos V, y el emperador quedó tan prendado de él que le nombró su cronista. Su papel contrario a las reformas eclesiásticas le llevó a combatir el pensamiento de Erasmo de Rotterdam, cuya idea sobre el libre albedrío no compartía, y a refutar a Lutero. Defendió además a Catalina de Aragón, la hija de los Reyes Católicos y esposa española de Enrique VIII, en su obra Antapollogia pro Alberto Pio Comite Carpensi in Erasmum Roterodamum (Roma y París, 1532). En 1535 fue nombrado capellán y cronista por Carlos I. Regresó a España donde posteriormente fue nombrado preceptor del futuro Felipe II. Antonio Ramírez de Haro, obispo de Segovia, hizo condenar la obra en que se sustentaban sus doctrinas sobre la conversión de infieles por las universidades de Salamanca y Alcalá, y Sepúlveda entonces se retiró de la corte a su pueblo natal de Pozoblanco, dedicándose a escribir las obras históricas que le han dado su gran reputación, y allí falleció.

Misión de Las Indias[editar]

Sobre el emperador compuso una crónica de carácter panegírico, De rebus gestae Caroli Quinti. También una historia de la conquista del Nuevo Mundo, De rebus hispanorum gestis ad Novum Orbem Mexicumque y se convirtió en el defensor oficial de la conquista, colonización y evangelización de la población autóctona de América, justificando el derecho de unos pueblos a someter a otros por su civilización superior o derecho del dominador sobre el dominado para evangelizarlo y elevarlo a su misma altura, debido a que eran pueblos sin civilizar, en contra de la opinión iusnaturalista de Francisco de Vitoria. También escribió una Historia de la guerra de los indios.

Era contrario al espíritu de las Leyes Nuevas de 1542, al igual que los encomenderos, que consiguieron su derogación por los virreyes en América, lo que motivó la llegada a España de Bartolomé de las Casas. Sepúlveda publicó su De justis belli causis apud indios y Las Casas replicó con sus Treinta proposiciones muy jurídicas. que condujo a la celebración de una reunión de teólogos en Valladolid (Junta de Valladolid) entre los meses de agosto y septiembre de 1550 con el objetivo de solucionar la disputa, que recibió el nombre de «polémica de los naturales» o «de los justos títulos». En la reunión participaron Domingo de Soto, Bartolomé Carranza y Melchor Cano, sustituido posteriormente por Pedro de la Gasca. Sepúlveda, partidario de un consuetudinarismo aristotélico y de la razón de estado de Nicolás Maquiavelo, defendió sus ideas sobre la justicia de la guerra contra los indios a causa de sus costumbres caníbales y los sacrificios humanos, por su inferioridad cultural y para evitar guerras entre ellos, argumentos a los que ya se había opuesto el iusnaturalismo de Francisco de Vitoria. Además, él creía que las conquistas eran necesarias por el adelantamiento cultural de España, de forma que la civilización equivalía a derecho del dominador sobre el dominado para evangelizarlo y elevarlo a su misma altura; su rival Las Casas propugnaba la igualdad genérica del ser humano al margen de cualquier posición política, y la necesidad de que los españoles abandonaran América, limitándose a enviar predicadores para evangelizar, sin apoyo militar ninguno. No hubo resolución final y cada uno de los contrincantes se consideró vencedor. No dejó sin embargo de señalar lo mucho que marcó a Las Casas su fracaso como encomendero:

Fracasada la empresa que le había traído al Nuevo Mundo y perdida la tropa de campesinos que le dio Carlos siendo joven para, según él decía, hacer grandes cosas, se había hecho fraile. Éste, movido por misericordia hacia los bárbaros y por la religión (o por el deseo de perturbaciones, a las que era muy aficionado, pues era sedicioso por naturaleza), vuelto a España, con su amigo Rodrigo de Andrada informó al Emperador, tomando por testigo a Rodrigo, de las calamidades de los bárbaros, y demostró que muchas islas y aun parte del continente de muy poblados habían quedado reducidos a desiertos por la avaricia y crueldad de los nuestros y que muchos habían sido hechos esclavos contra todo derecho humano y divino, exagerándolo todo y mezclando cosas falsas y verdaderas (Hechos del Emperador Carlos V, lib. XXI)

Si por su pensamiento Juan Ginés de Sepúlveda era aristotélico y seguidor de Nicolás Maquiavelo, por su estilo latino es partidario de la imitación ciceroniana y por lo tanto enemigo de la imitación ecléctica erasmiana. Tradujo, fuera de la Política de Aristóteles, también otros libros del Estagirita y los Comentarios de Alejandro de Afrodisias a la Metafísica.

Con perfecto derecho los españoles imperan sobre estos bárbaros del Nuevo Mundo e islas adyacentes, los cuales en prudencia, ingenio, virtud y humanidad son tan inferiores a los españoles como niños a los adultos y las mujeres a los varones, habiendo entre ellos tanta diferencia como la que va de gentes fieras y crueles a gentes clementísimas.

¿Qué cosa pudo suceder a estos bárbaros más conveniente ni más saludable que el quedar sometidos al imperio de aquellos cuya prudencia, virtud y religión los han de convertir de bárbaros, tales que apenas merecían el nombre de seres humanos, en hombres civilizados en cuanto pueden serlo.

Por muchas causas, pues y muy graves, están obligados estos bárbaros a recibir el imperio de los españoles [...] y a ellos ha de serles todavía más provechoso que a los españoles [...] y si rehúsan nuestro imperio (imperium) podrán ser compelidos por las armas a aceptarle, y será esta guerra, como antes hemos declarado con autoridad de grandes filósofos y teólogos, justa por ley natural.

La primera [razón de la justicia de esta guerra de conquista] es que siendo por naturaleza bárbaros, incultos e inhumanos, se niegan a admitir el imperio de los que son más prudentes, poderosos y perfectos que ellos; imperio que les traería grandísimas utilidades, magnas comodidades, siendo además cosa justa por derecho natural que la materia obedezca a la forma.

Juan Ginés de Sepúlveda: De la justa causa de la guerra contra los indios[1]

Obras[editar]

Portada del libro Epistolarum libri septem publicado en 1557.

El Ayuntamiento de Pozoblanco ha editado sus Obras completas en quince tomos: Volumen I, De rebus gestis Caroli V (libri I-V). Volumen II, De rebus gestis Caroli V (libri VI-X). Volumen III, Democrates II, Apología. Volumen IV, De rebus gestis Philippi II. Volumen V, De vita et rebus gestis Aegidii Albornotii. Volumen VI, De regno, De ritu nuptiarum, Gonsalus. Volumen VII, Antapolofia, De correctione, Cohortatio. Volumen VIII, Epistulae. Volumen IX, Epistulae. Volumen X, De rebus gestis Caroli V (libri XI-XV). Volumen XI, De orbe Novo. Volumen XII, De rebus gestis Caroli V (libri XVI-XX). Volumen XIII, Democrates I, De fato, Theophilus. Volumen XIV, De rebus gestis Caroli V (libri XXI-XXV). Volumen XV, De rebus gestis Caroli V (libri XXVI-XXX). La colección se cierra con un Volumen XVII, Biografía de Juan Ginés de Sepúlveda por Santiago Muñoz Machado.

Hizo además un arreglo de la Historia de las Indias de Gonzalo Fernández de Oviedo, y se conserva un extenso Epistolario en siete libros que merecería traducción. En 1780 Cerdá y Rico reimprimió por orden de la Real Academia de la Historia sus obras completas.

Biografía[editar]

  • De vita et rebus gestis Aegidii Albornotii.

Teología[editar]

  • De fato et libero arbitrio, libri tres (Roma, 1527).

Historia[editar]

  • De rebus hispanorum gestis ad Novum Orbem Mexicumque.
  • De rebus gestis Caroli V (1556).
  • De rebus gestis Philippi II (1564).

Polémicas[editar]

  • Antapologia, Roma, 1532 (una defensa de su amigo Alberto Pío, príncipe de Carpi, contra Erasmo de Rotterdam).

Política[editar]

  • Democrates, sive de justi belli causis, un diálogo en dos partes sobre las causas justas de la guerra donde se muestra partidario de que las civilizaciones superiores sometan a las inferiores; no obtuvo licencia de impresión merced a las presiones de su rival Bartolomé de las Casas, aunque sí logró publicar en Roma su Apologia pro libro de iustis belli causis.
  • De regno et regis officio.
  • De convenientia militaris disciplinae cum christiana religione.
  • Gonsalus seu de appetenda gloria dialogus.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Citado por Enrique Dussel 1942, el encubrimiento del otro, Madrid: Nueva Utopía, 1993, notas al pie, p. 73-72, citando la versión del FCE, México,1987; cada párrafo en p. 101, p. 133, p. 135, p. 153. La opinión de Dussel sobre la continuidad de los argumentos en pg. 29.

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]