Guerra de Castas
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Se denomina Guerra de Castas al movimiento social que los nativos mayas del sur y oriente de Yucatán iniciaron en el mes de julio de 1847 contra la población de criollos y mestizos que se encontraba establecida en la Península de Yucatán . La guerra terminó oficialmente en 1901 con la ocupación de la capital maya de Chan Santa Cruz por parte de las tropas mexicanas.[1]
[editar] Antecedentes
La inconformidad del pueblo maya ya se había manifestado en el siglo XVIII con la rebelión de Jacinto Canek, en 1761, pero aquel brote no fue sino una manifestación menor en comparación de la amplitud que habría de adquirir el levantamiento poco menos de un siglo después.
La Guerra de Castas surgió en Yucatán debido a las precarias condiciones de vida de los indios mayas en la península. Sólo los criollos y mestizos eran yucatecos con derechos y, en general, ellos solían ocupar la parte superior de la escala económica, por lo que los mayas, pertenecientes a la clase depauperada, no se sentían parte de ellos, eran simplemente mayas, foráneos en su propio territorio.
Ante la situación de pobreza, la desigualdad social causada, entre otros, por el sistema de reparto de tierras y la opresión ejercida por la poblacíón blanca, los indígenas mayas se sublevaron. El 18 de julio de 1847 el gobierno de Yucatán se percató de una enorme concentración de indígenas armados y con reservas de alimentos, en la hacienda Culumpich, propiedad de Jacinto Pat, a 40 Km. de Valladolid.
Tras ese descubrimiento, con la intención de sofocar cualquier revuelta, Manuel Antonio Ay, líder maya principal en Chichimilá, fue aprehendido, juzgado sumariamente y fusilado. En busca de los otros caudillos, la población de Tepich fue incendiada y sus habitantes duramente reprimidos.
En respuesta a ello, el 30 de julio, Cecilio Chi atacó Tepich, ordenando la muerte de todos los pobladores blancos. Había estallado la guerra que duró 54 años y no concluyó oficialmente sino hasta empezado el siglo XX, aún cuando los problemas de fondo que la originaron continuarían siendo motivo de inquietud y de disputas permanentes hasta 1937. Un año después, en 1848 la guerra de castas había cundido por toda la península y parecía por momentos que los indígenas lograrían exterminar a la población blanca.
La revuelta habría de ganar fuerza y al paso del tiempo los mayas lograron tomar un gran parte de la península. El gobernador Barbachano se vio obligado a solicitar apoyo militar al gobierno de la República mexicana. Debe recordarse que en aquellos años Yucatán se encontraba separado de México, por lo que el gobierno del país condicionó su apoyo a la reincorporación de Yucatán a la nación mexicana.[2]
[editar] Desarrollo
Aprovechando la experiencia bélica que habían adquirido en las continuas guerras civiles del Estado, planearon el movimiento rebelde Manuel Antonio Ay, cacique de Chichimilá; Cecilio Chi cacique de Tepich, y Jacinto Pat, cacique de Tihosuco.
Primeramente éstos se dedicaron a hacer proselitismo entre los naturales de los demás pueblos y, descubierto en sus maniobras, Manuel Antonio Ay fue aprehendido, procesado, condenado a muerte y ejecutado en la plaza de Santa Ana de la ciudad de Valladolid, el 26 de julio de 1847.
En vista de tales acontecimientos, los otros jefes de la rebelión anticiparon su estallido. Cecilio Chi tomó Tepich, donde dio muerte a todos los vecinos de raza blanca, salvándose solamente uno, que fue a Tihosuco a dar cuenta del hecho.
El gobierno actuó rápidamente contra los indígenas, sin discriminación alguna: aprehendió y sacrificó a los caciques de Motul, Nolo, Euán, Yaxkukul, Chicxulub, Acanceh y otros sitios, pero las poblaciones del Sur y el Este fueron cayendo en poder de los rebeldes, que dieron muerte a los habitantes e incendiaron los caseríos.
El 21 de febrero de 1848, una vez que habían tomado Peto, Valladolid, Izamal y otros 200 pueblos, los indígenas, al mando de Venancio Pec, asaltaron Bacalar, dando muerte a la mayoría de sus habitantes. Sólo pudieron salvarse quienes en la oscuridad huyeron hacia la Honduras Británica, instalándose en la población de Corozal y en sus vecindades, donde aún permanecen un gran núcleo de descendientes de mexicanos.
Santiago Méndez, político que encabezó a un grupo que estaba en franca disputa con el que encabezaba Miguel Batbachano, ofreció la soberanía yucateca a cambio de auxilio militar, al gobernador de la isla de Cuba, al almirante de Jamaica, a los ministros de España e Inglaterra, pero nadie atendió sus pretensiones. El gobierno de Méndez no pudo controlar la situación y una comisión en Washington hizo un ofrecimiento formal para que Yucatán fuera anexado a Estados Unidos. Al presidente James Knox Polk le agradó la idea y pasó la Yucatan Bill al Congreso estadounidense, pero fue rechazada por éste.
El levantamiento era tan grande que la población no-indígena de Yucatán corría el riesgo de desaparecer. Fue entonces cuando el jefe rebelde, Jacinto Pat, acuartelado en Tzucacab puso condiciones para terminar con la guerra:
- Que se le reconociera como Jefe Supremo de todos los indígenas de la península.
- Que los mayas pudiesen hacer sus siembras de maíz en las tierras baldías, sin pago alguno, y
- Que fuera abolida toda contribución personal de los indígenas.
El 19 de abril de 1848, cuando sólo le quedaban al gobierno yucateco de la ciudad de Mérida, algunas poblaciones de la costa y el camino real a Campeche, representantes del gobernador Miguel Barbachano y del cacique Jacinto Pat, firmaron el Convenio de Tzucacab, según el cual quedó abolida la contribución personal, reduciendo a 3 reales el derecho de bautismo y a 10 el de casamiento; autorizados los indios a rozar (quemar) los montes para sus sementeras, a no pagar arrendamiento; dispensados los acreedores de sus deudas y reintegrados todos los fusiles que se les habían requisado.
Los artículos 5 y 6 del convenio reconocían que Barbachano y Pat serían gobernadores vitalicios, el primero de los españoles y mestizos, y el otro de los cacicazgos indígenas.
Cecilio Chi, sin embargo, que ejercía la jefatura de los mayas del oriente, pugnaba por el exterminio total de los blancos y rechazó el convenio.
La guerra continuó y los rebeldes quedaron dueños de una parte de la península. El gobierno de México entregó 100 mil pesos al gobierno yucateco para ayudar a combatir a los rebeldes, reincorporándose Yucatán a la nación mexicana el 17 de agosto de 1848.
El gobierno yucateco logró recuperar parte del territorio perdido: las ciudades de Izamal, Tunkás, Ticul, Tekax, Sotuta, Cantamayec y Yaxcabá; así como Tihosuco, Calotmul y Valladolid, con el auxilio de tropas de la república mexicana.
La muerte de Marcelo Pat, hijo de Jacinto, obligó a éste a abandonar la lucha.
El 24 de enero de 1850 hubo otro intento de negociar la paz: Florentino Chan y Venancio Pec, en carta que enviaron desde Cruzchén, pidieron que los indios retuvieran sus armas, que se les dejaran sus tierras y que al volver a sus pueblos nombraran sus propias autoridades para gobernarse y hacer justicia.
El gobierno no aceptó estas condiciones y la guerra continuó con violencia. El 4 de mayo de 1849, fuerzas al mando del Coronel José Dolores Cetina, del Teniente Coronel Isidro González y del mayor Ángel Remigio Rosado habían ocupado Bacalar; pero dos semanas después, un contingente maya encabezado por Jacinto e Isaac Pat, José María Tzuac y Cosme Damián Pech, les puso sitio y las hostigó hasta derrotarlas. La población blanca emigró nuevamente a Corozal.
Jacinto Pat moriría asesinado por un grupo de indígenas descontentos. Cecilio Chi fue también asesinado, por un rival, y los grupos rebeldes se retiraron a los bosques para luego a fundar Chan Santa Cruz en 1851, que habría de ser su último reducto; otros fueron indultados, de acuerdo con la ley expedida en 1849. Pero la guerra, aunque, diminuida en intensidad y más localizada en los territorios rebeldes, continuaría por décadas, muchas veces con características de guerrilla sorda pero patente.
La ciudad de Bacalar permaneció en poder de los mayas hasta el 22 de enero de 1901, en que fue recuperada por tropas del gobierno federal al mando del vicealmirante Ángel Ortiz Monasterio, mientras el General Ignacio A. Bravo ocupaba a su vez Chan Santa Cruz, actualmente Felipe Carrillo Puerto. En ambos casos los soldados no dispararon un solo tiro, porque los indígenas huyeron para internarse en las selvas, donde formaron nuevas aldeas, a menudo cambiadas de lugar, siguiendo la costumbre maya de la quema de los bosques para sembrar, hasta agotar la tierra.[3]
[editar] Referencias
- ↑ Yucatán en el tiempo, enciclopedia alfabética, Mérida, Yucatán, 1998, Tomo III, ISBN 970-9071-00-9
- ↑ Op. cit. Yucatán en el tiempo
- ↑ Op. cit. Yucatán en el tiempo

