Filosofía de la naturaleza

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La filosofía de la naturaleza, a veces llamada filosofía natural o cosmología es el nombre que recibió la rama de la ciencia que hoy conocemos como física hasta mediados del siglo XIX. Así, el conocido tratado de Isaac Newton, Philosophiae Naturalis Principia Mathematica debería entenderse como Principios Matemáticos de la Física.

En la Edad Antigua[editar]

Los primeros filósofos griegos estudiaron la naturaleza (physis) trataron de establecer el origen y la constitución de los seres naturales. Sus conclusiones sirvieron de base a las teorías científicas desarrolladas en nuestro tiempo.

Los filósofos griegos entendían la naturaleza como una substancia permanente y primordial que se mantiene a través de los cambios que sufren los seres naturales.

El título de "filósofos de la naturaleza" se le puede adjudicar a los filósofos presocráticos quienes se interesaron por el problema cosmológico, es decir por el origen del mundo, y trataron de dar respuesta a sus interrogantes partiendo de objetos concretos de la naturaleza a los que llamaron arjé (principio). Por ejemplo, Tales de Mileto identificó el origen del cosmos en el agua. Los filósofos presocráticos se caracterizaron por identificar el origen de la naturaleza en otras cosas naturales, como el agua, el aire, el fuego, etc. Una excepción fue Anaximándro, discípulo de Tales, quien encontró el origen de la naturaleza en lo apeiron (lo indeterminado).

El gran iniciador de la Filosofía de la Naturaleza o Física, así denominada por él mismo, es Aristóteles (s. IV a.C). Este pensador es de los filósofos que han reunido todo lo dicho anteriormente, dando respuestas a los grandes interrogantes que suscitaban los presocráticos, en especial el problema del movimiento. Aristóteles estudió la naturaleza y tiene abundantes escritos sobre las plantas, los astros, los animales, etc., obras que culminan en su Física, donde estudia la misma naturaleza, pero desde una perspectiva filosófica, con lo que sus principios pueden considerarse permanentes a lo largo de la historia; ya que se distinguen de lo que después y hoy se considera como Física y, en otro ámbito, Matemática. Incluso hoy, no hay Congreso de Filosofía en el que no se le mencione, ya sea para profundizar o rebatir sus escritos, fuentes y seguidores.

En la Edad Media[editar]

En la Edad Media se recobraron los escritos aristotélicos a través de los árabes que los trajeron a Europa, principalmente Avicena y Averrores, y Tomás de Aquino encontró y sintetizó con los conocimientos de la época los descubrimientos aristotélicos, de hecho mandó hacer su propia traducción (la de Moerbecke), y elaboró los famosos Comentarios a la Física de Aristóteles[1]

El desarrollo de las nuevas concepciones racionales, conlleva un nuevo concepto de reducción de la concepción de la Filosofía de la Naturaleza anterior, a una Física de tipo matemático, gracias a los descubrimientos de las ciencias experimentales, y la certeza que la matemática daba a estas ciencias.

Es una época en la que se busca encontrar las correctas relaciones entre ciencia y fe, y entre filosofía y ciencia. Un autor que consigue un equilibrio coherente es Tomás de Aquino.

No hay una línea divisoria clara entre una imagen científica y una imagen mágica, aunque poco a poco entre ambas dan un nuevo concepto de mundo. Consideramos magia aquello que todavía no hemos conocido, cuando se alcanza conocimiento científico se descubre que aquella magia no es más que conocimiento vulgar, intenta encontrar claramente la distinción entre conocimiento y magia. La magia es una actividad práctica que transforma la naturaleza al insertarse en el juego de sus leyes mediante recursos técnicos. Es un interés que busca la clave escondida de la naturaleza y que está latiendo, y representa la capacidad del hombre de destacar su impronta en la naturaleza, dominio de la naturaleza, se convierte en algo expósito.

La tendencia fue de reducir la magia a la ciencia, pero no seria adecuado interpretar a este proceso como lineal, sencillo y directo. Fue más bien un proceso de ida y vuelta, con vaivenes. Es importante destacar los textos herméticos. En la Edad Media el mago es temido como demonio, alguien que va en contra del mundo perfecto, es aquel que se sale del orden de lo racional, se basa más en la experiencia y la experiencia es un sinsentido irracional. La experiencia está por debajo de la razón, y por lo tanto es condenable. La teología representa el orden de la razón, lo que está más allá ha roto la barrera del orden establecido. La magia representaba que todas las cosas no estaban bajo el orden de Dios, hay una cierta relación de influencia mutua.

La naturaleza es concebida como organismo universal, autosuficiente, un sistema unificado de fuerzas omnipresentes animado por un alma cósmica en la que la distinción entre lo vivo (el espíritu), y lo no vivo (la materia), pierde su significado. Todo está vivo, el universo está vivo, las cosas en ese organismo no ocurren porque algún ser no natural intervenga en él.

En la concepción tomasiana, la naturaleza es una realidad que lleva claramente a la necesidad de otra realidad que la sustente: desde el Libro VIII de la Física, Aristóteles ya había visto la 'necesidad' de un Primer Motor Inmóvil, que diera razón de todo otro movimiento que observamos en la tierra.

En la Edad Moderna[editar]

El siglo XVI es un siglo de grandes avances en botánica y demás ciencias naturales. Además, los europeos llegan a América.

La filosofía de la naturaleza se encuentra entre el Renacimiento y el desarrollo científico posterior. Los pensadores de esta época ni son científicos, ni humanistas, sino que están en el medio, mezclando un poco de todo, algunas veces privilegiando la especulación, otras veces la experimentación. Al comienzo del siglo XVI, el cambio de mentalidad debido a la reforma protestante influye en ellos. Con un nuevo sentimiento de superioridad, los filósofos de la naturaleza rompen con la tradición aristotélica.

En la Edad Contemporánea[editar]

La Filosofía de la Naturaleza es cultivada por el Círculo de Filosofía de la Naturaleza Renovada (CFNr), cuya alma mater es Miguel Espinoza (Universidad de Estrasburgo) y en el que participan profesores e investigadores de diferente nacionalidad europea y americana. Son miembros activos, los franceses Claude Paul Bruter (Universidad de París) y Eric Bois (Observatoire de la Côte d’Azur); el italiano Luciano Boi (École des Hautes Études en Sciences Sociales); los españoles Alfredo Marcos (Universidad de Valladolid) y Fernando Miguel Pérez Herranz (Universidad de Alicante); el norteamericano Philippe Gagnon (University of St. Thomas); los mexicanos Héctor Velázquez (Universidad Panamericana) y René Ceceña (Universidad Iberoamericana), entre otros. Han tratado cuestiones como el determinismo y la libertad, la naturaleza humana y la biotecnología, la explicación en biología, la morfogénesis… e incluso se discute el término más apropiado para dar cuenta de la ontología, epistemología y ética de una Filosofía de la Naturaleza renovada: naturalismo integral, morfologismo filosófico[2]

Principales filósofos de la naturaleza[editar]

Referencias[editar]

  1. Traducción, estudio preliminar y notas de Celina A. Lértora, Col. de Pensamiento Medieval y Renacentista, EUNSA, Pamplona 2001
  2. Números 27, 35 y 43 de la revista digital Eikasía
  3. www.editiones-scholasticae Hugon. Cosmology. Alemania: Deutsche Nationalbibliotek. ISBN 978-3-86838-531-1. 

Véase también[editar]