Continuaciones del Quijote

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Continuaciones del Quijote son las obras literarias que, al igual que solía suceder con los libros de caballerías españoles anteriores, continúan la acción de Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes. Tal recurso fue empleado por muchos autores, tanto en español como en otros idiomas.

En el siglo XVII hubo ya quince imitaciones inglesas, veinticuatro francesas, diecisiete alemanas, una italiana y dos holandesas. En el XVIII abundaron los Quijotes regionales, como Historia fabulosa del distinguido caballero don Pelayo Infanzón de la Vega, Quixote de la Cantabria (1786) o el llamado Quijote asturiano de Juan Francisco Siñeriz. Incluso hubo quien trasladó al viejo hidalgo manchego a Cuba para que continuara desfaciendo entuertos. En el XIX continuó esta tendencia con obras como el llamado Quijote leonés de Luis Arias de León, o la Historia del valeroso caballero don Rodrigo de Peñadura, que enloquece leyendo libros de ilustrados y philosophes franceses.

Las intenciones de cada una de estas obras eran muy diversas: satirizar ideologías progresistas o reaccionarias, moralizar, divertir, etcétera.

Su tipología difiere: en unas se prosigue la vida y aventuras de Don Quijote; en otras se refieren sucesos ocurridos a otros personajes de la obra, principalmente Sancho Panza, después de la muerte del caballero; en un tercer grupo, Don Quijote "resucita" en siglos posteriores. Por último, existen también imitaciones, cuando es un personaje distinto, habitualmente designado con el nombre de otra región y no La Mancha, quien imita los hechos de la vida de don Quijote.

Continuaciones de la Primera Parte[editar]

La Primera Parte del Quijote (El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, 1605) tuvo dos continuaciones: la primera fue la publicada en Tarragona en 1614 por Alonso Fernández de Avellaneda (Segundo tomo del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, el llamado Quijote de Avellaneda o El Quijote Apócrifo), y la segunda fue la del propio Miguel de Cervantes (Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha, publicada en Madrid en 1615), cuya redacción fue motivada principalmente por la aparición de aquélla.

Continuaciones de la Segunda Parte[editar]

Francesas[editar]

Las primeras continuaciones de la Segunda Parte del Quijote fueron escritas en francés y no han sido nunca publicadas en español. La primera fue escrita por Francois Filleau de Saint-Martin, traductor del Quijote cervantino al francés, que cambió el final de la obra para omitir la muerte de Don Quijote y escribir así una continuación, titulada Historia del admirable don Quijote de la Mancha. Esta obra fue continuada a su vez por otro escritor francés, Robert Challe, que prolonga la acción hasta la muerte de Don Quijote en su aldea.

El Quijote de Avellaneda fue traducido al francés por Alain-René Lesage, que lo publicó con el título de Nuevas aventuras de don Quijote de la Mancha, pero no se limitó a traducir la obra, sino que la modificó considerablemente, al extremo de que puede hablarse más bien de una adaptación y continuación.

Otra continuación francesa del Quijote cervantino, independiente de las de Filleau Saint-Martin y Challe, fue publicada en cinco tomos con el título de Continuación nueva y verdadera de la historia y las aventuras del incomparable don Quijote de la Mancha, seguida de un sexto tomo que contenía una Historia de Sancho Panza, alcalde de Blandanda. Se desconoce el nombre del autor.

Españolas[editar]

En España, la primera obra que continuó la vida de Don Quijote manteniendo la acción en los inicios del siglo XVII fue la novela El pastor Quijótiz, del escritor aragonés José Camón Aznar (1969). En 2005, coincidiendo con el cuarto centenario de la publicación de la primera parte del Quijote cervantino, se publicó Don Quijote de la Mancha. La tercera parte, del novelista valenciano Alberto Báez Izquierdo.

Hispanoamericanas[editar]

En Hispanoamérica, la principal obra que continúa narrando las aventuras de Don Quijote es la escrita por el pensador ecuatoriano Juan Montalvo, con el ingenioso título de Capítulos que se le olvidaron a Cervantes (1895). Esta obra, que ha sido reimpresa en numerosas oportunidades, tiene la particularidad de que no continúa la acción a partir de un episodio específico del Quijote, sino que se inicia a partir de un momento indeterminado de la Segunda Parte, anterior al vencimiento del protagonista por el Caballero de la Blanca Luna. Tampoco pone fin a las aventuras de Don Quijote, ya que la acción se interrumpe con un episodio en el cual el héroe manchego, estando alojado en un convento, decide redactar su testamento. Según la Enciclopedia española "Monitor"(editorial Salvat, 1970, tomo 6, pag 2099), en su artículo "Don Quijote", la obra de Montalvo es una excelente aproximación novelística al personaje cervantino, pues logra resucitar en casi toda su esencia al personaje, el cual suele ser presentado en forma sesgada por otros autores. Textualmente el artículo mencionado dice:"En el siglo XIX hemos de destacar la valiosa interpretación del ecuatoriano J. Montalvo, quien en los Capítulos que se le olvidaron a Cervantes trazó una semblanza del héroe que no desdeñaría su mismo autor: el sentido de raza, tragedia y sublimación fueron magníficamente destacados por el eximio polígrafo ecuatoriano".

Continuaciones que se refieren a otros personajes de la obra[editar]

El relato de la vida de Sancho Panza y otros personajes del Quijote después de la muerte de Don Quijote es el tema de varias obras españolas. El fraile jerónimo Juan de Valenzuela firmó un manuscrito a mediados del Siglo XVIII con el título Andanzas de Sancho Panza tras la muerte de su amo. La Provincia de la Mancha (recuperado y transcrito en 2005 por Antonio Rioja y Daniel Romero), en cuya primera parte se nos presenta a un Sancho «triste, cabisbaxo y melancólico» embarcado con el séquito de un virrey que viaja hacia la Nueva España. A relatar la vida de éste después del fallecimiento de su amo están también dedicadas dos obras de Pedro Gatell y Carnicer, publicadas en 1793 y 1798 con el título Historia del más famoso escudero Sancho Panza. A fines de ese mismo siglo XVIII se publicaron unas Adiciones a la historia de Don Quijote de la Mancha, atribuidas a un escritor denominado Jacinto María Delgado, cuyo protagonista es también el célebre escudero.

En 1901 José Abaurre y Mesa publicó una obra denominada Historia de varios sucesos ocurridos en la aldea después de la muerte del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha (Madrid, Sucesores de Ribadeneyra).

En 2004, Andrés Trapiello publicó otra continuación titulada Al morir don Quijote, en la que intervienen Sancho Panza y otros vecinos de la aldea y se desarrolla un romance entre el bachiller Sansón Carrasco y la sobrina de Don Quijote, Antonia Quijana.

Continuaciones cuya acción se desarrolla en siglos posteriores[editar]

Varios autores escribieron novelas protagonizadas por un Don Quijote resucitado y cuya acción transcurre en épocas muy posteriores a la de Cervantes. Entre las primeras estuvo la obra denominada Semblanzas caballerescas o las nuevas aventuras de Don Quijote de la Mancha, del militar y literato gallego Luis Otero y Pimentel, publicada en La Habana en 1886. Posteriormente aparecieron muchas otras, entre las que cabe mencionar La nueva salida del valeroso caballero don Quijote de la Mancha, de Antonio Ledesma Hernández (Barcelona, Lezcano, 1905); La Resurrección de don Quijote. Nuevas y jamás oídas aventuras, de P. Valbuena (editor Antonio López, Barcelona, 1905); Don Quijote en América o sea cuarta salida del Ingenioso Hidalgo de la Mancha, del intelectual merideño Tulio Febres Cordero (Mérida, Venezuela, El Lápiz, 1906), etc.

Imitaciones[editar]

Juan de la Cruz Ferrer y Sala escribió la Historia del gran zapatero Bandarra, insigne cazador de brujas (Barcelona: L. Niubó, 1867, cuyo largo subtítulo explicita: Obra histórica, moral y política, escrita en estilo jocoso, trazada especialmente para glosar y poner de manifiesto el trampantojo de la hechicería, del sonambulismo, del espiritismo y del magnetismo mal aplicado; es asunto de utilidad y que puede servir de gran provecho así á los ignorantes como á los ilustrados, para que todos sepan en adelante come se han de gobernar cuando asome la cabeza alguna bruja de mala facha en los terrenos de sus respectivas demarcaciones).

Alphonse Daudet escribió Tartarín de Tarascón (1872) y varias continuaciones, con un héroe quijotesco ambientado en su propia época.

Véase también[editar]