Belle de jour

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Belle de jour es una película francesa dirigida por Luis Buñuel, basada en la novela del mismo título de Joseph Kessel. "Belle de nuit" en francés es un término eufemístico para referirse a una prostituta en un lenguaje políticamente correcto. También, "belle de jour" es el nombre de una planta: el dondiego de día, cuyas flores sólo se abren de día: Kessel juega con estos significados de esas palabras.

Escéptico sobre las posibilidades cinematográficas de la novela, Luis Buñuel aceptó llevarla a la gran pantalla con la condición de que se le dejara entera libertad para realizar la adaptación. Ganó un León de Oro en el Festival de Venecia.

Argumento[editar]

Séverine (Catherine Deneuve) es una mujer que está casada con un médico a quien ama pero con el cual es incapaz de mantener relaciones íntimas. Tiene pensamientos y fantasías eróticas, hasta que un día va a una casa de citas y comienza a trabajar allí durante las tardes al mismo tiempo que se mantiene casta en su matrimonio.

Análisis[editar]

Uso de la cámara[editar]

De la violencia y el ritmo que el cineasta aplicaba a las secuencias de películas anteriores, mediante el uso del travelling y el zoom así como de la focalización sobre objetos simbólicos, pasa a emplear en esta película una técnica de filmación mucho más sosegada pero que, como medida para contrarrestar tal cambio, posee en su interior una estructura dramática muy turbulenta provocada por el sentimiento de deseo subversivo que azota a su personajes, algo que es constante en sus películas.

Dirección de actores[editar]

Además, en Belle de Jour hay que remarcar que más que destacar la realización llevada a cabo por el director, hay que prestar atención a su trabajo con los actores, quienes tienen la expresividad justa, tendiendo en ocasiones al hieratismo. Esta economía del gesto servirá para remarcar la importancia de la mirada que, de este modo, adquiere dos significados: por un lado es una forma de vehicular o expresar el deseo interior que crece y, por el otro, denota la pérdida personal a la que se enfrenta el personaje.

Las tres constantes sobre las que se construye la trama son: · Realidad · fantasía generada por el deseo · Recuerdo inducido por el trauma interior

Otros aspectos[editar]

La realidad nos presenta la vida burguesa de Severine (Catherine Deneuve). Está casada con un hombre (Jean Sorel) que es el arquetipo de la consumación individual, del éxito. Y además de perfección, es también símbolo de protección. Es tan amable y bondadoso, tan perfecto, que no puede satisfacer los deseos más ocultos de su esposa. Su perfección supone un obstáculo para ella que inhibe el deseo.

Severine goza de todos los bienes deseables: comida, ropa, viajes,... pero es precisamente esa comodidad, esa "normalidad" la que la subyuga. La rutina ha llegado a anular su ser, que desde la infancia ha sido castigado por el orden social, por la moral y por la religión. Esa opresión ha generado en ella traumas que poco a poco y mediante flash-backs iremos descubriendo a lo largo del film.

En cuanto al deseo, éste provoca en Severine un desorden interno que choca con el orden externo preestablecido en el que vive: ahí se produce el conflicto que pone en marcha la trama argumental. Belle de Jour es la historia de una búsqueda, de un viaje por el interior de una mujer masoquista obsesionada por sentirse poseída, deseada. Y ese deseo por ser deseada, valga la redundancia, es tan fuerte que afecta a la propia voluntad de la mujer y la conduce a ese juego, a esa doble vida. El riesgo y el peligro, tanto social como físico o moral, que supone convertirse en prostituta la excita y la saca de su monotonía vital.

Pero es que además hay que notar que lo que ella verdaderamente anhela es sentirse poseída, dominada. Es tanta la intensidad del objetivo que ello la empuja a vencer sus miedos, su timidez y su autocensura moral y, con cierta rapidez, aprende a comportarse, hablar y moverse como una profesional.

Llegando quizás ya a un extremo se podría decir que lo que verdaderamente quiere Severine es sentirse pública, mujer de varios, objeto de transgresión. Por ello incluso permite que la azoten.

Prostituirse se convierte en el remedio a su "torturada infancia". La realidad se mezcla en el film con recuerdos en lo que Severine es toqueteada por un adulto. Sin duda se trata de un trauma. También vemos cómo se imagina que la violan en la actualidad o que fornica bajo la mesa de un restaurante con un amigo de su esposo al que detesta porque siempre muestra especial interés por ella.

Toda esa alternancia de secuencias, con diferentes referencias temporales, nos ayudan a construir el convulso pasado de Severine y que es causa de su pérdida interior actual.

Sin duda podemos apreciar cómo Buñuel pretende recrear un sentimiento de subversión. Valoremos los siguientes binomios:

· La "impersonalidad" de los clientes del burdel frente al arquetipo que representa el marido de Severine.

· La prostitución como liberación a la vida burguesa de Severine.

Sin duda contrastes que refuerzan la idea de que la prostitución de Severine y su evolución como personaje, confieren a la historia el carácter de viaje iniciático. Además, el propio espectador no será el mismo cuando termina de ver el film.

Acompañamos a Severine en ese viaje. Primero nos introducimos en el mundo del burdel, conocemos sus normas. Al igual que el personaje tendremos ideas preconcebidas sobre este ambiente que pueden que se confirmen o se corrijan.

De la madama "Anaís"(Geneviéve Page) recibiremos el aleccionamiento necesario. Destacar que es ella precisamente la que dice que lo que Severine necesita es "mano dura", justo lo contrario de lo que le ofrece su marido.

A medida que va recibiendo a clientes y adquiere experiencia gracias al sometimiento que éstos ejercen sobre ella, parece que su estado anímico evoluciona favorablemente. Su crecimiento en la fantasía le hará ser más feliz en la realidad.

Así pues vemos como la vida real, la fantasía del prostíbulo y los recuerdos de la infancia se van articulando y haciendo que el deseo y el personaje de Severine evolucionen.

Pero para evitar que este triángulo gire de forma indefinida, Buñuel provoca una situación en la trama que la cierra de forma paralela a su apertura: El amigo del marido (Michel Piccoli), quien de forma provocativa e intencionada le dio a Severine la dirección del prostíbulo para satisfacer la curiosidad que ella sentía tras una conversación que habían mantenido, y que por tanto podemos considerar como quien había encendido la mecha de su deseo, es quien, en una visita inesperada al burdel, se encuentra con Severine y hace que los dos mundos en los que se movía la protagonista, el real y el fantástico, y que hasta el momento habían llevado trayectorias paralelas, confluyan en tiempo y espacio.

Realidad y fantasía personal chocan y desestabilizan al personaje. Tiene tanta necesidad de vivir esa dualidad que incluso se ofrece para que ese hombre, al que tanto desprecia, la fornique a cambio de guardar silencio. Ofrecimiento que sin duda NO debemos interpretar como un sacrificio, pues ella misma lo desea en su interior más profundo tal y como hemos podido ver en una de esas "secuencias" oníricas frecuentes en el film.

Esta conjunción de las vidas paralelas provocará que Severine abandone el prostíbulo. Su vida real es más poderosa, pero no consigue aplacar el deseo de forma tan sencilla y prueba de esto es que uno de los elementos pertenecientes a la "fantasía" de Severine transgrede la frontera y pasa de un mundo al otro. Se trata del gángster que se había encaprichado de ella en el prostíbulo. Va a visitarla a su casa, la chantajea para que regrese a su "mundo fantástico". En este punto asistimos a una lucha entre deseo y razón.

El final del film acaba por confirmarnos lo irreal de su propia construcción: el gángster (Pierre Clémenti) deja a Severine y espera a que el marido de ésta vuelva. Entonces le dispara y le hiere. Después huye y perseguido por la policía acaba muriendo.

Se podría interpretar que, a priori, y mediante el sacrificio que se ha pagado (el marido herido), la razón ha triunfado sobre el deseo. E incluso notar que la nueva situación, en la que Severine tiene que hacerse cargo de un marido que ya no es perfecto, supone una manifiesta mejoría en su estado anímico.

Hasta aquí bien, pero recordemos que el director es Buñuel y en absoluto la comodidad burguesa triunfará sobre él. ¿Qué ocurre cuando súbitamente el marido se levanta a por una bebida y Severine empieza a oír los caballos y el carruaje de la primera secuencia, aquélla en la que imaginaba ser violada? ¿Qué ocurre cuando ella sale al balcón y descubrimos que ya no están en la ciudad sino en una lujosa mansión campestre?

¿Es todo el film una fantasía imaginada por Severine o es la realidad?

La intención de Buñuel, puede ser demostrarnos que tras una forma de filmar que algunos tacharían de convencional, es capaz de crear una trama en la que realidad y fantasía se mezclan. Así mismo nos conduce a través del viaje de la psicología de un personaje atormentado por los traumas infantiles, por la sociedad en la que vive y azotado por un deseo irrefrenable.

Sin duda esta película mantiene algunas de las constantes más clásicas de la obra buñuelana como son la visión subversiva de la burguesía y la religión y, lo que parece más importante: cómo el deseo, mediante la generación de una necesidad, se convierte en el motor que transforma al individuo y su voluntad.


Predecesor:
La batalla de Argel
Ganador León de Oro

Belle de jour
1967

Sucesor:
Artistas bajo la lona del circo: perplejos