Histeria

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Histeria
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El profesor Jean-Martin Charcot en una clase sobre la histeria.
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La histeria (del francés hystérie, y éste del griego ὑστέρα, «útero») es una afección psicológica que pertenece al grupo de las neurosis y que padece el uno por ciento de la población mundial[cita requerida]. Se encuadra dentro de los trastornos de somatización y se manifiesta en el paciente en forma de una angustia al suponer que padece diversos problemas físicos o psíquicos. En tanto que neurosis, no se acompaña nunca de una ruptura con la realidad (como en el delirio) ni de una desorganización de la personalidad. Técnicamente, se denomina Trastorno de conversión.

El cerebro histérico no está enfermo, pero ciertas regiones son, manifiestamente, sede de una actividad anormal, y determinados circuitos parecen encontrarse transitoriamente bloqueados por una especie de parálisis funcional [cita requerida].

Según el Concilio de Investigación Médica (Medical Research Council, 1941) se definió la histeria como una condición en la que el paciente muestra síntomas físicos y mentales, que no tienen un origen orgánico por el cual puedan ser explicados, y se originan y se mantienen por motivos no totalmente conscientes, dirigidos a una ganancia real o simbólica que deriva de tales síntomas.

Síntomas[editar]

Los síntomas histéricos, de naturaleza física o psíquica, se manifiestan con un aspecto paroxístico, intermitente o duradero; frecuentemente, son reversibles. Destacan los trastornos motores, sensitivos y sensoriales.

  • Los trastornos motores son convulsiones o parálisis. Tradicionalmente, la crisis empieza por un aura, conformada por dolores abdominales, palpitaciones, sensación de atragantamiento y alteraciones visuales (ceguera parcial o completa)[cita requerida]. A continuación, se experimenta una aparente pérdida del conocimiento y en una caída controlada. Luego sobreviene la fase epileptoide, compuesta de paro respiratorio, tetanización, convulsiones y, finalmente, una resolución en forma de fatiga general y respiración ruidosa. Como fase final, se producen contorsiones (movimientos desordenados y gritos) y un periodo de trance, con remedo de escenas eróticas o violentas. El final de la crisis implica el retorno de la consciencia, acompañado de contracciones leves y expresión de palabras o frases inconexas relativas a temas pasionales.

Diagnóstico[editar]

Dos son los elementos indispensables para el diagnóstico de un síntoma histérico: primero, estos déficits de tono neurológico acontecen sin ninguna patología orgánica en el sistema nervioso, central o periférico, y segundo, acontecen en relación con situaciones de estrés o de conflicto psíquico. Todos los exámenes que se efectúan dan resultados normales, lo que no siempre tranquiliza a los pacientes, cuya ansiedad a menudo se agudiza, y resulta frustrante para los médicos, que se sienten impotentes o burlados por dolencias imaginarias. Estos trastornos no son simulados intencionadamente por el paciente, que se muestra seguro de su experiencia subjetiva de hallarse paralizado, ciego o amnésico.

Trastornos histéricos en la actualidad[editar]

Actualmente el término "histeria" no se utiliza en el ámbito clínico. El DSM-IV-TR clasifica la histeria en dos capítulos: los trastornos somatoformes (para los síntomas físicos) y los trastornos disociativos (para los síntomas mentales).

Trastornos somatoformes

Hipocondría: creencia de padecer una enfermedad grave al interpretar erróneamente síntomas físicos inocuos.
Trastorno dismórfico corporal: el paciente se queja de un defecto corporal imaginario.
Trastorno por somatización: el paciente se queja de múltiples síntomas físicos, sin que ninguno tenga un origen orgánico identificable al hacer las exploraciones.
Trastorno por dolor: el paciente se queja de un dolor muy intenso que no puede ser explicado por una enfermedad médica ni por la anatomía nerviosa de la zona supuestamente afectada.
Trastorno de conversión: síntomas fundamentalmente motores o perceptivos (incapacidad para andar, o ceguera) que no puede ser explicado por una lesión neurológica u otra enfermedad médica.

Trastornos disociativos:

Amnesia disociativa: el paciente presenta lagunas de memoria, comúnmente relacionadas con acontecimientos psicológicamente significativos. Se puede entender también como un síntoma de otros trastornos como demencia, estrés postraumático u otros trastornos disociativos.
Fuga disociativa: el paciente hace un viaje repentino lejos del hogar. Al volver es incapaz de recordar dicho viaje, o está desorientado durante el viaje (no sabe quién es ni de donde viene).
Trastorno de identidad disociativo: antes llamado «personalidad múltiple», el paciente muestra dos o más identidades que toman el control de la conducta. Cada una de las identidades suele presentar amnesia y no recuerda a las otras. A veces hasta que no hay tratamiento, el paciente desconoce que tiene más de una personalidad.
Despersonalización: sensación de irrealidad, como estar en un sueño. El sujeto se distancia de sí mismo, de sus procesos mentales, como si fuera un observador de sí mismo. En ningún momento pierde la conciencia de realidad.

Algunos aspectos históricos[editar]

En la época de Hipócrates, se creía que el útero era un órgano móvil, que deambula por el cuerpo de la mujer, causando enfermedades a la víctima cuando llega al pecho. A este desplazamiento se le atribuían los trastornos sintomáticos, esto es, la sofocación o las convulsiones.

La etimología de la palabra recoge, por tanto, esa idea: la histeria como una enfermedad del útero y, por lo tanto, propia de la mujer, que causa trastorno en el comportamiento psicológico.

En la actualidad ha quedado descartada esta postura, considerándose que no existe relación alguna con el útero y que no es una entidad exclusiva de las mujeres.

Véase también[editar]