Volcán de Fuego

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Volcán de Fuego
Volcan Fuego.jpg
Volcán de Fuego en 2012
Volcán de Fuego ubicada en Guatemala
Volcán de Fuego
Volcán de Fuego
Tipo estratovolcán (activo)
Ubicación Flag of Guatemala.svg Guatemala
 • Coordenadas 14°28′58″N 90°52′58″O / 14.482777777778, -90.882777777778Coordenadas: 14°28′58″N 90°52′58″O / 14.482777777778, -90.882777777778
Altitud 3763 m
Sierra Sierra Madre de Chiapas
Cordillera Arco Volcánico Centroamericano
Última erupción 7 de febrero de 2015
[editar datos en Wikidata]

El volcán de Fuego es un estratovolcán situado entre los departamentos de Sacatepéquez, Escuintla y Chimaltenango, al centro-sur de Guatemala.

El volcán de Fuego es uno de los más impresionantes de Centroamérica. Sus erupciones son violentas, y probablemente es el volcán más activo desde la Conquista, a tal extremo que se afirma que el conquistador Pedro de Alvarado pudo verlo en erupción en el año de 1524, según el mismo lo reportó en epístolas. Su nombre indígena es "Chi'gag", que se traduciría del idioma cakchiquel al español como "donde está el fuego".

El Volcán de Fuego tiene una altura de 3763 msnm. Prácticamente se encuentra descubierto de vegetación más arriba de los 1300 metros, donde básicamente sólo puede encontrarse lava. El volcán de Fuego tiene la forma de un cono que se alarga considerablemente hacia el sur, formando el pie de monte hacia la costa sur. Debajo de él se constituye una meseta orográfica de múltiples caractéristicas geológicas. Forma una tríada de colosos con los volcanes de Agua y Acatenango, próximos a su base; del volcán nacen varias fuentes hidrícas, que se convierten en ríos descendientes hacia la costa sur, en un área de riqueza mineral, óptima para la agricultura.

Historia[editar]

Composición fotográfica del Volcán de Fuego en 1897 realizada por Alberto G. Valdeavellano para La Ilustración Guatemalteca.[1]

Los indígenas de Alotenango contaban la leyenda que el volcán conservó el nombre de «Volcán de Fuego» -que había recibido por sus constantes erupciones- porque cuando unos sacerdotes españoles intentaron bautizarlo con el nombre de «Catarina» éste se negó rotundamente a recibir las aguas bautismales, provocando una erupción tan violenta que la cruz con la que pretendían bautizarlo fue arrojada hasta el palacio del obispo en Santiago de los Caballeros de Guatemala. Los sacerdotes tuvieron entonces terror del volcán y nunca intentaron bautizarlo nuevamente.[2]

En 1881, el escritor Eugenio Dussaussay relató su ascención al Volcán de Fuego, entonces parcialmente inexplorado.[3] Primero, necesitó pedir autorización para subir al volcán al Jefe Político de Sacatepéquez, quien les entregó una carta para el alcalde de Alotenango solicitándole que le prestara a los exploradores los auxiliaos necesarios para su expedición.[3] Dussaussay y su acompañante, Tadeo Trabanino, tenían la intención de ascender al pico central, que todavía no había sido explorado, pero no encontraron guía y se conformaron con subir al cono activo, que había hecho erupción en 1880.[1]

Su guía, el señor Rudecindo Zul, oriundo de Alotenango, y acompañado de dos mozos de la localidad encaminaron a Dussaussay y a Trabanino hasta un lugar que se conocía como meseta, pues de allí no pasaban por el temor que tenían los indígenas de la localidad al volcán; de hecho, sólo Zul se ofreció como guía.[1] Entre las provisiones que llevaban los exploradores había aguardiente para el guía y los mozos -condición única para acompañar la expedición-, instrumentos para ubicarse y armamento para defenderse de los tigres que habitaban el área en ese entonces.[1]

La ascensión desde Alotenango se iniciaba con una marcha de cuatro leguas -aproximadamente dieciséis kilómetros- por una planicie hasta llegar a la primera cuesta, llamada «del Castillo» o «Gajoteachucuyo» y que consistía en las faldas más bajas del volcán.[1] La región presentaba una asombrosa vegetación con robles, encinas con bellotas, aguacates y amates entre otros muchos árboles. Al salir de la cuesta del Castillo, la montaña se hacía mucho más espesa: los árboles eran menos elevados, pero se encontraban en mucho mayor cantidad y como hacía ocho meses que nadie había subido hasta allí, Zul y sus mozos tuvieron que abrir un sendero con machetes.[2]

A medida que iban ascendiendo empezaron a advertir grandes masas de vapor acuoso flotando por el aire que eran llevada por el viento en todas direcciones mientras que las que eran más densas quedaban reclinadas sobre la montaña o se extendían por largos trechos. Cuando llegaron al lugar conocido como el «Cipresal» -por haber en él seis cipreses- los envolvió una densa niebla cuyos glóbulos podían distinguir flotando lentamente por el aire y sin caer a tierra.[2] Cuando Dussaussay midió la temperatura ésta era de tan sólo dos grados sobre cero; poco después el vapor condensado empezó a caer en forma de un fuerte aguacero.[2]

Al salir del Cipresal, la vegetación de lugar cambió nuevamente, y predominaban castaños silvestres pues éstos prefieren tierras altas. Los exploradores pasaron allí la noche, improvisando una choza con horcones, ramas y hojas y barriendo la lava que había sobre el suelo;[4] al amacener, desde el lugar en que se encontraban podían divisar Escuintla y el Océano Pacífico al sur, el Volcán de Agua al este y Antigua Guatemala y la Ciudad de Guatemala al noroeste.[2] Al norte los bloqueaba el pico central del propio volcán de Fuego.[4]

Los exploradores continuaron escalando, y llegaron al punto que los indígenas de Alotenango llamaban la «primera meseta» y de donde ya no pasó Zul; sólo un mozo acompaño a Duassaussay y a Trabanino hasta la «segunda meseta», que es la que lleva al cráter del volcán.[4] Cuando ascendieron hacia la segunda meseta ya sólo había raquíticos pinos y ya no había fauna; la vegetación poco a poco iba disminuyendo y cuando llegaron a la meseta había desaparecido por completo. Ya solos, los exploradores comprendieron por qué los indígenas no pasaban de esta meseta: el lugar consistía de un filón de solo unos treinta centímetros de ancho dejando a ambos lados profundos precipicios y por el mismo corría un viento tan fuerte, que los arrojó al suelo. Duassaussay y Trabanino bordearon el filón y como pudieron llegaron al pie de la peña que forma la base del pico y con mucha dificultad lograron acercarse al cráter, pero no pudieron verlo porque estaba ladeado y un poco más abajo de la cúspide del volcán. Lo que sí percibieron era que, a pesar de estar a ocho grados bajo cero, el fuerte calor de la piedra que pisaban y el olor sulfuroso que emanaba del humo que arrojaba el volcán.[5] Luego de dieciséis horas de penoso ascenso, el regreso fue de apenas cuatro horas.[5]

Actividad[editar]

Erupción de 1974, vista desde Antigua Guatemala.

Es uno de los volcanes más activos de Guatemala y además, de Centroamérica. Impresionante por sus erupciones que se han registrado desde 1524, la última erupción ocurrió el 7 de febrero de 2015. Esta situación mantiene en constante alerta a las comunidades que viven en sus faldas, como San Pedro Yepocapa.

El volcán ha hecho erupción más de sesenta veces desde 1524; los terremotos más fuertes que vivió la ciudad de Santiago de los Caballeros antes de su traslado definitivo en 1776 fueron los terremotos de San Miguel en 1717. En esa época, el dominio de la Iglesia Católica sobre los vasallos de la corona española era absoluto y esto hacía que cualquier desastre natural fuera considerado como un castigo divino. En la ciudad, los habitantes tambien creían que la cercanía del Volcán de Fuego era la causa de los terremotos; el arquitecto mayor Diego de Porres llegó a afimar que los terremotos eran causado por las reventazones del volcán.[6] .

El 27 de agosto hubo una erupción muy fuerte del Volcán de Fuego, que se extendió hasta el 30 de agosto; los vecinos de la ciudad pidieron auxilio al Santo Cristo de la catedral y a la Virgen del Socorro que eran los patronos jurados contra el fuego del volcán. El 29 de agosto salió la Virgen del Rosario en procesión después de un siglo sin salir y hubo muchas más procesiones de santos hasta el día 29 de septiembre, día de San Miguel; los primeros sismos por la tarde fueron leves, pero a eso de las 7 de la noche se produjo un fuerte temblor que obligó a los vecinos a salir de sus casas; siguieron los temblores y retumbos hasta la cuatro de la mañana. Los vecinos salieron a la calle y a gritos confesaban sus pecados, pensando lo peor.[7]

Los terremotos de San Miguel dañaron la ciudad considerablemente, al punto que el Real Palacio sufrió daños en algunos cuartos y paredes. También hubo un abandono parcial de la ciudad, escasez de alimentos, falta de mano de obra y muchos daños en las construcciones de la ciudad; además de numerosos muertos y heridos.[7] Estos terremotos hicieron pensar a las autoridades en trasladar la ciudad a un nuevo asentamiento menos propenso a la actividad sísmica; los vecinos de la ciudad se oponen rotundamente al traslado, e incluso tomaron el Real Palacio en protesta al mismo. Al final, la ciudad no se movió de ubicación, pero el número de elementos en el Batallón de Dragones para resguardar el orden fue considerable.[8]

En 1773, Santiago de los Caballeros de Guatemala era una de las más famosas ciudades de las colonias españolas en América, y se consideraba que únicamente la ciudad de México era más espléndida.[9] De acuerdo a descripciones de la época, tres «monstruosos» volcanes la rodeaban: el Volcán de Agua, que era muy útil para la ciudad por su fertilidad, aparte de que su forma piramidal agregaba una hermosa vista, y los volcanes de Fuego, -Volcán de Fuego y Volcán de Acatenango- a los que se llamó así porque, aunque estaban más distantes que el de Agua, habían hecho erupción en numerosas ocasiones y eran consideraros como los responsables de las constantes ruinas de la ciudad.[9] La cercanía de los volcanes ayudaba a que hubiera baños de todo tipo para los habitantes de la ciudad: termales, medicinales y templados; además había numerosos potreros y haciendas en los alrededores. La ciudad era abastecida gracias a los productos que diariamente eran llevados desde los setenta y dos pueblos circunvecinos.[10]

Así se encontraba la ciudad en mayo de 1773 cuando empezaron a sentirse pequeños sismos, los cuales fueron incrementando su intensidad y el 11 de junio con un temblor que daño algunas casas y edificios; los más dañados fueron:

Luego continuaron los sismos, hasta llegar al 29 de julio de 1773, día de Santa Marta de Bethania, en que se produjo el catastrófico terremoto que forzó el traslado de la ciudad a otro asentamiento ya que se pensaba que el origen del terremoto había sido el Volcán de Fuego.

Erupciones notables del Volcán de Fuego
Fecha Breve descripción
27-30 de agosto de 1717 Fuerte erupción del volcán que fue el preludio de los Terremotos de San Miguel.
1880 Erupción del volcán reportada por el explorador Eugenio Dussaussay, quien ascendió al cono activo en 1881.[12]
1974 Fuerte erupción en este año, causando pérdida en la agricultura. También con flujos piroclásticos que destruyeron parte de la vegetación del los alrededores del volcán.
1-6 de julio de 2004 Explosiones pequeñas en el Volcán de Fuego produjeron columnas de humo de alrededor de un kilómetro de altura sobre el volcán. Las avalanchas incandescentes de material volcánico descendieron por los costados de la montaña.
13 de septiembre de 2012 La mayor erupción del volcán en el siglo xxi hasta entonces, con columnas de ceniza que alcanzaron los tres mil metros de altura que provocaron la evacuación de diez mil personas.[13]
7 de febrero de 2015 Luego de fuertes explosiones que se registraron en el Volcán de Fuego, el director del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH) sugirió que se declarara alerta naranja.[14] El director del INSIVUMEH agregó que ahora la situación era crítica porque la ceniza y la lava habían causado incendios forestales. El INSIVUMEH reportó que el volcán tenía de cuatro a seis explosiones por hora, que las columnas de ceniza alcanzaron los cuatro mil ochocientos metros de altura, y que las nubes incandescentes se desplazaron aproximadamente a veinte kilómetros alrededor del volcán.[14]

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d e Dussaussay, 1897, p. 179.
  2. a b c d e Dussaussay, 1897, p. 180.
  3. a b Dussaussay, 1897, p. 179-182.
  4. a b c Dussaussay, 1897, p. 181.
  5. a b Dussaussay, 1897, p. 182.
  6. Melchor Toledo, 2011, p. 103.
  7. a b Melchor Toledo, 2011, p. 104.
  8. Rodríguez Girón, Zoila; Flores, José Alejandro; Garnica, Marlen (1995). «El real palacio de Antigua Guatemala: arqueología y propuesta de rehabilitación». En Laporte, L.P; Escobedo, H. Simposio de investigaciones arqueológicas en Guatemala (Guatemala: Museo Nacional de Arquelogía y Etnología, versión digital): 585. 
  9. a b Cadena, 1774, p. 13.
  10. Cadena, 1774, p. 14.
  11. Cadena, 1774, p. 19.
  12. Dussaussay, 1896, p. 179.
  13. MSN Noticias. «Potente erupción de Volcán de Fuego en Guatemala». MSN Noticias. Archivado desde el original el 16 de septiembre de 2012. Consultado el 14 de septiembre de 2012. 
  14. a b Prensa Libre (2015). «Cien personas son evacuadas por erupción del Volcán de Fuego». Prensa Libre (Guatemala). Archivado desde el original el 7 de febrero de 2015. 

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]