Sucro (oppidum)

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Sucro oppidum
Oppidum
Entidad Oppidum
 • País Imperio Romano
Idioma oficial Latín
Fundación Siglo III a C.
Desaparición Siglo IV d C.
Correspondencia actual Albalat, en la provincia de Valencia
(Bandera de España España)

El término oppidum designa en latín a un lugar elevado, es decir un altozano («alcudia» en valenciano) cuyas defensas naturales han sido reforzadas por la intervención del hombre y que puede tener una extensión muy variable: desde una a varios centenares de hectáreas.

En la Península Ibérica a los oppida también se los conoce como castros o citanias.

La antigua ciudad romana de Sucro se corresponde con el asentamiento íbero contestano que los griegos llamaron Sicana.[1]​ y cuyos habitantes, los sicanos (griego Σικανοί, Sikanoi), habrían poblado Sicilia dos o tres generaciones antes de la guerra de Troya, según refiere Tucídides (nacido 460 a.C.) en "Historia de la guerra del Peloponeso VI, 1-2".

Posteriormente Polibio (nacido 200 a. C.) confirmó la importancia de la ciudad al señalar que era una de los enclaves hispanos más favorecidos para el comercio.

Datos históricos[editar]

Iberos y fenicios[editar]

Durante el Hierro Antiguo l'Alteret de la Ventiuitena de Albalat de la Ribera debió de ser, dado el abundante material fenicio encontrado (junto a cerámicas del Bronce Final), un importante centro de recepción y distribución de mercancías (Bonet y Mata, 2001: 178; Ribera, 2003: 363). Desde allí se distribuirían hacia centros del interior, donde se han documentado estos materiales pero en menor medida.

Se han encontrado también restos superficiales de cerámica ibérica con decoración geométrica y floral (Aranegui Gascó, C. Els romans en terres valencianes, Valencia, Edicions Alfons el Magnànim - IVEI, 1996).

Por otro lado la presencia de cerámicas romanas caracterizadas por un pigmento negro brillante (cerámica campaniense de tipo A y B, algunas datadas del siglo II a.C.) puede confirmar que la ciudad perduró hasta la época tardorrepublicana e incluso bastante más allá, según diversas fuentes históricas.

Escipión y el motín de Sucro al final de la segunda guerra púnica[editar]

La ciudad de Valencia (denominada entonces Valentia) se fundó mucho tiempo después que Sucro (en el año 138 a. C.) por veteranos itálicos un poco más al norte, sobre el río Tyrius (actual Turia) y poco a poco se convirtió en el principal centro romanizador de la región valenciana al sustituir la previa relevancia de la ciudad de Sucro, también romana pero mucho más antigua. Ambas ciudades fueron devastadas, casi simultáneamente, por el general optimate Cneo Pompeyo Magno en su lucha contra el general rebelde popular Quinto Sertorio. Valencia fue refundada en la época Augusta, pero no hay constancia de una reconstrucción similar de la más antigua ciudad romana de Sucro.

En el año 212 a.C. Publio Cornelio Escipión el Africano conquistó Sagunto a los cartagineses durante la segunda guerra púnica. Posteriormente, en año 209, se dirigió hacia Cartagena para conquistarla y en Sucro, ( oppidum íbero situado en los meandros finales del río Júcar), Escipión el Africano estableció un campamento de 8000 soldados, el cual fue origen de la futura ciudad romana de Sucro. Esta se localizó justo en el punto intermedio del recorrido que Escipión hizo desde Tarraco (Tarragona) hasta Cartago Nova (Cartagena), la cual también fue conquistada (208 a.C.) en la decisiva batalla de Baecula. La importancia estratégica de Sucro radicaba en que al dominar ese enclave (situado justo en el cruce del Júcar con la vía Augusta) se controlaba el paso entre las regiones íberas Edetania (al norte) y Contestania (al sur), pues solamente en Sucro era fácilmente vadeable el Júcar. Allí, posteriormente, tras las guerras púnicas entre Roma y Cartago, se podía partir en dos el dominio romano en la península, rompiendo la comunicación vía terrestre (la vía Augusta) entre el norte más romanizado (la Hispania Citerior, que después fue la Tarraconense) y el sur con el valle del Guadalquivir (la Hispania Ulterior, que después fue Cartaginense y Bética).

La comarca de la Ribera del Júcar entró en la historia cuando Tito Livio, íntimo amigo del emperador César Augusto relató que durante la segunda guerra púnica se produjo una rebelión (finales de 207 a. C. o principios de 206 a.C.), en el campamento romano de Sucro, de 8.000 soldados dirigidos por los sediciosos Atrio (Cayo Atrio Umbro) y Albio (Cayo Albio Caleno) contra Publio Cornelio Escipión. La sublevación se produjo por la falta de abastecimientos, porque se les adeudaba varias soldadas y porque esa guarnición no había participado del botín de guerra conseguido al ganar la ciudad de Cartago Nova (ellos no habían participado en su conquista pues permanecieron en Sucro) frente al ejército púnico de Asdrúbal Barca (hermano de Aníbal, el cual se encontraba por entonces arrasando la península itálica).

El motín fue favorecido por creer los rebeldes, erróneamente, que Escipión había fallecido, tras enfermar en Cartago Nova y haber asumido L. Marcio interinamente el mando. Los sediciosos llegaron a contactar con los rebeldes nativos Indíbil y Mandonio e incluso arrasaron localidades vecinas en busca de botín.

Escipión, tuvo que actuar astutamente pues en Cartago Nova solo disponía de 7.000 hombres y los amotinados eran más de 8.000. Les mandó una carta a través de siete tribunos leales pidiendo a los sediciosos que fueran a Cartago Nova para cobrar sus atrasos y a recoger suministros. Mandó también a recaudadores a diversas ciudades, difundiendo esa dispersión para que los desleales creyeran en su sinceridad y se sintieran seguros. Después eligió un día para reunir a los sediciosos a fin de que ellos recibieran lo prometido.

Tras engañar así y atraer hasta Cartago Nova a los sediciosos, sus cabecillas fueron obsequiados con una opípara cena con abundante bebida y ya estando en estado de embriaguez fueron apresados y encarcelados.

A la mañana siguiente Escipión, tras hacerles creer que su guarnición de Cartago Nova estaba ausente recaudando para ellos, reunió a los 8.000 rebeldes y estos observaron con sorpresa que Escipión aparentaba excelente salud. Entonces M. Junius Silanus, su lugarteniente, rodeó a los 8.000 sediciosos, que habían acudido desarmados al acto, con sus 7.000 soldados armados los cuales, en realidad, no habían abandonado el lugar.

Escipión el Africano les dedicó seguidamente un larguísimo discurso (seguramente muy adornado por Tito Livio en su relato posterior) que fue genial, pues les fue amedrentando progresivamente. Al inicio de su soflama les embaucó llamándoles hermanos, pero terminó llamándoles traidores. El momento culminante del discurso fue cuando Escipión les recordó el destino de la legión que, amotinada por el tribuno Décimo Vibelio, controló Reggio durante diez años pues 4.000 hombres, toda la legión, fueron ajusticiados en el foro de Roma.

Una muestra, corta, del discurso:

“Ni siquiera sé con qué nombre llamaros: ¿ciudadanos, los que os separasteis de vuestra patria?, ¿acaso soldados, quienes rechazasteis la autoridad militar y los auspicios y rompisteis los vínculos sagrados?, ¿enemigos? Reconozco los cuerpos, ropas y el aspecto de los conciudadanos, veo los comportamientos, las palabras, los proyectos y el talante de los enemigos”.

Mientras los sediciosos oían el larguísimo discurso (Tito Livio algo pudo añadir a posteriori), fueron rodeados por las tropas leales a Escipión. Los 35 cabecillas fueron atados a postes y azotados y seguidamente fueron decapitados, incluidos Atrio y Albio. A continuación sus soldados fueron llamados uno a uno, obligándoles a jurar fidelidad a Publio Escipión (fidelidad al general y no a Roma) y a medida que cada uno recitaba su juramento, para su sorpresa, se le abonaba el salario que se le debía. Así finalizó el motín originado en Sucro.

Esa magnanimidad se justifica porque Escipión necesitaba reincorporar esas tropas rebeldes (8.000+7.000=15.000) para proseguir la lucha contra Cartago y también marchar contra los caudillos indígenas Indíbil y Mandonio (206 a. C.) los cuales, tras creerle enfermo, habían sublevaron a los lacetanos y contratado a mercenarios celtíberos.

Posteriormente, tras la conquista de Gadir (Cádiz ) y la expulsión de los cartagineses, Escipión incorporó Hispania al imperio, dividiéndola en dos provincias: Citerior y Ulterior, la cual Augusto reconvirtió posteriormente en Tarraconense, Bética y Lusitana al dividir la segunda.

Soldados de Sucro con Anibal en Italia[editar]

Cayo Silio Italico, poeta español y cónsul de Roma a la muerte de Nerón, que vivió del 25 al 99 de nuestra era, en su poema sobre la segunda guerra púnica (Puniconorum-Silli Italici) habla de los soldados sucronenses que acompañaron a Anibal hasta Italia, los cuales, al igual que los soldados setabenses, lucían resplandecientes armaduras. Ambas tropas, soldados sucronenses y setabenses, estaban formados por nativos: eran íberos contestanos, pues la Contestania se extendía desde Sucro (Albalat) hasta Ilice (Elche) es decir desde el río Vinalopó, al sur, hasta la Albufera o el río Júcar, al norte.

El senador Quintus Varius Sucronensis[editar]

El más antiguo senador hispanorromano conocido fue elegido en Roma el año 90 a.C. como tribuno de la plebe. Es denominado Quintus Varius Sucronensis (Quintiliano, Instituciones oratorias, 5, 12, 10) o Varius Severus Sucronensis (Valerio Máximo, Hechos y dichos memorables, 3, 7, 8).

El término Sucronensis indica que nació en Sucro y Hybrida tal vez señalaba que fue el fruto de una relación entre un romano destinado en Sucro y una mujer hispana. Su padre le habría traspasado su nombre y su fortuna, necesariamente grande para haber podido llegar a ser tribuno. Cicerón dice de Quinto Vario Severo que era un excelente orador pero su origen extra itálico lastró, dada la habitual xenofobia, su carrera política y sus enemigos le acusaron de no ser un auténtico romano (Valerio Máximo: “llamado Hybrida por lo incierto de su derecho a la ciudadanía”). Significativo es que cuando acusó ante el senado a M. Emilio Escauro el haber aceptado sobornos de Mitrídates, el discurso de defensa del viejo senador fue breve pero muy contundente: “Quinto Vario Sucronensis (tal vez "sucronensis" pronunciado con tono de retintín) dice que Emilio Escauro ha traicionado a la República y al Pueblo de Roma; Emilio Escauro lo niega; ¿a quién vais a creer?”. Tras ello Escauro fue absuelto, rodeado por de los vítores de la asamblea.

Durante su año de mandato, (tal vez intentando demostrar que era más romano que nadie) impulsó la Lex Varia de maiestate, ley que permitía acusar de traición a quien intentara obtener la ciudadanía para un aliado y también castigaba a quien instase a la rebelión de los aliados. Como consecuencia de esa ley se creó una comisión para enjuiciar a los sospechosos. Una jugarreta del destino fue el que algunos años más tarde Vario Sucronensis fue condenado al exilio tras ser juzgado y condenado por la misma ley que él había impulsado. La escritora australiana Colleen McCullough, también mestiza y con ascendencia maorí (catedrática de medicina, pero más conocida por haber escrito El pájaro espino), retrata muy negativamente, en su novela La corona de hierba de 1991, a este primer ciudadano conocido de la ciudad romana de Sucro, el cual es también protagonista de la novela La ciudad perdida de Sucro de la escritora alcireña Mª Amparo Olivares Estruch.

Batalla de Sucro (Pompeyo contra Sertorio, durante la guerra civil sertoriana)[editar]

Plutarco, en el s. I d.C., en sus Vidas Paralelas, refiere que durante las guerras civiles llamadas Guerras Sertorianas, la ciudad de Sucro quedó totalmente destruida, tras la batalla de Sucronem del año 75 a.C. entre las tropas de Cneo Pompeyo Magno y las del general rebelde Quinto Sertorio.

En el año 75 a.C. Quinto Sertorio había localizado en Sucro sus tropas para impedir desde tan estratégica situación (en el vado sobre el Júcar de la vía Augusta) que se unieran los dos ejércitos senatoriales: el del veterano y viejo procónsul Quinto Cecilio Metelo Pio (que estaba asentado en la actual Andalucía) y el ejército del aun joven Pompeyo localizado en la actual Cataluña (tras haber atravesado los Pirineos y haber conseguido que las ciudades y tribus del norte del Iber, el Ebro, se pasaran a su bando abandonando a Sertorio).

Tras la batalla de Lauro (tal vez la actual Liria ) que fue desastrosa para Pompeyo, dos generales sertorianos, Perpenna y Herenio, se enfrentaron a Pompeyo en la batalla del Turia, junto a la ciudad de Valencia, mientras Sertorio esperaba en Sucro la llegada del general Metelo procedent de la Bética. Ganaron los pompeyanos, Herenio murió y Valencia quedó arrasada hasta su posterior refundación en época de Augusto. En el solar de la Almoina se han encontrado esqueletos de legionarios que fueron sometidos entonces a atroces suplicios, empalados o con los miembros cortados.

Tras la batalla del Turia, el ejército de Perpenna se replegó uniéndose al de Sertorio en Sucro (según refiere Apiano que debió basarse en Salustio, casi contemporáneo de los hechos).

La noche antes de la batalla de Sucro hubo una tormenta eléctrica y todo el horizonte se iluminó con relámpagos. Los soldados veteranos de ambos ejércitos ignoraron ese siniestro evento y al día siguiente los ejércitos se prepararon para la batalla (Apiano, Guerras civiles, 1.110.)

El joven Pompeyo, impaciente, atacó a Sertorio durante un atardecer ("a la caída del día"), sin esperar la llegada de Metelo, al no desear compartir la gloria de la victoria.

Pompeyo contaba con unos 20.000 hombres (antes, en Lauro había perdido 10.000 hombres que constituían un tercio de su ejército) de los cuales la mayor parte debían ser legionarios itálicos (en los ejércitos rebeldes la mayoría eran nativos íberos) a los que habría que añadir solo unos 400 jinetes pues también había perdido mucha caballería en la batalla de Lauro.

Sertorio se puso al mando del ala derecha del ejército, dejando la izquierda a Perpernna. Frente a Sertorio se desplegaba el ala izquierda senatorial mandada por Lucio Afranio. Pompeyo Magno también prefirió el ala derecha, la solía ser la favorita en los ejércitos de la antigüedad y se situó frente a Perpernna.

El ala mandada por Sertorio se mantenía sin muchos problemas, pero el ala izquierda de Pepernna empezaba a ceder terreno frente a Pompeyo. Percatado de ello, Sertorio dejó el mando de su ala a otros y corrió hacia el sector que estaba siendo arrollado. Logró contener la desbandada y pronto cambiaron las tornas pues fueron las tropas de Pompeyo las que se desbandaron. Pompeyo, descabalgado y herido por un íbero, logró escapar gracias a que los jinetes africanos que le perseguían se entretuvieron robando los arreos de oro de su caballo. Mientras tanto Lucio Afranio había logrado la victoria y persiguió a los sertorianos hasta su campamento y logró tomar Sucro, saqueándola durante la noche, pero Sertorio al regresar al campamento cogió a Afranio entre dos fuegos provocando una enorme matanza mutua. Mientras tanto, Pompeyo había reagrupado a la mayoría de su ejército y se había retirado a su propio campamento.

La oscuridad impuso el final de la batalla y ambos ejércitos se retiraron.

A la mañana siguiente, y estando ya ambos bandos preparados para continuar la batalla, llegó a tiempo el ejército de Metelo por el suroeste de la llanura Sucronem (actual Ribera del Júcar) procedente de Saetabis y tras unirse a las tropas de Pompeyo provocó la retirada de Sertorio hacia Sagunto y de allí, tras una nueva derrota,este se replegó hacia el centro de la península que aun le era fiel para proseguir la lucha, pero ya mediante guerra de guerrillas. La batalla de Sucro había marcado su declive.

Sertorio perdió unos 10.000 hombres, y el ejército senatorial una cifra similar. Hubo, pues, tablas. Al parecer Sertorio, refiriéndose despectivamente a Metelo y a Pompeyo, dijo: “Si la vieja no hubiera aparecido, hubiera corrido al chico a latigazos hasta la misma Roma”.

La batalla de Sucro (Sucronem) también fue citada por Apiano, por Salustio (solo unos decenios después), por Gelio, por Flor (epit. 2, 10 "apud Lauronem atque Sucronem") e incluso por Cicerón.

La cierva albina de Sertorio[editar]

La anécdota de la cierva de Sertorio la encontramos en Dichos y hechos memorables de Valerio Máximo, obra dedicada a Tiberio (sucesor de Augusto) y que fue recogida por Plutarco, Gelio, Apiano y muchos más. Refiere que Sertorio tenía como mascota o como talismán a una cierva blanca (albina) cazada en Lusitania, que era interpretada por la tropa como regalo de Diana y por ello como un augurio de victoria. La cierva desapareció justo cuando las cosas empezaron a empeorar en la batalla de Sucro, pero estando finalizando la batalla la cierva fue encontrada en una "palus proxima" (¿tal vez la albufera?) y fue entonces cuando la balanza se inclinó a favor de los sertorianos, los cuales pese a retirarse hacia el norte no fueron derrotados. Algunas fuentes dicen que al salir del agua la cierva salió de color marrón lo cual implicaría que ella era un ardid para elevar la moral de la tropa.

Poco después la victoria final fue, tras ser asesinado Sertorio, envenenado a traición en Osca por su general Marco Perpenna, para Pompeyo, el cual tras fundar Pompaei-ilun (ciudad de Pompeyo, que es la actual Pamplona) regresó a Italia donde se enfrentó a los restos del ejército de Espartaco los cuales también fueron derrotados por él.

Sucro, zona de paso en la guerra entre César y Pompeyo[editar]

Sucro reaparece en boca de Lucio Anneo Séneca. En su obra Tratado sobre los beneficios refiere que Julio César (100-44 a. C.) en su viaje hacia Obulco (Porcuna, Jaén) durante su confrontación con Pompeyo, se produjo un esguince de tobillo cerca de Sucro, justo cuando se dirigía desde Tarraco (Tarragona) a la Bética pasando por Sucro.Séneca tomó esta anécdota de Asinio Polion, contemporáneo de Julio César, y su relato fue recogido por Suetonio en su Vida de los doce césares.

Séneca relató en esa obra que un legionario veterano defendía un pleito con unos vecinos ante Julio César y le recordó que, cuando se torció el tobillo en Sucro, él le había socorrido y suministrado agua con su casco, por no poder caminar César, pues estaba lesionado, hasta la fuente. César no lo había reconocido porque el legionario haber quedado deformado (perdiendo además un ojo) en la batalla de Munda (en algún lugar de la Bética, durante la guerra civil entre Pompeyo y César). Tras recordar lo sucedido al veterano soldado se le concedieron los campos en los que un camino vecinal había ocasionado el pleito.

Últimas referencias históricas[editar]

Plinio el Viejo, en la segunda mitad del siglo I d. C., habla de Sucro como una ciudad que existía antiguamente (Historia natural 3, 20), por lo que ya en esa época debía de haber desaparecido; sin embargo, el río y la antigua ciudad mantuvieron su condición limítrofe en la época imperial romana.

La última referencia romana a Sucro, muy tardía, es el único ejemplar que nos queda del Itinerario Antonino el cual es ya de la época de Diocleciano, del siglo IV.

Con las invasiones bárbaras desaparece cualquier referencia a la ciudad de Sucro, la cual quedó durante siglos a merced al soterramiento por los aluviones del entonces río homónimo, hoy denominado Júcar, los cuales fueron ocultando los restos romanos.

Hasta finales del siglo XIX se podía vadear el río Júcar a pie desde Albalat hasta la Granja (el edificio medieval situado enfrente, en el actual término de Poliña del Jucar, donde también se han localizado restos romanos) pero se requería el uso de una barcaza (hoy en el escudo de la villa de Albalat) para pasar los pesados carros a la otra orilla.

Tras la invasión de los árabes, en la zona más alta adyacente a la intersección de la Vía Augusta con el vado del río Júcar se desarrolló una alquería (del árabe القرية al-qarīa, «pueblo, caserío») denominada Al-Blat (significando camino empedrado, calzada, vía…) donde, tal y como lo recoge el Libro de los Hechos, pernoctó, durante cuatro noches, Jaime I de Aragón en el año 1238, año en el que fue conquistada. Posteriormente por el vado de Albalat cruzó el Júcar el futuro rey Jaume II para unirse a su padre Jaume I para sitiar Játiva.

Esclapés en el primer capítulo de su Historia de Valencia refiere la existencia, al sur de esta ciudad, de una puerta llamada Sucronense por conducir a la ciudad de Sucro.

Lamarca en su Historia de la conquista de Valencia concretó que la puerta estaba situada en la calle San Vicente y se localizó una inscripción en la fachada del convento de las religiosas de la Trinidad que hacía referencia a la PORTA SUCRONENS.

Datos geográficos[editar]

Albalat de la Ribera, Alzira, Cullera y Sueca han defendido tradicionalmente ser el solar que albergó a la antigua ciudad de Sucro apoyados por los respectivos descubrimientos arqueológicos.[1]

Los que eran partidarios de la ubicación en la actual ciudad de Sueca (Valencia), señalaban que se han encontrado restos en la vecina Cullera los cuales justificarían a una de estas dos ciudades como descendiente del antiguo campamento romano. De hecho hasta su nombre podría derivar del original, atendiendo a que se cree que esta zona fue poblada por sicanos (apréciese la similitud con el actual gentilicio 'suecanos'). Según Chofre,[2]​ Sucro oppidum se hallaba ubicado en lo alto de la Montaña de los Zorros de Cullera (L'Alt del Fort).[1]

Esa disyuntiva entre la localización en Sueca o Cullera (Modesto Lafuente) frente a la localización en Alzira (Vicente Boix), quedó resuelta cuando, a finales del pasado siglo XX, los nuevos descubrimientos arqueológicos y también la revisión del miliario de la Vía Augusta, determinaron que la localización más probable está en el punto medio entre ambas ciudades (Sueca y Alcira), es decir en la pequeña villa de Albalat, la cual equidista de ambas urbes. Ellas son las capitales actuales de las comarcas Riberas Baja y Alta, y de ellas depende Albalat en el ámbito judicial (Sueca), en el sanitario Alzira) y también en el comercial (de ambas).

En los últimos años, Albalat de la Ribera ha ganado peso en comparación con el resto de localidades ya que, como encontramos en el actual plano de la Vía Augusta, esta solamente pasaría por Albalat y por Alcira, dejando de lado Cullera (solo en esta y en Albalat se han encontrado restos íberos), descartandose Sueca por su lejanía respecto a la citada calzada romana, y eliminando Alzira por la total ausencia de restos arqueológicos íberos.

Geógrafos antiguos[editar]

El geógrafo Estrabon de Amasi, en tiempos de Tiberio, en su obra Geografía (más concretamente en su Tratado sobre España Antigua y en referencia a su descripción del litoral valenciano, señaló que «el litoral, desde Cartagena al río Ebro, tiene en medio al río Sucro, su desembocadura y la ciudad del mismo nombre ("Haec vero pars maritima hinc usque ad Iberum in medio quodammodo intervallo Sucronem habet fluvium et ejes excursum et ejusdem nominis urbem")». Indicó así que la ciudad de Sucro estaba situada en la mitad de la vía Augusta entre Tarragona y Cartagena. De hecho la actual villa de Albalat de la Ribera dista lo mismo de ambas ciudades pues está unos 300 km de Tarragona y a otros tantos de Cartagena.

Plinio el antiguo, naturalista y geógrafo (coetáneo de Jesucristo), ya en tiempo de Vespasiano cita (en su Naturalis historia) y siguiendo el litoral mediterráneo: al río Tader (Segura), a Illice (actual Elche), a Lucento (Alicante), a Dianio (Denia) y a la ciudad de Sucro (Albalat de la Ribera), situada junto al río que le da nombre (Sucro fluvius, et quondam oppidum, Contestania finis). Sigue con Valentia (Valencia) y señaló que la región Edetania se inicia en un «ameno lago que se inclina hacia la celtiberia» (la albufera de Valencia). Señala pues a la Albufera y no al Júcar como el límite entre ambas regiones íberas (Contestania y Edetania). A continuación describe a Valentia (Valencia) y a Saguntum (Sagunto), remarcando que ambas ciudades están a la misma distancia del mar (tres millas), seguramente como medida de precaución frente a inesperados ataques de piratas.

Lucio Floro, de la familia de Séneca y contemporáneo de Trajano y de Adriano concreta en su obra Epitome que Sucro, situada al lado de su homónimo río, puede divisarse desde Laurona (actual Llaurí, situada a tan solo 8 km de Albalat).

Albalat se ha librado siempre de los desbordamientos del río Júcar (llamado «el destructor», por los árabes) por estar asentada sobre una elevación natural (alteret, altozano o alcudia). Fue una localización ideal para establecer un oppidum por ser la mejor zona para vadear el río, y porque al cruzarse allí el Júcar con la Via Augusta se obtenía una localización estratégica, tanto para el paso de mercancías fluviales por el Júcar, como también para las terrestres por la vía Augusta (la cual conectaba Roma con Gadir, la actual Cádiz).

En la partida del Alteret de la Vintiuitena (allí hoy solo hay campos de naranjos, adyacentes al casco urbano de Albalat) estarían situadas las mansiones romanas, es decir, la zona residencial de los más adinerados ciudadanos de Sucro.

Sucro y su Portus Sucronis vs Ilice y su Portus Ilicitanus delimitando la Contestania íbera, al norte y al sur[editar]

El Portus Sucronis (al norte de la Contestania, situado en Cullera, a unos 14 km de la actual Albalat), tiene una clara correspondencia con el Portus Ilicitanus (al sur de la Contestania, situado en Santa Pola a unos 14 km de la actual Elche), marcando ambos puertos y ambas ciudades los límites septentrional y meridional de la antigua Contestania íbera (limitada al sur por el río Vinalopó y al norte por la Albufera). Ambos puertos estarían situados a distancia de sus ciudades de referencia por el temor a imprevisibles desembarcos y ataques piratas.

Milenario de la Vía Augusta: Vasos Apolinares, Itinerario Antonino y anónimo de Ravenna[editar]

En los Vasos Apolinares, también llamados Vasos de Vicarello, están grabados sobre plata los nombres y también las distancias entre las distintas estaciones de la vía Augusta, la cual transcurría desde Roma hasta Gades (Cádiz) con una longitud total de unas 1840 millas romanas. Como la milia passuum es igual a 1480 m, el total recorrido de la Vía Augusta son 2726,5 km (1841 millas x 1481 metros). Son cuatro los vasos de plata descubiertos en las termas de Vicarello, junto al lago de Bracciano (Acquae Apollinares), cerca de Roma, en 1852. Actualmente se conservan en el Palacio Massimo alle Terme del el Museo Nacional Romano, en Roma.

En esos vasos se cifra la distancia entre Valencia y Sucro en 20 millas y entre Sucro y Játiva en 16 millas.

Esas distancias coinciden con las aportadas por el llamado Itinerario Antonino o Itinerario de Antonino Augusto Caracalla del que solo se conserva un ejemplar de la época de Diocleciano (siglo IV). Es un documento de la Roma antigua, que se supone redactado en el siglo III, en el que aparecen recopiladas las rutas del Imperio romano. Se señalan 372 rutas, de las cuales 34 corresponden a las Provincias de Hispania (del n.º I al n.º XXXIV).

Otro documento, el Anónimo de Rávena o Ravennate (mucho menos antiguo que las dos fuentes anteriores) distingue entre la ciudad de Sucro y su Portus Sucronis que serían, respectivamente, las localidades actuales de Albalat y Cullera. Es un texto compilado por un cosmógrafo cristiano, hecho en el siglo VII (aproximadamente sobre el año 670), manejando documentación de siglos anteriores (siglo III o siglo IV), siendo una valiosa fuente escrita a tener en cuenta para el estudio de las calzadas romanas. No obstante, no proporciona las distancias, limitándose solamente a consignar los nombres.

Las distancias entre ciudades, coincidentes en las dos primeras fuentes antiguas citadas, se corresponden con la realidad actual pues los 23,64 km (entre Sucrone y Saetabi) y los 29,56 km (veinte mile pasum) entre Sucrone y Valentia) se corresponden perfectamente con los 25 km que hay entre Albalat y Játiva y los 29 km que separan Albalat y Valencia.

Publicaciones históricas y hallazgos arqueológicos[editar]

La localización de Sucro en Albalat por parte de los historiadores apareció ya muy avanzado el siglo XX, tras la profundización en el estudio de las vías romanas en Hispania y por el descubrimiento de restos romanos en la zona del Alteret de la Vintiuitena, (cerca del actual casco urbano de la actual Albalat de la Ribera) y también en la otra orilla del vado del Júcar: en «La Granja», que hoy está en el término de Poliña del Jucar (restos de los siglos I-II: como la herma báquica (Balil, 1982:10, núm. 83, lám. IV, 3; Arasa, 2004: 334-335, fig. 17)).

Tras analizar esos datos A. Schulten, que había situado en un primer momento la ciudad de Sucro en Alcira, posteriormente identificó Sucro con el actual Albalat.

J. Vidal, C. Martínez: "Sucro habría ocupando la villa actual de Albalat[3]​pero abarcando también hasta el vecino paraje del Alteret de la Vintiuitena, situado al norte del casco urbano. Esta teoría la defienden muchos historiadores y arqueólogos, destacando Schulten (comentarios a las Fontes Hispaniae Antiquae)",

Schulten, en Fontes Hispaniae Antiquae' : "se debe buscar en Albalat, en donde la vía romana pasaba el río Sucro. De Gelio, 15, 22, 6, (p. 212) parece que resulta que la batalla fué entre Albalat al Sur y la Albufera de Valencia al Norte".

Anteriormente, ya en 1935, Bosch Gimpera y Aguado Bleye, escribieron: "la batalla (del Sucro) se libró a orillas del río Sucro y cerca de la ciudad del mismo nombre, situada, según parece, no lejos del Albalat de hoy". (Bosch Gimpera, P.; Aguado Bleye, P., Historia de España, vol. II, Madrid, 1935, llib. 1, pàg. 223.)

En 1961 los Sres. Fletcher Valls, Tarradell Miquel y Pla Ballester efectuaron una visita de inspección sobre de los restos arqueológicos aparecidos al abrir unas zanjas para el alcantarillado de Albalat, en especial en la calle Peris Mencheta (calle situada justo sobre la Vía Augusta, de camino hacia el vado del Júcar). También hicieron una prospección superficial con recogida de abundante cerámica ibérica y romana en el Alteret de la Vintiuitena, paraje muy cercano al núcleo urbano de Albalat de la Ribera.

Ramón Menéndez Pidal (Historia de España: España romana, Espasa-Calpe, 1962, p 230) refiere "La batalla se libró a orillas del río Sucro y cerca de la ciudad del mismo nombre, situada, según parece, no lejos de la Albalat de hoy. El campo de batalla sería el comprendido entre Albalat y la Albufera".

Pedro Aguado Bleye (Manual de historia de España: Prehistoria. Edades antigua y media, Espasa-Calpe, 1963) : "reñida probablemente entre Albalat y la Albufera, en la que Sertorio obtuvo, a costa de graves pérdidas" .

En Revue d'histoire ecclésiastique, (Volumen 58,Partes 3-4 Université catholique de Louvain., 1963): se lee : "à l'identification de l'antique cité fortifiée de Sucro — l'A. croit qu'elle se trouvait dans le voisinage d'Albalat de la Ribera".

E. Pla Ballester señaló en 1980 "zonas solo ligeramente elevadas, pero inmediatas a una corriente de agua que las protegía en parte, como ocurría con el poblado que estaba en el Alteret de la Ventiuitena de Albalat de la Ribera" (Nuestra Historia Vol.1, Valencia 1980).

E. Llobregat: "Como puede verse el camino es francamente costero...., evitando la Albufera por su orilla occidental, para cruzar el río por Albalat" (Nuestra Historia Vol.2 Valencia 1980).

Posteriormente, a finales del siglo XX, Xavier Vidal y Carmen Martínez realizaron entre 1996 y 1998 unas excavaciones en el alteret de la vintiuitena y en el núcleo urbano de Albalat, alrededor de la ermita de San Roque, en las que encontraron restos de una vivienda y diferentes hogares correspondientes a un poblado datado entre el siglo III y II antes de Cristo (señalando así una cronología similar a la de Sucro).

Después, en la zona del Alteret de la Vintiuitena (con una extensión de unas 60 hectáreas) se encontraron restos superficiales de cerámica y el ángulo de la habitación de una casa que contaba en su interior con un hogar donde se documentaron restos cerámicos (incluso fenicios del siglo VIII a.C). Se demostró así que el lugar estuvo habitado al menos desde el Bronce Final hasta la época romana tardía.

Tras todo ello Toni Carrasquer, historiador de Sueca, señaló taxativamente "apostaría porque Sucro está en los sustratos de Albalat".

"Sucro, por su parte, se piensa que era un asentamiento ubicado en la actual Ribera del Xúquer, posiblemente Albalat , del cual dependería el Portus Sucronensis, seguramente establecido en la desembocadura del río en Cullera" (Bonet y Ribera, 2003; Pérez Ballester, 2003).

Xavier Vidal señala «Sucro podría haber estado en Albalat por su maravillosa situación geográfica. El asentamiento estaría en un altozano dominando un punto en el que el Xúquer pasaba a discurrir de forma más regular por un cauce más definido, de fácil acceso. La función de la actual Cullera sería la de Portus de la ciudad de Sucro, la cual debería estar situada más hacia el interior como en muchas grandes ciudades del Mediterráneo.».

Solís y Gascó, en su traducción de los libros correspondientes a la segunda guerra púnica de Livio, (Madrid 1992, pàg. 301). en nota a pie de página, compartieron dicha localización al puntualizar: "Sucro, la actual Albalat, junto al Júcar".

José Manuel Roldán Hervás, en Historia de España - Página 20: "sus jefes, Indíbil y Mandonio, que atacaron los campos de las tribus vecinas, aliadas de los romanos, suesetanos y sedetanos, en un momento difícil coincidente con un motín militar en el campamento romano de Sucro (Albalat, Valencia)"

Xaverio Ballester señala que Chofre M. L. (2002), en la página 254 de su tesis doctoral escribe: La arqueología nos muestra que la actual ciudad de Albalat de la Ribera se encuentra situada sobre lo que fue un poblado/establecimiento comercial, en un primer momento ibérico y posteriormente romano. El alto valor estratégico de su emplazamiento, bordeado por el río Sucro y a corta distancia de la Vía Augusta, tuvo que ser decisivo a la hora de su fundación y posterior desarrollo. Y no dudamos a la hora de atribuirle el topónimo de Sucronem. Desgraciadamente carecemos de estudios científicos que avalen lo que parecen apuntar los hallazgos casuales y los restos cerámicos recogidos en superficie, pero cabe esperar que en un futuro no muy lejano se puedan llevar a cabo las oportunas excavaciones arqueológicas que permitan conocer mejor las dimensiones y características de los yacimientos de Albalat de la Ribera.

Helena Bonet y Albert V. Ribera (Romans i visigots a les terres valencianes, 2003, p. 80) escriben "Sucro, a la vora del Xuquer (,...) degué ser la primera instal·lació fixa creada per Roma al territori valencià, que posteriorment donaria lloc a una ciutat. La ubicació pareix ser que es trova a Albalat de la Ribera".

Gonzalo Arias (Repertorio de caminos de la hispania romana: estudios de geografía histórica, 2004) "Le tronçon Cullera-Albalat ne serait plus un embranchement, mais l'amorce d'une autre route de Sucro vers l'ouest."

F. H. Kerle., (Madrider Mitteilungen, Volumen 45 pp 275 277, 2004): La Vintihuitena (Albalat de la Ribera) la Sucro de las fuentes // 4) Vintihuitena-Sucro? (Albalat de la Ribera); 5) Saiti-Xátiva; 6) La Serreta (Alcoi);

Albert Ribera Lacomba, Manuel Olcina, (Pompeya bajo Pompeya: las excavaciones en la casa de Ariadna Museo Arqueológico Provincial de Alicante - 2007 ) el motín del campamento romano de Sucro, localizado en Albalat de la Ribera, junto al río homónimo, Jucar.

Aranegui Gascó, Carmen (El sucronense sinus en época ibérica, 2015, Departament de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Valencia) "el núcleo después designado como Portus Sucrone en Cullera con respecto a L'Alter de la Vint-i-hitena - Sucro (Albalat de la Ribera)".

Montalbán Carmona en Clapir (2017, pp. 20-23) señala: "como resalta Morote Barberá, Sueca y Cullera quedan distantes a la Vía Augusta, la cual pasaba por Sucro, por lo tanto, solo quedan las posibilidades de Albalat de la Ribera o Alzira. No obstante, com ya se ha indicado anteriormente, a falta de nuevas excavaciones, nada indica que Alcira sea la ubicación actual de Sucro, quedando Albalat y su yacimiento del Alteret de la Vintiuitena como la única opción admitida actualmente entre los investigadores".

Negrete, Javier (La conquista romana de Hispania 2018) "Coincidiendo con la revuelta de los ilirgetes y la enfermedad de Escipión se produjo un motín entre las legiones acampadas en Sucro (Albalat)".

Estudios geológicos[editar]

Estudios geológicos publicados por P. Carmona y J. M Ruiz han demostrado que entonces el Júcar, justo en Albalat, dejaba de estar encajonado y se abría en el abanico aluvial en dos brazos, los cuales desembocaban uno al norte y otro al sur del promontorio de Cullera, determinando así que el enclave de Sucro, fuera idóneo para vadear el río, tanto en la época de Escipión (hace 2226 años), como en la de Sertorio (hace 2094 años) y también en épocas posteriores. Era una localización muy estratégica por situarse entre las dos vías: la fluvial (el río Júcar) y la terrestre (la Vía Augusta) lo que permitía el fácil control de mercancías y tropas que transcurrieran por ambas.

Se ha calculado que que los sedimentos aportados por los periódicos desbordamientos del Júcar habrían provocado un soterramiento progresivo de los restos romanos hasta una profundidad que oscilaría entre dos y cuatro metros.

Últimos hallazgos[editar]

El 4 de octubre de 2019 el diario Levante informó que los arqueólogos, en la campaña finalizada el día anterior, habían localizado en Albalat de la Ribera una importante zona comercial anterior a la época imperial, con extracción de vasijas y materiales del periodo ibérico, considerándose todo ello como vestigios a favor de que Albalat albergó la antiquísima Sucro romana. [1]

Véase[editar]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

  • Aranegui Gascó, C. (coord) Els romans en terres valencianes, Valencia, Edicions Alfons el Magnànim - IVEI, 1996.
  • Batista González Batista & Juan Batista. España estratégica: guerra y diplomacia en la historia de España Silex Ediciones, Madrid: 2007, pp. 73. ISBN 978-84-7737-183-0
  • Chrissanthos, Stefan G., 'Scipio and the Mutiny at Sucro, 206 B.C.' in Historia: Zeitschrift für Alte Geschichte, Bd. 46, H. 2 (2nd Qtr., 1997), pp. 172–184. [JSTOR subscription required.]
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  • Roselló Mesquida, M (2007) “Cerámicas en el portus sucrone (Cullera). Indicadores del tráfico comercial durante la antigüedad tardía (siglos V-VII dC)” en Pérez Ballester i Pascual Berlanga “Comercio, redistribución y fondeaderos. La navegación a vela en el Mediterráneo”. Ed. Universitat internacional de Gandia.
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