Falcata

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Falcata del siglo IV a. C., en el M.A.N. (Madrid).

La falcata es un tipo de arma blanca, una espada de filo curvado, originaria de la Iberia prerromana. Su uso está históricamente asociado con las poblaciones nativas iberas y celtíberas durante la conquista romana de Hispania, siendo una de las armas más emblemáticas de la península ibérica durante varios siglos.

Nombre[editar]

Contrariamente a la creencia popular, falcata no es el nombre original de este arma ni un apelativo clásico, sino un término inventado por Fernando Fulgosio en pleno Siglo XIX para describir su forma. El término en sí deriva de falcatus, -a, -um, voz latina que significa falconada, en forma de halcón o provisto de una hoz.[1][2]​ Se desconoce la manera en que los iberos llamaban a esta espada; los romanos, por su parte, la conocían como machaera hispanensis, probablemente debido a su similaridad con la espada griega makhaira.[2]

Características[editar]

Empuñadura de la falcata de Almedinilla, siglo IV o III a. C., en el M.A.N. (Madrid).

La falcata posee una hoja de un solo filo que destaca por curvarse hacia delante de manera cóncava antes de retroceder de nuevo hacia el eje de simetría en la punta. Esta forma distribuye el peso para concentrar la fuerza. La empuñadura, desplazada normalmente hacia un lado respecto al eje, tiene típicamente forma de gancho, cachas de hueso o marfil y pomo en forma de cabeza de caballo o grifo, que solía unirse a la guarda con una cadenilla. La hoja presentaba a veces acanaladuras en el filo no cortante que permitían aligerar el peso del arma, así como decoraciones en damasquinado o ataujía, rellenando las incisiones realizadas en la hoja previamente con hilos de plata. Pese a que su forma sugiere un empleo como arma de filo, la frecuente presencia de contrafilo en los ejemplares recuperados (el filo del borde contrario al filo principal, que ocupa cerca del tercio más próximo a la punta) parece apuntar a que también era posible su uso como arma de estocada.

Origen[editar]

El origen y la evolución de la falcata son materias desconocidas, pero hay tres teorías que tratan de rellenar este hueco. Según la primera, provendría de cuchillos curvados de la cultura de Hallstatt que se extendieron por toda Europa; la segunda, quizá la más popular, postula que la falcata proviene de armas similares de origen griego como la makhaira o kopis, las cuales habrían sido introducidas en la península ibérica por medio del comercio heleno y fenicio alrededor de los siglos quinto y sexto a.C; y la última, aunque menos sostenida, tendría a la falcata como un arma de creación indígena ibera.[2]

Calidad y manufactura[editar]

La calidad del hierro que servía para la construcción de las armas hispánicas fue alabada por los cronistas romanos, que quedaron sorprendidos por su capacidad de corte y su flexibilidad, una de las características más estimadas y buscadas en su manufactura. El hierro se sometía a un tratamiento de oxidación (enterrando las planchas bajo el suelo entre dos y tres años), eliminando así las partes más débiles de este. La hoja se realizaba forjando tres láminas y uniéndolas en caliente, de las cuales la central presentaba una prolongación para la empuñadura.

Como nota curiosa que refleja la efectividad de estas armas queda el hecho de que, tras las primeras batallas en la península ibérica, se dio la orden a las tropas romanas de reforzar con hierro los bordes de sus escudos, posiblemente para contrarrestar la potencia de corte de las falcatas, muy superior al de las espadas rectas y los sables.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Fernando Fulgosio, Armas y utensilios del hombre primitivo en el Museo Arqueológico Nacional, Museo Español de Antigüedades, Madrid, Vol. I, pp. 75-89.
  2. a b c Luis Silva, Viriathus and the Lusitanian Resistance to Rome 155-139 BC, 2013

Bibliografía[editar]

Enlaces externos[editar]