Programadora

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En la televisión colombiana, una programadora es una empresa que produce programas de televisión, especialmente para los canales públicos comerciales (Canal Uno y, hasta el 2004, Canal A o Segunda Cadena). El modelo de la televisión colombiana desde 1955 a finales de los 90 se basó en programadoras como los únicos productores de programas que se emitieron en los dos principales canales. Tras la introducción de dos canales de televisión privada nacional en el país en 1998, y la recesión de ese mismo período, las programadoras entraron en una crisis que llevó a muchos a cerrar o convertirse en empresas de producción para los canales privados, incluyendo la fusión para convertir las actuales productoras de televisión.

Historia[editar]

Los inicios del sistema mixto[editar]

En 1955, el gobierno colombiano creó lo que sería el modelo de la televisión nacional para las próximas cuatro décadas. El año anterior, el canal nacional había centrado su programación exclusivamente en programas educativos y culturales. Dicho modelo se inspiró en los preceptos que se practicaban en Estados Unidos por aquellos años, aunque siguió (con variaciones) el modelo de la NPO de los Países Bajos, en la cual muchas de ellas tuvieron influencia de los partidos políticos y sus dirigentes en la producción de programas.

Las empresas privadas pujaron para arrendar horarios para sus programas en la Cadena Nacional, que fue la única red de TV en el país. El Gobierno, a su vez (desde 1964, a través de Inravisión, la televisora estatal), eligió los horarios y los programas y operó la infraestructura de la televisión nacional. Las primeras de las grandes productoras comenzaron a surgir, como Producciones PUNCH (la primera programadora, fundada en 1956) y FGA Televisión (hoy R.T.I., en 1963 y rebautizado como tal en 1973). A finales de la década de los 60, las cadenas radiales RCN y Caracol entraron en el medio televisivo. Cabe aclarar que RCN y Caracol habían incursionado previamente en el mundo de la televisión (durante algunos meses de 1955) a través de un esfuerzo conjunto materializado en una programadora llamada Televisión Comercial (TVC). Dicha programadora llegó a tener un contrato para producir hasta el 50% de la parrilla de programación, pero el esfuerzo fracasó.[1]

Cuando se creó el segundo canal nacional en 1972, Segunda Cadena (antes el canal privado Teletigre y efimeramente Tele 9 Corazón), a las empresas se les asignaron espacios en ambos canales indiscriminadamente.

Licitaciones[editar]

Por períodos de diferente duración (por lo general en cada gobierno), se abrían licitaciones para adjudicar espacios. En dichas licitaciones, las nuevas programadoras podían pujar, las antiguas competían para nuevas posiciones, y algunas salían del aire. Al comienzo del siguiente año calendario, los horarios de televisión cambiaban completamente. Estos ciclos de licitación ocurrieron en 1972, 1975, 1977, 1981, 1983, 1987, 1992, 1998, 2003, 2007 y 2013.

En 1991 hubo una mini-licitación para adjudicar los antiguos espacios de Jorge Enrique Pulido Televisión y Promec Televisión, disueltas en 1990 y 1991 respectivamente. Otra licitación fuera de ciclo en 1996 concedió los antiguos espacios de Producciones Cinevisión (por bancarrota)[2] y en 2000 se otorgaron espacios devueltos por programadoras como TeVecine y DFL Televisión.[3]

Los noticieros fueron particularmente afectados por estos períodos de licitación, pues podían desaparecer (como QAP en diciembre de 1997) o moverse a otros horarios (por ejemplo, TV Hoy pasó de lunes a viernes a los fines de semana a las 8:30 de la noche en 1992; o el Noticiero 24 Horas, que en 1998 pasó de su horario tradicional de las 7:00 de la noche, a las 12:30 del día). En algunas licitaciones (como la de 1991), aquellas programadoras que querían pujar por un noticiero no podían pujar por ningún otro tipo de programación. La presión por equidad en la representación política hizo que la producción de noticieros fuera uno de los elementos más codiciados y sometidos a escrutinio del sistema mixto. Por ejemplo, la licitación de 1983 concedió 6 espacios para noticieros, 3 de los cuales fueron concedidos a intereses liberales y los otros 3 a intereses conservadores.[4]

La mayoría de programadoras que desaparecieron antes de la crisis de la televisión pública lo hicieron al final del año calendario en curso (por ejemplo, Criptón, una programadora que produjo el noticiero del mismo nombre, salió del aire el domingo 28 de diciembre de 1997). Hubo varias excepciones: Jorge Enrique Pulido Televisión cesó sus operaciones en mayo de 1990, después de que su propietario murió y Multimedia Televisión, Promec Televisión[5] y Cromavisión[6] fueron expulsados por falta de pago de una deuda (después de que fue declarada la caducidad administrativa de los contratos que estas empresas habían hecho con Inravisión).

Ciclos de licitación separada se celebraron para la programación de días festivos, generalmente con películas y programas especiales. Promec y Producciones Eduardo Lemaitre, más tarde conocido como CPT, fueron pioneros en este lugar de la programación. CPT fue vendido en 1988, no pujó en 1991 y regresó a principios de 1998.

En la década del 80, se formó la OTI Colombia, un consorcio de programadoras que tenía la licencia para transmitir los Juegos Olímpicos y la Copa Mundial de fútbol, con R.T.I., Caracol, RCN, PUNCH, Producciones JES y Datos y Mensajes.

Cambios de 1991[editar]

La Constitución de 1991 precipitó grandes cambios en la manera en que el proceso de licitación fue manejado. Para la licitación que entró en vigencia el miércoles 1° de enero de 1992, se postularon 31 programadoras, y 24 resultaron ganadoras, las cuales se dividieron en dos grupos de 12 y fueron "sembradas" en un canal, de modo que no podían tener espacios en el otro.[7] Otros cambios introducidos en la licitación fueron los siguientes:

  • Aumentó la cuota para el contenido producido a nivel nacional, de 50 a 60%.
  • En el ciclo de licitación de 1987, se habían asignado espacios entre cuatro y 13,5 horas a la semana. En el ciclo de licitación de 1991, el mínimo fue de ocho horas a la semana, con un máximo de 16. Para la mayoría de las empresas, esto fue un importante aumento en la producción, que llegó con el aumento de los costos a Inravisión para el tiempo de programación. (El mínimo se elevó a 9,5 horas a la semana en la licitación de 1997).
  • Se estableció un nuevo órgano rector (con arreglo al artículo 77 de la Constitución de 1991) para liberar a Inravisión de sus funciones reguladoras: la Comisión Nacional de televisión o CNTV, reemplazando al Consejo Nacional de Televisión. Esta entidad se estableció formalmente en 1995.

Inicialmente, el contrato correría por seis años con el Gobierno conservando la opción de extenderlo para otros seis. Este elemento fue abandonado en una nueva ley de televisión a finales de 1996, lo que significaba que una nueva licitación tendría lugar en 1997 con nueva programación en 1998. El noticiero QAP creyó que esto era una maniobra diseñada para sacarlos del aire, al igual que otros noticieros críticos del gobierno.[8] [9] Por esa razón, TV 13 (la programadora que producía QAP) no se presentó a la licitación de 1997.[8]

En las licitaciones de 1983 y 1987, sólo tres programadoras habían desaparecido, pero seis desaparecieron en la licitación de 1991, incluyendo Do Re Creativa TV, que protestó junto con otras cuatro programadoras descalificadas alegando la ilegalidad de la licitación.

Existía la preocupación que las programadoras de la Cadena Dos estuvieran en desventaja. Aunque los canales tenían cobertura similar y capacidad técnica, se percibió que su posición tras la Cadena Uno podría afectarlos. Propusieron los nombres de Telecolombia y Telenacional para los dos canales, pero en última instancia, los dos canales adoptaron los nombres de Cadena Uno y Canal A.

En marzo de 1993, la decisión de un Tribunal obligó a Inravisión a prohibir escenas sexuales y violentas en la franja familiar. Las programadoras ahora estaban obligadas a declarar si el programa era apropiado para menores.[10] Además, debían presentar su material a Inravisión con 72 horas de antelación para determinar su idoneidad.

Adicionalmente, en 1996, Producciones Cinevisión desapareció debido a problemas internos. Los espacios fueron devueltos a la CNTV.

Privatización y crisis[editar]

Ratings de los principales canales colombianos entre 1998 y 2003 según IBOPE. Es de destacarse la reducción de los espacios pertenecientes al Canal A (verde) y Canal Uno (amarillo) y el crecimiento correspondiente de RCN (rojo) y Caracol (azul).

En 1997, se otorgaron dos licencias de televisión privada a Caracol y RCN, dos de las más grandes programadoras. Sus canales salieron al aire el viernes 10 de julio de 1998. Unas 25 programadoras se presentaron para la adjudicación de los espacios para la programación que iniciaba el jueves 1 de enero de 1998.[11] Sin embargo, Caracol y RCN disfrutaron de salida limitada; en particular, Caracol se quedó sin horarios los sábados. Otras programadoras presentaron programas emblemáticos de Caracol en ese día, como la película de Premier Caracol (Andes Televisión y CPT Televisión) y el programa de comedia Sábados Felices (Coestrellas, CPS Televisión y Proyectamos Televisión).

Entendiendo que más unidad era necesaria dentro de cada canal para enfrentar la nueva competencia, las programadoras comenzaron a encontrar maneras para cooperar. Las programadoras del Canal A formaron la Sociedad Canal A, dentro de la cual cada programadora se especializaba en un tipo de programa. Por ejemplo, RTI producía telenovelas y programas de concurso, mientras que En Vivo Televisión estaba a cargo de desarrollar un servicio de noticias.[12] También contrataron una agencia, Medina y Asociados, para labores de mercadeo del canal, mientras que comenzaban a vender y comprar programas en el mercado internacional como un solo grupo. En el Canal Uno, en cambio, hubo menos cooperación, debido a que las compañías operaban de forma más independiente,[13] aunque varios grupos de compañías comenzaron a crear firmas publicitarias conjuntas.[14]

Era conocido en el momento que se verían afectados los canales públicos comerciales, pero nadie predijo que sería un cambio tan rápido. En el primer año los canales privados crecieron al ritmo previsto para su quinto año de la radiodifusión.

Junto con las reducciones en los ingresos por publicidad relacionadas con la recesión económica padecida por Colombia a finales de los 90's,[15] muchos de los grandes anunciantes, vinculados a los grupos económicos que controlaban Caracol y RCN, retiraron su pauta publicitaria del sistema mixto.[16] Para sobrevivir financieramente, muchas compañías recurrieron a la emisión de televentas, causando que los televidentes dejaran de ver los canales Uno y A.

En 1999, las programadoras habían pedido 6 de las 18 horas diarias de programación y la reducción de los costos de licencia. Sus déficit colectivo había alcanzado 100 mil millones de pesos colombianos (aproximadamente 53 millones de dólares)[17] y en 2001, sus deudas combinadas superarían los 26 mil millones de pesos (unos 11,30 millones de dólares).[18] Colombiana de Televisión se vio forzada a vender su serie Padres e Hijos a Caracol para mantenerse a flote.[15]

En 2000 salieron del aire TeveCine (viernes 3 de marzo),[19] Producciones Punch (viernes 19 de mayo),[20] Producciones JES (viernes 15 de septiembre)[21] y Cenpro Televisión (viernes 29 de septiembre),[22] que regresaron sus espacios a la CNTV. A raíz de esto, Audiovisuales, la programadora estatal, vio un fuerte e inesperado aumento en su cantidad de tiempo disponible, de solo 5,5 horas al inicio de 1998[23] a 41 horas a la semana después de la partida de Producciones Punch.[20] Muchos de estos programas eran repeticiones, lo que condujo a una reducción de los ratings.[16] Compañías como JES pasaron de ser programadoras a productoras para los canales privados.

En marzo de 2001, seis empresas habrían caído bajo la ley de bancarrota conocida como Ley 550: Mejía & Asociados, Big Bang Televisión, CPS Televisión, Datos y Mensajes, En Vivo Televisión y Universal Televisión, conocido como Uni TV. Este número aumentó a siete en julio.[24] [25] Más Tarde, En Vivo Televisión, programadora que produjo el noticiero de las 9:30 de la noche de lunes a viernes en el Canal A, tomó la decisión de cesar las operaciones el viernes 15 de junio de ese año, por razones que incluyen la falta de pago de los sueldos de los reporteros y una deuda de 14 mil millones de pesos colombianos (6 millones de dólares).[26] Menos de diez programadoras quedaron en agosto de 2001.[27] Algunas empresas intentaron trabajar juntas, como una asociación en el Canal A, que incluyó a Coestrellas, Datos y Mensajes y otras dos programadoras,[28] [13] pero esta idea fracasó debido a que el espacio estrella de Datos y Mensajes, el Noticiero TV Hoy, salió del aire el domingo 23 de diciembre de 2001.

El domingo 16 de marzo de 2003, el Noticiero Hora Cero y su productora CPS salieron del aire por falta de dinero, su director de noticias llamó la acción como un signo de la muerte segura de ese canal.[29] [30] Los siguientes en caer fueron Andes Televisión y Proyectamos Televisión, quienes devolvieron sus espacios y luego salieron del aire debido a que la CNTV prohibió los espacios de televentas, privando a ambas programadoras de sus principales fuentes de ingresos.[31] La situación hizo que el periódico El Tiempo considerara que el Canal A era un "león que agoniza" (refiriéndose al logotipo del canal de un león).[31] La liquidación de Coestrellas a mediados de 2003 dejó una sola programadora en el Canal A, RTI Televisión. Como parte de un Plan de Salvamento aprobado por el Gobierno el jueves 19 de junio de 2003, RTI se trasladó al Canal Uno.[17] Después de varios meses de emitir únicamente los programas de Audiovisuales, la programadora estatal (una rama del Ministerio de Comunicaciones), el Canal A se convirtió en el Canal Institucional, controlado por el Gobierno, el lunes 2 de febrero de 2004.

Inravisión y Audiovisuales fueron liquidadas en 2004, en parte debido a la crisis de las programadoras y también debido a equipos obsoletos y, en el caso de Inravisión, por un costoso pasivo pensional.[32] [33]

Con la liquidación de Inravisión y Audiovisuales, el Gobierno crea la Radio Televisión Nacional de Colombia (RTVC),[34] que opera la emisión del Canal Uno, pero después el regreso de las televentas y programas religiosos en algunos horarios adicionales, hizo que el Canal Uno se sub-dividió su programación en espacios adicionales y comerciales.

Después de la crisis[editar]

El plan de salvación de 2003 y la licitación del mismo año implicó una realineación de los sobrevivientes en el Canal Uno. De las 7 programadoras remanentes, 6 fueron agrupadas en consorcios: Colombiana de Televisión con NTC, RTI con Programar Televisión y Jorge Barón Televisión con el recién llegado SportSat Televisión, junto con CM&. Cada uno de los 4 grupos recibió 25% de la programación, incluyendo la producción de un noticiero para cada grupo.[17] [35] [36]

En 2011, dejó de existir la Comisión Nacional de Televisión, dando paso a la Autoridad Nacional de Televisión (ANTV).[37]

Se debía haber hecho una licitación en 2013 para definir la programación que entraría en vigencia desde el miércoles 1 de enero de 2014 en el Canal Uno, pero por falta de tiempo se decidió extender los contratos a 40 meses para 4 consorcios de ocho programadoras: Colombiana de Televisión - NTC Televisión, Jorge Barón Televisión -SportSat Televisión, CM& y la RTVC, este último, sirven para tener espacios del 25% de su programación, lo que pudo con éxito la eliminación total de espacios religiosos y televentas en algunos horarios adicionales.[38] Sin embargo, la programadora Programar Televisión no continuó, por los conflictos internos con R.T.I.,[39] y su lugar sería ocupado por los canales regionales afiliadas a Señal Colombia y otras programadoras comerciales.[40]

En noviembre de 2016, la ANTV adjudicó los espacios de concesión del Canal Uno por 10 años (a partir de mayo de 2017) a Plural Comunicaciones, un consorcio conformado por CM&, NTC, RTI y la firma estadounidense Hemisphere. La licitación no estuvo exenta de polémicas. Jorge Barón Televisión había pedido que se revisara la solicitud de prórroga por 10 años que había pedido en 2013 pero que la ANTV negó. Por su parte, Programar Televisión interpuso una denuncia penal contra David Luna (ministro de Tecnologías de la Información y Comunicaciones) y solicitó medidas cautelares ante la Superintendencia de Industria y Comercio, con el fin de que se detuviera la licitación, argumentando que no es cierto que la empresa renunció a los espacios de TV que tuvo hasta 2013. La ANTV se defendió argumentando que la adjudicación en su momento se hizo a una unión temporal entre Programar y RTI y que para la ampliación por 40 meses que se dio a los concesionarios en 2013, RTI y Programar no se pusieron de acuerdo.[41] [42]

Programadoras y su destino[editar]

Programadoras desaparecidas o transformadas[editar]

Programadoras desaparecidas en la licitación de 1983
  • Gran Andina de Televisión
  • Jaime Soto Televisión
  • TV Impacto
  • RR Televisión
  • Producciones Ecos
  • Producciones Eduardo Ruiz Martínez TV - ERM TV
  • Juan Guillermo Restrepo Jaramillo TV
  • JFG 82
  • Rosalba Atehortua TV
Programadoras desaparecidas en la licitación de 1987
  • Arturo Abella Televisión
  • Contrapunto
Programadoras desaparecidas en la licitación de 1991
Programadoras desaparecidas en la licitación de 1997
  • TV13
  • Criptón
  • Telestudio
  • Prego Televisión
  • Globo Televisión
  • Producciones Cinevisión Ltda. (Hasta octubre de 1995)
  • GOS Televisión (hasta mayo de 1997)
  • Provideo
  • 3R Producciones
Programadoras desaparecidas en la licitación de 2003
Programadoras transformadas en canales privados en 1998

Programadoras del Canal Uno después de 2003[editar]

Licitación de 2003
Licitación de 2011
Prórroga 2014-2017
Licitación de 2017

Otras compañías realizadoras[editar]

Recepción crítica[editar]

Varias figuras de la televisión colombiana han lamentado la pérdida del sistema mixto, notando que éste era una de las razones de que la televisión en Colombia tuviera un desarrollo más fuerte que las de sus pares latinoamericanos y que la privatización acabó con muchas cualidades positivas de la industria televisiva colombiana.

En una entrevista en 2004, Iván McAllister, en aquel entonces presidente de CityTV, dijo que "Los concesionarios de espacios sabían a qué atenerse. Había un mercado sano y una demanda creciente que les permitió desarrollarse y consolidarse como empresas de TV. Eso se borró de un plumazo con la nueva TV". [16] Daisy Cañón dijo en 2003 que la privatización de la televisión colombiana hizo que ésta retrocediera desde una perspectiva pluralista, ya que la habilidad de Caracol y RCN para atraer televidentes y ratings causó que programas culturales de alta calidad y otros programas se perdieran. Paula Arenas, ex-presidenta de Producciones Cinevisión, dijo en 2014 que la privatización causó que la televisión "como ejercicio creativo perdió más que lo que ganó" y que las producciones televisivas recientes son más enfocadas y sometidas a una fórmula.[43]

Aquellos que defienden la privatización notan que ésta ha hecho a la televisión mucho más receptiva a la demanda de los televidentes y que incrementó el papel de las fuerzas del mercado en la industria televisiva colombiana.[44]

Referencias[editar]

  1. Uribe, Juana (Abril de 2012). «El nacimiento de las industrias culturales». Revista Credencial. Consultado el 20 de marzo de 2017. 
  2. «CNTV asignó espacios en Canal Uno». El Tiempo. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo. 5 de marzo de 1996. Consultado el 21 de marzo de 2017. 
  3. «Abren nueva licitación en canales públicos». El Tiempo. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo. 6 de junio de 2000. Consultado el 21 de marzo de 2017. 
  4. Vizcaíno, Milciades (Diciembre de 2005). «La legislación de la televisión en Colombia: Entre el Estado y el mercado». Historia Crítica (Bogotá: Universidad de los Andes) (28): 127-152. ISSN 0121-1617. Consultado el 21 de marzo de 2017. 
  5. «Promec saldría de la televisión». El Tiempo. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo. 26 de enero de 1991. Consultado el 21 de marzo de 2017. 
  6. «Cromavisión saldría de la televisión». El Tiempo. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo. 5 de septiembre de 1991. Consultado el 21 de marzo de 2017. 
  7. Duque, Ana Lucía (2 de agosto de 1991). «24 programadoras de TV buscan alianzas». El Tiempo. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo. Consultado el 20 de marzo de 2017. «En el proceso fueron descabezadas ocho concesionarias. A partir de ahora, las 24 programadoras de televisión que tendrán espacios el año entrante empezarán a pensar en las alianzas. El Consejo Nacional de Televisión (CNTV) las dividió en dos grupos de doce cada uno, los cuales se enfrentarán día a día en horarios y tipo de programas.» 
  8. a b «La última emisión de QAP». El Tiempo. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo. 30 de diciembre de 1997. Consultado el 22 de marzo de 2017. 
  9. «El legado de QAP y de AM-PM». El Tiempo. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo. 5 de enero de 1998. Consultado el 22 de marzo de 2017. 
  10. «Programas de TV siguen en el aire». El Tiempo. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo. 31 de marzo de 1993. Consultado el 22 de marzo de 2017. 
  11. Monroy, Martha Luz (15 de julio de 2003). «Las sobrevivientes». El Tiempo. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo. Consultado el 23 de marzo de 2017. 
  12. Giraldo, Diego León (26 de julio de 1998). «El Canal A se lanza a la guerra». El Tiempo. Bogotá: Casa Editorial El Tiempo. Consultado el 23 de marzo de 2017. 
  13. a b «Reyes de la selva». Semana. Bogotá: Publicaciones Semana. 2 de noviembre de 1998. Consultado el 23 de marzo de 2017. 
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