Parábola de la moneda perdida

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La dracma perdida (ca. 1886-1894), obra de James Tissot que se conserva en el Museo Brooklyn de Nueva York. En esta acuarela, una mujer busca de rodillas y a la luz de una lámpara de aceite la moneda que se le extravió.

La parábola de la moneda perdida,[1][2][3][4]​ también conocida como parábola de la dracma perdida,[5][6][7][8][9]​ es una comparación (mashal) del Nuevo Testamento que se encuentra únicamente en el Evangelio de Lucas (15, 8-10). El autor presenta el relato en labios de Jesús de Nazaret, junto con la parábola de la oveja perdida y la del hijo pródigo, como respuesta a la murmuración indignada de los fariseos y escribas, quienes cuestionaban la conducta de Jesús de recibir a los pecadores y admitirlos a su mesa.[5]​ El conjunto de las tres parábolas recibe la denominación tradicional de parábolas de la misericordia —o parábolas de la alegría—,[10][11]​ ya que caracterizan la figura y el mensaje misericordioso de Jesús de Nazaret tal como lo muestra el evangelista Lucas. Llegó a considerárselas «el corazón del tercer evangelio».[12]

Esta parábola —o, según la definición de Bultmann, «semejanza»—[13]​ es una narración breve que describe vivamente el interés manifestado por una mujer que al perder una de sus diez dracmas —moneda considerada de escaso valor—, la busca afanosamente, y la alegría que siente al hallarla. En el cristianismo, la parábola es figura de la actitud de Dios Padre hacia cada pecador: lo busca cuidadosamente, y se alegra cuando encuentra lo que se consideraba perdido.

[…] la parábola de la moneda perdida […] describe con vivos colores el interés de una persona cuando pierde algo que un tercero podría juzgar relativamente insignificante, así como su correspondiente gozo cuando lo encuentra. […] las parábolas se refieren al extraño interés (así lo estimaban algunos) que Jesús mostraba por las clases deprimidas de la comunidad judía. Y posiblemente por algunos habitantes de Galilea que no eran judíos. […] El reino de Dios ha llegado en el ministerio de Jesús, y uno de los rasgos de esa llegada era este inédito interés por lo «perdido».[14]

La parábola[editar]

La parábola de la moneda perdida se presenta únicamente en el Evangelio de Lucas. Existen papiros y códices de los tiempos del cristianismo primitivo que contienen la parábola, entre los que destaca el Papiro 75, el más antiguo que la incluye, datado de 175-225 y catalogado según la clasificación de Aland y Aland en la Categoría I.[15]​ El texto de la parábola es el siguiente:

«O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: “Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.” Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

Evangelio de Lucas 15, 8-10
Traducción de la Biblia de Jerusalén

Origen y significado[editar]

Joseph A. Fitzmyer consideró que Lucas pudo tomar la parábola de la moneda perdida de la fuente L,[16]​ antecedente hipotético del Evangelio de Lucas —quizá una colección oral o un conjunto de notas— que habría contenido muchas de las parábolas propias del tercer evangelio, y que se habría caracterizado por sus notas de misericordia y de aliento hacia los más sencillos.

La parábola conforma junto con la parábola de la oveja perdida lo que los especialistas denominan una «parábola doble», ya que las dos muestran una idea similar con distintas imágenes.[6][17][18]​ Además destaca que el personaje central es femenino, algo característico del evangelista Lucas.[19]​ Con ella se representa a Dios Padre[19]​ o, por extensión, al propio Jesucristo.

La pobreza de la mujer[editar]

La pobreza de la mujer se evidencia a través de los pocos datos suministrados en el relato y analizados por los especialistas.[3]​ La mujer «enciende una luz», no necesariamente porque sea de noche, sino porque las casas pobres carecían de ventanas y la escasa luminosidad podría llegar a través de una puerta baja.[20][21][3]​ La mujer «barre» la casa, probablemente con una hoja de palma,[20]​ porque el suelo es rocoso[20]​ o de tierra apisonada[7]​ y, al barrer, podría escucharse el sonido de la moneda en la oscuridad.[3]​ Las diez dracmas que tiene son una posesión modesta, lo que explicaría su interés por hallar la moneda perdida.[22]

En efecto, la antigua «dracma ática» era una moneda de plata, cuyo valor equivalía a un cuarto de siclo, patrón plata, moneda de circulación corriente en Palestina (cf. Flavio Josefo, Antigüedades judías III, 8, 2, n. 195). Equivalía aproximadamente al salario de un día de trabajo.[23]​ Los soldados rasos del ejército de Herodes el Grande cobraban ciento cincuenta dracmas (cf. Flavio Josefo, La guerra de los judíos I, 16, 3, n. 308).[24]​ Durante el mandato de Nerón, en el marco de una economía caracterizada por la inflación,[25]​ se devaluó el peso del denario que además sustituyó la dracma. Cuando la parábola se escribió, diez dracmas no era una suma importante de dinero.[26]​ En el Nuevo Testamento solamente se emplea la palabra «dracma» en este pasaje.[27]

La memoria de la mujer[editar]

Parábola de la dracma perdida (ca. 1618), obra del pintor italiano Domenico Fetti. Gemäldegalerie, Dresde.

Fue san Agustín de Hipona en su obra Confesiones quien destacó el aspecto de la memoria de la mujer de la parábola de la moneda perdida, como forma de remarcar la memoria de Dios sobre cada hombre. Llamó la atención de san Agustín que entre la cantidad de cosas que alberga la memoria se incluye el olvido: es posible recordar que se ha olvidado,[28]​ el olvido no es lo contrario de la memoria sino uno de sus elementos.[29]​ Según san Agustín, si la mujer no tuviera memoria, no podría reconocer la moneda. La mujer puede aspirar a recuperar la moneda porque puede reconocerla.[28]

Había perdido la mujer su dracma y la buscó con la candela, y si no hubiese recordado no la hubiese encontrado. Y así, después de haberla encontrado, ¿cómo hubiera sabido si era o no esa misma, si no hubiese guardado recuerdo de ella?[30]

Confesiones, Libro x, capítulo xviii

La reflexión de san Agustín culmina en una oración con matiz marcadamente autobiográfico en la que liga la memoria con la misericordia de Dios. Con ella se inicia el libro xiii de sus Confesiones:

Te invoco a ti, Dios mío, misericordia mía, que me has hecho y no te has olvidado de quien se olvidó de ti.[31]

Confesiones, Libro xiii, capítulo i

La insistencia de la mujer[editar]

Al igual que sucede con el pastor en la parábola de la oveja perdida, aquí es la mujer la que toma la iniciativa y las acciones para encontrar la moneda: enciende la lámpara, barre la casa, busca con cuidado. Como sucedía con la oveja extraviada, la moneda —que simboliza al pecador— no hace nada para ser encontrada. Por esa razón, ni la oveja ni la moneda tienen posibilidad de recuperación por sí mismos.

El texto señala que la mujer «busca cuidadosamente», con lo que enfatiza que la búsqueda es intensa, solícita, concienzuda. En la parábola de la oveja perdida no hay un vocablo correspondiente a este adverbio. Pero en ambos textos se expresan el ahínco y la perseverancia, prácticamente en los mismo términos: «hasta que la encuentra».[21]​ La psicología de la mujer es la misma que la del pastor en la parábola de la oveja perdida.[7]

La alegría de la mujer[editar]

El pasaje del Evangelio de Lucas especifica que la mujer se dispone rápidamente a compartir su alegría.[32]​ La alegría es la nota clave de esta parábola, al igual que la de la parábola de la oveja perdida y la del hijo pródigo que la acompañan.[33]​ En la bula Misericordiae Vultus con la que se convocó el Jubileo extraordinario de la misericordia, el papa Francisco hizo referencia a la alegría como aspecto fundamental de la parábola de la moneda perdida:

En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos (cfr Lc 15,1-32). En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón.[34]

Francisco, Misericordiae Vultus, 9

José María Cabodevilla enfatiza aún más los alcances interpretativos de las parábolas de la misericordia, en particular la de la oveja perdida y la de la moneda perdida.

El capítulo 15 de Lucas, entero, trata de la misericordia del Señor. […] Tres parábolas acerca del perdón. Aunque, a decir verdad, las dos primeras parábolas, mejor que la misericordia, presentan en primer plano otra cosa distinta. Se nos habla en ellas de una oveja extraviada y de una dracma perdida. Si en algún sentido un animal que se descarría puede ser capaz de culpa y perdón, nada de esto es posible pensar acerca de una moneda que a ido a parar bajo la cama. Hay algo, pues, en este par de parábolas que es más evidente que la misma clemencia de Dios, más visible, quizá también más impresionante: la alegría de Dios.[35]

José María Cabodevilla

Representaciones en el arte[editar]

En su obra Parábola de la dracma perdida (óleo sobre tabla de 75 × 44 cm, ca. 1618; ver imagen en este artículo), Domenico Fetti representó a la mujer pobre de la parábola del evangelio habiendo revuelto todos sus enseres en su búsqueda de la moneda perdida, acompañada por el parpadeo de la débil luz de una lámpara de aceite. Las gigantescas sombras sin forma que genera la llama de la lámpara parecen expresar la dimensión de su búsqueda, una metáfora de la ferviente y sincera preocupación por el pecador extraviado descrita por Jesús de Nazaret.[36]​ La obra pone de manifiesto la influencia de Caravaggio, tanto en el manejo drástico de la oscuridad en el claroscuro como en el carácter realista de la escena,[37]​ todo lo cual otorga cierto dramatismo a la representación de la parábola bíblica.

Referencias[editar]

  1. Dodd, 1974, pp. 27 y 117.
  2. Fitzmyer, 1987, p. 665. «Parábola de la moneda perdida.»
  3. a b c d Stuhlmueller, Carroll (1972). «Evangelio según san Lucas». En Brown, Raymond E.; Fitzmyer, Joseph A.; Murphy, Roland E. Comentario Bíblico «San Jerónimo» III. Madrid: Ediciones Cristiandad. p. 245. «La segunda parábola es la de la moneda perdida, y tiene el mismo sentido que la primera (la parábola de la oveja perdida); presta una especial atención a la mujer, y es exclusiva de Lucas. Una mujer que solo tiene diez moneditas de plata para la sarta de su tocado es, con seguridad, pobre. Barre la oscura habitación —solo tiene una abertura, la puerta— con la esperanza de oír el tintinear de la moneda en el suelo.» 
  4. Grün, Anselm (2012). Jesús como terapeuta. La fuerza sanadora de las parábolas. Bogotá: San Pablo. pp. 41-44. ISBN 978-958-715-796-3. Consultado el 3 de febrero de 2016. 
  5. a b Jeremias, 1974, p. 154. «La parábola de la oveja y de la dracma perdida fueron dirigidas a los escribas y fariseos que murmuraban (Lc 15, 2) […]
  6. a b Theissen y Merz (1999). El Jesús histórico, p. 251: «Mencionemos las parábolas duales […] de la oveja perdida y la dracma perdida (Lc 15, 3-7.8-10) […]}}
  7. a b c Leal, 1973, p. 205.
  8. Fillion, Louis Claude (2000). Vida de Nuestro Señor Jesucristo. II. Vida pública. Madrid: Ediciones Rialp. p. 401. ISBN 84-321-3306-X. Consultado el 2 de febrero de 2016. 
  9. Péguy, Charles (1991). El pórtico del misterio de la segunda virtud. Madrid: Ediciones Encuentro. p. 113. ISBN 978-84-7490-259-4. Consultado el 2 de febrero de 2016. 
  10. Segundo, Juan Luis (1984). Teología abierta. Vol. III. Reflexiones críticas. Madrid: Ediciones Cristiandad. p. 85. Consultado el 28 de enero de 2016. «[…] "parábolas de la alegría" que trae Lucas a continuación una de otra. Se llaman con justicia "de la alegría", porque este término figura como central en las tres. Se trata de la oveja perdida, la dracma perdida y del hijo perdido (o pródigo).» 
  11. Fitzmyer, 1987, p. 650. «[…] todas tienen en común la centralidad del clima de "alegría" por la recuperación del objeto perdido.»
  12. Ramaroson, Léonard (1979). «Le coeur du Troisième Évangile: Lc 15». Biblica (en francés) 60 (3): 348-360. Consultado el 28 de enero de 2016. 
  13. Bultmann, Rudolf Karl (1968). The History of the Synoptic Tradition. Nueva York: Harper & Row. p. 171. 
  14. Dodd, 1974, pp. 117-118.
  15. Aland, Kurt; Aland, Barbara (1995). The Text of the New Testament: An Introduction to the Critical Editions and to the Theory and Practice of Modern Textual Criticism (Erroll F. Rhodes, trad.). Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company. p. 101. ISBN 978-0-8028-4098-1. 
  16. Fitzmyer, 1987, p. 652. Fitzmyer considera personalmente como más probable que Lucas tomara la parábola de la moneda perdida de su fuente «L» o, simplemente, que la hubiera compuesto él por su cuenta, en paralelismo con la parábola de la oveja perdida. Fitzmyer optó por la primera alternativa, y esa opción pareció confirmarse por un estudio lingüístico de la parábola, como el llevado a cabo por Joaquim Jeremias (Die Sprache des Lukasevangeliums, 243-248).
  17. Jeremias, 1974, pp. 111-112. «La característica de la parábola doble es que las dos parábolas o las dos imágenes presentan las mismas ideas en diferentes expresiones […] oveja perdida y dracma perdida (Lc 15, 4-10)»
  18. Dodd, 1974, p. 117. «Las dos (parábolas) […] forman una pareja característica.»
  19. a b Theissen y Merz (1999). El Jesús histórico, p. 256: «Las parábolas de Jesús sobre la levadura (Lucas 13, 20/Evangelio de Tomás 96) y la dracma perdida (Lucas 15, 8-10) toman a las mujeres y su mundo vital como imagen de la acción de Dios. La rebusca de la mujer hasta dar con la dracma imprescindible para la compra de lo más elemental, las manos de la mujer que preparan el pan necesario para la vida, visualizan la solicitud de Dios por el ser humano y el cumplimiento del reino prometido. Tal uso de las imágenes es una protesta implícita contra esa representación de Dios en categorías masculinas que predomina muchas veces en la religión.»
  20. a b c Jeremias, 1974, p. 164.
  21. a b Bovon, 2004, p. 48.
  22. Bovon, 2004, p. 47.
  23. Douglas, J. D.; Tenney, Merrill C. (2005). Diccionario Bíblico Mundo Hispano (6ª edición). Colombia: Editorial Mundo Hispano. p. 233. ISBN 0-311-03668-6. Consultado el 3 de febrero de 2016. 
  24. Fitzmyer, 1987, p. 666.
  25. Fernández Uriel, Pilar; Mañas Romero, Irene (2013). La civilización romana. Madrid: Universidad Nacional de Educación a Distancia. p. 241. ISBN 978-84-362-6551-4. Consultado el 3 de febrero de 2016. 
  26. Jeremias, 1974, p. 167.
  27. Fitzmyer, 1987, pp. 666-667.
  28. a b Weinrich, Harald (1999). Leteo: arte y crítica del olvido. Madrid: Ediciones Siruela. ISBN 978-84-7844-468-7. 
  29. Cabodevilla, José María (1993). La memoria es un árbol. Madrid: Ediciones Paulinas. p. 47. ISBN 84-285-1543-3. 
  30. San Agustín (2010). Confesiones. Biblioteca Clásica Gredos, 387. Madrid: Gredos. p. 496. ISBN 978-84-249-1505-6. 
  31. San Agustín (2010). Confesiones. Biblioteca Clásica Gredos, 387. Madrid: Gredos. p. 631. ISBN 978-84-249-1505-6.  En latín, Invoco te, Deus meus, misericordia mea, qui fecisti me et oblitum tui non oblitus es.
  32. Bovon, 2004, p. 49.
  33. Herranz Marco, Mariano. Los evangelios y la crítica histórica. Madrid: Ediciones Cristiandad. p. 104. Consultado el 3 de febrero de 2016. «[…] elemento principal del relato parabólico es la alegría […]». 
  34. Francisco, obispo de Roma (2015). Misericordiae Vultus. El rostro de la misericordia. Bula de convocación del Jubileo extraordinario de la misericordia. Madrid: Ediciones Palabra. pp. 10-11. Consultado el 28 de enero de 2016. 
  35. Cabodevilla, José María (2004). Cristo vivo. Edición conjunta, Señora nuestra-Cristo vivo. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. p. 709. ISBN 84-7914-700-8. 
  36. Krén, Emil; Marx, Daniel. «Fetti, Domenico. Parable of the Lost Drachma». Web Gallery of Art. Consultado el 2 de febrero de 2016. 
  37. Pescio, Claudio (1981). Complete Guide for Visiting Pitti Palace. Galleria Palatina, 'Ex-Reali' Apartments, Galleria d'Arte Moderna, Museo degli Argenti, Giardino di Boboli (en inglés). Berkshire: Bonechi Edizioni. p. 105. «Here, the Caravaggesque use of dramatic spotlighting and the realistic depiction of the interior are very effective in illustrating a Biblical parabola.» 

Bibliografía[editar]