Teoría de las formas

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La filosofía platónica establece una fuerte diferenciación entre lo que percibimos a través de los sentidos y lo que podemos llegar a conocer por medio del razonamiento sobre las "formas" o "ideas". Correctamente combinadas en un lenguaje propio (método dialéctico), estas formas deben ser la base del conocimiento científico, y deben permitir explicar también el mundo que muestran los sentidos, sujeto a constante cambio.

Platón organiza las ideas en pares de opuestos y establece una jerarquía entre ellas. En el diálogo Sofista, señala entre las formas o géneros supremos al movimiento y el reposo, a lo idéntico y lo diferente, y al ser; el no ser lo presenta algo después, no solo como opuesto del ser sino subordinado a él. Es tema de debate el modo en que debe interpretarse ese no ser, particularmente porque en el diálogo citado se considera una condición necesaria para que haya conocimiento (en contra de lo que había defendido el filósofo presocrático Parménides).

Desarrollo[editar]

El estatus ontológico de las formas es objeto de debate. Se admite en general que son entes inteligibles, eternos y singulares. Más interesante es la afirmación de que participan unas de otras, combinándose entre sí según reglas propias (autopredicación, pureza...) que habrían de conformar el "lenguaje" dialéctico; pero no existe acuerdo entre los especialistas acerca de tales reglas y su aplicación a cada forma específica para evitar aporías y contradicciones.

Para abordar el tópico, sería razonable acudir al diálogo Parmenides, cuyo subtítulo es precisamente Acerca de las formas o ideas. Su dificultad y carácter extremadamente técnico, explica que se suela sustituir como fuente por la República, que es un texto mucho más asequible. En esta última obra, en la alegoría de la caverna, se establece de modo mítico la distinción entre los dos mundos:

  • En el mundo sensible nos encontramos en primer lugar las imágenes de los objetos, a las cuales llegamos a través de nuestra imaginación y de nuestra memoria. A los objetos sensibles, en cambio, llegamos a través de los sentidos y con ayuda de una mejor iluminación, pero siguen siendo sombras. Por tanto las imágenes como los objetos no producen un conocimiento certero y seguro (ciencia o Episteme) sino opinión o Doxa'
  • Superando el mundo sensible (teología trascendente) nos encontramos con el mundo inteligible, el mundo de las ideas (Kósmos noetós). Las ideas son objeto de conocimiento de la ciencia suprema: la Dialéctica, mientras que las matemáticas y otros saberes (astronomía, música, geometría) son objeto de conocimiento de la razón discursiva (en griego, diánoia).

En conclusión, la física (ciencia que estudia la naturaleza (φύσις)) no sería ciencia puesto que no tiene por objeto de conocimiento las formas, y se mueve en un ámbito inseguro (como se indica diversas veces en el Timeo). Por otra parte nos encontramos a las matemáticas (y otras ciencias afines) y la dialéctica, consideradas por Platón como conocimiento cierto y seguro, destacando a la dialéctica dado que en un sentido estricto es la ciencia suprema pues alcanza la comprensión del principio incondicionado o absoluto (las matemáticas nos darían hipótesis y preparan nuestra mente para la dialéctica).

Las formas aparecen jerarquizadas y en la cima de todas ellas nos encontramos a la forma del bien, fuente de ser y de verdad de todas las demás formas. Las formas o ideas se relacionan entre sí de un modo complejo, y no es fácil captar esas relaciones, como se explica en el diálogo que lleva como título Sofista. Después de la idea de bien tenemos la de la belleza y la justicia, todos los conceptos éticos, los matemáticos y, por último las ideas de los seres materiales.

Véase también[editar]