Misterios luminosos

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Los misterios luminosos son parte de la oración católica del rosario. Después de los misterios gozosos del anuncio y la infancia de Jesús, los misterios luminosos permiten meditar sobre la vida pública de Cristo, desde su bautismo hasta la víspera de su Pasión (comienzo de los misterios dolorosos, seguidos por los misterios gloriosos).

Estos misterios luminosos fueron añadidos al rosario por iniciativa del papa Juan Pablo II en 2002. Esta adición constituye el único cambio sustancial del rosario en muchos siglos.[1]​ El día reservado para estos misterios es el jueves.

Se incluye la designación en latín entre paréntesis después del nombre de cada misterio.

El Bautismo[editar]

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El Bautismo en el Jordán (Baptisma apud Iordanem)

«Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: "Este es mi Hijo amado, en quien me complazco"». (Mt 3,16-17)

«El comienzo de la vida pública de Jesús es su bautismo por Juan en el Jordán. Juan proclamaba "un bautismo de conversión para el perdón de los pecados" (Lc 3, 3)» (CIC, 535).

Las bodas de Caná[editar]

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Autorrevelación en las bodas de Caná (Autorevelatio apud Cananense matriomonium)

«Al tercer día hubo una boda en Caná, un pueblo de Galilea. La madre de Jesús estaba allí, y Jesús y sus discípulos también habían sido invitados a la boda. En esto se acabó el vino, y la madre de Jesús le dijo: "Ya no tienen vino".
Jesús le contestó: "Mujer, ¿por qué me lo dices a mí? Mi hora aún no ha llegado".
Dijo ella a los que estaban sirviendo: "Haced lo que él os diga".
Había allí seis tinajas de piedra, para el agua que usan los judíos en sus ceremonias de purificación. En cada tinaja cabían entre cincuenta y setenta litros. Jesús dijo a los sirvientes: "Llenad de agua estas tinajas".
Las llenaron hasta arriba, y les dijo: "Ahora sacad un poco y llevádselo al encargado de la fiesta".
Así lo hicieron, y el encargado de la fiesta probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde había salido. Solo lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua. Así que el encargado llamó al novio y le dijo: "Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los invitados ya han bebido bastante, sirve el vino corriente. Pero tú has guardado el mejor hasta ahora".
Esta fue la primera señal milagrosa que hizo Jesús en Caná de Galilea. Con ella mostró su gloria, y sus discípulos creyeron en él.» (Jn 2, 1-11)

En el umbral de su vida pública, Jesús realiza su primer signo -a petición de su Madre- con ocasión de un banquete de boda. La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jesús en las bodas de Caná. Ve en ella la confirmación de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio será un signo eficaz de la presencia de Cristo» (CIC, 1.613).

El anuncio del Reino de Dios[editar]

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El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión (Regni Dei proclamatio coniuncta cum invitamento ad conversionem)

«El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio». (Mc 1, 15)

«Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel, este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones» (CIC, 543).

La Transfiguración[editar]

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«Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz» (Mt 17, 1-2).

«Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para "entrar en su gloria" (Lc 24, 26), es necesario pasar por la Cruz en Jerusalén» (CIC, 555).

La institución de la Eucaristía[editar]

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«Mientras cenaban, Jesús tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios lo partió y se lo dio a los discípulos, diciendo: "Tomad, comed, esto es mi cuerpo".
Luego tomó en sus manos una copa, y habiendo dado gracias a Dios la pasó a ellos, diciendo: "Bebed todos de esta copa, porque esto es mi sangre, con la que se confirma el pacto, la cual es derramada en favor de muchos para perdón de sus pecados".» (Mt 26, 26-28).

«Al celebrar la última Cena con sus apóstoles en el transcurso del banquete pascual, Jesús dio su sentido definitivo a la pascua judía. En efecto, el paso de Jesús a su Padre por su muerte y su resurrección, la Pascua nueva, es anticipada en la Cena y celebrada en la Eucaristía que da cumplimiento a la pascua judía y anticipa la pascua final de la Iglesia en la gloria del Reino» (CIC, 1.341).


Bibliografía[editar]

Referencias[editar]

  1. Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, Juan Pablo II, 16 de octubre de 2002