Misterios gozosos

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Los misterios gozosos son parte de la oración católica del Rosario, en concreto la primera de las cuatro series de cinco misterios y tratan el anuncio y la infancia de Jesús. Después de los mismos, se rezan los misterios luminosos de la vida pública de Cristo, los misterios dolorosos de la Pasión y los misterios gloriosos de los sucesos ocurridos desde la Resurrección.

Los misterios Gozosos se rezan los lunes y los sábados.

Desde la institución de los misterios luminosos por Juan Pablo II, se reservan el lunes y el sábado para recitar y meditar los misterios gozosos.[1]

Se incluye la designación en latín entre paréntesis después del nombre de cada misterio.

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La Encarnación[editar]

La Anunciación a la Virgen María y la Encarnación del Verbo (Annuntiatio)

«Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; el nombre de la virgen era María» (Lc 1,26-27).

«La anunciación de Maria inaugura la plenitud de "los tiempos" (Gál 4,4), es decir, el cumplimiento de las promesas y de los preparativos» (CIC, 484). Imágenes de la Anunciación

La Visitación[editar]

La Visitación a Isabel (y el Magnificat), cuadro de Domenico Ghirlandaio.

La Visitación de Nuestra Señora a su prima Santa Isabel (Visitatio)

«En aquellos días María se puso en camino y fue aprisa a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando a voz en grito, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno"» (Lc 1, 39-42)

«La "visitación" de María a Isabel se convirtió así en visita de Dios a su pueblo» (CIC, 717)

El Nacimiento del Hijo de Dios, Jesús[editar]

«Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo Cirino gobernador de Siria. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento» (Lc 2,1-7).

«Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2, 6-7); aquellos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo» (CIC, 525).

La presentación de Jesús en el templo[editar]

«Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarlo, se le dio el nombre de Jesús, como lo había llamado el ángel antes de ser concebido en el seno. Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la ley del Señor» (Lc 2, 21-24). «La circuncisión de Jesús, al octavo día de su nacimiento, es señal de su inserción en la descendencia de Abraham, en el pueblo de la Alianza, de su sometimiento a la Ley» (CIC, 527).

El niño Jesús perdido y hallado en el templo de Dios[editar]

«Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres. Y sucedió que al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas» (Lc 2, 41-47) «El hallazgo de Jesús en el Templo es el único suceso que rompe el silencio de los Evangelios sobre los años ocultos de Jesús. Jesús deja entrever en ello el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina: "¿No sabíais que me debo a los asuntos de mi Padre?"» (CIC, 534).

Bibliografía[editar]

Referencias Mocosas[editar]

  1. Carta Apostólica Rosarium Virginis Mariae, Juan Pablo II, 16 de octubre de 2002