Marcel Lefebvre

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Marcel Lefebvre
Marcel Lefebvre 1981b.jpg

Obispo de Tulle
Predecesor Aimable Chassaigne
Sucesor Henri Clément Victor Donze

Fundador y 1.er superior general de la Hermandad Sacerdotal San Pío X
Título Arzobispo-Obispo emérito de Tulle
Otros títulos
Información religiosa
Ordenación sacerdotal 21 de septiembre de 1929 por Achille Liènart
Ordenación episcopal 18 de septiembre de 1947 por Achille Liènart
Información personal
Nombre Marcel Lefebvre
Nacimiento 29 de noviembre de 1905 en Tourcoing
Fallecimiento 25 de marzo de 1991 en Martigny
(85 años)
Alma máter Institución Libre del Sagrado Corazón(Turcoing)
Pontifical French Seminary
Coat of Arms of Archbishop Marcel Lefebvre.svg
'Et nos credidimus caritati'

Marcel-François Marie Lefebvre (Tourcoing, Francia, 29 de noviembre de 1905 - Martigny, Suiza, 25 de marzo de 1991) fue un sacerdote y arzobispo católico francés, conocido por su crítica al Concilio Vaticano II.

Tras una dilatada carrera como misionero espiritano en el África francófona, tomó el liderazgo del movimiento ultramontano europeo, dentro de la Iglesia católica, enfrentándose a sus compañeros en el episcopado y llegando a desobedecer al papa Juan Pablo II, interpretando el Concilio Vaticano II como si supusiera una ruptura con la tradición de la Iglesia.

En noviembre de 1970, Lefebvre fundó la Hermandad Sacerdotal San Pío X, y en 1988, contra la prohibición expresa de san Juan Pablo II, consagró cuatro obispos. Inmediatamente, la Congregación para los Obispos vaticana emitió un decreto declarando que la consagración era un acto cismático y que, en consecuencia, tanto él como otros obispos participantes en la ceremonia, habían incurrido en la excomunión automática,[1][2]​ de acuerdo con el derecho canónico católico.[3]

Vida[editar]

Marcel Lafebvre nació en Tourcoing, una ciudad francesa cercana a la frontera belga, el 29 de noviembre de 1905. Hijo de un matrimonio piadoso formado por un fabricante textil llamado René Lefebvre y su mujer Gabrielle, Marcel es el tercero de ocho hermanos, cinco de los cuales entraron en religión:[4]​ René y Marcel, con los padres espiritantos, Jeanne, en las religiosas reparadoras, Bernadette, futura fundadora de la hermanas de la Hermandad San Pío X y Christiane con el carmelo reformado.

Marcel cursó estudios en el Colegio del Sagrado Corazón de Tourcoing. Padeció la invasión alemana de su ciudad durante la Primera Guerra Mundial. Su padre debió huir en 1915 por ayudar a los prisioneros ingleses y franceses a pasar las líneas, por lo que la familia sufrió mucho su ausencia agravada con la escasez de bienes básicos.

Sacerdote, religioso y obispo[editar]

La familia Lefebvre en 1908. El futuro obispo Marcel está situado a la izquierda.

Cursó sus estudios de Filosofía y Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote en 1929 por Achille Liénart, arzobispo de Lille. Habiendo madurado en él la idea misionera y siguiendo los pasos de su hermano René, se unió a la Congregación del Espíritu Santo. Tras su noviciado, de solo un año de duración, hizo su profesión religiosa el 8 de septiembre de 1932. Posteriormente fue enviado a África, más concretamente a Gabón, donde se desempeñó como misionero en diversos lugares.

En 1939 regresó a Francia, pero durante el trayecto se declaró la Segunda Guerra Mundial. Al poco de desembarcar fue movilizado y enviado, esta vez como soldado, a África. Así con el tiempo justo para despedirse de su padre, al que no volvería a ver: arrestado en abril de 1942 por pasar información a Gran Bretaña, murió en el campo de concentración de Sonnenburg.

Episcopado[editar]

Pío XII lo nombró obispo de Dakar, cargo que ejerció entre 1948 y 1962. El mismo Pio XII lo elevó posteriormente al rango de arzobispo y lo designó legado apostólico para toda el África francófona. A la muerte de Pío XII cesó como legado apostólico conservando el arzobispado de Dakar. Con motivo de la promoción del clero nativo que impulsó Pío XII, Lefebvre dejó la cátedra de Dakar a su discípulo Hyacinthe Thiandoum. Las presiones de los obispos y cardenales franceses obligaron al papa Juan XXIII a dar a Lefebvre una pequeña diócesis[cita requerida], la diócesis de Tulle, en lugar de un arzobispado aunque reconociéndole su dignidad de arzobispo. Las otras condiciones fueron que no podía pertenecer a la asamblea de los cardenales y arzobispos franceses (germen de la futura Conferencia de obispos de Francia) y que estas condiciones no creasen un precedente o una costumbre para los futuros obispos de Francia.[5]

Concilio Vaticano II[editar]

En calidad de superior general de los Padres Espiritanos, fue llamado por Juan XXIII para formar parte de la Comisión Central Preparatoria del Concilio Vaticano II.

El arzobispo Lefebvre fue uno de los padres conciliares y pudo constatar lo conflictivas que estaban siendo sus sesiones. Fue uno de los prelados que se agruparon para oponerse a las ideas consideradas extremistas de la alianza de obispos centroeuropeos.[6]​ Fundó junto a Don Antonio de Castro-Mayer, obispo de Campos (Brasil), Geraldo Proença Sigaud, obispo de Diamantina (Brasil) y Carli, obispo de Segni (Italia) el Cœtus Internationalis Patrum, al que se adhirieron 250 obispos, con el objeto de defender en el aula conciliar la doctrina y disciplina tradicional de la Iglesia. Esto le valió la oposición y enemistad con los obispos franceses y alemanes.

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X[editar]

Después de renunciar a su cargo de superior general de su congregación en 1968 y a iniciativa de un grupo de seminaristas descontentos con la orientación que habían tomado los seminarios a los que concurrían, en particular, el Seminario Francés de Roma, a cargo de los Padres Espiritanos, fundó en 1970 en Friburgo (Suiza), con la autorización del obispo del lugar, François Charrière, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X. La casa de formación que primero funcionó en la Rue de la Vignettaz fue posteriormente trasladada a Écône (cantón del Vales, Suiza), donde la congregación tiene su principal instituto de formación sacerdotal.

Eligió para su organización sacerdotal el nombre del papa San Pío X, por haber sido este pontífice el que en su encíclica Pascendi condenó el «error del modernismo» propugnado desde finales del siglo XIX por algunos católicos que ponían todas las religiones en pie de igualdad mediante un sofisticado razonamiento teológico.[7]

Debido a la creciente concurrencia de jóvenes deseosos de recibir una formación tradicional en el sacerdocio, rápidamente se granjeó la enemistad del episcopado francés, que llamaba al Seminario de Écône «seminario salvaje». Vencido el término de cinco años, durante el cual la existencia de la congregación es puesta a prueba de acuerdo con las normas canónicas, el sucesor de Charrière en la sede de Friburgo, Pierre Mamie, tras recibir una solicitud de Roma, no renovó el permiso para que la misma subsistiera, acto que posteriormente fue refrendado por una comisión de tres cardenales nombrada por Pablo VI.

En ese estado, Lefebvre interpuso un recurso suspensivo ante el Tribunal de la Signatura Apostólica, pero su presidente, el cardenal Dino Staffa, se negó a darle trámite respondiendo -según parece- a un pedido del Cardenal Jean-Marie Villot, entonces secretario de Estado de Pablo VI.

Dado que el recurso suspensivo de supresión estaba pendiente, Lefebvre consideró que, a falta de pronunciamiento sobre un recurso suspensivo, la medida de suprimir su congregación quedaba pendiente de resolución, y por lo tanto, su congregación continuaría existiendo hasta tanto la Santa Sede no se expidiese sobre el fondo del asunto.

Con ese razonamiento, no secundó el pedido que se le hiciera de cerrar el seminario y dispersar a los seminaristas, a los cuales prosiguió formando hasta las puertas del sacerdocio.

En 1976 recibió una monición canónica para que no procediera a la ordenación de la primera tanda de jóvenes formados en Écône, la cual desoída, hizo recaer sobre él la suspensión a divinis el 22 de julio de 1976. El 29 de agosto de 1976, Lefebvre celebró la Misa de Lille[8]​ donde declaró:

«No se puede dialogar con los masones o con los comunistas, no se dialoga con el diablo[9]

Excomunión[editar]

Marcel Lefebvre en Córdoba, Argentina, hacia 1980 junto con Jean Michel Faure, en aquel tiempo director del seminario de La Reja.

Consolidándose la situación en el tiempo, y por interposición de otros factores, tal el caso de la reunión ecuménica de Asís de 1986, Lefebvre, ya octogenario, avizora que se le acaba el tiempo para nombrar un sucesor en el episcopado que garantice la prosecución de su obra de sostén de la Tradición. Tras una serie de reuniones con autoridades romanas, durante cuyo transcurso se le aseguró que el papa Juan Pablo II no se oponía, en principio, a darle un sucesor, se bosquejó un proyecto de acuerdo. Pero tan pronto como estampó su firma en el documento, el entonces cardenal Ratzinger le envió un subalterno para solicitar de él una carta pidiendo perdón al papa por lo que había hecho.

Tras su negativa a hacerlo, en el entendimiento de que no se ha de pedir perdón por «hacer lo que debe hacerse», se desdice del acuerdo y poco después, remitiéndose a aquella seguridad que se le había dado de que el papa no se oponía a darle un sucesor, decide consagrar cuatro obispos escogidos de entre miembros de su congregación: los padres Alfonso de Galarreta (hispano-argentino), Bernard Fellay (suizo), Richard Williamson (inglés, converso del anglicanismo) y Bernard Tissier de Mallerais (francés).

Los puntos centrales de la controversia entre Lefebvre y la Santa Sede son esencialmente cuatro: La protestantización del nuevo ritual de la Misa, el ecumenismo, la libertad religiosa y la colegialidad.

El papa Juan Pablo II afirmó públicamente que Lefebvre incurrió en excomunión latae sententiae, al realizar un acto formalmente cismático.[10]​ En su Carta Apostólica «Ecclesia Dei», escrita el 2 de julio de 1988 en forma de motu proprio, decía:

«3. Ese acto ha sido en sí mismo una desobediencia al Romano Pontífice en materia gravísima y de capital importancia para la unidad de la Iglesia, como es la ordenación de obispos, por medio de la cual se mantiene sacramentalmente la sucesión apostólica. Por ello, esa desobediencia —que lleva consigo un verdadero rechazo del Primado romano— constituye un acto cismático. Al realizar ese acto, a pesar del monitum público que le hizo el cardenal Prefecto de la Congregación para los Obispos el pasado día 17 de junio, el reverendísimo mons. Lefebvre y los sacerdotes Bernard Fellay, Bernard Tissier de Mallerais, Richard Williamson y Alfonso de Galarreta, han incurrido en la grave pena de excomunión prevista por la disciplina eclesiástica».[11]

La posición oficial de la Iglesia católica en lo referente a la situación canónica de la Fraternidad San Pío X, recogida en las declaraciones del cardenal Darío Castrillón Hoyos, prefecto de la Sagrada Congregación para el Clero y presidente de la Comisión Pontificia Ecclesia Dei, en entrevista a la revista 30 Giorni,[12]​ es que «no se trata de un cisma formal». De igual manera, en entrevista concedida al canal 5 de Italia el 13 de noviembre de 2005 indicaba:

No se puede decir en términos correctos, exactos y precisos, que existe un cisma. Hay una actitud cismática en el hecho de consagrar obispos sin mandato pontificio. Ellos están dentro de la Iglesia. Existe únicamente el hecho de que una total, más perfecta comunión está faltando —como quedó afirmado durante la reunión con el Obispo Fellay— una comunión más plena, porque la comunión existe.[13]

El hecho de que no exista cisma formal no significa que las excomuniones no fuesen válidas, sino que no existía la intención de separarse de Roma, intención que es necesaria para que se declare un verdadero cisma. La posición de la Fraternidad San Pío X ha sido siempre de obediencia y sujeción al Romano Pontífice en todo lo que es magisterio infalible, aunque resisten las orientaciones pastorales que se han realizado después del Concilio Vaticano II, cosa que por sí misma no constituye negación de ningún dogma de fe. El problema entre la Santa Sede y la Fraternidad San Pío X es, por tanto, de materia disciplinar, no dogmática.

Con todo, las excomuniones a los cuatro obispos ordenados por Lefebvre siguieron en pie hasta el 24 de enero de 2009, cuando el papa Benedicto XVI levantó la excomunión a los cuatro obispos. Benedicto XVI, según un comunicado de la Santa Sede, decidió levantar la excomunión a los cuatro obispos tradicionalistas «tras un proceso de diálogo» y después de que el pasado 15 de diciembre el obispo Bernard Fellay SPX, en su calidad de superior general de la congregación, enviase una carta a la Santa Sede, en nombre propio y de los otros tres prelados, en la que le expresaba el deseo de permanecer fieles a la Iglesia romana y al papa.[14]​ Continuando la línea de aproximación en el aspecto disciplinar, aunque no en el doctrinal, el papa Francisco ha dado facultades a sus sacerdotes,[15]​ si bien la Fraternidad aun no ha sido reconocida plenamente por la Iglesia y las conversaciones continúan, toda vez que la FSSPX se muestra extremadamente crítica con el pontificado de Francisco.[16]

Marcel Lefebvre falleció el 25 de marzo de 1991, durante la Semana Santa. Sus restos se hallan inhumados en el Seminario de Écône, bajo la leyenda que él mismo deseaba fuese escrita sobre su tumba: Tradidi quod et accepi («he transmitido lo que recibí»).

Su obra y escritos[editar]

En opinión de Monseñor Lefebvre, hay tres posturas que se abren paso dentro del catolicismo a través del Concilio Vaticano II y que hasta ese momento no solo contradecían la doctrina uniformemente profesada por la Iglesia católica, sino que incluso estaban condenadas:

  • La libertad religiosa: La Iglesia abandona su bimilenaria vocación misionera y desalienta en sus miembros la labor proselitista, por lo que se recomienda a los potenciales conversos a permanecer en su fe.
  • La colegialidad: La Iglesia no es ya una monarquía, sino una democracia donde la voluntad de la mayoría gobierna a través de un estado de «concilio permanente».
  • El ecumenismo: todos los credos —incluso los no cristianos, animistas o paganos— son iguales y agradan al único Dios, principio base de la Reunión de Asís 1986 y sus secuelas.

Estos tres principios se correspondían, según Lefebvre, con los principios masónico-liberales de la Revolución Francesa, representados por el lema «libertad, igualdad, fraternidad». El concepto de «libertad» habría llevado a la Declaración sobre la libertad religiosa; la idea de «igualdad» habría conducido a la doctrina conciliar de la colegialidad de los obispos; mientras que la de «fraternidad» habría desembocado en el Decreto sobre el ecumenismo.[17]

El 21 de noviembre de 1974 hace una declaración[Nota 1]​ que puede considerarse por católicos o modernistas como el manifiesto que guio a la hermandad.[cita requerida]

Mons. Lefebvre consideraba que el liberalismo democrático y el protestantismo eran en realidad una misma cosa. En su rebelión a la jerarquía eclesiástica planteaba el siguiente dilema:

Una de dos: obedecer (al Papa) con riesgo de perder la fe, o desobedecer y mantener intacta la fe; obedecer y colaborar en la destrucción de la Iglesia, o desobedecer y trabajar en el mantenimiento y continuación de la Iglesia; aceptar una Iglesia reformada y liberal, o pertenecer a la Iglesia Católica.[17]

Lefebvre criticó con dureza, en sus escritos, a los papas del Concilio Vaticano II, acusándolos de heterodoxia, y de realizar acciones perjudiciales para el bien de la Iglesia Católica. En su obra Itinerario espiritual siguiendo a Santo Tomás de Aquino en su Suma teológica, el arzobispo expresó lo siguiente:

«El Papa actual [Juan Pablo II] y estos obispos ya no trasmiten a Nuestro Señor Jesucristo, sino una religiosidad sentimental, superficial, carismática, por la cual ya no pasa la verdadera gracia del Espíritu Santo en su conjunto. Esta nueva religión no es la religión católica; es estéril, incapaz de santificar la sociedad y la familia».

«Es evidente que si muchos obispos hubieran actuado como Monseñor de Castro Mayer, obispo de Campos en Brasil, la Revolución ideológica dentro de la Iglesia habría podido ser limitada, pues no hay que tener miedo de afirmar que las autoridades romanas actuales, desde Juan XXIII y Pablo VI, se han hecho colaboradoras activas de la Masonería judía internacional y del socialismo mundial. Juan Pablo II es ante todo un político filocomunista al servicio de un comunismo mundial con tinte religioso. Ataca abiertamente a todos los gobiernos anticomunistas y no aporta con sus viajes ninguna renovación católica».

«El mal del Concilio es la ignorancia de Jesucristo y de su Reino. Es el mal de los ángeles malos, el mal que encamina al infierno».[18]

Su convencimiento de que las máximas autoridades de la Iglesia eran heterodoxas, fue determinante en su decisión de llevar a cabo la consagración de obispos de 1988:

«Muy queridos amigos, estando la Sede de Pedro y los puestos de autoridad de Roma ocupados por anticristos, la destrucción del Reino de Nuestro Señor se produce aceleradamente… Me veo obligado, pues, por la Providencia divina a transmitir la gracia del episcopado que yo he recibido, con el fin de que la Iglesia y el sacerdocio católico continúen subsistiendo».[19]

«Roma ha perdido la fe, Roma está en la apostasía, no es posible poner la confianza en ese mundo».[20]

«No se puede seguir a esa gente, es la apostasía, no creen en la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo… Procedamos a la consagración [de Obispos]».[21]

Aunque Lefebvre no llegó a abrazar el sedevacantismo (antes bien expulsó de la FSSPX a varios sacerdotes de esta tendencia), sin embargo hizo declaraciones públicas donde se mostró abierto a considerar la hipótesis sedevacantista como una posibilidad real. En Ecône, durante la solemnidad del domingo de Pascua de 1986, Lefebvre hizo la siguiente afirmación:

«Nos encontramos verdaderamente frente a un dilema gravísimo, que creo no se planteó jamás en la Iglesia: que quien está sentado en la Sede de Pedro participe en cultos de falsos dioses; creo que esto no sucedió jamás en toda la historia de la Iglesia. ¿Que conclusión deberemos quizás sacar dentro de algunos meses ante estos actos repetidos de comunicación con falsos cultos? No lo sé. Me lo pregunto. Pero es posible que estemos en la obligación de creer que este Papa [Juan Pablo II] no es Papa. No quiero decirlo aún de una manera solemne y formal, pero parece, sí, a primera vista, que es imposible que un Papa sea hereje pública y formalmente».[22]

Mons. Lefebvre también rechazó con vehemencia los ritos litúrgicos aprobados por el papa Pablo VI, realizando una crítica virulenta hacia los mismos, llegando incluso a dudar de que esos ritos pudieran transmitir la gracia sacramental:

«Todos los papas repudiaron el casamiento de la Iglesia con la revolución que sería una unión adúltera, y de una unión adúltera no pueden nacer sino bastardos. El rito de la misa nueva es un rito bastardo, los sacramentos son sacramentos bastardos, ya no sabemos si son sacramentos que dan la gracia o que no la dan. Los sacerdotes que salen de los seminarios son sacerdotes bastardos pues no saben lo que son; no saben que están hechos para subir al altar, ofrecer el sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo y dar a Jesucristo las almas».[23]

Controversia en torno a sus tesis[editar]

Según algunos objetores de Mons. Lefebvre, la negación de la validez y ortodoxia del Concilio Vaticano II sería en sí misma antitradicional, ya que contradiría la fe en que los concilios de la Iglesia están protegidos por el Espíritu Santo. Oponerse al Vaticano II sería contrario a la tradición de la Iglesia; afirmar que no es un concilio ortodoxo, implicaría sostener que el Espíritu Santo no tomó parte en él, y que, por tanto, el papa Juan XXIII habría cometido un error al impulsarlo, y Pablo VI otro al aprobar sus decretos. Según estos autores, ello querría decir que Dios abandonó a la Iglesia al arbitrio humano, lo que sería opuesto a la doctrina de la infalibilidad de los concilios ecuménicos.[24][25][26][27][28]​ En referencia a ello, el teólogo alemán Ludwig Ott afirmó:

«El episcopado en pleno es infalible cuando, reunido en concilio universal o disperso por el orbe de la tierra, enseña y propone una verdad de fe o costumbres para que todos los fieles la sostengan...»[29]

«Los obispos ejercen de forma extraordinaria su magisterio infalible en el concilio universal o ecuménico. En las decisiones del concilio universal es donde se manifiesta de forma más notoria la actividad docente de todo el cuerpo magisterial instituido por Cristo.

En la Iglesia estuvo siempre viva la convicción de que las decisiones del concilio universal eran infalibles. SAN ATANASIO dice del decreto de fe emanado del concilio de Nicea: “La palabra del Señor pronunciada por medio del concilio universal de Nicea permanece para siempre” (Ep. ad afros. 2). SAN GREGORIO MAGNO reconoce y venera los cuatro primeros concilios universales como los cuatro Evangelios; el quinto lo equipara a los otros (Ep. I 25)».[30]

A este respecto, Marcel Lefebvre sostuvo que el Concilio Vaticano II no había enseñado ninguna nueva verdad de fe o costumbres. El arzobispo estaba convencido de que los verdaderos autores del Vaticano II eran modernistas y relativistas; consideraba que el Concilio había socavado las verdades de fe enseñadas anteriormente, y que había aprobado enseñanzas erróneas (libertad religiosa, ecumenismo, etc.),[31]​ todo ello valiéndose de engaños y contradicciones, como el preámbulo de la declaración Dignitatis Humanae.[32]​ También aseguró que la reforma litúrgica postconciliar perjudicó gravemente a la Iglesia, pues habría menoscabado la naturaleza sacrificial y propiciatoria de la misa[33]​ que había definido el Concilio de Trento.

Entre los autores que afirman la continuidad y ortodoxia del Concilio Vaticano II, respondiendo a las objeciones planteadas por Lefebvre, pueden citarse los siguientes: P. Eustaquio Guerrero S. I.,[34]​ P. Julio Meinvielle,[35]​ P. José María Iraburu,[36]​ Mons. Fernando Arêas Rifan,[37]​ P. Buela,[38]​ Dante A. Urbina,[39]​ Rafael María Rossi O. P.,[40]​ P. Brian W. Harrison,[41][42]​ P. William G. Most,[43][44]​ e I. Shawn McElhinney.[45]

Los seguidores de Lefebvre consideran que afirmar la infalibilidad en su conjunto del Concilio Vaticano II —que no se declaró dogmático sino pastoral—, implicaría negar la infalibilidad de papas como Gregorio XVI, Pío IX, León XIII, Pío X, etc., que condenaron de manera formal y solemne el liberalismo en sus diferentes formas (entre ellas la libertad de cultos, que tendría como consecuencia el indiferentismo religioso, o la separación Iglesia-Estado, que provocaría la secularización y descristianización de la sociedad),[46]​ y puesto que el Concilio Vaticano II habría puesto además en entredicho el dogma católico Extra Ecclesiam nulla salus (fuera de la Iglesia no hay salvación), afirmar su infalibilidad en estas cuestiones llevaría a la conclusión de que la Iglesia estuvo errada durante siglos,[47]​ de manera que no habría motivo para pensar que no lo está ahora igualmente. Los lefebvristas además ponen el ejemplo de un concilio ecuménico anterior, el Concilio de Constanza, que supuestamente habría aprobado una declaración condenada posteriormente como herética por la Iglesia porque afirmaba la supremacía del Concilio sobre el Romano Pontífice.[48]​ A este respecto, los padres jesuitas Llorca y García Villoslada niegan que el concilio de Constanza pretendiese pronunciar una definición dogmática[49]​ (exactamente lo mismo que arguyen los defensores de las tesis de Lefebvre acerca del Concilio Vaticano II).

Sin embargo, existe historiografía de la Iglesia (incluyendo a Llorca y García Villoslada), que niega que dicho documento herético hubiera sido aprobado verdaderamente por el Concilio ecuménico de Constanza,[50][51][52]​ Se sostiene que, en el momento de promulgarse el texto, el concilio se encontraba en una situación de acefalia, y sin autoridad.[53]​ Tampoco hay certeza de la legitimidad misma del concilio, ya que fue convocado por un papa del que se duda que fuera verdadero (el estado de confusión que se vivió durante el Cisma de Occidente fue notable).[54]​ Además, se afirma que el Papa Martín V, pontífice que se ocupó de aprobar los decretos del concilio, no aprobó sin embargo el documento herético en cuestión (condición necesaria para contarlo entre los textos de un concilio ecuménico),[55]​ por lo que no podría sostenerse que el texto erróneo formara parte del Concilio de Constanza, en su calidad de universal o ecuménico.[56][57]

La postura oficial de las autoridades de la Iglesia Católica, en relación con esta controversia, fue la de afirmar la continuidad del Concilio Vaticano II con el magisterio precedente, y denunciar lo que consideraban un concepto erróneo de Magisterio y Tradición, presente en los postulados de Mons. Lefebvre.[58][59][60]​ Afirmaron que no era posible sostener la incompatibilidad del Vaticano II con el magisterio de otros concilios, observando en esta postura de Lefebvre una oposición a la estructura fundamental de la fe católica.[61][62]​ También advirtieron de que los fieles podían incurrir en cisma en caso de que se adhirieran a este movimiento.[63][64]

Notas[editar]

  1. Puede leerse un extracto aquí

Referencias[editar]

  1. Congregación para los Obispos (1 de julio de 1988). «Decreto de excomunión». En James Akin, ed. The Nazareth Resource Library (en inglés). Consultado el 14 de marzo de 2013. 
  2. Arias, Juan (3 de julio de 1988). «El Vaticano anuncia oficialmente la excomunión de Marcel Lefebvre». El País. Consultado el 14 de marzo de 2013. 
  3. «TÍTULO III - DE LA USURPACIÓN DE FUNCIONES ECLESIÁSTICAS Y DE LOS DELITOS EN EL EJERCICIO DE LAS MISMAS (Cann. 1378 – 1389)». Código de Derecho Canónico. La Santa Sede. Consultado el 14 de marzo de 2013. «El Obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurre en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica.» 
  4. Hermandad San Pío X, ed. (marzo-abril de 2001). «Las grandes etapas de una vida totalmente consagrada a Dios». Tradición católica (165): 9. 
  5. Lefebvre, Marcel; traductor:J.Mª Mestre (diciembre de 2001). La pequeña historia de mi larga historia. Vida de Monseñor Lefebvre contada por él mismo. Morón (Argentina): Fundación San Pío X. pp. 82-83. ISBN 750-99434-4-4 |isbn= incorrecto (ayuda). 
  6. Wiltgen, P. Ralph (S.V.D.) (1999). El Rin desemboca en el Tíber. Madrid: Criterio Libros. pp. 104-105. ISBN 84-923838-9-5. 
  7. Archbishop Lefebvre and the Vatican, 1987-1988. Angelus Press. 1999. p. 134. ISBN 0-935952-69-1. 
  8. Emisora sobre la cadena francesa A2, el 29 août 1976
  9. Georges Virabeau, Prélats et francs-maçons, Publications Henry Coston, 1978, p. 16
  10. P. Miguel Ángel Fuentes. «El teólogo responde Vol. 1». IvePress, p. 208. 
  11. Carta apostólica en forma de Motu proprio Ecclesia Dei, 2 de julio de 1988. Puede consultarse aquí: http://w2.vatican.va/content/john-paul-ii/es/motu_proprio/documents/hf_jp-ii_motu-proprio_02071988_ecclesia-dei.html
  12. Card. Darío Castrillón Hoyos. «Volver a acercarse por etapas sin prisa, pero sin pausa». Archivado desde el original el 27 de septiembre de 2007. Consultado el 13 de abril de 2008. 
  13. Card. Darío Castrillón Hoyos. «They are within the Church». Archivado desde el original el 12 de febrero de 2006. Consultado el 13 de abril de 2008. 
  14. [1]
  15. «“La FSSPX tiene la imagen del papa actual en la pared de sus casas”». Infovaticana. 19 de noviembre de 2019. 
  16. «Los lefebvrianos, «profundamente consternados» con el Papa Francisco». Periodista Digital. 17 de diciembre de 2018. 
  17. a b «Mons. Lefebvre: Lo nunca dicho». Mediterráneo: 16. 19 de agosto de 1977. 
  18. Marcel Lefebvre, Itinerario espiritual siguiendo a Santo Tomás de Aquino en su Suma teológica, Seminario Internacional Nuestra Señora Corredentora.
  19. P. José María Iraburu. «Filo-lefebvrianos -V». InfoCatólica. 
  20. P. José María Iraburu. «Filo-lefebvrianos -I». InfoCatólica. 
  21. P. José María Iraburu. «Filo-lefebvrianos -I». InfoCatólica. 
  22. Marcel Lefebvre, Sermón del domingo de Pascua del 30 de Marzo de 1986, en Ecône. Citado en: Juan Carlos Ceriani, Monseñor Lefebvre y la Sede Romana, suplemento especial de la revista Iesus Christus, n° 8, nov.-dic. de 1989 (publicación de la FSSPX, Distrito de América del Sur).
  23. Marcel Lefebvre, Carta abierta a los católicos perplejos (Lettre ouverte aux catholiques perplexes), Editions Aibin Michel, S. A., 1981.
  24. P. José María Iraburu. «Filo-lefebvrianos -VI». InfoCatólica. 
  25. P. José María Iraburu. «Filo-lefebvrianos -VII». InfoCatólica. 
  26. Pablo VI. «Carta a Mons. Lefebvre». Iglesia-Mundo, núm. 129, 15 de febrero de 1977. 
  27. Juan Pablo II (Domingo 1 de junio de 1980). «Alocución del Santo Padre Juan Pablo II a la Conferencia Episcopal Francesa, en el Seminario Issy-les-Moulienaux». 
  28. I. Shawn McElhinney. «A Prescription Against 'Traditionalism'». First edition released: June 6, 2000. 
  29. Ott, Ludwig (1966). Manual de teología dogmática. Barcelona: Ed. Herder. p. 451. 
  30. Ott, Ludwig (1966). Manual de teología dogmática. Barcelona: Ed. Herder. p. 452. 
  31. Lefebvre, Marcel. Le destronaron. Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar. p. 72. 
  32. Lefebvre, Marcel. Le destronaron. Del liberalismo a la apostasía. La tragedia conciliar. p. 92. 
  33. «Frente a la nueva misa». Monseñor Marcel Lefebvre. 
  34. P. Eustaquio Guerrero, S. I. «Declaración del Vaticano II sobre libertad religiosa». Espíritu: cuadernos del Instituto Filosófico de Balmesiana, Año 15, Nº. 53, 1966, págs. 10-40. 
  35. P. Julio Meinvielle. La Declaración conciliar sobre libertad religiosa y la doctrina tradicional (apéndice II de la obra De Lamennais a Maritain). p. 353 y ss. 
  36. P. José María Iraburu. «Filo-lefebvrianos (serie de siete artículos). Reforma o apostasía, núms. 126-132». InfoCatólica. 
  37. Mons. Fernando Arêas Rifan. «Tradición y Magisterio vivo de la Iglesia». Fundación Gratis Date. 
  38. P. Buela, IVE. «Integrismo conservador. ¿Una opción válida?». 
  39. Dante A. Urbina. «“La letra de los concilios está protegida por el Espíritu Santo”: Sobre el Vaticano II, Dignitatis Humanae y Nostra Aetate». InfoCatólica. 
  40. Rafael María Rossi, O. P. «Examen crítico al “Breve examen crítico” de los Cardenales Ottaviani y Bacci». 
  41. P. Brian W. Harrison. «Dignitatis Humanae: A Non-Contradictory Doctrinal Development». 
  42. P. Brian W. Harrison. «Is Ecumenism a Heresy?». Catholic Answers, Inc., El Cajon, CA, January 2009. 
  43. P. William G. Most. «Religious Liberty: What the Texts Demand». 
  44. P. William G. Most. «Vatican II vs Pius IX? A Study in Lefebvrism». Faith & Reason, Christendom Press, Front Royal, VA, Fall 1980. 
  45. I. Shawn McElhinney. «A Prescription Against 'Traditionalism'». First edition released: June 6, 2000. 
  46. «¿Qué es un concilio pastoral? (II) Naturaleza, finalidad, métodos y autoridad del Concilio Vaticano II». Tradición Católica: 23-25. Octubre-diciembre 2012. 
  47. «Es inconcebible que la Iglesia se haya equivocado durante dos milenios». Fraternidad Sacerdotal San Pío X. 16 de diciembre de 2018. 
  48. «Haec Sancta: un documento condenado por la Iglesia». Fraternidad Sacerdotal San Pío X (México). 
  49. Llorca S. I., B.; García Villoslada S. I., R. (1960). Historia de la Iglesia Católica III, Edad Nueva. Madrid: B. A. C. p. 254. 
  50. Shahan, Thomas (1908). “Concilio de Constanza”. Enciclopedia Católica. New York: Robert Appleton Company. 
  51. Llorca S. I., B.; García Villoslada S. I., R. (1960). Historia de la Iglesia Católica III, Edad Nueva. Madrid: B. A. C. pp. 253-255. 
  52. «The Council of Constance». EWTN. 
  53. Llorca S. I., B.; García Villoslada S. I., R. (1960). Historia de la Iglesia Católica III, Edad Nueva. Madrid: B. A. C. p. 253. 
  54. Llorca S. I., B.; García Villoslada S. I., R. (1960). Historia de la Iglesia Católica III, Edad Nueva. Madrid: B. A. C. p. 253. 
  55. Ott, Ludwig (1966). Manual de teología dogmática. Barcelona: Ed. Herder. p. 452. 
  56. Shahan, Thomas (1908). “Concilio de Constanza”. Enciclopedia Católica. New York: Robert Appleton Company. 
  57. Llorca S. I., B.; García Villoslada S. I., R. (1960). Historia de la Iglesia Católica III, Edad Nueva. Madrid: B. A. C. p. 255. 
  58. Pablo VI, Audiencia de 12 de enero de 1966, publicada en la revista Cristiandad, núm. 420, febrero de 1966.
  59. Pablo VI. «Carta a Mons. Lefebvre». Iglesia-Mundo, núm. 129, 15 de febrero de 1977. 
  60. Juan Pablo II (2 de julio de 1988). «Carta Apostólica Ecclesia Dei». 
  61. Ratzinger, Joseph (Card.); Messori, Vittorio (1985). Informe sobre la fe. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos. pp. 34-35. 
  62. Mons. Fernando Arêas Rifan. «Tradición y Magisterio vivo de la Iglesia». Fundación Gratis Date, p. 63. 
  63. Pontificio Consejo para los Textos Legislativos (24 de agosto de 1996). «Nota explicativa. Sobre la excomunión por cisma en que incurren los adherentes al movimiento del Obispo Marcel Lefebvre». 
  64. «El Cisma de Lefebvre». Página oficial de la Congregación para el Clero. 

Bibliografía[editar]

Obra y sermonario[editar]

  • LEFEBVRE, Marcel; traducción: Alberto Luis Bixio (mayo de 1987). Carta abierta a los católicos perplejos (2ª edición). Buenos Aires: EMECÉ editores. ISBN 950-04-0511-3. 
  • LEFEBVRE, Marcel; José Miguel Gambra, Clara San Miguel, Irene Gambra (1980). Madrid: Vassallo de Mumbert, ed. Mons. Lefebvre Vida y pensamiento de un obispo católico. ISBN 84-7335-036-7. 

En francés[editar]

  • GAUCHER, Roland (1976). Monseigneur Lefebvre: combat pour l'Église. París: Éditions Albatros. 
  • CONGAR, Yves (1977). La Crise dans l'Église et Mgr Lefebvre. París: Éditions du Cerf. ISBN 2-204-01115-0. 
  • GOUDET, Jacques (1978). Le Cas Mgr Lefebvre. Lyon: Éditions l'Hermès. ISBN 2-85934-026-2. 
  • HOUANG, François (1978). Les Realités de Vatican II et les désirs de Monseigneur Lefebvre. París: Fayard. ISBN 2-213-00578-8. 
  • MARZIAC, Jean-Jacques (1979). Monseigneur Lefebvre I: Soleil levant ou couchant: Mystères joyeux. París: Nouvelles Éditions latines. ISBN 2-7233-0085-4. 
  • MARCHAL, Denis (1988). Mgr Lefebvre: vingt ans de combat pour le sacerdoce et la foi 1967-1987. París: Nouvelles Éditions latines. 
  • MARZIAC, Jean-Jacques (1989). Moneigneur Lefebvre II: Des Évêques français contre Monseigneur Lefebvre: mystères doloureux. Broût-Vernet: Fideliter. ISBN 2-903122-44-X. 
  • BRIGNEAU, François (1991). Pour saluer Mgr Lefebvre. París: Publications F.B. 
  • HÉDUY, Philippe (1991). Monseigneur Lefebvre et la Fraternité. París: Fideliter. ISBN 2-903122-46-6. 
  • TISSIER DE MALLERAIS, Bernard (2002). Marcel Lefebvre: une vie. Étampes: Éditions Clovis. ISBN 2-912642-82-5. 

En castellano[editar]

  • LEFEBVRE, Mn. MARCEL; traducción: José Mª Mestre (diciembre de 2001). La pequeña historia de mi larga historia - Vida de Monseñor Lefebvre contada por él mismo. Buenos Aires: Ed. Fundación San Pío X. ISBN 750-99434-4-4. 
  • Bernard Tissier de Mallerais, Marcel Lefebvre. La biografía. Colección Biografías 3. Editorial Actas 2012, San Sebastián de los Reyes (Madrid). Traducción del original francés. 895 páginas y varias decenas de fotos. ISBN 978-84-9739-123-8

Enlaces externos[editar]


Predecesor:
Auguste Grimault C.S.Sp.
Vicario Apostólico de Dakar
ArchbishopPallium PioM.svg
Arzobispo de Dakar[1]

1947 - 1962
Sucesor:
Hyacinthe Thiandoum
Predecesor:
Aimable Chassaigne
Template-Bishop.svg
Obispo de Tulle

1962
Sucesor:
Henri-Clément-Victor Donze
Predecesor:
Joseph Lécuyer
Holy Ghost Fathers seal.png
Superior general de la
Congregación del Espíritu Santo

1962 - 1968
Sucesor:
Alexandre Leroy
Predecesor:
fundador
Héraldique meuble Coeur vendéen.svg
Superior general de la Fraternidad San Pío X

1970 - 1983
Sucesor:
Franz Schmidberger
  1. Hasta 1955 era el Vicariato apostólico de Dakar