Libertad intelectual

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Libertad intelectual, libertad de conciencia, libertad de pensamiento, libertad ideológica o libertad de creencia,[1]​ es la capacidad de cada uno, en su conciencia, de adoptar, mantener y cambiar cualquier pensamiento, opinión, ideología o creencia; y, en su caso, manifestarlos, lo que pasaría a ser objeto de la libertad de expresión, y en su ámbito, de la libertad de cátedra, de la libertad científica y de la libertad artística o libertad de creación.[2]​ Se la considera uno de los principales derechos y libertades; de los considerados derechos civiles y políticos o derechos humanos de primera generación. Históricamente está vinculada a la libertad religiosa o de culto, y a la libertad de opinión o de prensa.[3]

La libertad de conciencia o de pensamento se restringe o es objeto de coacción a través de múltiples mecanismos, no únicamente la represión a cargo del poder político, sino también la imposición de cánones socialmente aceptados de corrección política o pensamiento único, que se interiorizan en el propio individuo.[4]

Concepto legal[editar]

La libertad de pensamiento o conciencia, con distintas denominaciones y extensiones a otros derechos y libertades, es uno de los derechos fundamentales reconocido en textos legales del máximo nivel, y de ámbito nacional e internacional:

La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano proclamada por la Asamblea Constituyente de la Revolución francesa (26 de agosto de 1789) la recoge en su artículo 10:

Ningún hombre debe ser molestado por razón de sus opiniones, ni aún por sus ideas religiosas, siempre que al manifestarlas no se causen trastornos del orden público establecido por la ley.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (10 de diciembre de 1948) la proclama en sus artículos 18, 19 y 27:[5]

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.

...

Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten.

Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas de que sea autora.

La Convención Europea de Derechos Humanos (4 de noviembre de 1950) la defiende en su artículo 9:[6]

Libertad de pensamiento, de conciencia y de religión.

1. Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho implica la libertad de cambiar de religión o de convicciones, así como la libertad de manifestar su religión o sus convicciones individual o colectivamente, en público o en privado, por medio del culto, la enseñanza, las prácticas y la observancia de los ritos.

2. La libertad de manifestar su religión o sus convicciones no puede ser objeto de más restricciones que las que, previstas por la ley, constituyan medidas necesarias, en una sociedad democrática, para la seguridad pública, la protección del orden, de la salud o de la moral públicas, o la protección de los derechos o las libertades de los demás.

En la Constitución Española de 1978 se protege en el artículo 16:[7]

Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

Libertad y propiedad intelectual[editar]

La libertad intelectual es un concepto que aparece como defensa contra los abusos que diversas entidades y organizaciones realizan en nombre de la propiedad intelectual. Tras la privatización de diversas obras y conceptos se hace necesario proteger el patrimonio intelectual individual y colectivo para un uso más avanzado y responsable. En un ámbito social se trata de un concepto abstracto, con un significado todavía no muy definido debido al uso poco frecuente que se hace de él. En un ámbito individual se trata de poder hacer uso de las ideas propias, independientemente de que hayan sido anteriormente concebidas por otros individuos.[cita requerida]

Libertad intelectual y responsabilidad[editar]

Arthur Schopenhauer (Sobre la libertad de la voluntad humana, 1839, y Sobre el fundamento de la moral, 1840),[8]​ que cita a Aristóteles, trata el tema de la libertad intelectual no como algo que pueda concederse o no, sino como una característica del ser humano; y que es un requisito para la responsabilidad:

... tan pronto nos apartamos de esa libertad física y consideramos sus otros dos tipos, no nos la vemos ya con el sentido popular, sino con un sentido filosófico del término que, como es sabido, abre camino a muchas dificultades. Este sentido se divide en dos tipos diferentes: la libertad intelectual y la libertad moral.

...

De esa libertad intelectual, «τό εκούσιον και ακούσιον κατα διάνοιαν» [tó ekoysion kaì akoysion katà diánoian] habla ya, si bien breve e insuficientemente, Aristóteles, en la Ethic. Eudem., II, c. 7 y 9; y algo más detenidamente, en la Ethic. Nicom., III, c. 2. A ella se alude cuando la Medicina forensis y la justicia criminal cuestionan si un crimen se ha cometido en estado de libertad y, por consiguiente, ha sido imputable. Así pues, en general se pueden considerar como cometidos en ausencia de libertad intelectual todos los crímenes en los que el hombre, o bien no sabía lo que hacía, o bien no era en absoluto capaz de tener en cuenta aquello que habría debido retenerle, a saber, las consecuencias del hecho. Por tanto, en tales casos no se le puede castigar.

Historia[editar]

Los filósofos griegos Platón y Sócrates tratan el tema;[9]​ en el que abundan aristotélicos, estoicos, epicúreos y los continuadores de las diversas escuelas filosóficas en época romana.

... el respeto y la estima a tu propio pensamiento harán de ti un hombre satisfecho contigo mismo, perfectamente adaptado a los que conviven a tu lado y concordante con los dioses, esto es, un hombre que ensalza cuanto aquéllos reparten y han asignado.

Marco Aurelio, Meditaciones, Libro VI, 16.[10]

Dentro de esta visión integradora se encuentra la defensa por parte de Temistio de la tolerancia religiosa, motivo central del Discurso V. A pesar de la coacción y la amenaza, el monarca no tiene la posibilidad cambiar la disposición del alma de sus súbditos respecto a sus creencias. Dios dejó a la voluntad de cada hombre la elección sobre la forma de practicar el culto y la coacción va en contra de esta disposición de la divinidad (5.67b-.68c). Temistio habla de la rivalidad sana que proporcionan los diferentes caminos que conducen a Dios, es decir, los diferentes cultos, y afirma que el hombre se esfuerza más cuando hay competición (5.68c-69c), de modo que el emperador debe respetar la libertad religiosa y fomentar esta rivalidad, incluso cita a Homero (Il. 2.400) para apoyar que las distintas formas de culto vienen de antiguo (5.69a): "unos a un dios y otros a otro sacrificaban". A Dios le complace que cada religión, la de sirios, helenos y egipcios, tenga sus propios ritos (5.70a).[11]

Luigi Luzzatti consideraba que los edictos[12]​ del rey Ashoka (258-232 a. C.) serían el primer texto legal sobre la libertad de conciencia;[13]​ más de quinientos años antes del Edicto de Milán (emperador Constantino, 313). En todo caso, más que una completa libertad de pensamiento, estos documentos representan mayores o menores ejemplos de tolerancia religiosa, como también se dieron en el imperio mongol, en la Edad Media española, en el Imperio otomano o en las Provincias Unidas de los Países Bajos.[14]

También se han interpretado como una defensa de un cierto tipo de libertad de conciencia ciertos pasajes bíblicos:[15]

Nada más tortuoso que el corazón humano y no tiene arreglo: ¿quién puede penetrarlo?

Yo, el Señor, sondeo el corazón y examino las entrañas, para dar a cada uno según su conducta, según el fruto de sus acciones.

Libro de Jeremías, capítulo 17, versículos 9-10[16]

¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno? ... Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté asegurado en su ánimo. ... no juzguemos más los unos de los otros

... ¿por qué ha de ser juzgada mi libertad por otra conciencia?

Las reflexiones sobre la libertad de conciencia son comunes en el pensamiento cristiano, que desde sus inicios destaca la importancia del libre albedrío como la capacidad humana de elegir voluntariamente el bien y hallar la verdad; aunque no implique que de tal cosa se derive la necesidad de garantizar la libertad de conciencia (implicaría consentir que la libertad se utilizara para elegir el mal -pecado- y caer en el error -herejía-) o suprimir el castigo de los discrepantes.

Estatua de Giordano Bruno en Campo de' Fiori (Roma). Al ser condenado y ejecutado por sus opiniones religiosas y científicas, es considerado un martir de la libertad, al igual que otros personajes de su siglo, como Tomás Moro o Miguel Servet; cada uno de ellos perseguido por diferentes ramas del cristianismo.[18]

Tras la patrística (particularmente Agustín de Hipona, De libero arbitrio, 395)[19]​ y la filosofía medieval[20]​ (particularmente Tomás de Aquino Summa Theologiae, 1274), el tema se trató tanto en el protestantismo (Martín Lutero, La libertad cristiana, 1520, polémica con Erasmo -De libero arbitrio diatribe sive collatio, 1524, De servo arbitrio, 1525-[21]​), con muy distintas formulaciones:

Mientras yo no sea rebatido a través de las Sagradas Escrituras o con razones evidentes, no quiero ni puedo retractarme, porque es penoso y peligroso ir contra la conciencia. ¡Dios me ayude! Amén

Lutero ante la Dieta de Worms, 1521[22]

... sé que simplemente garantizo a todos los demás libertad en el ejercicio y práctica de su fe (la propia fe no puede ser forzada por nadie), como yo mismo no querría ser constreñido en esta materia por cualquiera, fuera en la comisión o en la omisión de actos de fe. Pero especialmente odio ver a alguno asumir control sobre la conciencia de todos... me llaman libertino, sin dios e incluso persona diabólica. Inventan historias vergonzosas sobre mi vida y moralidad.

Dirck Volckertszoon Coornhert, Sínodo sobre la libertad de conciencia, 1582.[23]

como en el catolicismo (Francisco Suárez, De legibus, 1612, Juan Azor, Institutiones morales, 1600),[24]​ también con distintas formulaciones:[25]

Debemos siempre tener para en todo acertar, que lo blanco que yo veo, creer que es negro, si la Iglesia jerárquica así lo determina

El poder de juzgar a los hombres, y sobre todo de juzgar las conciencias y el corazón de los hombres, corresponde sólo a Jesucristo; y cualquiera otro que se lo atribuya, aun cuando fuese un ángel y el más sabio de entre los espíritus bienaventurados, es un usurpador.

Louis Bourdaloue. Sermones, 1707.[27]

Tras las aportaciones de Michel de Montaigne (De la libertad de conciencia, 1580),[28]Baruch Spinoza (Tractatus Theologico-Politicus, 1670) o John Locke (Carta sobre la tolerancia, 1690), la Ilustración del siglo XVIII (enciclopedistas, Voltaire, Rousseau) y el liberalismo del XIX (Alexandre Vinet, John Stuart Mill) dieron una perspectiva secular.[29]

Sin libertad de pensamiento, no puede haber cosa tal como la sabiduría; ni cosa tal como la libertad pública

BOLDMIND.- De vos depende aprender a pensar; aunque nacisteis con ingenio, sois como el pájaro, que os tiene preso en su jaula la Inquisición; el Santo Oficio os ha cortado las alas, pero éstas os pueden crecer. El que no sabe geometría puede aprenderla; todos los hombres pueden instruirse; atreveos a pensar, que es vergonzoso poner vuestra alma en las manos de aquellos a quienes no confiaríais el dinero.

MEDROSO.- Dícese que si todo el mundo pensara por sí mismo, habría mucha confusión en la tierra.

BOLDMIND.- Sucedería todo lo contrario. Cuando asistimos a un espectáculo, cada espectador expone con libertad su opinión sobre la obra que se representa, y no por eso se perturba el sosiego público; pero si el protector insolente de algún mal poeta quisiera obligar a los espectadores de buen gusto a que les parezca bueno lo que encuentran malo, en ese caso se llenaría de silbidos el teatro, y los dos partidos se tirarían patatas a la cabeza, como en una ocasión sucedió en Londres. Los tiranos del pensamiento son los que han causado gran parte de las desgracias del mundo. En Inglaterra no fuimos felices hasta que cada uno de sus habitantes gozó con libertad el derecho de exponer su opinión.

Voltaire, Dictionnaire philosophique, voz Liberté de penser, 1764.[31]

«No estamos aquí para juzgar las opiniones, sino para juzgar los resultados de ellas»... ¿Qué inspiración había revelado a uno de estos hombres sanguinarios el pensamiento de que los tribunales no están instituidos para juzgar las opiniones; que la conciencia es independiente de los jueces, y que las opiniones no son crímenes?

Se dirá que los verbos impersonales han engañado a los escritores políticos. Ellos han pensado que hacían alguna cosa con decir: "es necesario reprimir las opinones de los hombres; no se debe abandonar a estos a las divagaciones de su entendimiento; se debe preservar el pensamiento de los extravíos a que podrían arrastrarle los sofismas." Pero estas palabras se debe, es necesario, no puede permitirse, ¿no se refieren a los hombres? ¿Es por ventura la cuestión de una especie diferente? ¿Todas estas frases se reducen a otra cosas que a decir, "los hombres deben reprimir las opiniones de los hombres...?" ... la arbitrariedad que vosostros permitís contra el pensamiento, tendrá en su mano el sofocar las verdades más necesarias, así como reprimir los errores que sean manifiestos. Toda opinión podrá ser embarazada o castigada; y se da a la autoridad toda facultad de hacer mal siempre que quiera hacer malos raciocinios.

... no se deben castigar las opiniones cuando no alteran el orden.

En el marxismo, la libertad de conciencia, como todas las libertades "formales" o "burguesas", es ficticia si se abstrae de las condiciones materiales, no siendo verdadera libertad sino alienación.[35]​ Así se justifican conceptos totalitarios como los de autocrítica y reeducación, que imponen al individuo la obligación de acomodar su conciencia a lo que las autoridades revolucionarias imponen.

No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia

Libertad ¿para qué?

Lenin, entrevistado por Fernando de los Ríos, 1921.[36]

Daba igual que escribiese o no «Abajo el Hermano Mayor». Tanto si continuaba con el diario como si no la Policía del Pensamiento acabaría descubriéndolo. Había cometido —y lo habría cometido incluso aunque no hubiese aplicado la pluma al papel— el delito esencial que incluía todos los demás delitos. Lo llamaban «crimental». El crimental no podía ocultarse eternamente. Podías disimular un tiempo, incluso unos años, pero antes o después acababan descubriéndote.

Permitir que cien flores florezcan y que cien escuelas de pensamiento compitan es la política de promover el progreso en las artes y de las ciencias y de una cultura socialista floreciente en nuestra tierra

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

  • Richard Joseph Cooke, Freedom of thought in religious teaching (1913)
  • George Botterill and Peter Carruthers, 'The Philosophy of Psychology', Cambridge University Press (1999), p3
  • The Hon. Sir John Laws, 'The Limitations of Human Rights', [1998] P. L. Summer, Sweet & Maxwell and Contributors, p260

Referencias[editar]

  1. En la formulación de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa: Libertad de pensamiento, conciencia, religión o creencia, Consejo Ministerial, Kiev 2013.
  2. Se distingue la "libertad del artista" (Artistieke vrijheid en neerlandés) de la "libertad del arte" (Vrijheid van kunst en neerlandés, Kunstfreiheit en alemán); artículo 5 de la Ley Fundamental para la República Federal de Alemania (fuente citada en Kunstfreiheit).
  3. Enciclopedia Jurídica - Libertad de pensamiento
  4. Laicidad y derecho al espacio público, Fundació Ferrer i Guàrdia, 2003:

    Podemos considerar que los factores internos que limitan la libertad de conciencia del individuo forman parte de su esfera de privacidad y por tanto no competen a una prospección de orden sociológico. No es cierto que esto sea tan sencillo, porque detrás de los posibles factores internos suelen subyacer influencias externas de índole más sutil, muchas veces incluso inconsciente. Los "ídola" o prejuicios que Francis Bacon describiera en su Novum Organum ya en el siglo XVII formarían parte de esta categoría, pero hay ejemplos tanto o más evidentes, como la influencia de la educación en la construcción de la conciencia. Los factores externos, de índole social o provocados por la relación con otros individuos constituyen el factor principal que puede impedir la normal expresión de la libertad de pensamiento, ya que para ejercerla plenamente deben confluir, o sea fluir unidas, libremente, dos circunstancias indispensables, la ausencia de artificios externos conducentes a alterar la libre percepción del individuo o a distorisionar su interpretación de la realidad, y la ausencia de impedimentos físicos o normativos que coarten su capacidad o que limiten coercitivamente la ación de su voluntad. En ambos casos la posibilidad de coacciones externas viene determinada por la intervención del poder político, bien por tratarse de la fuente misma de las coacciones, como suele suceder al impedir la intervención del poder político, bien por tratarse de la fuente misma de las coacciones, como sucede al impedir la pluralidad para garantizar la continuidad de una facción gobernante, o por omisión, cuando tolera una acción coercitiva o actúa en connivencia con los responsables de ella, que es lo que ocurre habitualmente bajo los regímenes de corte clerical. El resultado en ambos casos es el mismo, la libertad de conciencia del individuo es escamoteada por los mecanismo de poder en beneficio de otros intereses, generalmente de un colectivo determinado.

  5. Texto en la web de la ONU
  6. Texto en la web del Tribunal Europeo de Derechos Humanos - Consejo de Europa
  7. Texto en la web del Congreso. Sinopsis en la web del Congreso. Libertad de conciencia en Guías jurídicas
  8. Recogidos en Los dos problemas fundamentales de la ética
  9. Mifune, Platón, el problema de la filosofía y la libertad de expresión, en Marabunta, 2017
  10. Imperium.org
  11. Abigail Torre, Traducción del discurso XXVII de Temistio y estudio de las citas de Homero, Universidad de Oviedo, 2016
  12. Particularmente el nº 12 (Ven. S. Dhammika, The Edicts of King Asoka - an English rendering, 1994):

    Beloved-of-the-Gods, King Piyadasi, honors both ascetics and the householders of all religions ... not praising one's own religion, or condemning the religion of others without good cause. And if there is cause for criticism, it should be done in a mild way. But it is better to honor other religions for this reason. By so doing, one's own religion benefits, and so do other religions, while doing otherwise harms one's own religion and the religions of others. Whoever praises his own religion, due to excessive devotion, and condemns others with the thought "Let me glorify my own religion," only harms his own religion. Therefore contact (between religions) is good. One should listen to and respect the doctrines professed by others. Beloved-of-the-Gods, King Piyadasi, desires that all should be well-learned in the good doctrines of other religions.

  13. Luigi Luzzatti "El primer decreto sobre la libertad de conciencia" pág. 47 en Dios en libertad. Consultado el 15 de septiembre de 2014.  (es la traducción inglesa: God in freedom: Studies in the relations between church and state, Cosimo Classics, Nueva York, 2005).
  14. En otros contextos, el periodo de vigencia del Edicto de Nantes en Francia, ciertos periodos en algunas ciudades-Estado de la Italia renacentista (destacadamente Venecia, al menos en la imagen que de la Serenísima República se transmitía entre el siglo XVI y el XVIII -Estudio introductorio de Burucúa y otros a Paolo Sarpi, Tratado de las materias beneficiales, 1600-), o el periodo isabelino en Inglaterra, durante el que Francis Bacon encomió la revocación de una legislación de censura por la reina, a quien no le gustaba "hacer ventanas en las almas y secretos pensamientos de los hombres". Brimacombe, Peter (2000). All the Queen's Men: The World of Elizabeth I. Palgrave Macmillan. p. 125. ISBN 0-312-23251-9. 
  15. Eugene J. Cooper, "Man's Basic Freedom and Freedom of Conscience in the Bible : Reflections on 1 Corinthians 8-10", Irish Theological Quarterly Dec 1975. Jacobis Aldana, El cristiano y la libertad de conciencia, 22 de octubre de 2015.
  16. Web del Vaticano. El mismo pasaje en Reina-Valera 1960 se traduce así: "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá? / Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras". En Reina-Valera Antigua se traduce "riñones" en vez de "corazón".
  17. Capítulo 14, versículos 4, 5 y 13 ( Reina-Valera Antigua); y capítulo 10, versículo 29 (Reina-Valera Antigua)
  18. La nómina es extensísima, empezando por por España (Agustín de Cazalla, Constantino Ponce de la Fuente) y por Francia (matanza de San Bartolomé). Dave Armstrong, La Inquisición Protestante: “Reforma”, Intolerancia y Persecución (traducido en Biblia y Tradición):

    Es desafortunada la situación en la que el “marcador del escándalo religioso” necesita ser nivelado, rescatar a los esqueletos menos conocidos del clóset, sacarlos de la oscuridad, examinarlos y exponerlos.

    Melanchthon aceptó la dirigencia de la Inquisición Secular que prohibió el Anabaptismo en Alemania, bajo pena de muerte. "¿Porqué debemos sentir más pena de aquellos hombres de la que Dios no ha sentido por ellos?", preguntó, él estaba convencido que Dios había condenado al infierno a los Anabaptistas. Una Inquisición ordinaria se creó en la Sajonia, con Melanchthon a la cabeza, bajo la cual, muchas personas fueron castigadas, algunas con la muerte, otras con prisión de por vida y varias con el exilio. Incluso cuando los Anabaptistas no promovían de manera explícita la sedición ni la blasfemia, era, en su opinión, la obligación de las autoridades darles muerte. Hacia finales de 1530, Melanchthon elaboró un memorando en el cual se defendía un sistema de coerción con la espada (esto es, muerte para los Anabaptistas), Lutero lo firmó con las palabras “esto me complace” y agregó: Aunque pueda parecer cruel el castigarlos con la muerte, es más cruel para ellos el no enseñar ninguna buena doctrina y perseguir a la doctrina verdadera. ... En 1530, Melanchthon recomendó pena de muerte a aquellos que rechazaren la Presencial Real de Cristo en la Eucaristía. Pero, ¡después cambió de parecer acerca de este punto de doctrina! ... En enero de 1525, Zwinglio concluyó que ellos [los anabaptistas] merecían la pena de muerte por “desgarrar el tejido de una sociedad cristiana sin fisuras”. ... La persecución de los Anabaptistas comenzó en Zurich. Los castigos ordenados por el Consejo de Zurich consistían en ahogar, quemar o decapitar, de acuerdo a lo que pareciera más recomendable. “Es nuestra voluntad”, declaró el Consejo, “que en cualquier lugar que se encuentren, sea uno o varios, sean ahogados a morir y ninguno de ellos sea perdonado”. En sus Diálogos de 1535, Bucero llamó a los gobiernos a exterminar por medio del fuego y la espada toda profesión de falsa religión, ya sean mujeres, niños o ganado.” ... [Para John Knox ] Cada hereje debía ser condenado a muerte, las ciudades con predominio de los herejes debían ser golpeadas con la espada y destruirlas al final. “Para el hombre “carnal” esto pudiera parecer un juicio muy severo. Sin embargo, no haremos excepciones, y todos serán conducidos a la muerte cruel. En estos casos, la voluntad divina desiste del razonamiento para dar paso a la ejecución de sus mandamientos”. Elizabeth [ Isabel I de Inglaterra ], en 1575, condenó a la hoguera a dos Anabaptistas holandeses. En 1535, Enrique VIII ejecutaba en un solo día a una veintena de ellos. (Hughes, 143) Seis monjes cartujos y uno de la orden Brigidina fueron colgados, el obispo de Rochester, san Juan Fisher, fue decapitado. En mayo y junio de 1535, otros fueron desollados en vida, ahogados y descuartizados, por negar que Enrique VIII fuera la Cabeza Suprema sobre la tierra de la Iglesia de Inglaterra. Hugh Latimer, un reformista inglés, empañó su elocuente carrera al aprobar la quema de los Anabaptistas y los obstinados Franciscanos bajo el reinado de Enrique VIII, enfatiza Durant. La reina Elizabeth escribe a Phillip Hughes: "Se decretó una definición de herejía que nos hace la vida segura a todos los que creemos en la Trinidad y la Encarnación. Esta ley deja intacto el principio que dice que la herejía es castigable con la muerte." ... Cualquier “Servet inglés” pudo haber sido condenado a la hoguera bajo el reinado de Elizabeth, y de hecho, en 1589, condenó a la hoguera a un Arriano. No fue hasta 1679 cuando fue abolida la pena de muerte por herejía en Inglaterra, por un decreto del Parlamento bajo Carlos II. ... John Stoddard lleva la cuenta de Enrique VIII, fundador del Anglicanismo: Asesino de dos esposas, excomulgó a muchos miembros de la nobleza en su tiempo que tuvieron la conciencia y el coraje para oponérsele. Entre estos personajes estaba el venerable Obispo Fisher y sir Thomas More, uno de los hombres más distinguidos de ese siglo. Cuando Enrique VIII comenzó su persecución, había unos mil monjes dominicos en Irlanda, solo cuatro sobrevivieron cuando Elizabeth llegó al trono treinta años después. Las ejecuciones comenzaron con rapidez, alrededor de 800 al año durante casi la última mitad del siglo XVI. Hallam, protestante, relata que las ejecuciones de sacerdotes jesuitas, en el reinado de Elizabeth, "estaban caracterizadas por el salvajismo y el fanatismo, que no estoy seguro que la Inquisición haya sobrepasado". ... Unos cuantos Anabaptistas y Unitarios fueron quemados vivos. ... En Irlanda, dos obispos fueron ejecutados por los ingleses en 1578, y otros tantos en 1585 y 1611. En 1652 hubo un intento por exterminar a todos los sacerdotes católicos en Irlanda. En un acta firmada por los Comisionados del Parlamento de Inglaterra, decretaron que cada “sacerdote romano” debería ser colgado, decapitado, descuartizado, sacarle las entrañas y quemarlas, colocar su cabeza sobre un poste en un lugar público. Al final, fueron escasísimos los sacerdotes que quedaron en toda la isla. ... [ Calvino ] En el prefacio de su obra las Instituciones, admitió el derecho a gobernar mediante la condena a muerte de los herejes. Él pensaba que se debía odiar a los enemigos de Dios. Aquellos que defienden a los herejes deben ser castigados también. Durante el gobierno de Calvino en Ginebra, entre 1542 y 1546, cincuenta y ocho personas fueron condenadas a muerte por herejía. Aunque no recomendaba usar de manera directa la pena de muerte por blasfemia entre los judíos, sí defendió su uso en contra de éstos. ... En enero de 1547, en la Ginebra calvinista, James Gruet, una especie de librepensador, fue acusado de haber publicado una nota en la que se implicaba que Calvino debía salir de la ciudad: fue arrestado con rapidez y se buscó de casa en casa a sus cómplices. Esta acción fue inútil para revelar nada, excepto que Gruet había escrito en uno de los panfletos de Calvino: “son tonterías”. Los enjuiciadores lo torturaron en el potro dos veces al día, mañana y noche, por todo un mes, fue sentenciado a muerte por blasfemia y decapitado el 26 de julio de 1547.

  19. filosofia.net
  20. Luzzatti (op. cit.) cita y glosa una carta de Teodoro Estudita al obispo de Éfeso (siglo IX):

    "Es necesario instruir a los herejes y no matarlos"... Las limitaciones del Estado, que no tiene poder sobre el misterio religioso de cada alma, soberana sobre su fe...

  21. Sugel Michelén, Lutero y Erasmo: El libre albedrío y el albedrío esclavo, 10 de febrero de 2010.
  22. Citado en Historia y libertad de conciencia
  23. Synod on the Freedom of Conscience: A Thorough Examination during the Gathering Held in the Year 1582 in the City of Freetown
  24. Louis Vereecke, Conciencia y ley de Santo Tomás a Francisco Suárez
  25. Pedro María Reyes Vizcaíno, La Declaración Dignitatis Humanae ante la doctrina tradicional de la Iglesia, Forum Canonicum, volumen VII/1, Lisboa, enero-junio 2012, pp. 57-77 (recogido en Ius Canonicum):

    ... el Concilio Vaticano II en su declaración sobre la libertad religiosa sugiere que el origen de esta libertad se encuentra en los deberes de la persona a buscar la verdad, los cuales «afectan y ligan la conciencia de los hombres, y que la verdad no se impone de otra manera, sino por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas». También reafirma que la «única y verdadera religión subsiste en la Iglesia Católica y Apostólica, a la cual el Señor Jesús confió la misión de difundirla a todos los hombres» (Declaración Dignitatis Humanae, n. 1).

    ... la libertad religiosa tiene un principio distinto en el ámbito civil, que es la búsqueda de la libertad, la justicia y la paz en el mundo. Mientras que en el ámbito eclesiástico la doctrina del Concilio Vaticano II indica que el principio de la libertad religiosa es la búsqueda de la verdad como obligación de conciencia. Sin embargo, el fundamento de ambos principios es el mismo: la dignidad humana.

    ... la persona tiene el derecho a buscar la verdad, y este derecho ha de ser reconocido por el Estado. Por ello este camino no es exclusivo de la doctrina de la Iglesia. La diferencia está en el papel que juega aquí cada institución. El Estado, en efecto, no puede entrometerse en la búsqueda de la verdad por parte de los ciudadanos porque no es su misión y debe mantenerse neutral ante esta cuestión, mientras que la Iglesia propone su doctrina como verdadera. De este modo –como indica la Declaración Dignitatis Humanae ya en sus primeras palabras– el papel de la dignidad humana se pone al servicio de la verdad, con el objetivo de conocer también la verdad en materia religiosa: «los hombres de nuestro tiempo se hacen cada vez más conscientes de la dignidad de la persona humana, y aumenta el número de aquellos que exigen que los hombres en su actuación gocen y usen del propio criterio y libertad responsables, guiados por la conciencia del deber y no movidos por la coacción». Por lo tanto, la libertad religiosa, como está proclamada en la Declaración Dignitatis Humanae, tiene como objeto principal la inmunidad de coacción de la conciencia de las personas, mientras que la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas parte del principio de neutralidad del Estado en cuestiones religiosas. Sin embargo, la simple inmunidad de coacción no es suficiente para un Estado que se proclame promotor o garante de los derechos humanos. Al contrario, el principio de igualdad jurídica debe hacer posible en la práctica la variedad. La neutralidad del Estado, entre otras consecuencias que podrían señalarse, implica que los poderes públicos deben permitir las manifestaciones religiosas públicas o privadas de los ciudadanos, deben permitir que las entidades con fines religiosos se organicen libremente y han de proteger el derecho de los ciudadanos a incorporarse a una comunidad religiosa o a no tener ninguna religión. Además deben tener en cuenta la creencia religiosa mayoritaria de la población, aunque naturalmente el Estado no puede favorecer a una comunidad religiosa mayoritaria hasta el punto de hacer difícil en la práctica el ejercicio de la libertad religiosa para los creyentes en otras confesiones religiosas.

    ...la doctrina del Concilio Vaticano II se centra en el derecho a la búsqueda de la verdad de las personas. Cuando una persona considera que ha hallado la verdad, tiene la obligación de conciencia de adherirse a ella. Esta obligación constituye un auténtico deber moral. La Declaración Dignitatis Humanae lo que expone es que el Estado ha de proteger esta obligación de sus ciudadanos: de ese modo, la libertad religiosa se constituye en un verdadero derecho a la inmunidad de coacción. Este planteamiento se debe enmarcar en la tradición católica sobre las obligaciones de conciencia. La doctrina católica enseña que la conciencia es la norma subjetiva de la moralidad en cuanto hace presente la voluntad de Dios en el conocimiento del hombre en actos o situaciones concretas. Antonio Royo Marín, citando textos magisteriales tan antiguos como los del Papa Inocencio III (+1216) o autores como San Buenaventura (+1274), sintetiza esta doctrina con esta expresión: «La conciencia recta siempre ha de ser obedecida cuando manda o prohíbe, y siempre puede seguírsela cuando permite». Joseph Ratzinger lo expresó de otra manera: «La concepción de la conciencia como instancia última es recogida por algunos autores en la fórmula “la conciencia es infalible”». En cuanto al Magisterio de la Iglesia, el Catecismo de la Iglesia Católica, citando precisamente el texto de la Dignitatis Humanae que estamos comentando, indica: «El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. “No debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa” (DH 3)». Por ello se puede decir que la doctrina de la Declaración Dignitatis Humanae, en cuanto que refiere la libertad religiosa a la obligación de conciencia de buscar la verdad, no fue original en el Magisterio católico, aunque sí resultó novedosa la aplicación al ámbito de la libertad religiosa.

  26. Edición de Santiago Arzubialde. Propone la comparación con esta frase de Erasmo: Opera omnia, IX, 517: Neque enim ideo nigrum esset album, si ita pronuntaret Romanus Pontifex
  27. Sermones del P. Bourdaloue de la compañia de Jesús
  28. Essais, II, citado en Geralde Nakam, La libertad de creer y de pensar
  29. Luzzatti, op. cit., pg. 91
  30. Silence Dogood, No. 8, 9 July 1722
  31. Texto reproducido en Biblioteca del Pensamiento
  32. Recogido en M. Dulaure, Bosquejo de los principales acontecimientos de la Revolución Francesa: desde la convocatoria de los Estados Generales hasta el restablecimiento de la Casa de Borbon, Volumen 2, pg. 300, 1826. El texto original de Saint-Méard era Mon agonie de trente-huit heures, ou Récit de ce qui m’est arrivé, de ce que j’ai vu et entendu pendant ma détention dans la prison de l’abbaye Saint-Germain depuis le 22 août jusqu’au 4 septembre (Paris, Desenne, 1792).
  33. Curso de política constitucional
  34. Recoge la opinión de la Universidad de Cervera, debate parlamentario del Código Penal, artículo 239, sesión del 16 de enero de 1822, Diario de las actas y discusiones de las Córtes estraordinarias.
  35. Manuel Atienza, Marx y los derechos humanos
  36. Mi viaje a la Rusia soviética
  37. Edición de Penguin, 2013

Enlaces externos[editar]

Los derechos de la humanidad son "verdades evidentes por sí mismas". El primero de estos derechos, la primera de estas libertades es el derecho a pensar libremente. La libertad primera y fundamental es la libertad de conciencia.

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"Más luz!" A siglos de distancia, hacemos nuestra la última frase de Goethe. La libertad de conciencia es la libertad para la humanidad para explorar y examinarse si misma.