Irracionalidad racional

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El concepto conocido como irracionalidad racional fue popularizado por el economista Bryan Caplan en 2001 para conciliar la extendida existencia de comportamiento irracional (particularmente en las esferas de la religión y la política) con el supuesto de racionalidad creado por los economistas ortodoxos y la teoría de juegos.[1][2]​ La teoría, junto con sus implicaciones para la democracia, fue expandida en el libro de Caplan El Mito del Votante Racional

El propósito original del concepto era explicar cómo (intencionadamente) se pueden implantar políticas perjudiciales en una democracia y, al contrario de lo que dice la teoría de la elección pública convencional, Caplan postula que las malas políticas pueden ser elegidas por los votantes mismos. La teoría ha sido adoptada también por el filósofo intuicionista ético Michael Huemer como una explicación para la irracionalidad en la política.[3][4]​ La teoría también ha sido aplicada para explicar las creencias religiosas.[5]

Teoría[editar]

Dos tipos de racionalidad, y preferencias sobre creencias[editar]

Caplan postula que hay dos tipos de racionalidad:

  • Racionalidad epistémica, la cual consiste en formar creencias de una forma afín a la verdad, haciendo esfuerzos razonables para evitar razonamientos falaces y manteniendo una mente abierta a la nueva evidencia.
  • Racionalidad instrumental, la cual implica escoger la forma más efectiva para lograr los objetivos propios, dadas las creencias.

La irracionalidad racional describe una situación donde es instrumentalmente racional ser epistemológicamente irracional.

Caplan argumenta que la irracionalidad racional es más probable en situaciones donde:

  • Las personas tienen preferencias sobre creencias, por ejemplo, algunas clases de creencias son más atractivas que otras.
  • El coste marginal para un individuo de sostener la creencia errónea o irracional es bajo.

En el marco de economía neoclásica, Caplan postula que hay una demanda para la irracionalidad. La curva de demanda de una persona describe la cantidad de irracionalidad que la persona está dispuesta a tolerar en cualquier coste dado de irracionalidad. Por la ley de demanda, a más bajo el coste de irracionalidad, mayor la demanda para él. Cuándo el coste del error es efectivamente cero, la demanda de una persona para la irracionalidad es alta.

Irracionalidad racional versus doblepensar[editar]

La irracionalidad racional no es doblepensar -- no declara que el individuo deliberadamente escoge creer algo que él o ella sabe que es falso. Más bien, la teoría es que, cuándo los costes de tener creencias erróneas son bajos, las personas relajan sus estándares intelectuales y son más fácilmente influidos por razonamientos falaces, sesgos cognitivos, y apelaciones emocionales. En otras palabras, las personas no buscan intencionalmente creer cosas falsas sino que paran el esfuerzo intelectual para estar abiertos a evidencia que puede contradecir sus creencias.

Fuentes de preferencias sobre creencias[editar]

Para que la irracionalidad racional exista, las personas tienen que tener preferencias sobre creencias, es decir, ciertas creencias tienen que ser más atractivas a las personas por razones diferentes a su valor de verdad. En un ensayo acerca de la irracionalidad en política, Michael Huemer identifica algunas fuentes posibles de preferencias sobre creencias:[3]

  • Sesgo de interés propio: la gente suele agarrarse a creencias que, si son generalmente aceptadas, les beneficiaría a ellos mismos o al grupo que les identifica. El sesgo de interés propio se complica por el hecho de que las personas pueden identificarse con grupos a los que no pertenecen, pero les hace sentir bien asumir tal identidad.
  • Creencias como autoimagen: las personas prefieren mantener creencias que se ajusten a la imagen que tienen de sí mismas que quieren adoptar o proyectar.
  • Creencias como herramientas para vincularse socialmente: las personas prefieren preservar las creencias políticas de las personas que les gustan o con las que quieren asociare.
  • Sesgo de coherencia: las personas se sesgan hacia creencias que encajen bien con o refuercen sus creencias existentes, independientemente del grado de coherencia de tales creencias con la realidad

Religión[editar]

Muchas de las afirmaciones de las religiones no son fácilmente verificables en el mundo del día a día. Hay muchas teorías religiosas compitiendo sobre los orígenes de vida, la reencarnación, y el paraíso, pero estas creencias equivocadas raramente imponen costes reales a los creyentes. Por lo tanto, puede ser instrumentalmente racional de ser epistemológicamente irracional sobre estos asuntos. En otras palabras, cuándo se forman o se actualizan sus creencias religiosas, las personas pueden tender a relajar sus estándares intelectuales para lograr soporte popular hacia sus creencias.[5]

Política[editar]

Irracionalidad racional en las creencias políticas individuales[editar]

La política es una situación donde se puede esperar que la irracionalidad racional sea común, según la teoría de Caplan. En las típicas democracias grandes, cada votante tiene una probabilidad muy baja de influenciar en el resultado de una elección o de determinar si una política particular será implementada. Así, el coste esperado de apoyar una política errónea (obtenido por la multiplicación del coste de la política por la probabilidad de que el individuo tenga un rol decisivo influyendo en las políticas) es muy bajo. Los beneficios psíquicos de apoyar políticas que sienten bien pero son en realidad dañinas pueden ser mayores que estos pequeños costes esperados. Esto crea una situación donde los votantes pueden ser racionalmente irracionales por razones prácticas morales.

Irracionalidad racional y sesgos sistémicos[editar]

Para que la irracionalidad racional a nivel individual tenga un efecto en los resultados políticos, es necesario que haya formas sistémicas por las cuales las personas son irracionales. En otras palabras, las personas deben tener un sesgo sistémico: necesita haber una diferencia sistémica entre las preferencias sobre creencias de las personas y las creencias verdaderas. En la ausencia de sesgos sistémicos, las diferentes formas de irracionalidad se cancelarían a sí mismas cuando se agregan en el proceso de votación.

Caplan trata de demostrar empíricamente la existencia de sesgos sistémicos en las creencias sobre la economía en su libro El Mito del Votante Racional.

Implicaciones para los resultados de democracia[editar]

Cuando un número grande de individuos sostiene una serie de creencias sesgadas sistemáticamente, el costa total para la democracia de todas estas creencias irracionales podría ser significativo. Thus, even though every individual voter may be behaving rationally, the voters as a whole are not acting in their collective self-interest. Esto es análogo a la tragedia de los comunes. Otra forma de pensar acerca de esto es que cada votante, siendo racionalmente irracional, crea una pequeña externalidad negativa para otros votantes.

Caplan cree que la irracionalidad racional de los votantes es una de las razones por las cuales las democracias escogen políticas económicas sub-óptimas, particularmente en el área de libre comercio versus proteccionismo. El filósofo Michael Huemer, en una charla TEDx acerca de la irracionalidad racional en la política, cita la guerra contra el terror y proteccionismo como dos ejemplos de irracionalidad racional en política.

Compitiendo y opposing teorías de democracia y política[editar]

Cualquier teoría de la democracia debe tener en cuenta el hecho empírico de que la mayoría de votantes en una democracia tienen poca idea acerca de los detalles de la política, incluyendo los nombres de sus candidatos electos, las condiciones de oficio, y las plataformas de candidatos de los partidos políticos mayoritarios.

Como la irracionalidad racional, algunas teorías de la democracia afirman que las democracias suelen escoger malas políticas. Otras teorías reclaman que a pesar de la observación empírica de la ignorancia del votante, las democracias suelen funcionar bien. Debajo están listadas algunas de estas teorías y su relación con la irracionalidad racional.

Ignorancia racional y teoría de la elección pública[editar]

La teoría más famosa de fallo democrático es la teoría de la elección pública. La teoría, desarrollada por James Buchanan, Gordon Tullock, y otros, se basa en la ignorancia racional. Los votantes tienen una probabilidad muy baja de influenciar los resultados políticos, así que no ponen mucho esfuerzo para actualizarse constantemente de estos temas. Esto permite que los grupos de interés manipulen el proceso político y realicen búsqueda de rentas. Una idea clave de la teoría de la elección pública es que muchas políticas dañinas tienen beneficios concentrados (en los grupos de interés) y costos difusos Los grupos de interés que experimentan los beneficios desean presionar para que las políticas se produzcan, mientras que los costes se propagan de una forma muy difuminada o difusa en un grupo mucho más grande de gente. Debido a que estos costos son difusos, las personas que los afrontan no tienen suficiente en juego para presionar contra tales políticas.

La irracionalidad racional y la ignorancia racional comparten algunas similitudes pero son diferentes en ciertos sentidos. Las similitudes son que ambas teorías rechazan que los votantes son racionales y están bien informados, y que las democracias no funcionan bien. No obstante, las teorías difieren en una serie de puntos:

  • La ignorancia racional no predice ningún sesgo sistémico en las creencias de los votantes. Más bien, es consistente con el hecho de que los votantes tengan creencias que son erróneas de forma aleatoria, sin una dirección de sesgo determinada. La irracionalidad racional, por otra parte, predice que ciertos sesgos pueden suceder en áreas donde las políticas que "sienten bien" son sistemáticamente diferentes de aquellas que son buenas en realidad.
  • La teoría de la elección pública explica el fallo de las democracias en términos de intereses especiales frustrando los deseos de las personas, que son racionalmente ignorantes. Con la irracionalidad racional, por otro lado, es posible que las democracias escojan malas políticas incluso cuando los deseos de las personas se implementan. Esto no desecha la posibilidad de que existan manipulaciones de intereses especiales, pero los da un rol más secundario.

Hay dos objeciones principales a la teoría de la elección pública e ignorancia racional que no aplican a la irracionalidad racional:

  • Milagro de la agregación: si los errores de los votantes son puramente aleatorios y resultado de la ignorancia, entonces los errores aleatorios de los votantes ignorantes han de cancelarse e incluso una pequeña proporción de votantes bien informados sería suficiente para que la democracia funcionara bien. La objeción, al menos en esta forma, no se aplica a la irracionalidad racional, porque ésta tiene sesgos sistémicos en la población.
  • Mecanismos que se pueden desarrollar para mantener a los políticos en jaque: hay un número de estrategias para los votantes racionalmente ignorantes que controlan la actividad política sin tener la necesidad de informarse acerca de todos los detalles de la política. Por ejemplo, si la captura de grupos de interés es un problema, y los votantes son racionales, los votantes deberían ser escépticos con cualquier programa del gobierno por defecto y demandar evidencia consistente de que no favorece a los grupos de interés. Por un fenómeno similar a la selección adversa, esto debería provocar que el gobierno encogiera. Empíricamente, esto no parece suceder, dado que los públicos votantes suelen ser entusiastas con los programas de gobierno, de los cuales no suelen comprender los detalles. Esto sugiere o bien que la captura de grupos de interés no es un problema significativo o que los votantes no se están comportando racionalmente. Esto es menos problemático para la irracionalidad racional porque el apoyo de los votantes para una política puede ser un ejemplo de irracionalidad racional

Votación expresiva[editar]

Brennan y Lomasky tienen una teoría alternativa del fallo democrático que es bastante similar a la teoría de Caplan de la irracionalidad racional. Su teoría, llamada voto expresivo, declara que la gente vota para expresar creencias. La diferencia clave entre el voto expresivo y la irracionalidad racional es que el primero no requiere que las personas tengan creencias sistemáticamente parciales, mientras que el último sí.

Loren Lomasky, uno de los proponentes de esta teoría, explico algunas de las diferencias clave entre las teorías en una revisión crítica del libro de Caplan.[6]

Teoría del éxito democrático de Wittman[editar]

Donald Wittman ha argumentado que la democracia funciona bien. Sus argumentos residen en la cita de una serie de objeciones a la teoría de la elección pública, tales como las descritas anteriormente mientras contrasta tal teoría con la irracionalidad racional. Caplan describe su propio trabajo en la irracionalidad racional como un intento de rescatar el fracaso de la democracia de los ataques de Wittman. Tras la publicación del libro de Caplan, Wittman y él debatieron.[7]

Referencias[editar]