Facturas

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Un plato con facturas, de Argentina.
Medialunas de manteca.
Cream puff muy similar a la "bola de fraile" rellena.
Facturas similares a los "cañoncitos rellenos", en Argentina lo más común son los rellenos de dulce de leche.

Facturas es el nombre genérico con el cual se denomina en Argentina y Paraguay a la gran variedad de masas dulces introducidas por la inmigración europea que se instaló en la región del Río de la Plata, y que con el tiempo fueron adaptadas al gusto de la región. En Uruguay se elaboran panificados similares (aunque no iguales), conocidos como bizcochos.

A principios del siglo XX, entre los inmigrantes de la región se encontraba panaderos europeos de filiación anarquistas o comunista, con lo cual cierto tipo de facturas y masas recibió nombres que se burlan de las instituciones políticas, económicas y religiosas: por ejemplo, vigilantes, cañoncitos, suspiros de monja, o bolas de fraile. Hoy forman parte de los bocados recurrentes de la Gastronomía de Argentina. Suelen consumirse como desayuno o merienda, y son un acompañamento común para el mate cocido, el café con leche.

Las facturas más populares son las medialunas (similares al cruasán francés, pueden ser "de manteca" o "de grasa", las últimas más delgadas que las primeras). Las demás variedades incluyen las tortitas negras, vigilantes (similares a una medialuna recta y algo aplastada con membrillo en una punta y crema pastelera en la otra, los churros, las berlinesas, palmeritas, cañoncitos de dulce de leche (que deben distinguirse de los bizcochos uruguayos llamados “cañoncitos)", entre otras.

Denominaciones[editar]

Según cuenta la Historia, en 1887 se creó por iniciativa del anarquista italiano Ettore Mattei la llamada Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos en la Ciudad de Buenos Aires. Al año siguiente, panaderos organizados por el anarquista Errico Malatesta decidieron protestar, dejando de trabajar y colocándole nombres irónicos a sus productos de panadería. Esto se debe a que los anarquistas siguen una filosofía política y social que llama a la oposición y abolición del Estado entendido como gobierno y, por extensión, de toda autoridad, jerarquía o control social. Es por ello que a finales del siglo XIX, panaderos anarquistas y comunistas se burlaron de diferentes instituciones como la policía, el ejército y la Iglesia Católica, nombrando a sus productos de panadería y repostería con nombres tales como: vigilantes, cañoncitos, bombas, los suspiros de monja, sacramento, bolas de fraile, etc.[1][2][3]​ El objetivo era ironizar a los diversos estamentos de poder en la sociedad argentina.[4]

Galería de Facturas[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]