Efectos sociales de la teoría de la evolución

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Los efectos sociales del pensamiento evolucionista son considerables. Conforme se ha ido desarrollando la explicación científica de la diversidad de la vida, a menudo ha desplazado explicaciones alternativas, en ocasiones muy generalizadas. Como la teoría de la evolución incluye una explicación de los orígenes de la humanidad, ha tenido un profundo impacto en las sociedades humanas. Algunas personas se niegan firmemente a aceptar la explicación científica a causa de las implicaciones religiosas que perciben (por ejemplo, el rechazo implícito de la creación de los humanos supuestamente descrita en la Biblia). Esto ha llevado a un encendido debate entre creación y evolución en la educación pública, sobre todo en Estados Unidos.

Evolución y ética[editar]

La teoría de la evolución por selección natural también ha sido adoptada como fundamento por diferentes sistemas éticos y sociales, como el darwinismo social, una idea popular en el siglo XIX, anterior a la publicación de «El origen de las especies». El darwinismo social mantiene que la supervivencia de los más aptos (frase acuñada en 1851 por Herbert Spencer 6 años antes de que Darwin publicara su teoría de la evolución) explica y justifica las diferencias de riqueza y éxito entre las sociedades y las personas. Una interpretación similar fue la eugenesia, creada por Francis Galton, primo de Darwin. Esta corriente de pensamiento mantenía que la civilización humana subvertía la selección natural al permitir la supervivencia y reproducción de los menos inteligentes y sanos.

Defensores posteriores de esta teoría sugieren medidas sociales radicales y a menudo coercitivas, en un intento de «corregir» este desequilibrio. Thomas Huxley pasó mucho tiempo demostrando con una serie de experimentos que no solo sería inmoral, sino también imposible,[1]Stephen Jay Gould y otros han argumentado que el darwinismo social se basa en conceptos erróneos de la teoría de la evolución, y muchos éticos lo consideran un caso del problema del ser y el deber ser. Después de que las atrocidades del Holocausto se vincularan a la eugenesia, esta corriente perdió el favor del público y la opinión científica, aunque nunca se aceptó universalmente, y en ningún punto de la literatura nazi se menciona a Charles Darwin o la teoría de la evolución.[2]

En su libro El fin de la fe, Sam Harris argumenta que el nazismo fue sobre todo una continuación del antisemitismo cristiano. Jim Walker compiló una lista de 129 citas del Mein Kampf en las que Hitler se describe como cristiano, o bien menciona a Dios, Cristo o un pasaje bíblico.[3]​ Otros argumentan que seis millones de las víctimas del Holocausto fueron asesinadas por su religión, no por su raza ni ninguna otra razón vinculada con el mecanismo de la evolución darwiniana. Hitler utilizó a menudo creencias cristianas como «los judíos mataron a Jesús» para justificar su antisemitismo.[4]

La noción de que los humanos comparten ancestros con otros animales también ha afectado a la forma en que ciertas personas ven la relación entre los humanos y otras especies. Muchos defensores de los derechos de los animales mantienen que si humanos y animales comparten la misma naturaleza, ambos deben gozar de los mismos derechos.

De hecho, Charles Darwin consideraba que la simpatía[5]​ era una de las más importantes virtudes morales, y que era producto de la selección natural, un rasgo beneficioso de los animales sociales (incluyendo al Homo Sapiens). Darwin argumentó además que por consecuencia, las sociedades más compasivas serían las más exitosas, y que nuestra simpatía debía extenderse a «todos los seres capaces de sentir».[6]

Thomas Huxley: Evolución y ética[editar]

Thomas Huxley, el bulldog de Darwin, dedicó buena parte de su ensayo «Evolución y ética» a desacreditar el darwinismo social punto por punto. Huxley comienza por refutar la ciencia en que se apoya el darwinismo social, y más adelante da paso a argumentos morales. Huxley termina presentando una serie de pruebas históricas en contra de esta teoría[7]​ y afirma que el hecho de que ciertas cualidades se consideren virtudes o vicios depende de las circunstancias.[8]

Evolución y religión[editar]

Antes de que Darwin argumentara y presentara las pruebas de la evolución, las religiones occidentales solían menospreciar o condenar cualquier alegato en el que la diversidad de la vida se considerase resultado de un proceso evolutivo, al igual que hacían la mayor parte de la comunidad científica inglesa. No obstante, algunos grupos religiosos aceptaban la evolución, como la Iglesia unitaria y los teólogos anglicanos liberales, así como numerosos científicos franceses y escoceses, e incluso alguno en Inglaterra, como Robert Edmund Grant. La interpretación literal o dogmática de las escrituras mantiene que un ser supremo creó directamente a los humanos y otros animales como «tipos de creaciones» separadas, algo equivalente a las especies. En Estados Unidos, desde la década de 1920, existe una violenta oposición a la enseñanza de la teoría de la evolución, sobre todo por parte de los evangélicos conservadores, que han expresado su preocupación sobre el efecto que el aprendizaje de la evolución podría tener en la sociedad y en su fe (ver Controversia entre creación y evolución).

En respuesta a la amplia aceptación científica de la teoría de la evolución, muchas religiones han sintetizado –oficial u oficiosamente– los puntos de vista científico y religioso. Varios científicos importantes del siglo XX, como Ronald Fisher y Theodosius Dobzhansky, cuyo trabajo confirmó la teoría de Darwin, eran también cristianos, y no vieron ninguna incompatibilidad entre sus creencias y la confirmación teorética y experimental de la evolución. Algunas religiones han adoptado la evolución teísta, según la cual, Dios inició el proceso de la evolución y la ha dirigido de una forma u otra.

La evolución y la Iglesia católica[editar]

Desde la publiación de la encíclica Humani generis del papa Pío XII en 1950, la Iglesia católica adoptó una posición neutral respecto a la evolución. «el Magisterio de la Iglesia no prohíbe el que —según el estado actual de las ciencias y la teología— en las investigaciones y disputas, entre los hombres más competentes de entrambos campos, sea objeto de estudio la doctrina del evolucionismo, en cuanto busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente».[9]

El 22 de octubre de 1996, en un mensaje a la Academia Pontificia de las Ciencias, el papa Juan Pablo II actualizó la posición de la Iglesia, reconociendo que la evolución es «más que una hipótesis»: «mi predecesor Pío XII ya había afirmado que no había oposición entre la evolución y la doctrina de la fe sobre el hombre y su vocación (…) Hoy, casi medio siglo después de la publicación de la encíclica, nuevos conocimientos llevan a pensar que la teoría de la evolución es más que una hipótesis. En efecto, es notable que esta teoría se haya impuesto paulatinamente al espíritu de los investigadores, a causa de una serie de descubrimientos hechos en diversas disciplinas del saber».[10]

Postura del islam sobre la evolución[editar]

Las figuras clásicas no han discutido el tema, ya que apareció en el siglo XIX. Las autoridades contemporáneas tienen opiniones encontradas. Una de ellas acepta la adaptación, o evolución en una microescala, dentro de una especie, pero no acepta la evolución entre especies, es decir, de una especie para formar otra, ya que el ser humano se considera milagroso. No obstante, este pensamiento tradicional no estaría en conflicto con la idea de que en la misma época en que fueron creados los humanos se crearon también seres con aspecto humano, lo que explicaría los registros fósiles de seres que parecen humanos pero no lo son. Otros opinan que puesto que la evolución es la explicación más simple, lo más razonable es aceptarla, pero reconociendo que no se produce de forma aleatoria, sino solamente con el permiso de Dios en cada etapa del proceso. Uno de los argumentos que apoya la idea de que la evolución es posible es el que afirma que las fases del desarrollo humano en la evolución son similares a las distintas etapas de desarrollo que menciona el Corán. Otra postura rechaza completamente la evolución cruzada entre especies en todos los organismos, pero acepta la adaptación (microevolución).

Teoría de la evolución e izquierda política[editar]

Muchas de las figuras políticas de izquierdas nunca han hecho públicas sus ideas sobre la biología y por eso se desconocen sus opiniones sobre la teoría evolutiva. Hasta cierto punto, los marxistas son la excepción. Marx, Engels y Lenin apoyaban la teoría de Darwin. Max envió a Darwin una copia de su libro El capital, aunque no hay constancia de que Darwin le contestara. El trabajo de Marx se basa en una idea materialista del mundo, que muestra las causas y efectos naturales en todos los aspectos de la economía y la sociedad humana. Marx consideraba que la obra de Darwin proporciona una explicación material similar para la naturaleza, y que eso apoya su propia visión del mundo.

La mayoría de los marxistas posteriores coincidían con esta idea, pero algunos –sobre todos los de los primeros años de la Unión Soviética– creían que la teoría evolutiva discrepaba con sus ideales económicos y sociales. Como resultado, acabaron apoyando el lamarckismo, es decir, la idea de que un organismo puede pasar a su descendencia las características que haya adquirido durante su vida, lo que condujo a la práctica del Lysenkoísmo, lo que causó problemas agrícolas.[11]

En su libro El apoyo mutuo, el anarcocomunista Piotr Kropotkin argumenta que la cooperación y la ayuda mutua son tan importantes en la evolución de las especies como la competición y la lucha mutua, si no más.[12]

En la izquierda moderada contemporánea, algunos autores como Peter Singer –en su libro A Darwinian Left («Una izquierda darwiniana»)– apoyan el darwinismo pero llegan a conclusiones políticas y económicas distintas a los observadores más conservadores. El libro El gen egoísta de Richard Dawkins tiene un capítulo titulado «Los chicos buenos terminan primero» en el que se intenta explicar el papel del altruismo y la cooperación en la evolución, cómo los animales sociales no pueden sobrevivir sin estos rasgos, y cómo los crea la evolución.[13]​ Dawkins explica que cuando un animal se sacrifica o usa sus recursos para la supervivencia de otros miembros de la misma especie, lo hace, en cierta forma, impulsado por el «egoísmo» de sus genes, que sobreviven en otros animales. Por ejemplo, si una madre muere para salvar a tres de sus cachorros, sobrevivirá una copia y media de sus genes de promedio, porque hay un 50% de posibilidades de que un gen concreto esté presente en su descendencia. Dawkins también realizó un documental del mismo nombre[14]​ en el que afirma haber añadido ese capítulo con la intención de contrarrestar las interpretaciones erróneas actuales del concepto de «supervivencia de los más aptos».

La evolución respecto al darwinismo social y el imperialismo[editar]

El darwinismo social es un término despectivo asociado con la teoría del malthusianismo, desarrollada por el filósofo whig Herbert Spencer. Se relaciona con la teoría de la evolución, pero hoy se considera que esta relación no está justificada. El darwinismo social se expandió después aplicando «la supervivencia del más apto» al comercio y al conjunto de las sociedades humanas, lo que condujo a la justificación de la desigualdad social, el sexismo, el racismo y el imperialismo.[15]​ No obstante, esas ideas contradicen las de Darwin, y los científicos y filósofos contemporaneos consideran que ni se desprenden de la teoría de la evolución ni hay datos que las sostengan.[16][17][18]

El darwinismo social también se relaciona con el nacionalismo y el imperialismo.[19]​ Durante la época del Nuevo Imperialismo, los conceptos de la evolución justificaban la explotación de las «razas inferiores sin ley» por las «razas superiores».[19]​ Para los elitistas, las naciones fuertes estaban compuestas de personas blancas que tenían éxito a la hora de expander sus imperios, y por tanto, estas naciones fuertes sobrevivirían en la lucha por la dominación.[19]​ Con esta actitud, los europeos, a excepción de los misioneros cristianos, rara vez adoptaron las costumbres y lenguas de los pueblos que componían sus imperios.[19]​ Por otra parte, los misioneros cristianos fueron los primeros en conocer a esos pueblos y en desarrollar sistemas de escritura para los idiomas locales que carecían de ella.[19]​ Críticos con el darwinismo, fueron vehementes abolicionistas, y proporcionaron educación e instrucción religiosa a los nuevos pueblos con los que se relacionaban, ya que creían que educar a estas gentes era su deber como cristianos.[19]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Evolution and Ethics, por Thomas Henry Huxley
  2. La falsa naturaleza de los argumentos reductio ad Hitlerum de los antievolucionistas (en inglés).
  3. Web en la que se listan 129 citas del Mein Kampf relativas al cristianismo de su autor (en inglés).
  4. Religión y Hitler – Una historia (en inglés)
  5. Kropotkin, Pedro (1 de mayo de 1922). «Capítulo 3 – El principio moral en la naturaleza (1)». Biblioteca virtual Antorcha. Consultado el 29 de febrero de 2016. «Darwín entendía la simpatía en el sentido exacto de esta palabra, no como compasión o amor, sino como sentimiento de compañerismo, de influencia mutua, esto es en el sentido de que el hombre puede ser influenciado por los sentimientos de los demás». 
  6. Darwin, Carlos R. (c. 1909). «Capítulo III – Las facultades mentales del hombre y de los animales inferiores (Continuación) – Observaciones finales». En F. Sempere y Cª, editores. El origen del hombre. Valencia. pp. 71-72. Consultado el 29 de febrero de 2016. «Adelantado el hombre en civilización, y reuniéndose las pe- queñas tribus en comunidades más grandes, la simple razón indica á cada individuo que debe extender sus instintos sociales y su simpatía á todos los miembros de la misma nación, aunque personalmente le sean desconocidos. Llegado á este punto, sólo una valla artificial se opone á que sus simpatías se hagan extensivas á los hombres de todas las naciones y razas. Desgraciadamente la experiencia nos muestra cuánto tiempo se necesita para que lleguemos á considerar como semejantes nuestros á los hombres de otras razas, que presentan con la nuestra una inmensa diferencia de aspecto y de costumbre. (...) Esta virtud, una de la más superiores en el hombre, parece ser resultado accidental del progreso de nuestras simpatías, que, haciéndose más sensibles cuanto más se extienden, acaban por aplicarse á todos los seres vivientes. Una vez honrada y cultivada por algunos hombres, se propaga por la instrucción y el ejemplo entre los jóvenes y se divulga luego en la opinión pública». 
  7. Huxley, Thomas Henry (julio de 1894). «Evolution and Ethics - Prolegomena - Collected Essays IX». Clark University (en inglés). Consultado el 29 de febrero de 2016. «En mi opinión, las cualidades innatas físicas, intelectuales y morales de nuestra nación se han mantenido iguales durante los últimos cuatro o cinco siglos. Si el esfuerzo por existir nos ha afectado hasta un punto crítico (y lo dudo) ha sido, indirectamente, a través de nuestras guerras militares e industriales con otros países». 
  8. Huxley, Thomas Henry (julio de 1894). «Evolution and Ethics - Prolegomena - Collected Essays IX». Clark University (en inglés). Consultado el 29 de febrero de 2016. «La benevolencia y la abierta generosidad que adornan a un hombre rico pueden convertir en indigente a uno pobre; la energía y la valentía a la que el soldado de éxito debe su ascenso, la fría y osada sutileza a la que debe su fortuna el gran financiero pueden fácilmente, en las circunstancias adecuadas, llevar a quien las posee al patíbulo o a galeras. De hecho, es bastante probable que los hijos de un «fracaso» reciban del otro progenitor esa pequeña modificación del carácter que cambia las cosas por completo. A veces me pregunto si la gente, que tan libremente habla de extirpar a los menos aptos, considera alguna vez su propia historia desapasionadamente. Desde luego, hay que ser muy «apto», vaya que sí, para no saber de una o quizás dos ocasiones en la propia vida en las que habría sido muy fácil clasificarse para una plaza entre los «no aptos»». 
  9. «Carta encíclica Humani generis – Sobre las falsas opiniones contra los fundamentos de la doctrina católica». La Santa Sede. 12 de agosto de 1950. Consultado el 29 de febrero de 2016. 
  10. «Mensaje del santo padre a los miembros de la academia pontificia de ciencias». La Santa Sede. 22 de octubre de 1996. Consultado el 29 de febrero de 2016. 
  11. Pérez, Jose A. (17 de junio de 2014). «El científico que contribuyó a millones de muertes». Ciencia xplora. Consultado el 1 de marzo de 2016. 
  12. Kropotkin, Piotr. «Capítulo I – La ayuda mutua entre los animales». El apoyo mutuo – Un factor de la evolución. p. 24. Consultado el 1 de marzo de 2016. «veremos que los animales que adquirieron las costumbres de ayuda mutua resultan, sin duda alguna, los más aptos (…) se puede decir con seguridad que la ayuda mutua constituye tanto una ley de la vida animal como la lucha mutua». 
  13. de la Herrán Gascón, Manuel (2002). «Egoísmo, Cooperación y Altruismo». Biblioteca CF+S. Consultado el 1 de marzo de 2016. «Dawkins habla de genes egoístas, no de individuos egoístas. Y lo que es más importante: con la teoría de Dawkins, la cooperación e incluso el altruismo (reales) entre individuos pueden ser explicados por el `egoísmo' (metafórico) de los genes». 
  14. Nice guys finish first Vídeo, en inglés subtitulado en español. Primera de las cinco partes en que se divide este documental (enlaces a las siguientes partes, a la derecha de la imagen).
  15. Para la historia de la eugenesia y la evolución, ver Kevles, Daniel (1998). In the Name of Eugenics: Genetics and the Uses of Human Heredity. Harvard University Press. ISBN 978-0-674-44557-4. 
  16. Charles Darwin discrepaba firmemente con los intentos de Herbert Spencer y otros de extrapolar sus ideas evolutivas a todos los campos. Ver Midgley, M (2004). The Myths we Live By. Routledge. p. 62. ISBN 978-0-415-34077-9. 
  17. Allhoff F (2003). «Evolutionary ethics from Darwin to Moore». History and philosophy of the life sciences 25 (1): 51-79. PMID 15293515. doi:10.1080/03919710312331272945. 
  18. Gowaty, Patricia Adair (1997). Feminism and evolutionary biology: boundaries, intersections, and frontiers. Londres: Chapman & Hall. ISBN 0-412-07361-7. 
  19. a b c d e f Perry, Marvin; Chase, Myrna; Jacob, Margaret; Jacob, James; Daly, Jonathan W.; Von Laue, Theodore H. (2014). Western Civilization: Ideas, Politics, and Society. Volume II: Since 1600 (11ª edición). Boston, MA: Cengage Learning. pp. 634-635. ISBN 978-1-305-09142-9. LCCN 2014943347. OCLC 898154349. Consultado el 1 de febrero de 2016. «La expresión ideológica más extrema del nacionalismo y el imperialismo fue el darwinismo social. En la mente popular, los conceptos de la evolución justificaban la explotación de las «razas inferiores sin ley» por las «razas superiores». Este lenguaje de razas y conflictos, de personas superiores e inferiores, fue moneda común en los países occidentales. El darwinismo social defendió vigorosamente los imperios, afirmando que sobrevivirían las naciones fuertes —por definición, las que tenían éxito a la hora de expandir industrias e imperio—, y las otras no podrían sobrevivir. Para estos elitistas, cualquier persona blanca era más apta que las de otras razas para imponerse en la lucha por la dominación. Incluso entre los europeos, algunas naciones se consideraban más aptas que otras para la competición. Los darwinistas sociales solían pensar que su propio país era el mejor, una actitud que encendía su entusiasmo competitivo. (…) En el siglo XIX, al contrario que en los siglos XVII y XVIII, los europeos, con la excepción de los misioneros, pocas veces adoptaban las costumbres o aprendían los idiomas de la gente local. No creían en absoluto que otras culturas y otros pueblos merecieran ningún respeto. Muchos occidentales creían que era su deber cristiano dar ejemplo y educar a los otros. Los misioneros fueron los primeros que conocieron y aprendieron de otros pueblos, y también los primeros en desarrollar escrituras para los que no tenían un lenguaje escrito. Los misioneros cristianos se oponían fervientemente a la esclavitud (...)».