Crónica (género periodístico)

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La crónica es un género periodístico híbrido participa a la vez de los rasgos de los géneros informativos e interpretativos, con predominio de los primeros sobre los segundos.[1]

Concepto[editar]

Narra una serie de hechos secuenciales que constituyen una noticia en un ámbito concreto de la vida social durante un periodo cronológico breve o dilatado, que puede llegar a ser de una semana, una quincena, un mes e incluso un año. Esos hechos están en forma ordenada y detallada y pueden ser de distintas temáticas: crónica deportiva, política, de sociedad... Es un escrito de no ficción que se emplea mucho en la prensa periódica impresa o electrónica. Se diferencia de la noticia en que su carácter es menos puntual: intenta dar visiones completas y ordenadas de acontecimientos que tienen un desarrollo, desde su principio hasta el final; es más de carácter narrativo que descriptivo, y se pretende equidistante entre la información y la interpretación.

Características de la crónica[editar]

La crónica, como una narración propia del periodismo literario, se encuentra entre la información y la interpretación. Este género cuenta con ciertas características:

-El autor es testigo presencial de los hechos. Leila Guerriero plantea que la crónica se construye más sobre el arte de mirar y permanecer que en hacer preguntas. Además, hace hincapié en la necesidad del “reporteo” o “trabajo de campo” por parte del cronista con la idea de que “para ver no solo hay que estar; para ver hay que hacerse invisible”.​[2]​ Por su parte, Tomás Eloy Martínez también plantea la necesidad de la presencia del autor en el escenario o situación donde transcurren los hechos, pero considera que el arte de interrogar y verificar los datos constantemente es fundamental en la labor del cronista.​[3]

-Sobre la forma de narrar. Guerriero apunta a que cada descripción o recurso propio de un texto literario dentro de la crónica tiene un sentido en sí mismo y no está allí como adorno literario con fines meramente estéticos.[2]​​ Yanes Mesa plantea que la crónica se distingue por el sello de su autor y que ello forma la esencia misma del texto. En ese sentido, se destaca la libertad expresiva en el estilo o la forma de narrar y el estilo creativo del autor.[1]​ ​ Se informa literariamente pero sin perder las características de claridad, sencillez y precisión.

-El cruce entre información e interpretación. Para Yanes Mesa presenta una inequívoca faceta informativa pero es algo más que pura información ya que su identidad está determinada por la función interpretativa y la valoración de lo narrado. Por ello puede considerarse un género ambivalente o un género mixto entre el periodismo informativo y el periodismo de opinión. Para Martínez Albertos la crónica es la narración de una noticia con ciertos elementos valorativos, que siempre deben ser secundarios respecto al relato del hecho que la origina.[4]​ ​ En la equidistancia entre la información y la interpretación, Guerriero plantea, además, la necesidad de trascender lo meramente subjetivo y conectarse con un interés colectivo.[2]

-Temporalidad. Para Yanes Mesa hay un elemento esencial que marca la estructura de la crónica: la secuencia temporal. ​ Según Martínez Albertos, se trata de un texto que intenta reflejar lo acaecido entre dos fechas, de ahí le viene su origen etimológico.[1]

-Estructura. Debido a la libertad expresiva y estílistica que posibilita el género de la crónica, su estructura no se ciñe a la estructura formal de la pirámide invertida. Según Yanes, en la crónica se distinguen claramente sólo dos partes: la titulación y el cuerpo. Como componentes de la primera se pueden contemplar el título -que puede tener antetítulo y subtítulo-, y el lead -que en su defecto hace su función el primer párrafo. El cuerpo de la crónica tiene un estilo libre. La conclusión no está siempre al final del relato, pues muchos cronistas prefieren hacer la valoración al principio, e incluso en los titulares, mientras que la argumentación normalmente va a lo largo de todo el texto. Es un género con una estructura formal libre. [1]

-Límites éticos. En la crónica se plasma la visión personal pero se man debe mantener la objetividad de lo acontecido. Guerriero, por su parte, apunta a la necesidad de ser exacto, lo que diferencia a la crónica de la ficción, en la que hay lugar para la invención.[2]

-Tipologías. Según Yanes, cuando su estilo le da un contenido preferentemente centrado en la función informativa sin llegar a ser una noticia, tenemos la crónica informativa; y cuando principalmente está inclinado hacia una valoración de lo sucedido sin olvidar la información, se trata de una crónica valorativa.[1]​ 

Clases de crónicas[editar]

Según su contenido o tema[editar]

  • Crónicas de sucesos o Crónica negra. Narran hechos delictivos o violentos, accidentes y catástrofes.
  • Crónicas políticas. Narran acontecimientos del mundo político nacional o internacional: por ejemplo, la noticia de la asunción del poder por un nuevo presidente puede ser convertida en una crónica si se narra todos los pormenores, curiosidades y otros datos relacionados a dicho evento político.
  • Crónicas deportivas. Se encargan de narrar cuidadosamente cómo se llevó a cabo un evento deportivo, un mundial de fútbol, un campeonato de tenis, incluso un partido de tenis, etcétera.
  • Crónica de sociedad, también llamada ecos de sociedad. Relata secuencialmente cómo se produjo un determinado evento social: una boda real, el homenaje a la bandera, etcétera.
  • Crónica de viajes. Cuentan en forma pormenorizada lo que significó el viaje a un lugar determinado y las experiencias que supuso, etc.

Según el enfoque o intención del cronista[editar]

  • Crónica informativa o blanca

Puede llegar a confundirse con la noticia, sin embargo, como toda crónica conserva sus características que lo distinguen de una simple noticia (es un relato secuenciado y pormenorizado, no una mera y esquemática recopilación de datos). Es de estilo objetivo e imparcial y su intención es meramente informativa.

  • Crónica interpretativa u opinativa

A la mera narración de los hechos el cronista añade un juicio valorativo sobre los mismos y utiliza su estilo para dar su personal punto de vista u opinión al respecto. Es a la vez información y opinión. Como se señala en el Manual del periodismo de Vicente Leñero y Carlos Marín, "La crónica se ocupa del cómo suceden los hechos y, en el caso de la interpretativa, también del por qué". Cuando predomina la interpretación muy sesgada de los datos y muy cargada del llamado sensacionalismo, con un punto de vista ceñido al del ciudadano común, se habla entonces dentro de este mismo tipo de crónica amarilla.[5]

Antecedentes[editar]

La crónica ha sido uno de los medios más pertinentes para transmitir conocimientos históricos a las generaciones futuras. Según Martín Caparrós, el historiador griego Heródoto (484 - 425 a.C.) es tal vez el padre de la crónica, ya que dejó escritos excelentes sobre los viajes que realizaba en esa época. Durante siglos, era propia de los viajeros que la utilizaban para contar lo que veían en territorios desconocidos.

Algunos autores que historizan sobre la literatura española aseguran que “la proliferación de crónicas y obras historiográficas se dan en el occidente medieval desde principios del siglo XII”[6]​. A partir de esa época las crónicas comienzan a abarcar diversas temáticas: hay relatos sobre el nacimiento de un príncipe, el matrimonio real entre miembros de distintas monarquías o las defunciones de las familias más sobresalientes, por lo que se deduce que el desarrollo de la crónica como fuente de conocimiento histórico se produjo entre los siglos IX y XIV. Sin embargo, empezó a adoptar un carácter más literario cuando se dedicó a contar las aventuras de los viajeros renacentistas y los intercambios culturales con América. Allí introducen narraciones, descripciones, creación de mundos imaginarios y alternativos, diálogos, retratos de personajes, comparaciones y demás recursos más propios de la ficción literaria que de la rigurosidad histórica[7]​.

En América, tuvo su momento con los relatos que los viajeros letrados de trajeron de la India. Algunos ejemplos son los Diarios de Cristóbal Colón o los Comentarios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca [8]​.

La crónica fue el modo de contar de una época que no tenía más recursos. Las personas contaban los lugares, las cosas o las historias tal como hicieron grandes referentes como José Martí y Rubén Darío a fines del siglo XIX.

Con el avance tecnológico como la aparición del cine y la televisión, la escritura como recurso para contar fue quedando atrás. Sin embargo, a mediados de 1960 la crónica tuvo un resurgimiento de la mano del llamado Nuevo Periodismo, que retoma los criterios narrativos para construir un relato a partir de hechos de la realidad. En escritor estadounidense Truman Capote con A sangre fría (1966), o el argentino Rodolfo Walsh con Operación masacre (1957) dejan claros ejemplos de grandes piezas literarias realizadas a partir de una profunda investigación periodística sobre hechos puntuales.

La crónica radial[editar]

La crónica en radio tiene una ventaja adicional: “Es mucho más sencillo mostrar un personaje con su voz que con palabras impresas que lo describan. La naturaleza fuertemente indicial de la voz humana tiene un valor inestimable a la hora de elegir mostrar, antes que explicar”.[9]

En la crónica sonora no se necesita buscar las palabras precisas para describir la voz de un personaje tal y como es, sus inflexiones, su timbre, su acento, sus modismos, sus pausas y silencios. Lo mismo sucede con la descripción de ambientes o situaciones, ya que, utilizando los cuatro elementos del lenguaje radiofónico (voz, efectos de sonido, música y silencio) se puede retratar cada momento  de una manera más fiel.

Mladen Dolar expone tres aspectos fundamentales que logran desplazar el eje a la materialidad de la voz: el acento, la entonación y el timbre.

“¿En todas partes hay historias? Sí, pero hay que saber encontrarlas; no cualquier hecho, no cualquier persona, no cualquier lugar sino aquellos que llaman a ser contados. Por supuesto hay recetas. Hay intuición y trabajo: una buena mirada, muchas horas de paciencia para ver y escuchar. En eso coinciden todos los cronistas”.[10]

Grandes crónicas y grandes cronistas[editar]

  • Frank Sinatra está resfriado - Gay Talese (EEUU): A menudo considerado como el mejor perfil de Frank Sinatra, es una obra fundamental del nuevo periodismo que todavía se discute y estudia.
  • Nueva York, ciudad de cosas inadvertidas - Gay Talese (EEUU): El autor toma una mirada diferente hacia la que es considerada la ciudad más importante del mundo. Le da un sentido de pertenencia o mejor aún, una identidad a las personas y diversas cosas que hacen de Nueva York una ciudad tan auténtica.
  • La guerra del fútbol - Ryszard Kapuscinski (Polonia): Relata los cinco días de enfrentamiento entre El Salvador y Honduras, un conflicto fronterizo desatado a partir de un partido de fútbol por la clasificación al Mundial de 1970.
  • Dame el tuyo, toma el mío - Gabriela Wiener (Perú - España): Narra la historia de una pareja que se adentra en el mundo swinger, es decir, en el mundo sexual de intercambio de parejas.
  • Hiroshima - John Hersey (EEUU): Se basa en el relato de seis sobrevivientes de la bomba atómica, aquél 6 de agosto de 1945. Cuenta los momentos anteriores al episodio, el momento exacto de la detonación y los días y meses posteriores a la catástrofe.
  • Asalto al palacio - Gabriel García Márquez (Colombia): Narra los sucesos ocurridos en el asalto al Palacio Nacional de Managua por parte de los sandinistas, para liberar a presos políticos durante la dictadura nicaragüense en el año 1978.
  • Caracas sin agua - Gabiel García Márquez (Colombia): Cuenta cómo se vivió la tremenda sequía que sufrió la ciudad de Caracas durante el año 1958.
  • El sabor de la muerte - Juan Villoro (México - Chile): el cronista mexicano se encontraba en Chile cuando un terremoto de 8,8 sacudió la tierra el 27 de febrero de 2010. Pudo narrar en primera persona lo que ocurrió ese día.
  • El rey de la muerte - Jon Lee Anderson (Colombia): Perfil sobre Charles Taylor, un sanguinario ex dictador de Liberia.
  • El boxeador de las orejas perfectas - Santiago Roncagliolo (Perú): Cuenta la historia de Romerito, un boxeador peruano al que le tocó luchar contra el estadounidense Ray Mancini, por el título mundial de la categoría peso ligero del año 1983.
  • El imperio de la Inca - Daniel Titinger y Marco Avilés (Perú): La historia de cómo la Inca Kola le dijo que no a la multinacional Coca Cola.
  • Un hombre está peleando con mi mami - Carlos Martínez (El Salvador): Dentro del rico material que abunda entre las crónicas salvadoreñas, Carlos Martínez relata aquí la violencia que se vive en esa sociedad.
  • Un fin de semana con Pablo Escobar - Juan José Hoyos (Colombia): Cuenta el fin de semana que pasó el periodista con el jefe narco más famoso del mundo, en la Hacienda Nápoles allá por el 1983..
  • Las mentiras de un héroe oficial - José Carlos Paredes (Perú): Revela "la cara oculta" del militar Antonio Ketín Vidal, famoso por haber capturado al terrorista Abimael Guzmán y a Vladimiro Montesinos.
  • Cromwell, el cajero generoso - Juan Manuel Robles (Perú): Es el retrato de Cromwell Gálvez, un empleado del BBVA Banco Continental que durante años le robó dinero al banco, para luego derrocharlo en vivir la vida a todo lujo.
  • El enfermero de los secuestrados - Alberto Salcedo Ramos (Colombia): Cuenta la historia del sargento William Pérez Medina, quien permaneció 10 años secuestrado por las FARC, y fue quien asistió médicamente a sus compañeros, entre ellos la candidata a presidenta Ingrid Bentancurt.
  • La travesía de Wikdi - Alberto Salcedo Ramos (Colombia): Wikdi es un joven que para ir a su colegio, ubicado en el municipio de Unguía, debe caminar 8km por una selva donde también suelen atacar los paramilitares. Esa travesía es narrada en primera persona por Alberto Salcedo Ramos.
  • Tres tristes tazas de té - Leila Guerriero (Argentina): Es el perfil de María de las Mercedes Bernardina Bolla Ponte de Murano o “Yiya Murano”, la "envenedadora" de Montserrat.
  • Los suicidas del fin del mundo - Leila Guerriero (Argentina): Entre 1997 y el 2000 estalló una ola de suicidios en Las Heras, una comunidad petrolera ubicada al norte de Santa Cruz. Leila decide visitar cada rincón del pueblo para investigar y escribir sobre los hechos.
  • Muxes de Juchitán - Martín Caparrós (Argentina): Muestra el contexto y la problemática de un grupo denominado como las Muxes de Juchitán (México), hombres que a temprana edad han decidido que son en realidad mujeres, realizándose a través de la descripción de la historia particular de Amaranta.
  • El sí de los niños - Martín Caparrós (Argentina): Narra el drama de la prostitución infantil en Sri Lanka (Asia).
  • “Una crónica pide serlo, ya en la escritura o desde antes de nacer. Una crónica además pide ritmos, voces y sonidos que le den una identidad. Si la escuchas, está ahí.” Ana Teresa Toro
  • “No hay mundos fáciles para ser contados. No hay temas menores. Siempre se debe hacer una investigación. Un buen periodista es el que es capaz de mirar la realidad como si fuera la primera vez.” Leila Guerriero
  • “Para mí no hay temas grandes ni temas chicos, si un cronista quedó impresionado con una pelea entre vecinas de su barrio, si sabe por qué esos gritos histéricos no han salido de su cabeza, seguramente podrá hacer una gran crónica con ellos.” Juan Fernando Andrade
  • “Tengo en cuenta la condición universal del tema: que no sea un relato que se cierra sobre sí mismo, sino que pueda plantearse como una ventana hacia un estado de cosas más amplio”. Josefina Licitra
  • “Casi siempre llego a las buenas historias a través de detalles que en apariencia resultan insignificantes. A veces lo hago a través de un anuncio breve de un periódico o gracias a una larga conversación de bar.” Alex Ayala Ugarte

Crónicas ganadoras del Premio Gabriel García Márquez de Periodismo (del FNPI):[editar]

  • 2013: Carta desde la Laguna - Alejandro Almazán (México)
  • 2014: Exxon Valdez, una mancha de 25 años - Eduardo Suárez (España)
  • 2015: Rápido, furioso, muerto - Javier Sinay (Argentina)
  • 2016: São Gabriel y sus demonios - Natalia Viana (Brasil)

Referencias[editar]

  1. a b c d e Cf. Rafael Yanes Mesa, "La crónica, un género del periodismo literario equidistante entre la información y la interpretación", en Espéculo núm. 32: https://pendientedemigracion.ucm.es/info/especulo/numero32/cronica.html
  2. a b c d Guerriero, Leila (2014). Zona de obras. Anagrama. 
  3. Martínez, Tomás Eloy (21 de noviembre de 2001). «El periodismo vuelve a contar historias». La Nación. 
  4. Alvar, Mainer y Navarro (1997). Breve historia de la literatura española. Alizanza. 
  5. Cf. Orlando Cáceres Ramírez, "Crónica periodística. Concepto y ejemplos", en About.com, http://reglasespanol.about.com/od/tiposderedaccion/a/tipos-de-cronica.htm
  6. Alvar, C., Mainer, J.C., y Navarro, R. Breve historia de la literatura española. Madrid: Alianza. (1997)
  7. Gil González, J. C., La crónica periodística. Evolución, desarrollo y nueva perspectiva: viaje desde la historia al periodismo interpretativo (2003). Disponible en https://journals.tdl.org/gmjei/index.php/GMJ_EI/article/view/146/143
  8. Caparrós, M. Lacrónica (2015).
  9. [enhttps://audiocreativa.files.wordpress.com/2017/03/periodismo-narrativo-pero-en-radio.pdf «Cf. Calamari Andrea, "Periodismo narrativo (pero en radio)", en:»]. 
  10. [enhttps://audiocreativa.files.wordpress.com/2017/03/periodismo-narrativo-pero-en-radio.pdf «Cf. Calamari Andrea, "Periodismo narrativo (Pero en radio)" en:»].